Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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5 de septiembre de 2012

Pasión turca


Las nubes en dirección a Plovdiv/London. J.M

Me apasiona el instante en el que miro a través de la ventanilla y observo la ala del avión. El mismo instante en el que el vehículo está posicionado en la pista de aterrizaje, tras largas esperas en salas impersonales y controles aleatorios de azafatas antipáticas. Apoyas la espalda sobre el respaldo del asiento, tu compañera de aventuras cierra sus ojos y te aprieta la mano, siente algo de miedo, pero tú estás tranquila, vuelves a mirar por la ventanilla y te sientes parte de este preciso instante en el que el avión propulsa toda su fuerza y se impulsa hacia el cielo. Se trata del riesgo de abandonar tierra firme y perderte entre las nubes, verlas pasar y dejarte... simplemente dejarte. 

Viajamos para sentirnos con nosotros mismos, pienso yo, en vez de conectarnos con los demás. Viajamos para dejar de pensar y pasar a sentir. 
Olvidar lo que somos en nuestros lugares de residencia. 
Viajamos para alejarnos de nosotros mismos en nuestras identidades laborales
como si no fuéramos algo más que oficios enclaustrados en reglas sociales absurdas. 
Viajamos para ver, ver la vida pasar, sentarte a tomar un té en la calle, preocuparte únicamente de cuál será el siguiente punto que visites, hablar con las personas, aunque sea en modo mono por la imposibilidad parcial de comunicación estándar.

He conseguido el objetivo número uno de mis vacaciones: desconexión laboral absoluta. No he echado de menos escribir, ni siquiera te he echado de menos a ti. Me he dedicado a pasear por las calles de Plovdiv (Bulgaria) con sus resquicios comunistas, plagadas de máquinas de café, como si no hubieran establecimientos donde tomar una taza de café, a través de su casco antiguo, turísticamente masificado y algo descuidado.

Me encanta la escritura/ J.M

Casco antiguo de Plovdiv/ Paseos. J.M


Tras ocho horas de bus nocturno desde Plovdiv, paseé junto a mi compañera de aventuras por las calles de Istanbul. La ciudad de la efervescencia, decía ella. Y yo simplemente me reía. Porque me he reído muchísimo con un egipcio al que conocí, con un canadiense happy flower que debería limitar su confianza en la humanidad y que no hacía más que repetir aquello de "i am so sorry". Cuando se viaja con siete kilos a la espalda y hostales internacionales, se conocen muchas personas.

Me impactó de la ciudad esa mezcla de gentes y cultura, su movimiento comercial, su vicio por los mercadillos y los bazares, la gastronomía...  Admiro de los turcos su capacidad para ver la vida pasar. Se apoyan en sus asientos diminutos a las puertas de sus comercios, se toman un té, después otro y otro, mientras charlan unos con otros. En España y en Europa a veces se tiene la sensación de que se vive demasiado rápido, "tengo 26 años y no sé qué hacer con mi vida", "tengo 26 años y aun no la he vivido", "tengo 26 años y estoy obsesionada por todo lo que no he conseguido". Nuestra vida es tan estrepitosa que sentados en un banco a observarla, apenas tendríamos tiempo para desarticular sus escenas, sus protagonistas y sus colores. 

Me gusta la pintada junto a la mezquita/ Istanbul. J.M

Una ciudad preciosa / J.M
La costumbre de los mercadillos / J.M
Se percibe en Estambul una especie de movimiento en explosión, cuyo epicentro parece ser el barrio de Taksim, situado en lo alto de la ciudad y donde las pintadas en sus paredes, las cervezas en las terrazas, las modas textiles y sus ciudadanos para arriba y para abajo, te inducen a olvidar a momentos, que más bajo, en la otra parte de la ciudad, al(l)á donde se sitúan la Mezquita Azul, Santa Sofía y el gran palacio con vistas al Bósforo, las personas que caminan, se sientan y ven la vida pasar son más tradicionales, no beben cerveza, las mujeres visten velos y abrigos, algunas incluso el nihab. 

El abrigo de ellas es uno de los aspectos que más nos llamaron la atención. Independientemente de la cuestión del velo, al que estamos parcialmente acostumbradas en España, el abrigo no lo comprendemos muy bien. Muchas de ellas, lo visten encima de más ropa, por lo que acumulan muchas capas a una temperatura de 40 grados. Recuerdo estar en un baño público (gran parte de la vida se desarrolla en la calle y existen muchos baños) y entró una mujer completamente tapada. Se desvistió, sudaba muchísimo y pareció aliviarse con unos minutos de desquite textil. Estuve a punto de preguntarle qué se siente cuando se porta tanta ropa, cuál su sentido, si ella lo eligió, pero no me atreví. A veces creo que los occidentales nos paseamos por el mundo con nuestra óptica de modelo democrático a seguir, y después, resulta que vivimos a expensas de mercados invisibles. 

 Respecto de los turcos dedujimos el concepto de "mantenimiento de la mirada". En un principio hace gracia que te miren constantemente, al tercer día molesta. En general son chicos muy guapos, morenos, altos y  mirada muy intensa.

Encontré una galería de libros preciosa/ J.M

Ciudadanos para arriba y para abajo/ J.M
Tras Estambul, 12 horas de autobús nocturno, nos dirigimos a Marmaris, situado al sur oeste de Turquía. Allí vive un amigo mío turco al que tuve la suerte de conocer en Alemania y al que le tengo muchísimo cariño. Marmaris es una urbe turca al estilo de Salou, situada a las orillas de un mar sereno y precioso, pero con un casco antiguo que reluce más por las luces de neón de sus discotecas, bares y restaurantes dirigidos a ingleses, rusos, ucranianos... que por su muralla y la esencia de su historia. Sí se percibe un cambio de mentalidad respecto de Estambul, las personas visten ropas más ligeras, se bebe cerveza y la figura de Atatürk es un icono que se cuida mucho.

Allí tuvimos la suerte de ser acogidas por músicos turcos que nos han tratado como sultanas. Personas muy amables, simpáticas y divertidas. Les hacía mucha gracia nuestro impacto por su incensante actividad de beber té y comer dürüms. En una de las primeras conversaciones que mantuvimos, uno de ellos nos contaba el conflicto político que mantiene el país con los curdos, describiéndolo como una minoría que comete "actos terroristas". He leído poco sobre este conflicto, así que no puedo emitir opinión. Le comenté el problema que teníamos en España, el proceso de paz que se (des)vive ahora en Euskadi, mi implicación en él a través de mi novela y mi trabajo... Me quedé sorprendida cuando me preguntó cómo podían existir conflictos así en la Unión Europea, qué más podíamos pedir.

En ese instante se es consciente de la suerte que tenemos de pertenecer a la Unión Europea. Músicos que han sido presionados por la familia y la sociedad para que estudiaran economía en la Universidad. Ansían viajar, salir, venir a España para escuchar flamenco, conocer a otras personas, ver otros modelos de mujer... pero tienen muchísimos problemas para solicitar un visado. Mi amigo ha vivido dos años en Alemania, habla alemán y su sueño es crear una bar de música allí, pero el Estado le deniega el visado y él se queja, pero es optimista y dice que algún día se lo darán. 

