Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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14 de septiembre de 2012

¿Consumo sexual o liberalización sexual?

Comenzamos con una pregunta/ Istanbul. J.M

Anécdota 1: 

Mucha fiesta, mucho chico y mucho desfogue. Una amiga lo pasó genial en Ibiza. Es el paraíso, me decía. Un día se apuntaron a una excursión en barco: 62 euros a cambio de barra libre, música y cena.

Le pregunté cómo era aquello de una boat party. Mucha sensualidad, pienso yo; un bonito atardecer, mojitos y buena compañía. Me contestó que era genial. Su gesto cambió cuando me contó que llegado cierto momento, imagino que a mitad de la barra libre, una chica se prestó voluntaria para tumbarse sobre una mesa. Le rociaron con nata y, seguidamente, algunos se aproximaron para usurpar cada centímetro de su piel. La siguiente voluntaria fue un poco más allá, y sin la parte superior del biquini, se tumbó en la mesa; procedieron a chuparles los pechos, mientras alguno "le comía la boca", afirmaba mi amiga.

Después les llegó el turno a los chicos. El primero de los voluntarios también se tumbó sobre la bendita mesa, lo untaron de nata y algunas chicas se acercaron para que se levantara sin un ápice del líquido. El siguiente, hizo lo propio, pero esta vez sin bañador. Ellas se acercaron y lamieron toda la nata

Anécdota 2: 

Un sábado a la noche en un bar, abrí la puerta del baño. De repente me encontré con dos chavalas en el servicio. Debían tener quince años y no pareció importarles mi presencia. Rápidamente, cerré la puerta. Creo que me sentí más avergonzada que ellas; una estaba con los pantalones bajados y la otra con la camiseta subida hasta los pechos. Esperé a que se vistieran o acabaran para me dejaran entrar. Pero no salían, tampoco escuché el típico sonido del pestillo de la puerta. Esperé un poco más, empecé a cabrearme, volví a abrir y a descubrirlas.  No parecía importarles que alguien las descubriera, no porque fueran chicas, a mí eso me da exactamente igual, sino porque determinados actos exigen un mínimo de intimidad, por lo tanto privacidad.

Me ocurrió también que, viendo la televisión, aparecieron dos cámaras que trabajan para una web. Su función consiste en grabar a personas que realizan actos sexuales en la playa. Todo mi respeto hacia trabajos ajenos, pero me impresionó la capacidad de determinadas personas para llevar a cabo un acto sexual en un espacio público, y también la capacidad de algunos para grabarlo, colgarlo en la red y lucrarse a su costa. 

Anécdota 3: 

Estaba con una amiga en un bar de Donostia. Sábado a la noche, copas a mi alrededor. La típica fiesta peninsular (no me atrevo a decir española, no sé si Donosti es España; conflicto de identidad influenciado por el conflicto vasco). Un chico se acercó. No me gustaba, estaba muy borracho y me pareció un pesado. Decidí ignorarlo. Continúe bailando y hablando con mi amiga. A los tres minutos más o menos de haberlo rechazado giré la vista hacia la pista del bar y lo vi introduciendo su mano debajo de las bragas de otra chica. Ambos disfrutaban muchísimo, en presencia ajena, la música a tope y mucha copa a nuestro alrededor. Me quedé congelada, no porque estuviera ligando con otra chica, sino porque le estuviera masturbando en público.

¿Consumo sexual o liberalización sexual?

Bajas al supermercado y compras dos kilos de carne. Vas a una cafetería y pides un café. Acudes a una boat party y relames nata. Te vas de vacaciones, bebes miles de copas al más puro estilo garrafón, pasa uno, ni siquiera lo has visto, ni has hablado con él, no sabes cómo es físicamente, pero lo quieres. Y lo quieres ahora, ya, da igual que sea en público o no, lo importante es saciarte, saciarte cumpliendo tu deseo: tu nuevo capricho sexual. 

Algunos me dicen que cada persona es libre de hacer lo que quiera. Absolutamente de acuerdo, pienso yo. Aunque me pregunto en qué consiste la libertad. No me gusta tomarme una caña en un bar y que al lado haya una pareja fornicando. De la misma manera que no me gustaría ir a una discoteca y ver una felación en directo. Para eso me alquilo una película porno y la veo en mi casa, yo sola o con quien me apetezca. 

No se trata de no practicar sexo. Todo lo contrario; muy necesario, absolutamente saludable y liberalizador. En especial, en tiempos de estrés, desesperanza y agonía. Más a mi favor en el mes de septiembre; una se vuelve loca para cuadrar todo el año. Es horroroso pensar a qué actividades apuntarse, los cursos, buscar dinero, nueva programación laboral, gyms fálicos...

Orgasmos varios/ Istanbul. J.M
Hace tiempo que comento en mi entorno mi preocupación por un mercado sexual que percibo. Si te niegas a participar en él, puedes llegar a sentirte conservadora. A mi amiga le ocurrió en la boat party: exclamaba horrorizada qué estaba sucediendo. A mí me ocurre, he llegado a sentirme una abuela conservadora, parece que si no mantienes relaciones sexuales con el primero que pasa a tu lado no te amoldas a los nuevos cánones. Y eso es presión social. Me pregunto si también es libertad.

