Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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25 de junio de 2012

"Tienes que acostumbrarte"

En la víspera de San Juan, el pasado sábado, me encontraba en las txoznas de Mondragón (Gipuzkoa) tomando algo con mis amigas. Nada más salir a la calle, en el centro del pueblo, me di cuenta de cómo afloraron pancartas y carteles a favor de la independencia, en contra de la "conquista" de Navarra...

Pintada en el aparcamiento sobre la "conquista" de Navarra/ Mondragón. J.M
Me apasionan las paredes. En ocasiones, son más sinceras que las personas, sobre todo, cuando existe un silencio generalizado. Por eso, tengo gran fijación en cómo evolucionan. Generalmente, según he podido observar, cambian en paralelo a los pasos que se van dando en el nuevo escenario político que se ha dibujado en Euskadi desde que hace ocho meses ETA anunciase el cese definitivo

En las txoznas, especie de barras metálicas con consignas sobre una reivindicación concreta donde se sirven bebidas y bocatas, me fijé en algunas pancartas que decían lo de siempre: "independentzia eta sozialismoa" " jo ta ke"... pero no tenía la cámara y no podía fotografiar. Una de mis amigas me ofreció la suya, menudita y discreta, de las que me gustan a mí (ir con esos cacharros es un horror, pesan mucho y llama demasiado la atención).

Así que me separé de ellas y empecé a fotografiar. En cierto momento un chico se acercó, no era de Mondragón (aquí nos conocemos todos) para preguntarme en qué sentido estaba fotografiando. Le respondí que qué le importaba a él y él volvió a insistir en qué sentido estaba fotografiando; si en el bueno o en el malo. Le miré fijamente a los ojos, empecé a reirme y le dije que se apartara porque iba a hacer la foto. Me tapó el objetivo con sus manos, hasta que se despistó por un momento y pude sacar la foto centrada, en el ángulo en el que yo quería posicionarme. Se enfadó muchísimo, lo cierto es que parecía que había bebido, me miró y señalándome con el dedo me dijo: "Si veo esta fotografía publicada en El Diario Vasco tú y yo nos veremos las caras". 

Me quedé callada. Pensé qué responderle: el nuevo escenario político, la invisibilidad, una sociedad que charla y charla sobre libertad mientras coacciona sutilmente... pero sentí miedo, también orgullo y dignidad, por eso me permití ser vulgar, le miré fijamente, pensé que era un gilipollas, alcé el dedo corazón (el central se llama así ¿no?) y flexioné los demás hacia la palma de la mano. 

Debe ser que tengo cara de El Diario Vasco. En ningún momento le dije que era periodista. Después, pensé en muchas cosas: qué significa el buen y el mal sentido, en especial, pensé que si se cuelga una pancarta es para que se vea, si se fotografía es para exponerla, por lo que la secuencia lógica es: espacio público, pancarta pública y fotografía pública.  

Finalmente, he optado por ignorar a este tipo de borrachos que carecen de educación y posibilidad de pensar libremente porque constituye el tipo de oveja que yo describo en mi novela. No me gusta que me amenacen, no me gusta que se le llame la atención a un periodista por hacer su trabajo; expongo la realidad. También es cierto que fotografiando me expongo, que parte de la realidad es esa, y puedo aceptar críticas dentro de los límites de la libertad de expresión. Mis amigas: "tu primer artículo en el periódico creó mucha polémica en el pueblo", "¿no tienes miedo?", "ten cuidado", "tienes que acostumbrarte, aquí es así". 

Me fastidia tener que acostumbrarme y tener que sentirme obligada a escribir este post. Creo en el cambio, en el nuevo escenario y todas estas cosas, pero estas actitudes no llevan a nada, menos a paralizarme, sino que me impulsan en sentido contrario. Tal vez, debiera salir con la cámara en hora punta, un jueves a la tarde, cuando todos acuden a beber zuritos y comer pintxos por el precio módico de un euro, entonces todos me verían y podría comprobar en qué grado del nuevo escenario político estamos. 

No publico este artículo para hacerme la interesante. No soy interesante. Lo hago para denunciar este tipo de actitudes, que aclaro, no son generalizadas, pero existen y espero se erradiquen.