A veces ocurre que imprevisiblemente las cosas cambian. Tras mucho tiempo de constancia laboral, cuando tu vida se reduce a trabajar y las circunstancias no favorecen, vives entumecida en el miedo a fracasar, tecleas en dirección adecuada pero sin un sentido claro y además ocurren cosas desagradables con personas varias. Pero de repente aparece alguien. Es muy diferente a ti, y algo te une a él, no hablas de trabajo, apenas podéis hablar, pero consigues susurrarle quién eres, qué haces con tu vida y os reís de las diferencias entre ambas. Resulta extraño, dada la importancia de las palabras en tu vida, porque con esa persona no son necesarias, sino que miras sus ojos verdes, sonríes y día tras días se constituye una única razón, que ciertamente roza la sinrazón, pero que acalla las razones ajenas que te dicen que no existe y que se desvanecerá. Te aferras a ella, como cuando decidiste escribir una novela y todos creían que estabas loca.

Después pasas por Grecia y Alemania, pero continúas en aquel mar, en aquellos ojos verdes, en su pelo moreno, vuelves y escribes este post que trata sobre la libertad de las personas, sobre la visibilidad de vivir la vida, de verla pasar y disfrutarla, de la injusticia que a veces comporta ver a personas que no pueden salir de su Estado, sobre la necesidad de viajar con compañeras de aventuras que te incitan a seguir creyendo en la humanidad, sobre lo precioso de otras culturas, aun cuando no compartas la mezcla con religiones, el respeto por ellos, la curiosidad por hablar con ellas. Escribes. Y vuelves hacerlo, después de mucho tiempo de tecleo rutinario, con pasión. Y no sé si aquellos ojos verdes o estas palabras son la verdadera pasión turca.

23 de julio de 2012

Mochilas mochileras

Escrito bajo el mandato de hacerlo lo peor posible
Modo de producción: 
Fase 1: primera versión corregida. 
He eliminado los dos primeros párrafos y los he congestionado en una frase. 
Digital; no resultar pesada.  
Fase 2: segunda versión corregida. 
Corrijo incluso el modo de producción del nuevo mandato instaurado en RD. 
Abrevio al máximo las frases. Evito repeticiones. 
Final reconstruido tres veces.
Fase 3: tercera versión corregida. 
Me fumo un cigarro y me olvido de lo que puedas pensar.
 
Amaneceres en el mundo / Túnez. Ana Santamaría

He encontrado mi mochila mochilera definitiva. Su viaje de inauguración es inminente: Bulgaria, Turquía, Grecia y Alemania. En ella irá mi libro de viajes definitivo, hasta que las páginas lleguen a su fin, como ha ocurrido con mi nuevo pasaporte, sin los sellos de viajes pasados, me apena los de Túnez y Bolivia, y mi cuaderno de reflexiones en papel.

Mi mochila mochilera definitiva es pequeña: 40 L. Algunas personas me han preguntado qué voy a meter en ella para sobrevivir a los 16 días de mochileo. Pienso: cinco bragas, un biquini, ambos cuadernos, la cámara, un par de pantalones, tres camisetas y un vestido para salir de fiesta, aparte de enseres para baño y un mini botiquín. Ah y una guía de viajes. Una guía por país, aunque después no le haga caso.

Mi (inminente) compañera de aventuras y yo la vimos. Es idónea, de color negra y roja, como la primera plantilla de photo stencil que he creado. Tiene cremalleras por aquí y por allá (serán necesarios dos candados) y un buen agarre en la espalda (evitar lumbagos innecesarios).

Recuerdo la mochila de la escuela. Aquel cúmulo horroroso de libros a la memorieta, hasta que aparecieron las mochilas con ruedas, y entonces te convertías en una pringada por funcionar a lo antiguo: llevar a cuestas todo el material. Tal y como ocurre ahora con las gafas de pasta.

Las mochilas guays son las que sirven para viajar. Sin comprender por qué se cuantifican en litros: 40 L, 70L... Su uso es variado: 

1. Algunos quieren conocer costas soleadas y se equipan con mochilas mochileras definitivas compradas para tal efecto; tres bragas y dos pares de calcetines, y una guía de viajes que pesa más que el resto de los elementos, y pensando que no tienen que facturar, se relajan y pierden el vuelo. 

2. Otros viajan con una mochila de portátil; cuatro calzoncillos colocados en un lateral y muchas ganas de llegar al lugar de destino. 

3. A veces se viaja con tan poco dinero que no puede destinarse mucha cantidad a la mochila mochilera definitiva, y por eso existen las pasajeras, cuya descomposición avanza a medida que lo hacen los días de viaje. Un día se cae un bolsillo, al día siguiente se estropea la cremallera general. 

Cada persona una mochila invisible /Barcelona. J.M

Las mejores o las peores mochilas son las que no se ven, tampoco se huelen ni se palpan. Aunque algunas personas sí pueden verlas, olerlas y sentirlas, en especial, cuando se abraza a una persona muy querida y se percibe un bulto molesto en su espalda. El simple hecho de percibirla ayuda a disiminuir su peso. Puede verse a lo lejos cuando los portadores caminan encorvados como si llevaran consigo todo el peso del mundo o sentándose lo hacen en la extremidad por miedo a sentir el respaldo en su totalidad.

Son las mochilas invisibles. Pueden (o no) acompañar a las verdaderas mochilas mochileras definitivas. Pocos admiten llevarlas a sus espaldas, aunque todos, en mayor o menor medida, lo hagamos. Su labor es especialmente dificultosa; llenas de piedras, espinas, zarzas que pinchan y a veces, incluso de agua, también invisible, pero putrefacta, esa sí que huele, resultado de haber estado sumergido durante mucho tiempo en otra variante de agua (uno no se ahoga por sumergirse en el agua, sino por permanecer mucho tiempo sumergido en ella).

Las mochilas invisibles son peculiares. Pueden ser buenas y malas. Se adquieren sin uso de razón, cuando apenas sabemos nuestro nombre, pesan tanto y producen mucho dolor, las paletillas se cansan y las rodillas necesitan reposo. Aunque yo pienso que a veces son buenas, en especial, cuando se vuelven visibles y permiten comprobar su peso, se cuantifica entonces cuál es el cansancio de portarla y descubrimos que existen lugares mágicos donde palparlas, describirlas y abrirlas, mirar dentro, analizar cada detalle y sacar cada uno de los elementos con sumo cuidado, aunque el proceso pueda resultar doloroso, pues exige recortar aquí y reconstruir allá.

La (in)dignidad de la asociación de espaldas que gestiona mal el peso de mochilas invisibles /Barcelona. J.M
No solo las personas portan mochilas invisibles. También lo hacen los países. Algunos fabrican a escondidas sacos y sacos de mochilas invisibles, el denominado tráfico de mochilas invisibles, que después actúan como bombas entre los verdaderos fabricantes de las cosas bonitas del país al que pertenecen, porque los que las han llenado de piedras gigantescas, feas y pesadas, no han gestionado bien la asociación de espaldas que merece ser castigada y ésta sí es mala.



Conclusión: Paradójicamente, tengo que perfeccionar lo de hacerlo lo peor posible.

25 de abril de 2012

Aeropuertos

Caminas a través de la cinta corredera del aeropuerto... Tu puerta de embarque debe ubicarse en el infinito... Observas el meollo de personas que dejas a un lado y al otro. Absurdamente te molestas en caminar ¡la cinta corredera te impulsa! pero continúas ejerciendo presión, aunque no tengas prisa. 