El "exhibicionismo" es el aspecto clave, me dice una psicoanalista de mi entorno. Estoy absolutamente de acuerdo. Qué necesidad existe de practicar sexo delante de otros. Qué se busca con prácticas sexuales públicas. No se trata de no tener un sitio al que ir, como ocurre en nuestra generación, que al igual que el mes septiembre hay que cuadrar los espacios de "ocio", sino del contexto.

Y no lo comparto. No me parece sano, ni agradable. Más bien lo contrario; excesivamente rápido, impersonal, turbio y pasajero. Es cierto que el sexo ha sido un tabú, más para las mujeres, debería de tratarse y disfrutarse como algo natural por el simple hecho de serlo. Tampoco digo que deba practicarse a expensas de ese concepto de princesitas que se nos vende. Pero parece que abordamos su extremo, quizás por aquella negación de disfrute, y que bajo la máscara de la liberalización sexual se esconde el concepto de esclavitud, muy acorde con el sistema en el que vivimos: ahora, aquí, ya. Muy acostumbrados a responder a la pregunta de "¿por qué no?" en vez de un simple "¿por qué?". 

27 de julio de 2012

Cuando escribo pensando en ti

A veces me ocurre que escribo pensando en ti.
Otras veces, no te hago caso y escribo pensando en mí.
Pero hoy, he vuelto a pensar en ti.
Y pensando en ti, pienso en mí.  

El otro día me ocurrió.

Quedé con una persona experta en marketing para definir las líneas de la web que lanzo en septiembre. Reflexiones Digitales abandona su formato actual, éste que ves ahora, y se amplía en formato web para ti; quiero crear un sitio en el que puedas participar; un lugar digital al que puedas acudir para leer con tranquilidad, sentir el significado de las letras y decidir si te dejas (o no) atrapar por ellas.

En Re(a)D todos los cajones están abiertos para ti/ Bolivia. J.M

La persona experta en marketing me preguntó cuál era mi público objetivo. Me quedé callada, no supe qué responder; pensé en ti. A veces, eres indeterminado, en realidad, bastante invisible en lo que a nombre, apellido, datos personales... se refiere. Le respondí qué era eso de público objetivo y me contestó que es el término que engloba a las personas que me leen. Supe decir: "las personas de mi entorno y algún que otro que accedería por puro azar". Las estadísticas del blog muestran que me leen en muchas partes del mundo, sobre todo, Estados Unidos, pero no sé hasta qué punto son fiables.

He tardado en aceptar que el mundo funciona a base de economía, producción animada y datos financieros. Me cuesta pensar en términos económicos; ingresos en cuentas corrientes y dependencia respecto de números absurdos. No creo en ellos ni en el ambiente en el que se mueven. A mí me gustaría vivir de las letras, los viajes y las margaritas, pero estoy lejos de eso. He tardado en aceptar que no vivo de la literatura ni del periodismo, sino del alemán. Y tal vez, jamás lo haga. Recuerdo una conversación con un pintor, me decía que seguiría intentándolo, pero que habría que cubrirse las espaldas con otras opciones por si no era posible aunar pasión y oficio.

Me molestó que la persona experta en markéting me preguntara por ti como si de la cifra de un euro fueras; un número computable en una estadística absurda, como si no tuvieras gustos, deseos y sueños. Lo único que pude responder era "el ciudadano a pie de calle", con el que a mí me gusta mezclarme, estar a su lado, que me cuente sus historias para después poder transmitirlas. No me interesan ni las personas que se relacionan con el poder, ni las mitificadas; tiendo a alejarme.

Aunque no sepa tu nombre, tu apellido, ni dónde has nacido, ni qué idiomas hablas, ni qué has estudiado o a qué te dedicas, te tengo mucho respeto porque creo en tu inteligencia, en tu capacidad para mirar más allá y no conformarte. Creo en ti, al igual que creo en mí y en mi trabajo. Por eso mismo, lanzo la web, aunque existan miles de razones para no hacerlo: el miedo a fracasar, la crisis, la competencia de otros, el estrés, demasiado trabajo, una mente que vira y vira sin cumplir las planificaciones laborales, falta de financiación....

Una sola razón para hacerlo: ambos (tú y yo).

Desgranando el concepto de público objetivo


Pienso en dónde ejerceras la fuerza que a ti te corresponde; si leerás en la cocina, en la sala, en tu habitación, en un bar cuando esperas la llegada de algún amig@.

Pienso en tu sexo, me refiero a si eres chica o chico. También leí, en el ámbito del markéting, que no es lo mismo escribir para un chico que para una chica. Y yo pensé qué diferencia podría establecerse si se escribe de corazón a corazón; consiguiendo llegar hasta ti.

Te imagino en una edad comprendida entre los 23-33 años, el pelo despeinado, un pijama que no es pijama sino ropa vieja usada en modo nocturno por pena a tirarla a la basura y zapatillas de casa. El vestuario cambia sustancialmente si te encuentras en el bar.

Pienso en qué sentirás, si te provocaré (es una manía), alguna sensación; una mísera sonrisa o tal vez lágrimas que surcan tus mejillas, si te he incitado a pensar, a desarrollar tu imaginación o si te he arrastrado a las oscuridades que muchas veces envuelven mis artículos.