16 de mayo de 2012

La visibilidad en el conflicto vasco

"El día que los vascos nos quitemos esta carga, levitaremos", ha reproducido el sociólogo Imanol Zubero las palabras de Bernardo Atxaga, en la conferencia "Pensamiento, sociedad y convivencia" que ha tenido lugar en el marco del Congreso de Memoria y Convivencia en Bilbao. 

Según el Lehendakari Patxi López, el evento pretende "asentar las bases de la convivencia", a través del debate y la experiencia de diferentes personalidades en torno a la reconciliación de la sociedad vasca y la memoria en el sufrimiento del conflicto vasco, como punto de partida clave el nuevo escenario político dibujado tras el cese definitivo de ETA el pasado 20 de octubre. "Propaganda" del Gobierno Vasco, ha criticado la Izquierda Abertzale por mostrar una "verdad parcial" de los hechos, en alusión a la inexistencia de una "voz que represente a las víctimas de las fuerzas policiales y parapoliciales del Estado español". 

Asimismo, Imanol Zuberoa, tras hacer referencia a la carga que los vascos llevan consigo como consecuencia del terrorismo, ha afirmado que "en Euskadi la construcción política sobre el otro, los prejuicios y la imagen descalificada, desencadena en violencia y no al revés" .

"Las monstruosidades las cometen personas estándar"

"La historia de ETA es la versión vasca de que las monstruosidades no las cometen los monstruos, sino personas estándar, viviendo en otros sitios no hubiesen tenido la notoriedad de terroristas", ha expuesto el teólogo Francisco Javier Vitoria, quien también ha aludido a la "banalización del mal" o "el efecto Lucífer". 

Por su parte, Pello Salaburu, ex rector de la Universidad Pública del País Vasco, ha destacado que "el 75 por ciento de la población vasca ha soportado al 25 por ciento restante". Preguntado por un participante del público cuál ha sido el papel de las universidades vascas, Salaburu ha respondido que "han sido incapaces de ponerse al frente de la sociedad vasca" y ha relatado una anécdota suya: presenció cómo una chica realizaba unas pintadas en los cristales de la biblioteca, pero no sé acercó porque sintió miedo. 

El portavoz Baketik, Jonan Fernández, ha expuesto la necesidad de "promover una nueva cultura de paz" para "reconocer, aliviar y reparar a todas las víctimas" y "remendar los desgarros sociales" e "integrarse sin excepeción los sufrimientos de todos", así como identificar "todas las vulneraciones de todos derechos humanos", ha añadido.  

El progreso del nuevo escenario político /Jaca. J.M


Conclusiones propias

Dolor, desgarro y sufrimiento. Un silencio extraño envolvía la sala, quizás, debido a la necesidad de comprender qué es lo que ha ocurrido a lo largo de todos estos años, por qué ha ocurrido y cuál es la solución a alcanzar, si es que existe.

"En el razonamiento de los grupos se interpuso una causa o un proyecto al valor de la dignidad humana", ha afirmado Jonan Fernández. "Las fronteras políticas son fronteras morales", ha indicado el sociólogo Imanol Zubero. 

La afirmación que más comparto es que cada vasco "tiene un principio de condicionamiento, y la reconciliación debe enfrentar esas realidades porque el sujeto es la sociedad, no ETA ni las víctimas, sino la sociedad, y las víctimas serán las beneficiarias", ha indicado el portavoz de Baketik.

En "Invisibles del conflicto vasco", artículo publicado tras la celebración del Aberri Eguna, expuse que, en mi opinión, simple ciudadana que dedica sus esfuerzos a una novela en construcción, la reconciliación debía abarcar a la sociedad en su conjunto. 

El conflicto vasco salpica la vida cotidiana de cada uno de los ciudadanos que reside en esta tierra, no sé si calificarla como país o no, comporta también una crisis de identidad que te impide definirte como vasca, española, europea o ciudadana del mundo, o tal vez, simplemente englobe todas esas señas. Un "fenómeno" que crea miedos e inseguridades; a hablar, opinar, pensar. Ejerce una violencia muy sutil que coacciona a vivir en un estado constante de contrariedad, tal vez integrándote en contra de tu propio sentir puedas ser más feliz o tal vez, llegado determinado momento la felicidad resida en admitir lo que no eres, como si un concepto residual fueras. 

Las cadenas de la violencia/ Jaca. J.M

¿Estamos condenados los vascos a vivir marcados por la violencia, 
pasada, presente o, improbablemente, futura?