Adelantas a una familia; tres niños y una pareja, pelos rubios fosforitos y miradas azules que encarnan ternura. A mano derecha, en el exterior de la cinta corredera, desde tu posición avanzada, observas dos trabajadores de la terminal. Charlan. Visten un chaleco fosforito. Ella habla con amabilidad y le mira con sensualidad, está algo nerviosa, él responde con timidez y ella concluye con un "hasta luego, guapo". Cierto es: piel gruesa-oscura, pelo rapado y complexión fuerte.

Caminas a través de la cinta corredera. Decides retardar tus pasos. A cada lado, desconocidos x ocupan asientos amontonados frente a las puertas de embarque correspondientes. Piensas en sus nombres, sus vidas, sus recorridos, su caminar por cintas correderas, sus oficios, sus amores y pasiones.

Momentos antes,
      tomas un café y olvidas una rosa regalada por Sant Jordi en una cafetería impersonal.
Momentos antes,
      ves desfilar uniformes de guardias civiles,
      excesivamente jóvenes, piensas, siempre se es excesivamente joven para opositar a guardia civil.

Vuelves mental y físicamente a la cinta corredera. Caminas aún por ella, tu puerta de embarque debe situarse en el fin del mundo, a él te gustaría llegar, pues nada es imposible en esta vida, aunque de momento continúes aquí. Las pantallas, posicionadas en el extremo superior de las puertas de embarque, delatan los destinos donde los aviones empujan a sus pasajeros.

           Menorca, cielos azules y playas interesantes
           Sevilla, guitarra española y acento desmesurado
           Hamburg, die schönste Stadt in Deutschland,
              ich liebe ihn, ich liebte ihn, jetzt weisse ich nicht wer ich liebe {Traducción omitida}
           Roma, Daniela Attanasio y sus poemas, mirando más allá de la ventana de su salón...

Tal vez, debieras desvincularte de la cinta corredera, acercarte aleatoriamente a una puerta de embarque y sobornar al azafato. Quizás te dejara pasar. Se desconocería tu existencia, te irías lejos, allá donde el avión te impulsase, simplemente ir, sin dar explicaciones, ni tampoco recibir...
Ir.

Avanzarías a través de otra cinta corredera, hasta que decidieras parar, no por otro destino aleatoriamente determinado, sino mirando, alguien embriagó tus deseos.
Te detendrías, saldrías de la cinta y avanzarías hasta él.
     Sería vulgar preguntarle si tendría la amabilidad de acompañarte al baño de al lado.
     Sería vulgar quedarte con las ganas de hacerlo.

Ah...
   después, inexistencia de control de equipaje.
   Nadie pesa, nadie vigila.

Música relajante, asiento asignado, nubes por descubrir y vuelta al olor de la tierra gris.
Gris eres tú, tu mirada, tu olor, tu piel y tus caricias.
Gris soy yo, la forma en la que te miro, despierto tu olor, acaricio tu piel y te hago sentir. 

El avión se balancea, pero no te asustas, temes más la fuerza del (a)mar que los estragos del viento, tienes sueño, un sueño te (de)tiene a ti.

Momentos antes, el avión propulsa su fuerza y sale disparadísimo...
como determinados acontecimientos en la vida
como tú que huyes de mí
como yo que escapo de ti

El teclear amanece,
más allá de la cinta corredera,
más allá del fin del mundo,
perdiste la rosa...
       pero ganaste en libros.

El poeta E.J Malinowski en la rambla de Barcelona/Sant Jordi. J.M

3 de enero de 2012

Euskadi la preciosa

Paseas por un bosque pintado; el nombre de lugar te colma ya de inspiración. Observas las procesarias, los pinos enfermos por esa atracción que sienten estos animalillos traviesos. Percibes la frialdad del viento y el sudor en tu cuerpo, allá los eucaliptos, huelen también, como los caramelos Ristola, tan invasivos, a pesar de que desarañen sus cortezas como si se desprendieran de capas que se desligan a medida que el tiempo camina entre sus arbustos.

Los árboles a través de tu paso /Bosque pintado. J.M
Mientras caminas, sientes la tierra húmeda bajo tus zapatillas Salomón y las gotas de lluvia cuyos restos permanecen en el ambiente. Respiras, fuertemente, continúas caminando, sin prestar atención, pero atenta a todo. Te sientes feliz. Es el  momento simultáneo de conexión/desconexión, aquel en el que nadie conoce tu ubicación, ni tus compañías, ni lo que piensas o sientes, si cumples o no. Te olvidas de números de teléfonos, llamadas por realizar y obligaciones diarias. Cámara en mano te esfuerzas por retratar en imágenes reales lo que tu mente interpreta. Sabes que no lo conseguirás; aprendiste que el éxito reside en el verbo intentar, lo demás son puros resultados. 

Llegas al punto de encuentro. Nadie a tu alrededor. ¡Qué pesada! Fotografías. La pintura en sus diversas tonalidades y formas sobre la corteza de los árboles, diferentes dimensiones en función de la posición del visitante, marcada por guías enumeradas: número uno, dos, tres... no es obligatorio seguirlo, pero haces caso. 

Gran visualización de Ibarrola (opinión autora) /Bosque pintado. J.M
Es tal el encanto del lugar, la magia que desprende, esas figuras que Ibarrola plasma, que te quedas abobada por la fusión naturaleza-civilización, por esa fuerza, sin comprenderla del todo, recuerdas que cuando se dejan de lado los interrogativos proviene el disfrute...

Irás a las playas de Laga y Laida. Sitios preciosos que soportan tormentas pasajeras, cuyas arenas remueve el viento y las olas se sumergen en tu cabeza, altas; un metro, dos metros, tres metros... 

Una nueva integración humana- natural, a los ojos de las costas vascas; mar, montaña, arte y libertad. 
Euskadi la preciosa. Ojalá te viera cada día ¡!

El círculo que puede contemplarse en función de la posición /Bosque pintado. J.M


14 de noviembre de 2011

Carta de despedida a Zapatero

Estimado presidente del Gobierno:

Le escribe una ciudadana vasca para despedirse de usted. En una semana se extinguirá su cargo en pos, previsiblemente, de Mariano Rajoy. Le preguntaría qué tal está, pero he omitido cualquier referencia porque imagino se sentirá aliviado y alegre de dejar un cargo que parece le ha saturado, debe ser triste que el fin sea el que es. Hace poco escribí un reportaje sobre Adolfo Suárez, y aunque pueda resultar polémico o absurdo, sentí pena; me recordó a usted. Dudo que vaya a leer esta carta,  pero me he decidido por dos razones. 

En primer lugar, decirle que creo que la gestión de su legislatura ha sido muy complicada y que, según la mirada de sus ojos cuando le retratan en las noticias, ansía dejar la política para descansar de críticas constantes y problemas continuos. No le escribo para recliminarle las reformas laborales que ha llevado a cabo, ni el número de parados, ni siquiera la triste situación en la que nos encontramos los jóvenes, puesto que eso ya lo hago en la calle.

En segundo lugar, me gustaría formularle una pregunta. He intentando buscar por mí misma una respuesta sensata. Supongo que se basa en ahorrarse conflictos diplomáticos con terceros países o agilizar convenios económicos.
¿Por qué reformó usted el principio de justicia universal?