Me gustaría saber por qué acudes aquí. Seguramente, existan mejores blogs que éste, allí se hablará mejor y de más cosas, más actualizados, menos idealistas; primas de riesgo, crisis financieras...

A veces se producen paradojas inexplicables/ Galicia. J.M

Tengo que admitir que en ocasiones me he enfadado contigo. Muchas veces me he sentido abandonada; esperaba un algo de ti, una respuesta, una lucecita que me indicara que sigues existiendo. Te pido perdón; tardé en aceptar que tú también eres libre. La libertad es un concepto complicado, me gustaría que formara parte de mi vida, siempre ha marcado mis pasos en un intento desesperado de atraparla. Es una lucha que desarrollaré a lo largo de toda mi obra. También he tardado en aceptarlo.

Paradójicamente, me costó aceptar que puedes venir cuando quieras, irte cuando te plazca, no me debes nada, puedes participar o no hacerlo, puedes criticarme, evaluarme, hacerme ver, hacerme pensar con tu silencio o tu participación. Eres libre. Más libre que yo. En eso te envidio.

También me gustaría que me dijeras cómo crees que podría mejorarse este lugar, qué esperas leer en Reflexiones Digitales ampliado, cómo lo visualizas, qué temas te gustaría que se trataran, cómo querrías llegar a mí, si es que quieres. 

Te imagino sonriendo. Eso siempre. No sé por qué. La misma sonrisa que las flores dibujan cuando la primavera luce en el cielo; ellas se abren al mundo y despiden ese olor brillante, inusualmente bello y fácilmente reconocible.

Creo que así hueles tú; a ganas de...
a humildad
a alegría
a tristeza también
a los sabores de la vida
a la aventura de vivirla

o por lo menos,
yo te imagino así,
si no
no estarías aquí.

23 de julio de 2012

Mochilas mochileras

Escrito bajo el mandato de hacerlo lo peor posible
Modo de producción: 
Fase 1: primera versión corregida. 
He eliminado los dos primeros párrafos y los he congestionado en una frase. 
Digital; no resultar pesada.  
Fase 2: segunda versión corregida. 
Corrijo incluso el modo de producción del nuevo mandato instaurado en RD. 
Abrevio al máximo las frases. Evito repeticiones. 
Final reconstruido tres veces.
Fase 3: tercera versión corregida. 
Me fumo un cigarro y me olvido de lo que puedas pensar.
 
Amaneceres en el mundo / Túnez. Ana Santamaría

He encontrado mi mochila mochilera definitiva. Su viaje de inauguración es inminente: Bulgaria, Turquía, Grecia y Alemania. En ella irá mi libro de viajes definitivo, hasta que las páginas lleguen a su fin, como ha ocurrido con mi nuevo pasaporte, sin los sellos de viajes pasados, me apena los de Túnez y Bolivia, y mi cuaderno de reflexiones en papel.

Mi mochila mochilera definitiva es pequeña: 40 L. Algunas personas me han preguntado qué voy a meter en ella para sobrevivir a los 16 días de mochileo. Pienso: cinco bragas, un biquini, ambos cuadernos, la cámara, un par de pantalones, tres camisetas y un vestido para salir de fiesta, aparte de enseres para baño y un mini botiquín. Ah y una guía de viajes. Una guía por país, aunque después no le haga caso.

Mi (inminente) compañera de aventuras y yo la vimos. Es idónea, de color negra y roja, como la primera plantilla de photo stencil que he creado. Tiene cremalleras por aquí y por allá (serán necesarios dos candados) y un buen agarre en la espalda (evitar lumbagos innecesarios).

Recuerdo la mochila de la escuela. Aquel cúmulo horroroso de libros a la memorieta, hasta que aparecieron las mochilas con ruedas, y entonces te convertías en una pringada por funcionar a lo antiguo: llevar a cuestas todo el material. Tal y como ocurre ahora con las gafas de pasta.

Las mochilas guays son las que sirven para viajar. Sin comprender por qué se cuantifican en litros: 40 L, 70L... Su uso es variado: 

1. Algunos quieren conocer costas soleadas y se equipan con mochilas mochileras definitivas compradas para tal efecto; tres bragas y dos pares de calcetines, y una guía de viajes que pesa más que el resto de los elementos, y pensando que no tienen que facturar, se relajan y pierden el vuelo. 

2. Otros viajan con una mochila de portátil; cuatro calzoncillos colocados en un lateral y muchas ganas de llegar al lugar de destino. 

3. A veces se viaja con tan poco dinero que no puede destinarse mucha cantidad a la mochila mochilera definitiva, y por eso existen las pasajeras, cuya descomposición avanza a medida que lo hacen los días de viaje. Un día se cae un bolsillo, al día siguiente se estropea la cremallera general. 

Cada persona una mochila invisible /Barcelona. J.M

Las mejores o las peores mochilas son las que no se ven, tampoco se huelen ni se palpan. Aunque algunas personas sí pueden verlas, olerlas y sentirlas, en especial, cuando se abraza a una persona muy querida y se percibe un bulto molesto en su espalda. El simple hecho de percibirla ayuda a disiminuir su peso. Puede verse a lo lejos cuando los portadores caminan encorvados como si llevaran consigo todo el peso del mundo o sentándose lo hacen en la extremidad por miedo a sentir el respaldo en su totalidad.