Iñigo Domínguez, corresponsal en Roma de El Correo, ha respondido que "obviamente lo sucedido ha sido muy grave pero en otros sitios se ha superado". Jon Sistiaga, no sé qué ha respondido, no le he escuchado, el tono de su discurso se aleja bastante del que a mí me gusta, no por el contenido de su ponencia porque todo contenido es refutable si cabe en los límites de la libertad de expresión, opino. 

Tristemente creo que sí; estamos marcados. Mi vida se ha visto absolutamente influenciada por el conflicto vasco; dónde he nacido, cómo he estudiado, mi estructura mental, mi estado emocional, las profesiones que he elegido... No conozco a ningún vasco que, en mayor o menor medida, no le haya ocurrido, aunque no lo admita, o no quiera asumirlo, o lo rechace.
 
La necesidad de la construcción de una memoria colectiva pasa por la necesaria construcción de una memoria individual y su asunción irrita, provoca lágrimas y envuelve a esta tierra.

Prometo un artículo sobre mi memoria individual. Hoy no. No tengo ganas.



9 de mayo de 2012

Inmersión

Te sumerges...
Hacia abajo,
     las oscuridades sobre las que escribes...

En el último mes viajaste, comenzaste otros artículos para distraer a la mente, te dedicaste a colaboraciones y recitales. Pretendías postergar. La vuelta es inevitable; perteneces a la franja de oscuridad que tu obra describe.

Diez minutos antes de sentarte frente a la pantalla, no te sientes inspirada. Mágicamente, el teclear resuena en ti, últimamente, es lo único que resuena, aunque también se desvanece, llegado cierto momento de la escritura, sin saber cómo, deshaces su escucha.

Te sumerges...
Re-ocurre.
Te levantas a la mañana: escritura automática, lectura, documentación y fase revisión. Suspiras: en un par de semanas no sentiré el abismo consustancial de no saber hacia dónde continuar. Empiezas a corregir, dejas de corregir, y te extiendes... más allá, pero anclada aquí. La escena demanda, el personaje habla por sí solo y el ritmo adquiere cierta destreza. 

Una hora después, la nicotina llama. A ella acudes. Dos minutos después, vuelta a la pantalla.

Transcurrido x tiempo, ya no percibes, ni siquiera la nicotina, te sumerges en el mundo que has creado, varía sin que tú puedas controlarlo, te gusta y te disguta, es incontrolable, te gusta y te disgusta, te arrimas al personaje, siempre sin que te vea, como si testificaras lo que sucede, observando cada uno de sus movimientos; qué hace, cómo se comporta, de qué habla, qué piensa y qué siente.

Repentinamente, alguien te llama.
Alzas la vista; han transcurrido dos horas y media.
Ni siquiera veías la pantalla del portátil, escribías a través de ella, como si en ella te integrases.
Te fuiste... allá,
      más allá del fin del mundo,
       allá está escrita tu novela,
       allá te espera,
       a la espera de que descifres y comprendas. 

Miras la pared de tu estudio ¡Bendita costumbre de empapelarla! Un mapa malamente dibujado, una fotografía antigua, la escena argumental y una veintena de post-is: "una persona no habla con plena sinceridad consigo misma", "no es un libro de historia, es una ficción" (en mayúsculas), "temas centrales de la novela"...

Una mañana de trabajo y vuelves. En realidad  vuelves a ella, a sentirla, siempre ronda a tu alrededor, a veces la evitas, sales por ahí, conoces a no sé quién... Es gozosa y cruel. No es amable, aunque en cierta manera envuelve. A veces es pesadamente insoportable, pero la añoras si no la sientes.

Las líneas...
La autocensura emerge...
La valentía desiste a momentos...
Nadie guía...
Ella es quien guía ¡compréndelo! 
Pocos la escuchan...
Pocos le hablan...
Mejor callar,
en vez de hablar y después, deshacer
Unos la huelen
y otros no la ven.




Nicotina prohibida más allá/ Jaca. J.M 


Expresar emociones, no está de moda
Ser transparente, no está de moda

¿Acaso te refieres a ella? 