España se mostró al mundo como modelo idílico en la aplicación del principio de jurisdicción universal: aquella norma jurídica que habilita(ba) a los Tribunales de un estado para juzgar una causa desconectada con ese estado, pero que por la especial gravedad de la conducta de un tercer estado, atentando los hechos a juzgar contra los valores comunes de la humanidad, se requería una intervención estatal. Entiendo que existe la Corte Penal Internacional, jurisdicción complementaria que solo interviene cuando los Tribunales internos no puedan hacerlo, pero dicho principio amparaba la humanidad, los derechos humanos y la dignidad de la persona. 

Al principio todo marchaba bien, se aplicaba para delitos de tráfico de drogas, después los casos de  Chile, Argentina, Guatemala y más tarde, incluso fue ampliado a prostitución y corrupción de menores, mutilación genital femenina y tráfico de personas. Hasta que en el 2009 modificaron el artículo, sospechosamente coinciendo con el asunto Couso (implicación militares EEUU), Tíbet (procesamiento autoridades chinas) o el Sáhara Occidental. 

Me dolió que no fueron lo suficientemente valientes para explicarles a la ciudadanía la reforma de este principio, escondiéndolo bajo la modificación de la Ley Procesal para la Implantacon de la Oficina Judicial e incluyendo tres puntos de conexión que antes no existían, con el único propósito de dificultar su aplicación. Es decir, la actual regulación contempla que para que la Audiencia Nacional pueda declararse competente para conocer de crímenes internacionales, contra la humanidad o genocidio sean precisos tres puntos de conexión alternativos (requisitos podría decirse para que el lector comprenda mejor):

1) las víctimas de dichos actos sean españolas (crítica del Tribunal Constitucional porque se desfigura el principio en pos del de personalidad pasiva)
2) el supuesto autor se halle en territorio (crítica del Tribunal Constitucional de que no puede exigirse la presencia porque existe el recurso de la extradicción, puesto que no se permite la rebeldía en juicio oral) 3) o que tenga algún punto de conexión, lo que deja una pequeña puerta. 

Y obligatoriamente, es preciso que en el ejercicio de la jurisdicción española no actúen otros Tribunales internos o internacionales. 

En su legislatura, hemos pasado de poder juzgar unos hechos contemplados como crimenes internacionales, contra la humanidad o genocidio, aunque paradójicamente no pudiéramos juzgar el franquismo porque ningún tribunal podía declararse competente, a no juzgar absolutamente nada.
Debe doler ser el responsable de esta catástrofe. Es humanidad. Es derecho. Sé perfectamente cuál es la relación entre ética-derecho-política, pero ustedes dicen ser de izquierdas, socialistas, y atentan contra su propia esencia. 

A pesar de todo ello, le deseo una feliz vida, por supuesto con la pensión vitalicia que le corresponda, incluso cuando se convierta en consejero de alguna multinacional. 
  
Desde Euskadi, 
un cordial saludo.
Josune Murgoitio

10 de noviembre de 2011

El ¿romanticismo? de Sergio Dalma



La herramienta 'exploración automática' del móvil es inspiradora. En uno de mis acostumbrados viajes en autobús, sonó en la radio la nueva canción de Sergio Dalma; "El Jardín Prohibido". Única intención de desvincularme de otros asuntos, escuchándola, se me ocurrió escribir un post sobre el amor.Me extrañó la letra de este romanticón musical, sobre todo, el inicio, bastante aterrador; "tu mejor amiga ha estado entre mis brazos" o "comí del fruto prohibido". Vaya,vaya, con el Sergio Dalma, pensé, sin tener nada en contra suyo, mucho ha espabilado desde que bailara en compañía femenina. Un inicio escalofriante que continúa con aquello de "me miró pidiendo mis caricias".  Y acto seguido imaginé a cualquier persona en cualquier sábado nocturno, mascada mentalmente por los que se insinúan desde todas las direcciones del bar. Y es que si cedes a cada persona que solicita tus caricias, sin contar que tienes pareja y que le debes respeto... 

Me inquietó aquello de "mi cuerpo fue gozo y mi mente lloraba tu ausencia". Sin comprenderlo muy bien, puesto que la comunicación no verbal exterioriza lo que nuestras voces no dicen. Sin comprender tampoco, cómo tiene el descaro de enrrollarse con su mejor amiga, sin mención al comportamiento de ella, excesiva lujuria, pienso yo, pues hay mucho mercado un sábado a la noche. Salga usted Sergio Dalma, acérquese a una barra y solicite cuatro orgasmos para llevarse a su casa, la camarera no se los servirá, pero a su alrededor... Llegado el momento de "lo siento mucho", añade "la vida es así, no la he inventado yo" y  continúa "si el placer me ha mirado a mis ojos, me he comportado como un ser humano...". 

Cuál sería la supuesta respuesta de la (ex) novia. Me entristeció recordar el desquicie generalizado al que asisto cada vez que salgo con mis amigas, filtreos insensatos por quienes hacen esperar a sus novi@as fuera del bar, promovido quizá por los quince cubatas que llevan encima, sin mencionar otro tipo de sustancias y el descaro generalizado y vulgar de quien se acerca y te susurra al oído "¿follamos?", y tú con cara de horror, sin saber qué responder, cuando únicamente eres capaz de vocalizar "¿perdona?". Y es que digo yo, si reivindicamos un trato de no mercancías, sino de personas, siendo partidaria de la libertad sexual, pero no del consumo sexual, aunque por supuesto cada cual pueda hacer lo que le venga en gana, comportámonos como tales y seamos responsables, por favor.

16 de octubre de 2011

Memoria sensorial

Cementerio de trenes. Salar de Uyuni/ Bolivia. J.M

¿Qué os evoca esta fotografía? ¿En qué pensáis cuando os centráis en los carriles y seguís hasta el infinito? ¿Y la basura a cada extremo? ¿Esa sombra con forma de figura? 
¿El cielo protector y las montañas traseras?

Me recuerdo frente a estos dos raíles, en un cementerio de trenes en las cercanías del salar de Uyuni (Bolivia), el sitio más espectacular que he visto en mi vida. Mis dos 'compañeras de aventuras' se quedaron cerca del Jeep junto con el conductor. Hacía un poco de frío y a punto de atardecer, decidí caminar entre los trenes abandonados para escuchar lo que aquel sitio me decía.  

Vestía una mayas rojas que me costaron dos euros en el rastro de Madrid, una camiseta cuyo color he olvidado, el North Face que compré con mi sueldo del Diario Vasco, zapatillas Salomon que no hacían más que atentar contra mi feminidad y un bolso que me colgaba del hombro. Bastante feo, por cierto, pero muy práctico; disimulaba mi cámara. Por aquel entonces mi flequillo era cortito,cortito y estaba muy despeinada.

Paseé por los alrededor durante un buen rato, no sé exactamente cuánto, tal vez, veinte minutos. Se escuchaba la conversación que mantenían a los lejos mis 'compañeras de aventuras' y el conductor, lo demás, silencio en estado puro. Me acerqué a los vagones. Sentía el polvo en la cara y el tacto del acero. Miré al cielo, pensé en su inmensidad, las montañas a los lejos resguardándolo, y esos pobres trenes, abandonados, allí, ignorados por todos, privados de su única utilidad, así que fotografíe, apoyada en una especie de esquemas de hierro, subida en uno de los vagones... 

En medio de la nada, sin ningún tipo de preocupaciones, sin que nadie supiese dónde estaba, junto a mis compañeras, cámara en mano, escasos conocimientos de fotografía y ansías por descubrir...