Son las mochilas invisibles. Pueden (o no) acompañar a las verdaderas mochilas mochileras definitivas. Pocos admiten llevarlas a sus espaldas, aunque todos, en mayor o menor medida, lo hagamos. Su labor es especialmente dificultosa; llenas de piedras, espinas, zarzas que pinchan y a veces, incluso de agua, también invisible, pero putrefacta, esa sí que huele, resultado de haber estado sumergido durante mucho tiempo en otra variante de agua (uno no se ahoga por sumergirse en el agua, sino por permanecer mucho tiempo sumergido en ella).

Las mochilas invisibles son peculiares. Pueden ser buenas y malas. Se adquieren sin uso de razón, cuando apenas sabemos nuestro nombre, pesan tanto y producen mucho dolor, las paletillas se cansan y las rodillas necesitan reposo. Aunque yo pienso que a veces son buenas, en especial, cuando se vuelven visibles y permiten comprobar su peso, se cuantifica entonces cuál es el cansancio de portarla y descubrimos que existen lugares mágicos donde palparlas, describirlas y abrirlas, mirar dentro, analizar cada detalle y sacar cada uno de los elementos con sumo cuidado, aunque el proceso pueda resultar doloroso, pues exige recortar aquí y reconstruir allá.

La (in)dignidad de la asociación de espaldas que gestiona mal el peso de mochilas invisibles /Barcelona. J.M
No solo las personas portan mochilas invisibles. También lo hacen los países. Algunos fabrican a escondidas sacos y sacos de mochilas invisibles, el denominado tráfico de mochilas invisibles, que después actúan como bombas entre los verdaderos fabricantes de las cosas bonitas del país al que pertenecen, porque los que las han llenado de piedras gigantescas, feas y pesadas, no han gestionado bien la asociación de espaldas que merece ser castigada y ésta sí es mala.



Conclusión: Paradójicamente, tengo que perfeccionar lo de hacerlo lo peor posible.

10 de julio de 2012

Condenas fisiológicamente imposibles


La sentencia de Estrasburgo impacta en España/ Ayuntamiento Vitoria. J.M

El Tribunal de Derechos Humanos condena a España por haber aplicado la denominada doctrina Parot a la etarra Inés del Río Prada. El Tribunal insta al estado español a que la ponga en libertad y sea indemnizada con 30.000 euros por daños morales. Por su parte, el ministro del Interior Jorge Fernández adelanta que la sentencia será recurrida. La noticia se conoce un día después de que la organización terrorista ETA haga público un último comunicado que denuncia "la estrategia de paralizar y obstaculizar el proceso de paz " por parte de los estados español y francés.
 
La irretroactividad de leyes

Por una parte, la validez jurídica de la Doctrina Parot. Se trata de una interpretación que el Tribunal Supremo realiza para impedir la puesta en libertad de presos etarras; se pasa de aplicar los beneficios penintenciarios sobre el máximo legal de la condena (en este caso 30 años) a la totalidad de la condena (3.000 años en el supuesto de Inés del Río Prada). Uno de los principios esenciales del derecho y, mandato general del derecho procesal penal, radica en la irretroactividad de la aplicación de las leyes, a excepción de que sea favorable para el acusado: "toda persona a la que se impute un delito o falta, será procesada conforme a las leyes preexistentes al hecho delictivo de que se trate". 

España suscribe el Tratado internacional que le obliga al respeto de derechos y obligaciones que lo conforma, por lo que apreciado su incumplimiento por parte del Tribunal, la sentencia debe ser ejecutada (aplicabilidad y efecto directo). 


El Comité contra la Tortura de Naciones Unidas también le llamó la atención a España/ Mondragón. J.M

¿Quién sobrevive 3.000 años en una cárcel?

Frecuentemente escucho: "la condenan a 3.000 años y solo cumple 18". Por poner el ejemplo de este mediodía. El ciudadano acaba cuestionando la eficacia del sistema judicial español, por supuesto criticable en muchos de sus aspectos, pero en éste no lo comparto. El uso del término presunto en los medios también me pone muy nerviosa, pero hoy me centraré en esta sustanciosa condena de 3.000 años.


El análisis de una información acaecida el pasado 13 de septiembre de 2010 servirá como ejemplo y puede proyectarse a este caso. "Condenado a 83 años de cárcel el ex jefe militar de ETA Gorka Palacios" titulaba una de las grandes cabeceras de España. En otros medios, también aparecía la cifra de 83 años de condena.

Gorka Palacios fue el primer detenido tras el comunicado de ETA que declaraba "el cese de las acciones ofensivas", antes de que comenzara el nuevo escenario político en Euskadi (PDF). La Audiencia Nacional consideró que Palacios robó el vehículo, posteriormente cargado con una gran cantidad de metralla por los etarras Ana Belén Agues Gurrutxaga y Aitor García Aliaga para atentar en junio de 2001  en la calle Ocaña frente al Ministerio de Justicia (Madrid). El policía Luis Ortiz de la Rosa falleció en el atentado, numerosas personas resultaron heridas y se produjeron diversos daños materiales. La sentencia también consideró probado que Palacios recabó la información necesaria sobre el lugar de los hechos y ayudó a la confección del artefacto explosivo. 