9 de abril de 2012

Invisibles en el conflicto vasco

Artículo mental (impulso demoníaco de opinar) transcrito a Reflexiones Digitales: 

Un día después de celebrarse en Euskadi el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca), leo en El País: "la exhibición de fuerza" de la izquierda abertzale, junto a Eusko Alkartasuna, Alternatiba y Aralar consigue reunir a (una cifra indeterminada de) miles de ciudadanos en Pamplona. Un "hito" histórico tras el cese definitivo de ETA  en el que se reivindica el derecho a decidir "desde las diferencias", pero "todos juntos a favor de la independencia", informa el periódico. Por su parte, el PNV celebra su particular Aberri Eguna en Bilbao. 

Pienso en los términos que se repiten a lo largo del artículo. Por una parte, independencia, ansiada independencia que no sabría calcular desde cuándo se reivindica o algunos reivindican, retrocedo a Sabino Arana, que es cuando se constituye el nacionalismo vasco como tal. Por otra parte, la reconciliación; problemática central tras el cese definitivo de la organización terrorista, denominada por algunos sectores "las consecuencias del conflicto vasco" y campo de batalla política entre partidos y ciudadanos. 

"No hay que prestar tanta atención a los hechos, sino al por qué de los hechos", me aconsejó hace algunos días un gallego, antiguo militante comunista en la época franquista, cuando discutíamos en su tierra sobre la necesaria reforma de un sistema que parece inviable, el peso y la reconversión del sindicalismo en España y cómo los artistas deberíamos cobrar para poder desarrollar nuestro arte mientras otros trabajan. 

Desarticulemos conceptos: independencia y reconciliación

Independencia. Cualquier paseante que visite Mondragón (Gipuzkoa), podrá leer la palabra independencia mínimamente veinte veces y en todo tipo de formato: pintadas, carteles, graffitis, cantos, música, libros...  Nací en Mondragón y cuando me paseo por sus calles, me pregunto si existe alguien que aporte una nueva idea respecto a esta pretensión, legítima en mi opinión, aunque con cauce inadecuado. 

Rebusco en Internet, leo en periódicos y escucho las conversaciones de los ciudadanos, pero en ninguna se indica cuál sería su impacto económico, social y político en Euskadi, bajo qué sistema estatal se articularía, si también sería un estado social y democrático de derecho al estilo resquebrajado de España, y a mí me interesa, cuál sería la posición de Euskadi independiente en la Unión Europea y cómo se sopesaría en sus relaciones internacionales acorde con una política exterior definida desde esa independencia. 


Una de las paradas en el recorrido /Mondragón. J.M


La reconciliación. En este supuesto el recorrido no es válido; no pueden leerse carteles ni pintadas. Percibo un tratamiento centrado en la hostilidad entre víctimas de ETA y etarras. Por supuesto, un vacío humano prioritario que debe llenarse y solucionarse, aunque desconozco cómo: educación en valores, terapias grupales, labores de sociólogos...

Tengo la sensación de que el resto de la ciudadanía queda relegada a un segundo plano, es decir, aquellos que, afortunadamente, no son ni víctimas ni familiares ni etarras ni familiares, se vuelven invisibles en todas las esferas que tratan el conflicto vasco. Mi vecina, parte de mi familia, parte de mis amigas y la mitad de la población en Mondragón no perciben un ápice de atención en el tema de la reconciliación. 

Personas generalmente procedentes de fuera de Euskadi o descendientes de los que llegaron a trabajar a las fábricas, a las que se les ha recordado, independientemente de que nacieran, se criaran y vivieran aquí, que no forman parte de la ciudadanía vasca porque no hablan euskera, no nacieron en Euskadi o no cuentan con descendientes vascos. Personas que se han sentido humilladas, marginadas y excluidas, reduciéndolas a la condición de apátridas; no se sienten parte de la tierra en la que viven ni de la que proceden ellos o sus familiares.   

Pequeños detalles tejen una red de dominio social que sustenta la historia de Euskadi: un determinado día se te llama maqueta porque te niegas a responder en euskera al que sabes no defiende su idioma,  no lo inculca, sino que te coacciona para que lo vomites. De la misma manera que se organiza un taller de costura en compañía de un cartel que clama por los derechos de los presos. No se trata de un problema de defensa de los derechos de los presos, es una cuestión de organizar una mínima actividad, ver el cine al aire libre, y que siempre se incluya ese cartel, creándose una asociación y mezcla de conceptos que silencia a esas personas que no son consideradas vascas, inculcándoles el miedo a hablar porque de hacerlo se les humillará, se les marginará y se les excluirá aún más.