El 16 de octubre de 2010 Josune Murgoitio se embarca en un vuelo rumbo a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).  Inspirado en un ejercicio de memoria sensorial, el texto ha sido recreado como uno de los grandes momentos de su estancia en el país. Por su puesto, también recuerda con una gran sonrisa otros lugares, sensaciones y personas, incluso la ropa que llevaba en otras escenas. 

En especial, recuerda muy frecuentemente la sonrisa de un gran niño, entre otros muchos que también conoció, pero, sobre todo, la de él, Franco, al que se refiere en muchos de sus relatos. Porque aquel niño le enseñó una de las grandes lecciones de la humanidad: la humildad. Además de instruirle en el juego de las bolillas (canicas), demostrarle lo inteligente que era por realizar tan rápido su tarea y compartir con ella su necesidad de afecto. Aún, cuando piensa en él y telefonea a Bolivia para preguntar si continúa viviendo en su 'domicilio', los ojos se humedecen, pero sonríe con mucha fuerza para probar si él siente desde el otro lado del charco la confianza que la muchacha le envía para que sea la persona más feliz del mundo.  

Franco en la guardería /Bolivia. J.M
P.D: A pesar de no ser partidaria de publicar fotografías de menores en Internet por respeto a su intimidad, he querido presentar ésta para mostrar al público lo riquiño que es. Juro que ésta es la única excepción.

18 de septiembre de 2011

Dificultades de una escritora periférica

 (Reproducción parcial de una conversación mantenida entre 
una escritora principiante y un escritor veterano)

- ¿Te sientes escritora? 
- Sí, aunque la mente me juega malas pasadas- responde en busca de alivio.
- Te entiendo. En el momento en el que te sientas a escribir eres escritora. Aprende a controlar a tu aliado y a tu peor enemigo: la mente. 
- Lo sé. Me atormenta con que solo escribo tres horas diarias. Es que me canso mucho.
- Tres horas al día está super bien. Todos los novelistas hemos pasado por lo mismo durante la primera obra. No solo que escribes durante tres horas, sino que eres una mantenida. 
- Exacto
- No dejes que te paralice. Siéntate y escribe. Establece una rutina, tres horas escribir y dos leer, todos los días, no hables con nadie mientras trabajes: escribe, escribe...
- Ya tengo una rutina, pero avanzo muy lentamente
- Sí, todos pasamos por esa misma sensación, pero los resultados llegan, aunque sean en un futuro...

La lluvia es inspiradora y septiembre un mes odioso que exige readaptación y flexibilidad ante cambios anuales. Aunque sienta algo de vergüenza por expresar en público las dificultades a las que me enfrento, siento necesidad de desligarme mentalmente de este artículo.

Por encima de cualquier oficio, siempre he querido ser escritora. Ahora lo soy. Me dedico a escribir. Después de medio año de relatos, colaboraciones y un proyecto de novela, ha llegado el momento de llevarlo a cabo de forma muy seria. Ha sido una elección dura, pero coherente con lo que quiero. Una elección que implica mucho esfuerzo, batallar en todos los sentidos, luchas en papel y en persona por vivencias interiorizadas y, sobre todo, establecerse, por lo menos, hasta primavera para intentar conseguir un primer borrador. No me gusta Mondragón, ni siquiera cómo funciona la sociedad vasca, tampoco Euskadi, aunque algunos sitios me desagraden menos que otros, pero mi novela se ambienta aquí y mi vocecita interior advierte que aquí es donde debe ser escrita, por lo menos ese primer borrador. Aunque parezca una locura, alejada de consejos sensatos y apuestas ciertas, le he prestado atención.

Jamás he escrito una novela. No sé cómo se hace. Es muy difícil asumir una labor sin saber cómo llevarla a cabo. Un proceso de aprendizaje total; escribir sobre la libertad, un tema que me obsesiona desde que era pequeña, aprender a hacerlo y aprender a ser persona queriendo hacerlo. El camino parece interminable, aunque alivia encontrarse en él y muy inseguro al no saber con exactitud a dónde me dirige, ni siquiera si el paso se cortará en algún momento. 

Represión en el sentido social de elección de estilos de vida. J.M
 Lo más complicado de todas estas semanas, hasta apuntarme en dos talleres de escritura y establecer contacto con otros escritores, ha sido la soledad. Horroroso. Jamás había experimentado ese vacío interior. Ese silencio que necesita ser compartido y que nadie a tu alrededor logra escucharlo, por mucho que vocalices, lo expreses en voz alta, incluso callada o gritando. Una soledad sin ningún tipo de guía, sin saber si la dirección es la acertada, si las características psicológicas del personaje son las adecuadas para el lugar ficticio que has creado, porque tal vez algún detalle se escape y no seas consciente, mientras a tu alrededor las personas se posicionan como pueden en puestos de trabajo en busca de estabilidad, seguridad y un sueldo con el que sustentarse. Hace tiempo dejé atrás esta opción... Me veía demasiado joven como para no intentarlo. 

Y aquí estoy, tras mantener conversaciones telefónicas con escritores y escribir para talleres de novela y escritura creativa, con mucha ilusión y muy emocionada ante todo el trabajo que me espera. Infinito desde esta posición, espero que dentro de dos meses se acorte un poco la vista.

¡Disfruten del día! J.M




 

24 de agosto de 2011

Testigo directo desde el Arnoia

Espesez acuática. Me sumerjo en el Arnoia, cierto esfuerzo por piedras colocadas contranatura, nado en forma de rana e introduzco la cabeza en el río. Pelo inmóvil en torno al agua, la cabeza hacia delante y el cuerpo por detrás. Ojos cerrados para que las lentillas no hagan de las suyas y la mente en blanco. No respiro. La nada y el todo en el fondo del Arnoia. Quiero alargar el instante de no hacer ni dejar hacer, pero necesito respirar y mis brazos se cansan de nadar absurdamente a lo rana, así que salgo al exterior y me coloco en vertical.

Arnoia contemplativo. Adriana Domínguez
 Comienza la secuencia de testigo directo. El cielo está despejado y el viento menea los árboles escasos colocados a la orilla del río, aunque son altos, muy altos, y la sombra que aportan es más que suficiente. A un lado de ellos; ellas. Las miro desde mi posición, sentadas con cariño sobre la hierba: la psicóloga soñadora que ha descubierto el mundo de los festivales; la ya, después de mucho esfuerzo, inspectora de Hacienda; la arquitecta, cuya verdadera vocación, intuyo, es la producción manual de broches preciosos; la intérprete no solo de signos sino de la vida misma; la que ha abandonado Galicia para trasladarse a Valencia y a la que echo mucho de menos;la que se acaba de enamorar de un chico que parece es muy simpático y por supuesto, allí está también la que masajea con mucha concreción y esfuerzo, siempre sin esperar nada, pues ésa es la esencia de esta última. 

Y desde el agua, allá, en la mitad de este precioso río, que bordea la parte sur de Allariz, las miro y esbozo una sonrisa de orgullo, por ser mis amigas y porque además de ser geniales, divertidas e inteligentes, son divinas. Giro un poco la vista y a su lado veo a un grupo de chicos; amigos de toda la vida. Y me río, pòrque son esencialmente alaricanos y porque les guardo mucho cariño. Y me gustaría escribir muchas cosas, de la misma manera que me gustaría gritar desde esa posición de testigo directo, pero callo, porque determinados asuntos han de ser callados. Mi hermana y sus amigos, que descansan de colchonetas usadas a modo de trampolín en el río. Y la furgoneta libertaria, aparcada detrás de ellas y ellos, cuya función es mostrar que somos personas y tenemos derecho a ser disociadas.