Pancartas instituciones exigen disolución de ETA/ Vitoria-Gasteiz. J.M
 
Desarticular la cifra de 83 años

¿De dónde provienen los 83 años de condena? De un cálculo matemático muy sencillo. El Tribunal condenó al etarra, de forma individualizada, a 28 años de cárcel por un delito de asesinato terrorista, a 15 años de prisión por un delito de estragos terroristas, a 10 años de prisión por cada uno de los cuatro delitos de lesiones (40 años en total) y a una indemnización monetaria por las 16 faltas de lesiones que se le atribuyen. Dejando de lado la indemnización, la responsabilidad civil y las inhabilitaciones a las que también se le condenó, ¿qué hicieron los medios? Sumar las cuantías individuales de cárcel y publicar el resultado de 83 años de prisión. 

El Código Penal (CP) español recoge un sistema de individualización de los delitos. Cada uno de ellos se tipifica en el código y a cada uno le corresponde unos márgenes mínimos y máximos en los que el Juez debe especificar la pena. Por ejemplo, al delito de asesinato terrorista se le atribuye un margen máximo de 30 años de prisión. En el caso de Gorka Palacios, el Juez atendió a las circunstancias y consideró que el etarra actuó con alevosía (agravante de la pena), puesto que el acusado  fue consciente del resultado al qué tendían sus actos, por lo que le impuso 28 años de privación de libertad por este primer delito. Y así, sucesivamente con los restantes delitos. 

En esta primera fase de concreción de la pena, la cifra de 83 años de condena es cierta. Aunque imposible de cumplir por una simple cuestión fisiológica: ningún condenado sobrevive esa cantidad de años en prisión, menos aun si se trata de 3.000 años de condena. La pena ha de seguir especificándose. 

Es aquí donde se comete el error. Se detienen en esta primera fase, suman las correspondientes penas y publican el resultado como si se tratase de una condena efectiva. Pero la condena incluye numerosos delitos y debe ser nuevamente especificada. Es necesario aplicar determinadas reglas del CP. Se trata de terrorismo, de un cúmulo de delitos y uno de ellos penado con más de 20 años de cárcel, por lo que debe aplicarse el artículo 76 d) CP, que establece un máximo de 40 años de prisión. Según la legislación española, el reo puede permanecer en prisión un tiempo máximo de 40 años.

Esta segunda cifra podrá ser susceptible de discusión por parte del lector. Podrá parecerle breve, elevada, desmesurada, indignante, acertada, errónea o lo que cada uno desee pensar. Pero, en principio, viable desde lo fisiológico, jurídicamente cierta y verdadera para él, pues a ello se encamina el tratamiento informativo de los medios. Ofrecer una información verdadera, o por lo menos, veraz.




4 de julio de 2012

Y tu verano ¿cómo suena?

La época de las faldas sin medias, las camisetas de colores y los colgantes alegres; los pies bailan descalzos, contentos de liberarse de calcetines y botas de invierno, a excepción de esa extraña moda que combina calzado pesado con 40 grados de temperatura; la piel blanquita y suave se broncea; los cabellos se aclaran; los pechos lucen sabrosos y los ojos han de protegerse con gafas especiales que concuerdan con la ligereza de ropa que incita a excitación y ganas de pasarlo bien.  

 ¡El verano! Sabe tan a dulce...
Huele tan a saludable...
La brisa marea las flores, 
aviva las ganas de acudir a las orillas acuáticas 
y acentúa el terraceo.
¡Es el verano! y se palpa tan bien...
 los nervios se apaciguan, 
las ojeras desaparecen y las alegrías aumentan. 

Pero ¿cuál es su sonido? 
¿Qué conjunto de melodías lo caracterizan? 
¿Lo identificamos con los ojos cerrados y las narices entaponadas?

La oscuridad de los edificios impacta con la claridad del cielo/ Allariz. J.M

Sonidos veraniegos 

Suspiros debidos al calor fulminante o al calor que no llega. Sandalias que teclean sobre los asfaltos calientes. Pieles calurosas que intentan aliviarse con gotas de sudor desde todos los rincones del cuerpo. La onometapeya que se produce cuando se bebe con pasión de una botella de agua fresca.

El silencio, cuando te tumbas en una toalla sobre la arena. A lo lejos se escuchan las olas, su constante es invariable; un sonido hermoso y vibrante, natural, de la tierra, refresca en su propia esencia y peligra si no se hace un uso adecuado de él. Te tumbas en la toalla boca abajo, después de haber escuchado el sonido de la crema solar, otra onomatopeya que contiene un olor usual; a líquido protector y esencia. 

Los rayos del sol bañan tu piel, las personas hablan a tu alrededor, algunos niños gritan y juegan... 
El sonido más desagradable es el que producen los miles de granitos de arena que se incrustran en tu cuerpo, 
     después,
        el sonido del agua dulce de la ducha,
          fluido y corporal,
          barre aquel y concluye en el sonido más bonito del mundo;
el de la relajación,
la tranquilidad
y las ganas de dormir.