Y yo, harta de ese recorrido, pero enganchada a él, atendiendo a las informaciones, declaraciones de líderes y el ambiente actual en Euskadi, me pregunto si algún día se abordará la modificación completa de la base social en Euskadi para que la independencia se convierta en un derecho legítimamente moral. 

Seas considerado vasco nuevo o viejo, incluso hayas caído en la desgracia de no ser considerado vasco, ninguno de los ciudadanos en Euskadi es capaz de desplegar las alas. No se vuela en la misma dirección y la que se trasluce no convence del todo. Se continúan abordando los mismos temas, desde los mismos puntos de vista, los mismos tabús ejercen las funciones de siempre, sin identificar las mismas voces que acallan las mismas miradas marginadas. Es importante abordar los estragos de la guerra civil, el derecho a decidir y la reconciliación, pero debería prestarse atención a determinar y analizar cuál es el cúmulo real de todos esos factores, en qué consiste el verdadero conflicto vasco, cuál es su dimensión real y cómo afecta a la ciudadanía en su conjunto, a toda ciudadanía me refiero, sin entumecerse en parámetros de identidad clasistas o lingüísticos.

Tal vez, a eso se atienda cuando se alcance la ansiada libertad. Dentro de x años. Si es que ocurre.

Una realiza ese recorrido en absoluto silencio, una y otra vez, piensa y piensa durante años, muchos años, hasta que un día el miedo ya no paraliza y dedica todos sus esfuerzos a escribir este tipo de artículos que son opiniones humildes, sin intención de herir ni insultar, 
pero sí provocar conciencias en los dos o tres lectores que lo leerán.

29 de marzo de 2012

¿Y tú qué te cuentas?


Una vista bonita para acudir a un recital/ Gasteiz. J.M

Este es el nombre del recital en el que participé ayer en la biblioteca pública del centro cívico de Judimendi (Vitoria/Gasteiz). Adictos a la escritura creativa leímos en alto textos que habíamos escrito con anterioridad. 

El asqueamiento de la negatividad social debido a la crisis económica, una mujer musulmana que llega a España y conoce el término derechos humanos, el nombre 'yo' en la vida de un hombre despreciado por sus padres, el robo de bebés en la época de la dictadura, una caperucita roja drogadicta... fueron algunos de los textos que mis compañeros eligieron para leer en alto. 

Yo opté por una carta de amor que escribí a George Orwell, publicada en RD hace ya algún tiempo y destino también para una posible colaboración en una revista en la que editores desconocidos decidirán si se publica. Al acabar el acto, una de mis compañeras me preguntó por qué me gustaba tanto Orwell. Respondí que no es uno de los mejores novelistas en literatura, pero admiraba en él no abandonar sus convicciones y principios, en especial, la humildad que se aprecia entre sus líneas y su respeto por un lector inteligente, de segundo grado. 

"Vivimos en una época en la que todo debe resplandecer, aunque por dentro esté podrido", pienso instantes después de que la autocensura intente hacer de las suyas. "Todo reluce y por dentro está podrido", reproduzco mentalmente, más aún en primavera; las personas no saben si vestir una chaquetilla o aliarse con el abrigo, muy en línea con un desquecie social general y una negatividad imperante que se esconde bajo sonrisas amargas (humilde opinión). 

Recluida bajo las órdenes de ser sincera, admito que estaba muy nerviosa en el acto. Me temblaban las manos, aunque la voz parecía serena y el ritmo acorde con las líneas. Me pregunté por qué me ocurría. Si no me cuesta hablar en público, ni charlas con unos o con otros, contar historias, soltar mi rollo a personas que quieren saber a qué rollo me dedico... 

Intimidad. He ahí. Mostrarte. Publicar en persona tu propia desnudez textual. Escribir implica un acto solitario e íntimo, solo así la voz interna encarna lucidez lineal y la tinta del bolígrafo consigue fluir sola, hasta convertirte en una herramienta entre esa voz interna y las palabras que se impregnan en un texto que reescribes cuarenta veces. 

Después te plantas frente a un público que no conoces, y les hablas de un sentimiento de menosprecio, incomprensión y soledad a lo largo de gran parte de tu vida. Tu voz no se quiebra cuando admites sentirte una persona cobarde, pero como escritora te sientes en la obligación moral de ser valiente. No tartamudeas cuando explicas en qué consiste la soledad más absoluta del alma. Continúas recitando sobre impulsos demoníacos que te obligan a permanecer en un sitio que no te gusta por deber moral de contar la verdad, la tuya por supuesto, aunque luzca ante los ojos de todos, pero nadie la dice y no puedes guardarla porque cuando estás en Madrid, Alemania o Bolivia te carcome y sabes que huyes, así que vuelves y escribes sobre tabús de tu tierra, de tu identidad y de tu encadenamiento a una sociedad que no te gusta en absoluto, porque coincide que no te gustan los tabús, después haces referencia a las presiones de la locura, a la irrealidad de una mente que se niega a volver al lugar donde habitan las personas y cuando lo hace es un desastre... 

La voz se serena, el mundo que recitas te absorbe, por unos minutos vuelves junto a George Orwell, pero las manos te tiemblan frente a esas personas. 

¿Y cuál es la imagen que quiero dar en Internet si admito 
ante mis lectores temblar cuando leo en alto un texto que he escrito? 
La de inseguridad, miedos y falta de valentía. 

"Hay que decir la verdad aunque el mundo estalle en mil pedazos" (Fichte). 
Fue la frase que elegí para describir qué opino sobre literatura, 
sobre mi vida y sobre Reflexiones Digitales.

21 de diciembre de 2011

Frente al mar...

Vuelves a ti. Frente al mar. Vuelves en ti. Te alejas durante algunos días, sintiéndote desestabilizada por no encontrarte dentro. Volverás a salir y, nuevamente, te descoordinarás emocionalmente. Y otra vez, soledad, tan callada y profunda que te desgarra y te alivia, es tuya, exclusivamente tuya, y así ha de serlo, pues te inclinas entre el silencio personal y social para escribir, pensar, y las ansias de relacionarte con ellos, los habitantes de este mundo, sin encontrar un equilibrio, un absurdo equilibrio para socializarte de forma constante y normal. 

Frente al mar. Brazos extendidos hacia atrás, el cabello suelto girando por el azar del viento y las gafas mojándose. Eres un obstáculo entre el rugir acuático y el mundo, aquí, delante del Kursaal, cedida a los antojos de la naturaleza. Piensas en arrojarte, qué sentirías, cómo te trataría, pero ¡qué sería de la novela!

Frente al mar, observando el agua turbia que vira por los antojos de una luna que perjudica gravemente el carácter de sus ciudadanos, vuelves y la tristeza desaparece como el miedo a luchar, hasta saciarte, luchar en la eternidad, cada día, cuando comienzas a escribir, hasta fundirte, sin necesidad de luchar por ti, por tu vida, por tus sueños, por escribir...  

Frente al mar, dejas de ser un obstáculo. Te ocurrió cuando aceptaste que la obra de un autor es su máxima autoridad, sin importar la libertad, el amor, la amistad y la vida misma...  priorizando en lo que a día de hoy no vale nada; la pasión, la obra, publicar, dar voz, llegar al lector... 

Frente al mar, te enzarzas en un mundo ficticio creado por disciplina, raíces realistas e intuición, reclamándote que fueras partícipe y tú que no, no quiero, si entro no salgo, no podré ser normal, ni hacer cosas normales, ni trabajar en un horario normal, ni salir normal, pero cedes y entras porque comprendes que no existe otra opción, y ni siquiera un mísero papel testifical. Te condenas a convertirte en la sombra de una protagonista que tiene más libertad de movimiento, pensamiento y sentimiento que tú, que te posas frente a una pantalla que se difumina en la irrealidad y desaparece en tu mente, al igual que el clima que muda a través de tu ventana, sin darte cuenta, y los minutos transcurren en el reloj apoyado más allá de la mesilla; ignorados desde una lejanía que no sabrías cuantificar.

Frente al mar de Donostia, piensas en el amor. Mandas callar esa voz, sin poder evitarlo,  porque traspasas la línea y accedes a tu mundo interior, donde tiene tanta importancia... {Pasaje omitido} Después, dejarte llevar, en el mar, sin verlo como un cúmulo de escombros sociales, cuando caminas por la calle y observas depósito físicos andantes que te brindan silencio y soledad, odiándolo, pero sin evitar tomarlos a modo de limosna; única recompensa de un grito de dolor que lanzas y no obtiene más respuesta. 

Y esas olas que giran... y golpean tus temores, como ese ente que es la vida, que discurre en función de sucesos (anti)naturales...

4 de diciembre de 2011

Y se enamoró de...

¡Una página en blanco!

Es extraño, pero cierto.
NO  nos precipitemos. Empecemos por el principio.

Nació el día x del mes x del año también x, en un lugar de praderas boscosas y ríos magníficos. Un sitio verdaderamente bonito y con mucho encanto. Tuvo la típica infancia feliz. Lo pasaba bien pero también se aburría: escuela, amigos y violín. Algo de lectura.

Cierto día (x) le preguntó a su madre si podía comprarle una página en blanco. 

- ¿En blanco?- preguntó muy extrañada. 
- Sí- afirmó la hija- ¡quiero probar nuevas aventuras! 

Al día siguiente, la madre acudió a una tienda y encargó  un fajo de páginas en blanco. Una vez las tuvo, las colocó sobre la mesilla de la habitación de la niña, imaginando qué haría con ellas: garabatear, pintar o, tal vez, apuntar fragmentos de los libros que más le gustaban... 

Hacía mucho tiempo que la niña quería probar a construir frases, aunque no tuviesen un sentido aparente. Y así lo hizo, dando paso a muchas líneas que desembocarían en párrafos y,después, en muchas  páginas escritas. En aquel proceso de acumulación de palabras, verbos, prefijos y demás enseres gramaticales, sin apenas percibirlo, la escuchó. Pensó que podría tratarse del silencio de la página en blanco, nunca ansiosa porque alguien tuviese la bondad de completarla, puesto que desprendía aquella inusual serenidad, sinónimo de no necesitar a nadie para sentirse realizada. 

Comenzó con reseñas de libros para dar paso a diarios sobre las materias dadas en clase. Cada vez que lo hacía, escuchaba aquel susurro dulce y aterciopelado, tan exquisito y lleno de vida, que cuando ya no lo oía, se sentía triste y vacía, y volvía a aburrirse, por lo que decidió no desprenderse de él. Probó a traducir los pentagramas al mundo literario y la escuchó con tanta valentía que permaneció atónita durante (x) días.

Cuanto más escribía, más fuerte sonaba aquella voz. Pensó que podría provenir de la misma página en blanco; probó diferentes formatos para comprobar si, efectivamente, cambiaba la tonalidad de la voz. No funcionó. Y sentía tal necesidad de resolver ese misterio, que ensayó todo tipo de temáticas escritas, sin importarle el sitio que se tratara; la escuela, la universidad, los viajes, paseando por la calle viendo un chicle pegado en el suelo, alzando la vista y riéndose nerviosamente cuando los árboles a punto estaban de despegar por el agitado viento... Incluso cuando conoció un nuevo mundo, repleto de amigos y enemigos; nuevas formas de pensar y perspectivas dispares de vivir. 

En contra de todo pronóstico social, cuanto más mayor se hacía, más menguaba ella para darle paso a esa voz, que con los años (x) se convirtió en su gran compañera. A veces, se enfadaba porque tenía el descaro de mostrarse tal y como era, sin tener en cuenta lo que los demás pudieran decir. Otras veces, intentaba reprimir aquel grito lúcido que pretendía expresarle al mundo sus más infinitas potencialidades, sin que, extrañamente, tuviera miedo de que la reconocieran. 

Y ella, horrorizada por si alguien descubría en qué consistía su intimidad, mientras su gran compañera le mentía y la despistaba, asegurándole que aquello que escribía solo pretendía ser cifras monetarias, que resultaría en fama y gloria ante ojos vecinos. Ilusa de ella que no fue consciente que la que nace de la página en blanco y muere en cada una de las líneas que el lector deja atrás, en vez de rendirse y sucumbir al terror de su aliada, alza su voz y grita con fuerza su nombre para que puedan identificarla como...

... la ¡poeta nostálgica! / Gasteiz. J.M



Sonrían por favor, 
la vida es bella


18 de noviembre de 2011

'La chica que NO toma café' y Daniela Attanasio

Mara vive en la Ciudad de Ensueño; un lugar amurallado donde los habitantes esperan que el mundo exterior reconozca la Declaración de Independencia que aprobaron en consulta popular hace ya tiempo. Ante la profunda crisis económica que asola el planeta, los  "ensoñados" cierran las puertas de su muralla e impiden la entrada de inmigrantes; desesperados por trabajar en la Fábrica de las Ovejas, un centro tecnológico donde se clonan animales y se mima laboralmente a los trabajadores, ofreciéndoles también buena alimentación y algunos placeres vitales. 

Mara, adolescente creativa y descendiente de inmigrantes que sí lograron acceder a Ensueño, se enamorará de un chico y comprobará cómo su actividad artística se ve truncada, dudando de lo que jamás se cuestionó cuando descubre un secreto muy bien custodiado por una sociedad que hasta ese momento, parecía idílica. 

Decepeción, desencanto, búsqueda y lucha por los propios sueños tapizan un camino que la autora siembra de poesía y humor a partes iguales.

Esta sería la hipótetica contraportada de mi novela, cuyo hipotético título es 'La chica que NO toma café'. He de agradecer las correcciones de mi profesora de escritura creativa, cuyo nombre he preferido no citar porque no tengo claro si le gusta los mundos de Internet. 

¿Qué os parece? ¿Compraríais el libro si leyeráis tal contraportada? ¿Qué os evoca?
 ¡Anímense y comenten! 

Quería hablaros también de una reflexión que he realizado sobre la segunda jornada del XXIV Encuentro de Escritoras que tuvo lugar ayer en Donostia, a la que acudí muy ilusionada y  no me decepcionó. 

Tuve la suerte de escuchar, en palabras de la poeta italiana Daniela Attanasio, cómo podría presentarse la (in)definida poesía al público, cómo es el oficio de un poeta y después, una magnífica lectura de sus últimos trabajos que me produjeron un escalofrío por la espalda. A través de la elección de fragmentos literarios de otros autores, Attanasio afirmó que "los físicos dicen que solo conocemos el cuatro por ciento del universo, denominado técnicamente como materia normal y el resto, el 96% es desconocido" para después precisar que "el artista trabaja con ese 96% que es oscuridad" como si intentase "arañarla". A lo largo de su exposición citó a una poeta norteamericana, Sylvia Plath, que se suicidó a la edad de 30 años, suceso que motivó a su marido a publicar unos diarios escritos por ella y que mostraban perfectablemente  "los estados de ansia que le provocaba la escritura",  aduciendo que "el poeta ve la realidad en una doble dimensión, rasgando esa oscuridad, la interioriza y después la expulsa".

Hace poco que he comenzado a escribir mi novela, pero cuando alguien me pregunta por curiosidad cómo se hace, yo le respondo que es como si se montara en el Dragon Can (¿se escribe así?). Jamás he acudido a esta atracción, ni falta que me hace, yo ya tengo a 'La chica que no toma café'. Attanasio explicó que "la escritura es como una montaña rusa", también "su frecuencia". Afirmación con la que también estoy de acuerdo, puesto que no solo sirve la disciplina y el esfuerzo, sino que el estado de ánimo influye de tal manera que muchas veces no se puede controlar lo que se produce, en el sentido del arte, y no el concepto de producción masiva que vivimos en nuestros tiempos.

También me gustó aquello de "depende de la persona y su capacidad para conectar el exterior con el interior", lo que se relaciona íntimamente con el estado de ánimo al que me refiero. La miré con mucha curiosidad cuando afirmó que "la poesía desestabiliza tanto al poeta como al lector porque hay que hacer un trabajo de desposeer al yo de capas sociales, culturales, de la vida cotidiana, que lo separa de los materiales de construcción que el tiempo se ha encargado de cubrir". 

Una conferencia abrumadoramente cierta. Yo estoy de buena racha, sin saber por qué, hace dos semanas que escribo sin descanso y desde que comencé la novela hace ya cuatro meses, es la primera vez que la veo avanzar. Así que aprovechemos. Escribamos y quítemonos capas sociales, desarticulemos emociones, impregnémolas en papel y mostrémoles al mundo cómo funcionan en verdad las cosas, las costumbres, si es libertad o no, si tan solo es seguridad, si nos hemos acomodado o tenemos miedo.  Pero escribamos en la esencia de los objetos, los estados y los seres, en esa oscuridad que muchos, aunque no seamos poetas, sino simples personas, intentamos rasgar.

¡Incluso un jardín despeinado puede resultar bello!/Garagartza. J.M

"Triste es la vida que solo ve, oye y siente los objetos simples"
Leopardi. "Infinito"