El puente de piedra, situado enfrente mío, rinde homenaje al río. Piedra mohosa de Galicia característica de esta zona. Los turistas pasean y fotografían. Son aquellos que abarrotan los outlets del pueblo, cuya esencia desconocen. Y al otro lado las piscinas y el resto de mis amigos, con los que compartimos espacio y tiempo en la Casa de la Alegría.

Piedra mohosa de Galicia. Cercanías de Santa Mariña. J.M

Decido salir. Me canso de mi posición vertical y de mirar para todos los lados. Por último, el castillo. Uno de mis sitios favoritos. Puedes observar sin ser visto. Un sitio donde las lluvias de estrellas pueden ser alcanzadas por el hombre o la mujer, aunque solo sea a través de los sueños, aunque, hoy en día, pocas personas crean en los deseos, ni siquiera en el amor.

Recorro las piedras de la entrada del río, ocupo mi lugar en la toalla y esta vez, me miro a mí. Una amplia sonrisa sombreada por un sobrero de paja que compré en Bolivia, que denota el privilegio de bañarme casi todos los veranos de mi vida en un río como el Arnoia.

28 de junio de 2011

¿Por qué insistimos en convertir los deseos en imposibles cuando existe voluntad de disfrutarlos?

Pensé en la respuesta cuando me encontraba en el coche desde Galicia a Euskadi. No lo sé. Un regreso marcado por sucesivas conversaciones que mantuvimos Javilo, M.Rosa y yo, a una velocidad notoriamente inferior en comparación a cuando nos dirigiamos hacia allí. ¡No queríamos volver! Estábamos tristes. Aún, después de tantos años, volvió aquella nostalgia por alejarnos las unas de las otras, por abandonar a parte de nuestras familias y, sobre todo, a un pueblo que nos ha visto crecer. ¿Nos ocurrirá cuando seamos mayores, tengamos maridos y esas cosas? El 15M, carácter picaresco del español, las infraestructuras ferroviarias de Galicia, comparaciones España-Alemania, aspiraciones futuras, medio bohemiadas por aquí e ilusiones por allá. 

Y como siempre, la misma pregunta; ¿por qué no nos trasladamos a Allariz? M.Rosa respondió que ella podría trabajar en el proyecto de arquitectura desde allí, yo respondí que parte de mi novela se ambienta allí y que, dado que rescato a dos personajes que pertenecen a Allariz, sería una buena idea hacerlo. A uno se lo comuniqué y se asustó un poco, pobrecito, al otro no puedo, ya no existe. Javilo, la verdad, es que no sé qué respondió. Lo único que sé es que es muy escéptico y que yo, en comparación suya, soy excesivamente optimista con la humanidad. Sonreí cuando recordé aquel aislamiento que a todas nos hubiese gustado sentir: cerradas las puertas imaginarias de Allariz con alaricanos y visitantes veraniegos. Aislamiento que también traslado a mi novela aunque aplicado a la sociedad vasca.

Graffiti situado al lado del Arnoia. J.M
 Recordé entonces cómo cuando éramos adolescentes, pasábamos aquellos veranos en el pueblo. Un sitio precioso, atravesado por un río que nos acoge en tiempos calurosos, abrigado por árboles enormes que dan vida a esas piedras del castillo colocadas a modo de baldosas. Aun el otro día, a mis 25 años, jugué a no pisar las extremidades de aquellas gigantescas piedras, y de hecho, cuando estaba en ello, le comuniqué a Gemma que escribiría un artículo a mi vuelta. Y bueno, aquí estoy. 

De chicas de azul a viejas verdes. Ése ha sido uno de los lemas. Por supuesto, 'faceboi, faceboi' que aún tarateo en mi cabeza por todas las veces que hemos podido cantarlo. Siete torbellinos, cada una producida por su propio molde, extañamente compatibles entre sí, sentadas en una de las terrazas de la plaza principal observando desde las alturas a un pobre animalillo que apenas compendría por qué la gente gritaba a su alrededor.  

Bebida típica galega :) J.M
Una terraza que nos ha abrasado, sobre la que hemos discutido de filosofía política, del 15M, de chicos, de licor café maldito al día siguiente, de repertorios musicales que siempre comienzan con los voceos de Lauri,por propia petición a causa de una canción que creía era muy bonita, "fuera de mí... fue, fue", de risas, de variaciones en las letras de las músicas, de masajes (también por petición mía) gracias a la amabilidad de una fisioterapeuta que siempre me ofrece muchísima paciencia, por esas cañas, esa rave, esas orquestras, princesas que al día siguiente sufrieron en carnes el declive de una noche estelar, por el cansancio acumulado, por el miedo a que el Boi nos pillara, por todos nuestros amigos, por viejos huracanes, amores pasajeros, gente alaricana, por nosotras, por las llamadas de amor a la 13.00 del mediodía, por esas camisetas grupales. Y es que ayer ya lo decía yo, ¡qué grupo tan bonito hacemos!

22 de enero de 2011

Bohemios por el mundo

Entre Wikileaks, el Estado de alarma en España y el temporal de frío que azota Europa parecería que el mundo estuviese apunto de combustionar. ¡Madre mía!, pensé ayer, al ver las noticias del 24 horas. Yo a lo mío, viaje para aquí y para allá, y prensa de Bolivia. Debería de haber usurpado noticias diariamente, pero en fin, las vacaciones sientan muy bien. ¡Viajar! qué gran verbo. Pensaba escribir a mitad del recorrido, en uno de los hostel, pero me ha dado tanta pereza que decidí dejarlo para el final, y hoy ya es el final. Así que hagamos balance. 

A las 21.00 de la noche, con tres horas de retraso y en el aeropuerto Viru-Viru, la humedad cruceña ha vuelto a apoderarse de mi olfato, también los 30 grados de mi escasa capacidad de soportar este clima subtropical y ni hablar de los mosquitos, que nuevamente, se convierten en protagonistas de mi forma de vida. Viajar por América Latina es excitante. Muy diferente a Europa. Hay que tener en cuenta diferentes factores. El mal de alturas, la mochila, el dinero, el regateo, la condición de mujer y,en determinadas ocasiones, la inseguridad

Hará dos sábados partí con mi tour mochilero desde Santa Cruz hasta Sucre. No antes sin tomarme un soriochi, que es un medicamento para evitar los efectos del mal de alturas. Media hora después, a las 10.30 de la mañana, ya me encontraba en la nueva ciudad. Me encantan los vuelos y más aún, cuando evalúo la forma en la que el pilo conduce el avión. Al de hoy le otorgo una calificación de un ocho. Apenas se ha notado el descenso. 

Casa de la Libertad en Sucre. J.M
Brevemente explico lo que me quedo de cada sitio. Es tarde y mañana toca guardería. Sucre, una ciudad tan blanca, limpia y tranquila. ¡Qué placer pasear por sus calles! La Casa de la Libertad es preciosa. Me encanta el nombre de este museo, que alberga entre sus paredes los grandes momentos de la historia de Bolivia. Por ejemplo: momento en el que 48 criollos, y no bolivianos, firmaron el acta de la independencia del país. En este lugar, una es consciente de los estragos de la colonización española

El siguiente destino fue Potosí. Gran ciudad con muchas cuestas. Aunque quepan discrepancias, en cierta manera, me recordó a Vigo. Es una locura comprobar cómo crearon tal ciudad a 4.000 metros de altura. Efectivamente, se comprueba físicamente, porque el soriochi alcanza hasta cierto punto. Se siente fatiga cuando se recorren las calles de esta ciudad, cuesta respirar y se nubla un poco la vista. Una de las calles es conocida como la colonización de los vascos y yo atraída por mi condición, pude comprobar cómo, actualmente, se considera peligrosa por los maleantes que en ella habitan. El cerro que se posa a sus espaldas es impresionante y los mineros, a día de hoy, ocupan un lugar primordial en la economía de la ciudad. También la huella del saqueo de los españoles. 

Fachada de Edificio de los Oficios. Potosí. J.M
 La misma noche en la que visité esta ciudad pusimos rumbo al salar de Uyuni. Preferiría no mencionar el trayecto en autobús, más que nada, por los barrancos que parecían sujetar las carreteras por las que el automóvil circuló a gran velocidad, pero mereció la pena detenerse a ver, en el descanso para huir del calor humano, el cielo tan estrellado que había. Nunca había visto el cielo de esa forma; calmado, increíble, abarrotado por estrellas de todos los volúmenes que conformaban en su conjunto una obra maestra. Me recordó al cielo de Túnez. 

Los trabajadores amontonan la sal en Uyuni. J.M
El lunes me encontraba en un jeep rumbo al salar. Es un sitio impresionante. Es difícil describir tal belleza. Un blanco muy resplandeciente alrededor de una pequeña isleta llena de cáptuses que alcanzaban los 9 metros y cientos de años. Imposible permanecer allí sin gafas de sol, tampoco sin protector solar. 


 Esa misma noche diez horas hasta La Paz. También en autobús. Aunque esta vez la carretera estaba en mejores condiciones. ¡¡¡¡Desde Oruro hasta la capital había asfalto!!!Todo un lujo. ¿Cómo describir La Paz???caótica, muy caótica, excesivamente estimulante. Nunca había pisado una ciudad con tanto coche, ruido, transeúntas corriendo por todos los sitios, ventitas en cada esquina. Lo cierto es que no he visto demasiadas ciudades en mi temprana vida, pero La Paz es... horrorosa. Lo positivo de este sitio es el Mercado de las Brujas donde los turistas nos perdemos por la preciosidad de sus artesanías, la majestuidad de los Andes y la gran vista desde la ciudad del Alto, a una distancia de 40 minutos en coche, también caótica, puesto que la capital boliviana se asienta en un gran valle, cuyo metro cuadrado está absolutamente saturado por calles y casas. 

Palacio de la Gobernación. La Paz. J.M
En La Paz permanecí cuatro días. El hostel era muy peculiar. Irlandés. Mis amigas y yo éramos de las pocas que hablábamos español, así que aproveché para poner en práctica mi escaso inglés. Para salir del paso y tener un par de conversaciones con australianos y americanos, alcanza. En este lugar comencé a notar el gran movimiento que existe a nivel mundial. Personas que llevaban viajando 9 meses por todo América Latina, aquellas que habían comenzado en la otra parte del mundo o las que se encontraban en tiempos sabáticos. ¡9 meses sin un punto de referencia! Todo una locura. A veces les miraba y pensaba en qué diferente son las cosas, cuando unos se ahogan en trabajos insatisfactorios y otros, deciden tomar la alternativa de viajar con un gran presupuesto y con la valentía de vivir día a día sin un punto de referencia

Restos de Tihuanaco. J.M
Desde esta ciudad visitamos Tihuanaco. Visita que menciono brevemente por no recordar el espantoso trayecto que tuvimos, en el que, por primera vez, sentí miedo de verdad. Merece la pena ver estas ruinas preincas, desde donde surgen el modo de vida de los indígenas. También nos dirigimos al Lago Titicaca y sí puedo afirmar que se agradece ver un pueblo pesquero y comer trucha al limón. Aquí los bohemios abundan de forma alarmante. Las calles se encuentran repletas de hippies vendiendo sus artes y en los bares se conoce a mucha gente. Entre ellos, un par de catalanes, que hacía un año habían emprendido un gran viaje en bicicleta desde Alasca. 

Cercanías del Lago Titicaca. J.M
Y por último Cochabamba. Una ciudad muy bonita, tranquila y al estilo de Santa Cruz de la Sierra. Un gran mercado de artesanía en el que el turista corre el peligro de perder todos sus ahorros y grandes cafés en los que tomar un capuccino. En esta ciudad me llamó mucho la atención el Panel Informativo del Pueblo situado en la plaza principal, donde los ciudadanos colocan en pequeñas pizarras extractos de prensa para criticar el sistema que rige el país o el acontecimiento de que se trate. La exposición de derechos humanos que he visitado me ha devuelto la vida. Me encanta la teoría de los derechos humanos, más aún la práctica, aunque no es tan común. 

Y finalmente, suelo cruceño. Ya solo quedan 10 días para que acabe esta aventura. De momento, reduzco mis esfuerzos a hacer una pequeña conclusión de mi viaje. Vivo en Santa Cruz y he visitado la otra parte de Bolivia. En un intento de realizar una pequeña comparación destaco la contraposición de opiniones respecto a la labor de Evo Morales. Mientras que los cruceños critican sus gestiones, los demás las aceptan. En un vistazo rápido a las diferentes formas de vida, me quedo con la división social que existe. El racismo entre cambas y collas es latente en el país. En cuanto a la aventura de viajar, en determinados momentos la paciencia se agota porque, en muchas ocasiones, la gente no habla claro y es necesario estar constantemente atento. Así que, yo sí que digo claramente, que es sorprendente comprobar los paisajes de Bolivia y la forma de vivir de sus gentes.

El término 'mujer'

Una eternidad, que equivale a siete días, ha transcurrido desde aquel vuelo desde Barajas que me plantó en suelo cruceño. Poco a poco despierto del trance y empiezo a recuperar el habla. Generalmente me cuesta acostumbrarme a los cambios, y mi reloj biológico me exige siete días. Un buen número. Así que pasado este tiempo adaptativo, sola en una gran habitación, descalza y con los pies acribillados por los malditos mosquitos, con una botella de 2 litros de agua y cuando todos los demás duermen, yo escribo y ruego inspiración. ´

Hasta el miércoles mi único contacto con los niños se había limitado a las típicas tonterías que se le hacen a un primo o a algún chavalín, por lo general, en un tiempo máximo de cinco minutos. A partir de ahí, me aburro, desisto y me dedico a otras cosas.

Toda una experiencia, tratar con bebés y con niños. Más aún si se trata de los niños de la Guardería Infantil de Nazareth. Una guardería perdida entre barrios trazados por la mano de vete tú a saber quién, ubicada más lejos aún del sitio donde vivo e imposible de encontrar en Internet, ni siquiera en google.

Los niños de esta guardería son especiales. Para mí por los menos. Llegan todos los días a las ocho de la mañana con sus caritas sucias, sus ropajes y medio dormidos. Acompañados por su madre, su padre, sus hermanos mayores o algún amigo de confianza. Tienen entre seis meses y seis años. Detrás de sus sonrisas se esconden muecas de dolor por desatención, historias familiares y desestructura social.

Después de presentarme ante todos ellos, me quedé conmocionada de la cercanía que muestran. Se acercan, te abrazan, te gritan "tía,tía" (llaman así a las profesoras) y te miran con esos ojitos tan bonitos. Qué carencia de afecto tienen.

En cuanto a las demás 'tías', es increíble cómo se desenvuelven. La mayoría de ellas ni siquiera de ellas han llegado a estudiar la ESO y se apañan de una manera asombrosa. Los entretenienen, les dan de comer, los lavan, les enseñan a cepillarse los dientes y los vigilan mientras juegan. Hablan con sus padres y se preocupan por su porvenir. Y ahí estaba yo, con mis dos carreras y mis cuatro idiomas, medio parada sin saber qué hacer, agotada de tanta atención a los niños y medio mareada por el calor asfixiante. Paradójico.

Durante todos estos días el estado de shock no me ha permitido reflexionar excesivamente. Si de algo soy consciente es de que soy mujer. Nunca me había sentido tan mujer como aquí, a pesar de haberme dejado a propósito la feminidad en España. El eye liner, el rimmer, el colorete, la ropa de moda, el pinta uñas... todo lo dejé allí, ¿para qué iba a necesitarlo en este lugar? ¿para atraer aún más a los mosquitos? si ya soy pasto de sus mordiscos. Malditos.

Cuando estaba en la guardería, hubo un momento que miré a todos aquellos niños y me pregunté cuántas de ellas habrían sufrido abusos sexuales. Cuando por primera vez cogí el micro desde la guardería hasta mi casa, pensé, eres mujer, vas sola y llevas la cámara de fotos en tu bolso. Acto seguido, me asusté y casi comencé a llorar. Mujer.

Este fin de semana he aprovechado para ir al centro. Lo cierto es que no he parado. Conocí a un español de otro centro que vive cerca de mi casa y ante la necesidad de tener una conversación 'normal', me planté en su casa y le exigí con amabilidad que me llevara al centro para tomar algo y salir un rato. Esto fue el viernes y cuando por la noche tenía que recorrer el pequeño tramo desde su casa hasta la mía. Pensé en la palabra mujer.

Ayer fue mi cumpleaños. Qué día tan extraño. Por la mañana acudí a un cursillo para aprender a quitar la cera de los oídos. Allí estaba yo, liderada por monjas especializadas en medicina natural y produciendo canutillos. Muy interesante y eficaz.

A la tarde quedé con una señora, amiga de Luis, para tomar un café en el centro. Me armé de valor y cogí yo sola el micro. También pensé en lo de ser mujer. Tomamos un café de tres horas y media y después me llevó a una gran feria donde se vendía, principalmente, caos y bullicio. Agradezco de todo corazón el haber quedado con Mary, consiguió hacerme sentir muy feliz, se prestó a pasar toda la tarde conmigo y a presentarme a las hijas de sus amigas.

La gran conclusión de esta semana, además de mi condición de mujer, la necesidad de espabilarse, moverse, conocer gente, organizarse y disfrutar. Ahora, ya más relajada.

25 de agosto de 2010

Donostia, una ciudad de postal

 Fotos: J.M

Este es mi tercer mes en San Sebastián. Un viaje intenso se aproxima, y seguro que este blog adquirirá nuevos aires, así que allá va el nuevo punto de partida. Así, mato las horas muertas en la redacción.


Es una ciudad muy bonita. Yo siempre la he descrito como una ciudad de postal y creo que se ajusta a la perfección. Donostia tiene de todo: playa, monte, casco antiguo, puentes, periferia y sobre todo, mucha elegancia. La capital guipuzcoana tendrá aproximadamente 175.000 habitantes (estimación mía). Siempre pregunto cuántos habitantes tiene una ciudad o un pueblo, me gusta saberlo, dice mucho de él. Supongo, que el hecho de que lo pregunte también dice mucho de mí.

La vida de esta ciudad gira en torno a sus tres playas: Ondarreta, La Concha y la Zurriola. A mí la que más me gusta es la última. Playa artificial creada hace tiempo que se situa a las espaldas del Kursaal, y que siempre está llena de gente joven y, sobre todo, de surfistas. A mí eso me gusta. Es la playa surfera por excelencia. Aunque, lo cierto es que la más famosa es la Concha, que goza de una reputación ganada por su largo paseo, la elegancia de la alcantarilla que la rodea, y que con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los símbolos de San Sebastián. Además, en ella se ubica el balneario La Perla, un sitio digno de ser visitado. Yo creo que le falta intimidad.

Es una gozada poder realizar las prácticas en un lugar como San Sebastián. Aunque está muy alejada del resto de la península (ir a Madrid en autobús es una agonía), lo bueno es que Francia está a tan solo un paso. Un paso que equivale a media hora en coche. Allí todo es diferente, empezando por el idioma y, especialmente, por la gente. Para qué engañarnos, aunque adore a mis amigos franceses, son más sosos que nosotros.

Como pasa con todo, la elegancia y la belleza de esta ciudad presenta su cara opuesta. No es urbana. Aspecto que en cierta manera me sorprende. Estoy acostumbrada a Madrid. Además es una ciudad muy cara. Está plenamente acondicionada para las bicicletas, aunque yo nunca uso este tipo de transporte, no lo hice en Alemania, aspecto inherente a los habitantes de allí, no lo voy a hacer aquí. Por lo que siempre tengo que tirar del autobús, y el transporte, en general, está bien, aunque los malditos semáforos, situados cada diez metros, suelen acabar con mi paciencia. Lo de que sea candidata cultural, no lo comprendo muy bien. Aquí cultura hay, pero es cara, por lo tanto yo no accedo a ella. Y yo me considero una persona cultural.

La gente es muy simpática y se habla mucho euskera. Eso también me gusta. El Boulevard es el punto de encuentro de muchos ciudadanos. Tiene mucho encanto. Los turistas y los donostiarras se agolpan en verano para comer un helado, disfrutar de los pintxos o tomar unos zuritos. Hay músicos, artistas... se ve una ciudad dinámica.

En general, me gusta estar aquí, aunque este lugar no consigue exprimirme. No sé por qué. Lo bueno de todo es que he recibido muchas visitas, algunas de ellas aún por llegar, otras han sido canceladas en el último momento (va por ti, Ana).

Laura vino en Aste Nagusia, una gran fiesta, que abarca a un gran número de ciudadanos, la mayoría de ellos turistas. Esto también me gusta, aunque algunos donostiarras la aborrezcan. Rosa llegará este fin de semana y una gran fiesta en casa de Nagore la aguarda, además del Zinemaldia y la sonrisa de Julia Roberts (no es por desanimarte Rosa, pero dudo que la lleguemos a ver).

Manuel vendrá dentro de dos fines de semana, un galleguín por San Sebastián acalorado tras el concierto de U2 (me das miedo, no traigas licor café por favor, debo empezar a cuidarme). Y una de las grandes visitas que tendrá lugar en maritxu kajoi (fiesta por excelencia de Mondragón), ADRIANA. Estoy impaciente por escucharla chapurrear frases en euskera (me encanta), por verla vestida de los años 50 y por jugar un parchís a las 14.00 del mediodía en un bar de mala muerte, como aquella vez.

Me voy contenta. Un artículo positivo. Eso también me gusta.