El sonido blanco envuelve/ Asturias. J.M


El sol calienta cada rincón/ Asturias. J.M

Algunas personas no pueden escuchar el sonido de la playa porque necesitan aquel que se produce cuando la cuenta corriente contiene un (buen) cúmulo de euros. También representa el sonido de la tranquilidad, generalmente precedido del de la preocupación por ser contratados. Los euros son invisibles en ella, ella misma es inodora, pero extrañamente producen en nosotros un sonido feliz, cierto que también necesario (he cedido en este asunto).

Me encanta el sonido de las que son mis compañeras de aventuras. Nos perdemos por el mundo, conocemos a otras personas, nuevas culturas, hablamos en otros idiomas, aunque a veces es necesario producir sonidos con las manos para hacernos entender. 

¡Qué bien suena la inspiración y la libertad! 
El de la desconexión y no mirar atrás, 
sino hacerlo hacia delante con optimismo y pasión. 

El no-sonido que más me gusta es darnos un tiempo, descansar, juntarnos en una terraza, en la playa, en el río, en la piscina, en el porche de una casa y hablar, hablar, contar chistes, historias... reírse mucho, prepararse para salir, bailar, disfrutar, no recordar las preocupaciones diarias, participar en las fiestas de los pueblos, escuchar la risa de aquella amiga que no vemos en todo el año, contagiarnos por ella, producir un estallido de carcajadas que acongoje al pueblo, la playa, el río... entero, los dejaremos a todos mudos ante nuestra alegría desbordante de estar todos juntos en verano.

Explosiones de sonidos vibrantes que nos permitan identificarnos como lo que somos: personas. Explosiones de brindis, de sonrisas, de lágrimas de risas...
Explosiones emocionales en alza.
Explosiones sexuales.
Explosiones del sentir...


25 de junio de 2012

"Tienes que acostumbrarte"

En la víspera de San Juan, el pasado sábado, me encontraba en las txoznas de Mondragón (Gipuzkoa) tomando algo con mis amigas. Nada más salir a la calle, en el centro del pueblo, me di cuenta de cómo afloraron pancartas y carteles a favor de la independencia, en contra de la "conquista" de Navarra...

Pintada en el aparcamiento sobre la "conquista" de Navarra/ Mondragón. J.M
Me apasionan las paredes. En ocasiones, son más sinceras que las personas, sobre todo, cuando existe un silencio generalizado. Por eso, tengo gran fijación en cómo evolucionan. Generalmente, según he podido observar, cambian en paralelo a los pasos que se van dando en el nuevo escenario político que se ha dibujado en Euskadi desde que hace ocho meses ETA anunciase el cese definitivo

En las txoznas, especie de barras metálicas con consignas sobre una reivindicación concreta donde se sirven bebidas y bocatas, me fijé en algunas pancartas que decían lo de siempre: "independentzia eta sozialismoa" " jo ta ke"... pero no tenía la cámara y no podía fotografiar. Una de mis amigas me ofreció la suya, menudita y discreta, de las que me gustan a mí (ir con esos cacharros es un horror, pesan mucho y llama demasiado la atención).

Así que me separé de ellas y empecé a fotografiar. En cierto momento un chico se acercó, no era de Mondragón (aquí nos conocemos todos) para preguntarme en qué sentido estaba fotografiando. Le respondí que qué le importaba a él y él volvió a insistir en qué sentido estaba fotografiando; si en el bueno o en el malo. Le miré fijamente a los ojos, empecé a reirme y le dije que se apartara porque iba a hacer la foto. Me tapó el objetivo con sus manos, hasta que se despistó por un momento y pude sacar la foto centrada, en el ángulo en el que yo quería posicionarme. Se enfadó muchísimo, lo cierto es que parecía que había bebido, me miró y señalándome con el dedo me dijo: "Si veo esta fotografía publicada en El Diario Vasco tú y yo nos veremos las caras". 

Me quedé callada. Pensé qué responderle: el nuevo escenario político, la invisibilidad, una sociedad que charla y charla sobre libertad mientras coacciona sutilmente... pero sentí miedo, también orgullo y dignidad, por eso me permití ser vulgar, le miré fijamente, pensé que era un gilipollas, alcé el dedo corazón (el central se llama así ¿no?) y flexioné los demás hacia la palma de la mano. 

Debe ser que tengo cara de El Diario Vasco. En ningún momento le dije que era periodista. Después, pensé en muchas cosas: qué significa el buen y el mal sentido, en especial, pensé que si se cuelga una pancarta es para que se vea, si se fotografía es para exponerla, por lo que la secuencia lógica es: espacio público, pancarta pública y fotografía pública.  

Finalmente, he optado por ignorar a este tipo de borrachos que carecen de educación y posibilidad de pensar libremente porque constituye el tipo de oveja que yo describo en mi novela. No me gusta que me amenacen, no me gusta que se le llame la atención a un periodista por hacer su trabajo; expongo la realidad. También es cierto que fotografiando me expongo, que parte de la realidad es esa, y puedo aceptar críticas dentro de los límites de la libertad de expresión. Mis amigas: "tu primer artículo en el periódico creó mucha polémica en el pueblo", "¿no tienes miedo?", "ten cuidado", "tienes que acostumbrarte, aquí es así". 

Me fastidia tener que acostumbrarme y tener que sentirme obligada a escribir este post. Creo en el cambio, en el nuevo escenario y todas estas cosas, pero estas actitudes no llevan a nada, menos a paralizarme, sino que me impulsan en sentido contrario. Tal vez, debiera salir con la cámara en hora punta, un jueves a la tarde, cuando todos acuden a beber zuritos y comer pintxos por el precio módico de un euro, entonces todos me verían y podría comprobar en qué grado del nuevo escenario político estamos. 

No publico este artículo para hacerme la interesante. No soy interesante. Lo hago para denunciar este tipo de actitudes, que aclaro, no son generalizadas, pero existen y espero se erradiquen.


14 de junio de 2012

Oficios

Existen oficios caros y baratos, otros de ricos y para pobres. Aquí van algunos humildes. Son los mejores. Los más honrados, los que conocen de verdad la vida. O esa, es al menos mi impresión / Túnez. Ana Sntamaría


Conozco a una persona que regenta un garaje de coche. Se trata de un empresario que trabaja tanto como su empleado: introduce las manos entre los cacharros internos del auto, cambia el aceite, repara las bujías, lija y pinta los aceros. Pacientemente, soporta la melancolía de los clientes ante presupuestos, según ellos, inalcanzables y ¡las luchas interminables con seguros y peritos! Se ríe mucho con anécdotas graciosas, cuando le cuentan que su hijo cogió el coche sin permiso y lo estrelló… Le gusta trabajar con libertad; tomar sus propias decisiones, invertir en nueva maquinaria y asumir riesgos. 

Conozco a otra persona que desde hace 30 años trabaja entre máquinas. Una vida laboral automatizada y rutinaria, aunque segura; mismo tornillo en el mismo sitio, mismo ejercicio durante las mismas ocho horas diarias. Días después de que le cambiaran de puesto, le pregunté para qué servía introducir esos hilillos metálicos en agujeros pequeñitos (reproduce el movimiento arqueando los brazos, anexa los labios y suena fiss fiss fiss como si gesticulara movimiento). 

No supo contestarme porque bastante tenía con cumplir los índices de productividad. Lo bueno del nuevo puesto, aunque no sepa muy bien para qué funciona,  es que ya no sufre dolores en todo el cuerpo. La imagino sentada en una butaca, una sala relativamente pequeña y de techos bajos.

Conozco a otra persona que trabajó como cajera en un gran supermercado. En uno de esos puestos que conectan con un gran tubo que usurpa con extremada rapidez la cantida x de dinero contenida en un bote de plástico (me fascina ese gran tubo). No se llevaba muy bien con las compañeras, la empresa no le dejaba comer la comida que presentaba algún desperfecto en el envase y presenciaba muchas anécdotas. Por ejemplo: un chico a punto de pegarse con otro porque decía que aquel le estaba mirando las tetas a su novia, y ella intentando concentrarse en seguir cobrando los productos. 
 
Conozco a otra persona que embellece cabellos ajenos. Habla con sus clientes, recuerda cada uno de sus nombres e intercambia sucesos personales. Por ejemplo: en un viaje con sus amigas, le roban el DNI antes de coger el vuelo, después vuelven a robarle en la ciudad de destino, a la vuelta el avión apenas puede aterrizar y, en sus palabras, cuando las azafatas dicen aquello de "rozamos los límites de la peligrosidad", comienza a asustarse. Una de sus amigas, histérica, se agarra a la calva de un pobre hombre, también histérico, sentado enfrente de ella. Y ella, la de los cabellos ajenos, insistiéndole en que dejara al pobre hombre. Le gusta su trabajo,pero se le cansan las piernas porque apenas tiene tiempo para sentarse. 




Conozco a otra persona que sueña con vivir de margaritas, también le gustaría poder reproducir el olor de las flores de la entrada de su casa, para regalártelo a ti. Es un olor especial, dulce y sabroso, me imagino que como tú. Ha nacido para encontrar el mejor helado de limón del mundo. Por eso quiere conocer tantos lugares, probar cada uno de ellos y apuntarlos. 

Los de los oficios humildes creen que existen otros oficios que solo sirven para llevarse el dinero de los demás, engañándolos y decepcionándolos

También están:

Árbitro de mares
Constructores de continentes
Peluquero de gambas
Conductor de hormigas
Tapicero de rascacielos 
Soldador de almas (un oficio muy duro)
Servidor de ilusión a domicilio 
Por último, el encargado de la depuradora de las palabras hirientes. 


¿Y tú? ¿a qué te dedicas? 
Es lo primero que se pregunta ¿no?

11 de junio de 2012

Mi reportaje sobre violencia de género

“No estoy condenado y en la vida pondré la mano encima a una mujer”, aclara rápidamente Manuel. Ojos saltones y tez morena, sin pelo en el cabeza, alto y de complexión fuerte, mueve nerviosamente las manos y mira directamente a los ojos. “Cuando me tocan las narices recurro al insulto, me doy cuenta de que no hago bien, pero ya es tarde”, admite.

“Mi mujer se asustó cuando le dije que iba a ir a un centro penitenciario de tercer grado”, afirma. “Me preguntó si iba a estar con gente que pega a su mujer y le expliqué que son personas, tienen sus problemas y tenemos en común que cometemos actos violentos”, explica. Recibir tratamiento en Cupid forma parte de una de las medidas que el Juez impone una vez determina la suspensión de la condena por violencia de género. En caso de que el condenado no cumpla las medidas dictadas por el Juez, entre ellas, la realización del programa terapéutico, entrará en prisión. “Deben acudir obligatoriamente durante un periodo de nueve meses”, explica María Socorro Gómez, psicóloga coordinadora desde hace tres años, “es ahí donde el programa cobra sentido desde Instituciones Penitenciarias”.  

Ambos fragmentos pertenecen al reportaje sobre violencia de género que he concluido. El artículo muestra el punto de vista de un programa terapéutico denominado Cupid, dirigido a la rehabilitación y reinserción de penados por violencia de género, cuya condena ha sido suspendida por el Juez bajo determinados requisitos establecidos por la Ley. Uno de los pacientes accedió a ser entrevistado con la condición de que no apareciera su verdadera identidad; María Socorro Gómez, psicológa coordinadora del programa; Susana Díaz Huamán, la presidenta de la Asociación donde se enmarca el programa y Ofelia Lema, criminóloga especializada en este delito, también aportan al texto. 

Se trata de conectar el tratamiento de la conducta violenta del agresor con la prevención de este fenómeno que cada año se salda la vida de muchas mujeres. Los efectos de la crisis y el mito del amor romántico también están presentes en el artículo. 
 Fuente: Imagen cedida por Asociación Cupif


Mi opinión personal y motivación profesional

¡Atención! No creo en la objetividad pura, pero sí en ser subjetivamente honesta, por eso las líneas que siguen no pertenecen al reportaje que he elaborado. La segunda parte de este post tiene como único objetivo mostrarle al lector por qué he decidido escribir este artículo. Soy consciente de que la violencia de género es un tema muy delicado que genera mucha polémica, pero creo que mostrar el punto de vista del agresor, sin justificar ni aliviar el alcance de sus acciones, es importante.

Durante mi época universitaria, antes de licenciarme en derecho, solicité mis prácticas en un Juzgado de violencia de género de Madrid. Después, me di cuenta de la escasez de relaciones personales 'sanas'. Poco a poco fui consciente de que bajo la máscara del amor se escondían muchísimas cosas que no eran precisamente amor, sino miedos, traumas infantiles no resueltos, juegos, emociones fuertes... y empecé a cuestionar determinadas prácticas que, en mi opinión, podrían desembocar fácilmente en violencia de género: ¿Por qué una chica está con alguien así?¿Por qué soporta determinadas prácticas? ¿Por qué él se fija en ella? ¿por qué ella repite el mismo perfil de chico? Me alarmó ver a personas jóvenes, inteligentes y con una educación, a priori, basada en la igualdad, que acababan zambulliéndose, incluso se sentían atraídas por relaciones personales destructivas, en muchas de las ocasiones, salpicadas por la violencia, humillación y falta de respeto de ambos integrantes, convirtiéndose la mujer en una víctima potencial de malos tratos y el hombre en agresor, aunque existen excepciones.

En la fase de creación de los personajes de mi novela topé con un fenómeno denominado "la adicción a relaciones afectivas". La autora Robin Norwood muestra en 'Mujeres que aman demasiado' ideas muy interesantes respecto de la mujer: 

"La palabra amor se aplica habitualmente a varios estados de ánimo que, en realidad, simbolizan todo aquello que el amor no es. La lujuria, la pasión, los celos, el sufrimiento, el miedo, la excitación, la codicia, el sojuzgamiento, el alivio de aburrimiento o de la soledad, la venganza, la competitividad, el orgullo y la terquedad suelen disfrazarse de amor".  

"Todas las mujeres inmersas en esta cultura son activamente estimuladas desde revistas y otros medios de comunicación a conducirse de muchas de las maneras típicas de una relación adictiva y muy enfermiza". 

"Las mujeres provenientes de un hogar violento suelen elegir parejas violentas, las que crecieron junto al alcoholismo, parejas químicamente dependientes... Una de las dinámicas que se encuentran siempre presentes en una relación adictiva es la de recrear la lucha del pasado y, esta vez, ganar". 

"Si alguna vez has estado obsesionado con un hombre, es posible que hayas sospechado que el origen de esa obsesión no era el amor, sino el miedo. Las que amamos obsesivamente estamos llenas de miedo. miedo a estar solas, a no ser amadas, a no merecerlo, miedo a ser abandonadas, ignoradas o destruidas. Ofrecemos nuestro amor con la loca esperanza de que el hombre que nos obsesiona se ocupará de nuestros miedos".

Asimismo, Erich Fromm, en su magnífica obra 'El arte de amar', conecta las prácticas que se esconden bajo la palabra amor, el capitalismo, el consumo sexual y la incapacidad de separatividad respecto de los progenitores. Cito algunos extractos: 

"Al hablar del amor en la cultura occidental cotemporánea, entendemos preguntar si la estructura social de la civilización occidental y el espíritu que de ella resulta llevan al desarrollo del amor. La respuesta es negativa". 

"El amor solo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia".