Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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27 de julio de 2012

Cuando escribo pensando en ti

A veces me ocurre que escribo pensando en ti.
Otras veces, no te hago caso y escribo pensando en mí.
Pero hoy, he vuelto a pensar en ti.
Y pensando en ti, pienso en mí.  

El otro día me ocurrió.

Quedé con una persona experta en marketing para definir las líneas de la web que lanzo en septiembre. Reflexiones Digitales abandona su formato actual, éste que ves ahora, y se amplía en formato web para ti; quiero crear un sitio en el que puedas participar; un lugar digital al que puedas acudir para leer con tranquilidad, sentir el significado de las letras y decidir si te dejas (o no) atrapar por ellas.

En Re(a)D todos los cajones están abiertos para ti/ Bolivia. J.M

La persona experta en marketing me preguntó cuál era mi público objetivo. Me quedé callada, no supe qué responder; pensé en ti. A veces, eres indeterminado, en realidad, bastante invisible en lo que a nombre, apellido, datos personales... se refiere. Le respondí qué era eso de público objetivo y me contestó que es el término que engloba a las personas que me leen. Supe decir: "las personas de mi entorno y algún que otro que accedería por puro azar". Las estadísticas del blog muestran que me leen en muchas partes del mundo, sobre todo, Estados Unidos, pero no sé hasta qué punto son fiables.

He tardado en aceptar que el mundo funciona a base de economía, producción animada y datos financieros. Me cuesta pensar en términos económicos; ingresos en cuentas corrientes y dependencia respecto de números absurdos. No creo en ellos ni en el ambiente en el que se mueven. A mí me gustaría vivir de las letras, los viajes y las margaritas, pero estoy lejos de eso. He tardado en aceptar que no vivo de la literatura ni del periodismo, sino del alemán. Y tal vez, jamás lo haga. Recuerdo una conversación con un pintor, me decía que seguiría intentándolo, pero que habría que cubrirse las espaldas con otras opciones por si no era posible aunar pasión y oficio.

Me molestó que la persona experta en markéting me preguntara por ti como si de la cifra de un euro fueras; un número computable en una estadística absurda, como si no tuvieras gustos, deseos y sueños. Lo único que pude responder era "el ciudadano a pie de calle", con el que a mí me gusta mezclarme, estar a su lado, que me cuente sus historias para después poder transmitirlas. No me interesan ni las personas que se relacionan con el poder, ni las mitificadas; tiendo a alejarme.

Aunque no sepa tu nombre, tu apellido, ni dónde has nacido, ni qué idiomas hablas, ni qué has estudiado o a qué te dedicas, te tengo mucho respeto porque creo en tu inteligencia, en tu capacidad para mirar más allá y no conformarte. Creo en ti, al igual que creo en mí y en mi trabajo. Por eso mismo, lanzo la web, aunque existan miles de razones para no hacerlo: el miedo a fracasar, la crisis, la competencia de otros, el estrés, demasiado trabajo, una mente que vira y vira sin cumplir las planificaciones laborales, falta de financiación....

Una sola razón para hacerlo: ambos (tú y yo).

Desgranando el concepto de público objetivo


Pienso en dónde ejerceras la fuerza que a ti te corresponde; si leerás en la cocina, en la sala, en tu habitación, en un bar cuando esperas la llegada de algún amig@.

Pienso en tu sexo, me refiero a si eres chica o chico. También leí, en el ámbito del markéting, que no es lo mismo escribir para un chico que para una chica. Y yo pensé qué diferencia podría establecerse si se escribe de corazón a corazón; consiguiendo llegar hasta ti.

Te imagino en una edad comprendida entre los 23-33 años, el pelo despeinado, un pijama que no es pijama sino ropa vieja usada en modo nocturno por pena a tirarla a la basura y zapatillas de casa. El vestuario cambia sustancialmente si te encuentras en el bar.

Pienso en qué sentirás, si te provocaré (es una manía), alguna sensación; una mísera sonrisa o tal vez lágrimas que surcan tus mejillas, si te he incitado a pensar, a desarrollar tu imaginación o si te he arrastrado a las oscuridades que muchas veces envuelven mis artículos.

Me gustaría saber por qué acudes aquí. Seguramente, existan mejores blogs que éste, allí se hablará mejor y de más cosas, más actualizados, menos idealistas; primas de riesgo, crisis financieras...

A veces se producen paradojas inexplicables/ Galicia. J.M

Tengo que admitir que en ocasiones me he enfadado contigo. Muchas veces me he sentido abandonada; esperaba un algo de ti, una respuesta, una lucecita que me indicara que sigues existiendo. Te pido perdón; tardé en aceptar que tú también eres libre. La libertad es un concepto complicado, me gustaría que formara parte de mi vida, siempre ha marcado mis pasos en un intento desesperado de atraparla. Es una lucha que desarrollaré a lo largo de toda mi obra. También he tardado en aceptarlo.

Paradójicamente, me costó aceptar que puedes venir cuando quieras, irte cuando te plazca, no me debes nada, puedes participar o no hacerlo, puedes criticarme, evaluarme, hacerme ver, hacerme pensar con tu silencio o tu participación. Eres libre. Más libre que yo. En eso te envidio.

También me gustaría que me dijeras cómo crees que podría mejorarse este lugar, qué esperas leer en Reflexiones Digitales ampliado, cómo lo visualizas, qué temas te gustaría que se trataran, cómo querrías llegar a mí, si es que quieres. 

Te imagino sonriendo. Eso siempre. No sé por qué. La misma sonrisa que las flores dibujan cuando la primavera luce en el cielo; ellas se abren al mundo y despiden ese olor brillante, inusualmente bello y fácilmente reconocible.

Creo que así hueles tú; a ganas de...
a humildad
a alegría
a tristeza también
a los sabores de la vida
a la aventura de vivirla

o por lo menos,
yo te imagino así,
si no
no estarías aquí.

23 de julio de 2012

Mochilas mochileras

Escrito bajo el mandato de hacerlo lo peor posible
Modo de producción: 
Fase 1: primera versión corregida. 
He eliminado los dos primeros párrafos y los he congestionado en una frase. 
Digital; no resultar pesada.  
Fase 2: segunda versión corregida. 
Corrijo incluso el modo de producción del nuevo mandato instaurado en RD. 
Abrevio al máximo las frases. Evito repeticiones. 
Final reconstruido tres veces.
Fase 3: tercera versión corregida. 
Me fumo un cigarro y me olvido de lo que puedas pensar.
 
Amaneceres en el mundo / Túnez. Ana Santamaría

He encontrado mi mochila mochilera definitiva. Su viaje de inauguración es inminente: Bulgaria, Turquía, Grecia y Alemania. En ella irá mi libro de viajes definitivo, hasta que las páginas lleguen a su fin, como ha ocurrido con mi nuevo pasaporte, sin los sellos de viajes pasados, me apena los de Túnez y Bolivia, y mi cuaderno de reflexiones en papel.

Mi mochila mochilera definitiva es pequeña: 40 L. Algunas personas me han preguntado qué voy a meter en ella para sobrevivir a los 16 días de mochileo. Pienso: cinco bragas, un biquini, ambos cuadernos, la cámara, un par de pantalones, tres camisetas y un vestido para salir de fiesta, aparte de enseres para baño y un mini botiquín. Ah y una guía de viajes. Una guía por país, aunque después no le haga caso.

Mi (inminente) compañera de aventuras y yo la vimos. Es idónea, de color negra y roja, como la primera plantilla de photo stencil que he creado. Tiene cremalleras por aquí y por allá (serán necesarios dos candados) y un buen agarre en la espalda (evitar lumbagos innecesarios).

Recuerdo la mochila de la escuela. Aquel cúmulo horroroso de libros a la memorieta, hasta que aparecieron las mochilas con ruedas, y entonces te convertías en una pringada por funcionar a lo antiguo: llevar a cuestas todo el material. Tal y como ocurre ahora con las gafas de pasta.

Las mochilas guays son las que sirven para viajar. Sin comprender por qué se cuantifican en litros: 40 L, 70L... Su uso es variado: 

1. Algunos quieren conocer costas soleadas y se equipan con mochilas mochileras definitivas compradas para tal efecto; tres bragas y dos pares de calcetines, y una guía de viajes que pesa más que el resto de los elementos, y pensando que no tienen que facturar, se relajan y pierden el vuelo. 

2. Otros viajan con una mochila de portátil; cuatro calzoncillos colocados en un lateral y muchas ganas de llegar al lugar de destino. 

3. A veces se viaja con tan poco dinero que no puede destinarse mucha cantidad a la mochila mochilera definitiva, y por eso existen las pasajeras, cuya descomposición avanza a medida que lo hacen los días de viaje. Un día se cae un bolsillo, al día siguiente se estropea la cremallera general. 

Cada persona una mochila invisible /Barcelona. J.M

Las mejores o las peores mochilas son las que no se ven, tampoco se huelen ni se palpan. Aunque algunas personas sí pueden verlas, olerlas y sentirlas, en especial, cuando se abraza a una persona muy querida y se percibe un bulto molesto en su espalda. El simple hecho de percibirla ayuda a disiminuir su peso. Puede verse a lo lejos cuando los portadores caminan encorvados como si llevaran consigo todo el peso del mundo o sentándose lo hacen en la extremidad por miedo a sentir el respaldo en su totalidad.

Son las mochilas invisibles. Pueden (o no) acompañar a las verdaderas mochilas mochileras definitivas. Pocos admiten llevarlas a sus espaldas, aunque todos, en mayor o menor medida, lo hagamos. Su labor es especialmente dificultosa; llenas de piedras, espinas, zarzas que pinchan y a veces, incluso de agua, también invisible, pero putrefacta, esa sí que huele, resultado de haber estado sumergido durante mucho tiempo en otra variante de agua (uno no se ahoga por sumergirse en el agua, sino por permanecer mucho tiempo sumergido en ella).

Las mochilas invisibles son peculiares. Pueden ser buenas y malas. Se adquieren sin uso de razón, cuando apenas sabemos nuestro nombre, pesan tanto y producen mucho dolor, las paletillas se cansan y las rodillas necesitan reposo. Aunque yo pienso que a veces son buenas, en especial, cuando se vuelven visibles y permiten comprobar su peso, se cuantifica entonces cuál es el cansancio de portarla y descubrimos que existen lugares mágicos donde palparlas, describirlas y abrirlas, mirar dentro, analizar cada detalle y sacar cada uno de los elementos con sumo cuidado, aunque el proceso pueda resultar doloroso, pues exige recortar aquí y reconstruir allá.

La (in)dignidad de la asociación de espaldas que gestiona mal el peso de mochilas invisibles /Barcelona. J.M
No solo las personas portan mochilas invisibles. También lo hacen los países. Algunos fabrican a escondidas sacos y sacos de mochilas invisibles, el denominado tráfico de mochilas invisibles, que después actúan como bombas entre los verdaderos fabricantes de las cosas bonitas del país al que pertenecen, porque los que las han llenado de piedras gigantescas, feas y pesadas, no han gestionado bien la asociación de espaldas que merece ser castigada y ésta sí es mala.



Conclusión: Paradójicamente, tengo que perfeccionar lo de hacerlo lo peor posible.

11 de mayo de 2012

Fin, sinfín, finalidad infinita

 "A mi cuaderno de reflexiones"


Deseo y quiero ponerte fin
finalizarte
finalizarme en ti.

Acción uno que finaliza
a la vista de la siguiente
para el mismo fin.

Segunda lucha renovada
de palabras por describir
y sensaciones por intuir

Acción dos que comienza
a la vista de que tu lugar ocupe un siguiente
para el mismo fin.

Tus páginas se agitarán, al principio
 y el papel se relajará tras
     la tinta de una pluma que vencerá, finalmente.

Para el mismo fin.

Al fin acortado
el fin,
infinitamente avistado,
desde los tiempos de estas páginas 
sin fin alguno,
inconclusas y románticas
imperfectas y descabelladas
la finalidad finita de una lucha sinfín, 
inscrita en ellas para el mismo fin de siempre.

Un sueño puede caber en un simple vaso /Jaca. J.M

9 de mayo de 2012

Inmersión

Te sumerges...
Hacia abajo,
     las oscuridades sobre las que escribes...

En el último mes viajaste, comenzaste otros artículos para distraer a la mente, te dedicaste a colaboraciones y recitales. Pretendías postergar. La vuelta es inevitable; perteneces a la franja de oscuridad que tu obra describe.

Diez minutos antes de sentarte frente a la pantalla, no te sientes inspirada. Mágicamente, el teclear resuena en ti, últimamente, es lo único que resuena, aunque también se desvanece, llegado cierto momento de la escritura, sin saber cómo, deshaces su escucha.

Te sumerges...
Re-ocurre.
Te levantas a la mañana: escritura automática, lectura, documentación y fase revisión. Suspiras: en un par de semanas no sentiré el abismo consustancial de no saber hacia dónde continuar. Empiezas a corregir, dejas de corregir, y te extiendes... más allá, pero anclada aquí. La escena demanda, el personaje habla por sí solo y el ritmo adquiere cierta destreza. 

Una hora después, la nicotina llama. A ella acudes. Dos minutos después, vuelta a la pantalla.

Transcurrido x tiempo, ya no percibes, ni siquiera la nicotina, te sumerges en el mundo que has creado, varía sin que tú puedas controlarlo, te gusta y te disguta, es incontrolable, te gusta y te disgusta, te arrimas al personaje, siempre sin que te vea, como si testificaras lo que sucede, observando cada uno de sus movimientos; qué hace, cómo se comporta, de qué habla, qué piensa y qué siente.

Repentinamente, alguien te llama.
Alzas la vista; han transcurrido dos horas y media.
Ni siquiera veías la pantalla del portátil, escribías a través de ella, como si en ella te integrases.
Te fuiste... allá,
      más allá del fin del mundo,
       allá está escrita tu novela,
       allá te espera,
       a la espera de que descifres y comprendas. 

Miras la pared de tu estudio ¡Bendita costumbre de empapelarla! Un mapa malamente dibujado, una fotografía antigua, la escena argumental y una veintena de post-is: "una persona no habla con plena sinceridad consigo misma", "no es un libro de historia, es una ficción" (en mayúsculas), "temas centrales de la novela"...

Una mañana de trabajo y vuelves. En realidad  vuelves a ella, a sentirla, siempre ronda a tu alrededor, a veces la evitas, sales por ahí, conoces a no sé quién... Es gozosa y cruel. No es amable, aunque en cierta manera envuelve. A veces es pesadamente insoportable, pero la añoras si no la sientes.

Las líneas...
La autocensura emerge...
La valentía desiste a momentos...
Nadie guía...
Ella es quien guía ¡compréndelo! 
Pocos la escuchan...
Pocos le hablan...
Mejor callar,
en vez de hablar y después, deshacer
Unos la huelen
y otros no la ven.




Nicotina prohibida más allá/ Jaca. J.M 


Expresar emociones, no está de moda
Ser transparente, no está de moda

¿Acaso te refieres a ella? 



30 de abril de 2012

Kolesnikov, la Seguridad Social y el Trabajador

Posiciona su violín debajo de la barbilla para comenzar a tocar. Relajadamente erguido, sutil firmeza. Sentado junto al resto de los componentes del cuarteto Ekimende, intuyo que es un maestro del violín. Aire refinado, sin resultar ostentoso, toca sin almohadilla y despierta humildad elegante. Su instrucción en violín debió ser muy dura. Parece del este de Europa: cabello rubio y ojos azules, piel blanquita y delgado. 

Desliza el arco sobre las cuerdas del violín; de dos en dos, movimientos varios, impulsándolo con fuerza y pasión cuando la partitura lo requiere. La posición de su brazo derecho es perfecta: codo bajo, muñeca un tanto desplegada hacia arriba, de forma que el brazo se mueva en su totalidad y con flexibilidad desde los dedos hasta el hombro, y la mano completamente posicionada sobre el arco, sin que el meñique baile a su antojo (error muy frecuente en violinistas). Por su parte, la mano izquierda se mueve con una agilidad increíble, dedos que bailan, al son de un oído construido para la afinación.

Dmitry Kolesnikov, primer violinista, comenzó a estudiar a los siete años, dice el panfleto, pasó por conservatorios de Simferopol (Ucrania), Moscú y Würzburg (Alemania). Alcanzados determinados instantes en las partituras de Beethoven o Piazzola, en especial, en la composición de D.Shostakovich, inspirada en el bombardeo de Leningrado para rendir homenaje a las víctimas, se percibe cómo Kolesnikov se funde con su violín.

No me sorprendió viéndole agachar la cabeza
Atravesaba el pasillo en dirección al camerino entre aplausos del público.

Pensamientos. A qué grado de locura le someterá su mente. Cuántas horas computables habrá dedicado en su vida (sin nombrar el instrumento complementario, generalmente, en el caso del violín, el piano). Qué precio habrá pagado por rozar la perfección, cuántos altibajos por no rozarla. Cuántas veces habrá sentido satisfacción tras una actuación. Cuántas lágrimas habrá derramado porque una y otra vez se le presiona, no sirves, no llegas, no estudias lo suficiente o no eres digno de tocar el instrumento. 
Sobre todo, el momento clave de su vida: el violín o él. 

Merkel pregunta por qu'e no se canta y se compone. Alemania. J.M


Opciones de vida alejadas de la Seguridad Social

Una vez el instrumento definitivo llega a las manos del artista, un momento determinado de la carrera profesional se impone. Se ha de elegir entre el violín o todo lo demás. La primera opción implica presión constante, horas de ensayo diarias, aparte del sistema común (ikastola, bachiller, universidad...), se vive en un estado de cuasi perfección, siempre detrás de ella, a una velocidad vertiginosa que provoca un cansancio brutal. Existen momentos memorables, actuaciones que salen bien y determinadas sonrisas de profesores que felicitan por un trabajo duro. Por supuesto, la pasi'on.

La segunda opción ya se conoce. De hecho, la crisis económica salpica a la primera opción, no solo por recortes que afectan a subvenciones, financiación y necesidad de ganarse la vida, sino que la reforma afecta ya a la (im)posibilidad de muchos j'ovenes de acudir al médico, entre ellos artistas, no ya al psicólogo, que forma parte de la salud privada para desgracia de este país, sino que se plantea la posibilidad de restringir la Seguridad Social a mayores de 26 años que no hayan cotizado, omitiendo el trato indignante a personas en situación administrativa irregular, para muchos ilegales. 

Sitúese el lector en la vida de un violinista, por poner un ejemplo, comienza a estudiar a los siete años, también acude a la escuela junto a los demás niños, prepara los mismos deberes, mismos exámenes...  alcanzada determinada edad accede al grado medio del conservatorio, generalmente, de forma paralela a estudios de escuela, bachiller o universidad, después el grado superior, preparar exámenes para máster en el extranjero o alguna plaza en orquestras, bandas o lo que corresponda. 

Lo mismo sucede con los escritores, filósofos, psicoanalistas... sin citar a jóvenes parados, por ejemplo  empresariales, que no encuentran trabajo, sino pr'acticas, voluntariados... en un país miserablemente sostenido por batallas políticas y reproches mutuos, en vez de reflexión de una crisis que ya no es crisis, sino una forma de existencia y vida, de gestión de la propia derrota del sistema, la época del miedo a perder todos los elementos a los que ese ente invisible obliga a suscribir: hipotecas, trabajos que no satisfacen, coches, matrimonios en búsqueda de emociones en la pareja, jubilaciones que no llegan... 

Palabras en calles de Barcelona. J.M

Librerías anarquistas 

En Sant Jordi acabé en una librería anarquista. No me pregunte el lector cómo, suele ocurrirme. Una chica me habló de la "Insurrección que viene", una obra escrita por el Comité Invisible, un aglutine de autores que optaron por el anonimato para no sufrir represalias, explican. No comparto algunos de los apartados de la obra, aunque me gusta que no tenga decoro, y sin estar de acuerdo con muchos de los aspectos que enuncian, sí quiero nombrar algunas ideas en honor al día del Trabajo

"Pertenecemos a una generación que nunca ha contado con la jubilación ni con el derecho del trabajo (...) ni siquiera es precaria (...) porque ser precario sigue significando definirse en relación con la esfera del trabajo, en este caso, con su descomposición. Admitimos la necesidad de conseguir dinero , porque actualmente es imposible pasar sin él, pero no la necesidad de trabajar (...) la empresa no es un lugar en el que existimos, es un lugar que atravesamos (...) La vemos como es y nunca ha dejado de ser, una estafa de confort variable".

"No habrá solución social a la situación presente (...) el vago agregado de entornos, instituciones y burbujas individuales que se denominan por antífrasis sociedad no tiene consistencia y no hay lenguaje para la experiencia común". 

"YO controlo. La búsqueda de mí mismo, mi blog, mi piso, las últimas tonterías de moda, las historias de pareja, de ligues... ¡cuántas prótesis se necesitan para ostentar un YO! Si la sociedad no se hubiera convertido en esta abstracción definitiva, designaría el conjunto de muletas existenciales que se me tienden para poder arrastrarme aún; el conjunto de dependencias que he contraído en pago por mi identidad". 

" El YO débil, deprimido, autocrítico, virtual, es por esencia ese sujeto infinitamente adaptable que requiere una producción fundada en la innovación, la obsolescencia acelerada de las tecnologías, la alteración constante de las normas sociales y la flexibilidad generalizada. Es al mismo tiempo el consumidor más voraz y, paradójicamente, el YO más productivo, aquel que se lanzará con más energía y avidez sobre el menor proyecto, para volver más tarde a su estado larvario original". 





25 de abril de 2012

Aeropuertos

Caminas a través de la cinta corredera del aeropuerto... Tu puerta de embarque debe ubicarse en el infinito... Observas el meollo de personas que dejas a un lado y al otro. Absurdamente te molestas en caminar ¡la cinta corredera te impulsa! pero continúas ejerciendo presión, aunque no tengas prisa. 

Adelantas a una familia; tres niños y una pareja, pelos rubios fosforitos y miradas azules que encarnan ternura. A mano derecha, en el exterior de la cinta corredera, desde tu posición avanzada, observas dos trabajadores de la terminal. Charlan. Visten un chaleco fosforito. Ella habla con amabilidad y le mira con sensualidad, está algo nerviosa, él responde con timidez y ella concluye con un "hasta luego, guapo". Cierto es: piel gruesa-oscura, pelo rapado y complexión fuerte.

Caminas a través de la cinta corredera. Decides retardar tus pasos. A cada lado, desconocidos x ocupan asientos amontonados frente a las puertas de embarque correspondientes. Piensas en sus nombres, sus vidas, sus recorridos, su caminar por cintas correderas, sus oficios, sus amores y pasiones.

Momentos antes,
      tomas un café y olvidas una rosa regalada por Sant Jordi en una cafetería impersonal.
Momentos antes,
      ves desfilar uniformes de guardias civiles,
      excesivamente jóvenes, piensas, siempre se es excesivamente joven para opositar a guardia civil.

Vuelves mental y físicamente a la cinta corredera. Caminas aún por ella, tu puerta de embarque debe situarse en el fin del mundo, a él te gustaría llegar, pues nada es imposible en esta vida, aunque de momento continúes aquí. Las pantallas, posicionadas en el extremo superior de las puertas de embarque, delatan los destinos donde los aviones empujan a sus pasajeros.

           Menorca, cielos azules y playas interesantes
           Sevilla, guitarra española y acento desmesurado
           Hamburg, die schönste Stadt in Deutschland,
              ich liebe ihn, ich liebte ihn, jetzt weisse ich nicht wer ich liebe {Traducción omitida}
           Roma, Daniela Attanasio y sus poemas, mirando más allá de la ventana de su salón...

Tal vez, debieras desvincularte de la cinta corredera, acercarte aleatoriamente a una puerta de embarque y sobornar al azafato. Quizás te dejara pasar. Se desconocería tu existencia, te irías lejos, allá donde el avión te impulsase, simplemente ir, sin dar explicaciones, ni tampoco recibir...
Ir.

Avanzarías a través de otra cinta corredera, hasta que decidieras parar, no por otro destino aleatoriamente determinado, sino mirando, alguien embriagó tus deseos.
Te detendrías, saldrías de la cinta y avanzarías hasta él.
     Sería vulgar preguntarle si tendría la amabilidad de acompañarte al baño de al lado.
     Sería vulgar quedarte con las ganas de hacerlo.

Ah...
   después, inexistencia de control de equipaje.
   Nadie pesa, nadie vigila.

Música relajante, asiento asignado, nubes por descubrir y vuelta al olor de la tierra gris.
Gris eres tú, tu mirada, tu olor, tu piel y tus caricias.
Gris soy yo, la forma en la que te miro, despierto tu olor, acaricio tu piel y te hago sentir. 

El avión se balancea, pero no te asustas, temes más la fuerza del (a)mar que los estragos del viento, tienes sueño, un sueño te (de)tiene a ti.

Momentos antes, el avión propulsa su fuerza y sale disparadísimo...
como determinados acontecimientos en la vida
como tú que huyes de mí
como yo que escapo de ti

El teclear amanece,
más allá de la cinta corredera,
más allá del fin del mundo,
perdiste la rosa...
       pero ganaste en libros.

El poeta E.J Malinowski en la rambla de Barcelona/Sant Jordi. J.M

29 de marzo de 2012

¿Y tú qué te cuentas?


Una vista bonita para acudir a un recital/ Gasteiz. J.M

Este es el nombre del recital en el que participé ayer en la biblioteca pública del centro cívico de Judimendi (Vitoria/Gasteiz). Adictos a la escritura creativa leímos en alto textos que habíamos escrito con anterioridad. 

El asqueamiento de la negatividad social debido a la crisis económica, una mujer musulmana que llega a España y conoce el término derechos humanos, el nombre 'yo' en la vida de un hombre despreciado por sus padres, el robo de bebés en la época de la dictadura, una caperucita roja drogadicta... fueron algunos de los textos que mis compañeros eligieron para leer en alto. 

Yo opté por una carta de amor que escribí a George Orwell, publicada en RD hace ya algún tiempo y destino también para una posible colaboración en una revista en la que editores desconocidos decidirán si se publica. Al acabar el acto, una de mis compañeras me preguntó por qué me gustaba tanto Orwell. Respondí que no es uno de los mejores novelistas en literatura, pero admiraba en él no abandonar sus convicciones y principios, en especial, la humildad que se aprecia entre sus líneas y su respeto por un lector inteligente, de segundo grado. 

"Vivimos en una época en la que todo debe resplandecer, aunque por dentro esté podrido", pienso instantes después de que la autocensura intente hacer de las suyas. "Todo reluce y por dentro está podrido", reproduzco mentalmente, más aún en primavera; las personas no saben si vestir una chaquetilla o aliarse con el abrigo, muy en línea con un desquecie social general y una negatividad imperante que se esconde bajo sonrisas amargas (humilde opinión). 

Recluida bajo las órdenes de ser sincera, admito que estaba muy nerviosa en el acto. Me temblaban las manos, aunque la voz parecía serena y el ritmo acorde con las líneas. Me pregunté por qué me ocurría. Si no me cuesta hablar en público, ni charlas con unos o con otros, contar historias, soltar mi rollo a personas que quieren saber a qué rollo me dedico... 

Intimidad. He ahí. Mostrarte. Publicar en persona tu propia desnudez textual. Escribir implica un acto solitario e íntimo, solo así la voz interna encarna lucidez lineal y la tinta del bolígrafo consigue fluir sola, hasta convertirte en una herramienta entre esa voz interna y las palabras que se impregnan en un texto que reescribes cuarenta veces. 

Después te plantas frente a un público que no conoces, y les hablas de un sentimiento de menosprecio, incomprensión y soledad a lo largo de gran parte de tu vida. Tu voz no se quiebra cuando admites sentirte una persona cobarde, pero como escritora te sientes en la obligación moral de ser valiente. No tartamudeas cuando explicas en qué consiste la soledad más absoluta del alma. Continúas recitando sobre impulsos demoníacos que te obligan a permanecer en un sitio que no te gusta por deber moral de contar la verdad, la tuya por supuesto, aunque luzca ante los ojos de todos, pero nadie la dice y no puedes guardarla porque cuando estás en Madrid, Alemania o Bolivia te carcome y sabes que huyes, así que vuelves y escribes sobre tabús de tu tierra, de tu identidad y de tu encadenamiento a una sociedad que no te gusta en absoluto, porque coincide que no te gustan los tabús, después haces referencia a las presiones de la locura, a la irrealidad de una mente que se niega a volver al lugar donde habitan las personas y cuando lo hace es un desastre... 

La voz se serena, el mundo que recitas te absorbe, por unos minutos vuelves junto a George Orwell, pero las manos te tiemblan frente a esas personas. 

¿Y cuál es la imagen que quiero dar en Internet si admito 
ante mis lectores temblar cuando leo en alto un texto que he escrito? 
La de inseguridad, miedos y falta de valentía. 

"Hay que decir la verdad aunque el mundo estalle en mil pedazos" (Fichte). 
Fue la frase que elegí para describir qué opino sobre literatura, 
sobre mi vida y sobre Reflexiones Digitales.

24 de febrero de 2012

Carta de amor a Orwell

A George Orwell 

Sentado en lo que parece es una sala de estar, sujetas, con una mano, una taza de café y, con la otra, un cigarrillo. Tu mirada está algo perdida, tu pelo corto luce hacia arriba y tu bigote es algo vulgar, muy fino, al estilo de un generalísimo que tanta desgracia trajo a España. No podrías negarlo; conociste en persona sus estragos. 

Introducirme en la fotografía que observo y sentarme en la silla que se posiciona al otro lado de la mesa en la que apoyas tu brazo izquierdo. Mirarte a los ojos. Deleitarme en sus profundidades. Volverme sepia.

Me fijaría en cada uno de los detalles de tu cuerpo; tu boca estrecha, tus labios extrafinos, tu nariz un tanto puntiaguda, la forma ladeada en la que descansan tus hombros y tus piernas cruzadas. Apreciando más allá. Hacia dentro, desde dentro... 

Te hablaría... 

Escucharía tus palabras, serenas y pausadas  
Escucharía tus silencios, calmados y confiados 

Encendiéndome un cigarrillo, te preguntaría si superaste, en algún momento de tu vida, el sentirte al margen, aislado y menospreciado. Si ese sentir es la razón fundamental y el motivo común de quienes aspiramos a pasearnos por el mundo como escritores. 

Te preguntaría también si renunciaste, en algún momento de tu vida, a la condición de panfletista, a los principios y convicciones, principales sustentadores de la escritura, en favor de un ganarse la vida económicamente masificado. 

Observarías mis ojos grandes y redondos. Tal vez, te perdieras en su intensidad, y, seguramente, verbalizarías, mirándome fijamente, aquello de "si quisieras vivir de la escritura, más te valdría casarte con el hijo de un editor". Reiríamos, comprendiendo sin necesidad de decir en viva voz, la ironía de dicha afirmación; jamás nos asustó la pobreza. 

Te preguntaría si han variado, a lo largo de tu vida, los motivos por los que escribes. Qué hacer cuando consideras eres una persona cobarde, pero como escritor te sientes en la obligación de ser valiente. 

Acabado ya el cigarrillo, memorizando cada uno de tus gestos, volvería a sonreír, lúcida por tenerte enfrente de mí y callada por las ansias de escuchar una voz que hilvanaría experiencia y aprendizaje. 

Me sentiría tan... yo... esa sensación cunado te percibes en el interior de tu pecho, como si del estallido de una burbuja de luz se tratara. 

Te preguntaría cómo afrontaste los momentos de soledad absoluta; el estado de sentir más horroroso que cualquier alma pueda experimentar, a veces, insoportable, otras veces, majestuosa. Cuál fue el grado de desnudez textual que alcanzaste en cada una de tus obras y qué ocurrió en ti después de 1984. 
  
Quizás aquel impulso demoníaco de alzar la voz pudo contigo... 
      Quizás cediste a las presiones de la locura... 
             Quizás te abandonaste sin ser consciente de que dejaste de pertenecer a la realidad...

Te imagino escribiendo Días de Birmania, Homenaje a Cataluña, Rebelión en la granja, La hija del Reverendo, 1984... mirando más allá del paisaje que muestra tu ventana, desdibujando en tu mente el color  real de la pared en la que se apoya tu escritorio, corroídas tus manos largas y delicadas por una necesidad imperativa de aplacar el autoritarismo y la injusticia

Te preguntaría si un beso en la mejilla sería excesivo... 
   Un acompañar cariñoso en la ficción políticamente reivindicativa que yo te asigno... 
       por egoísmo agudo 
        entusiasmo estético 
        impulso histórico 
        propósito político 

        por ti 
        por mí 
        por un cigarrillo a medias 
      , y una sala de estar a medias

Te regalaría el sol, Orwell / Garagartza. J.M

16 de febrero de 2012

Bolígrafo mágico

 Para Adriana y Lauri


Color naranja chillón
  un amigo extrae un bolígrafo de su bolsillo
   lo trae desde Galicia
     amigas del alma 
       entregan en él su cariño

Suspiro en mi memoria...

El murmullo dorado de la niebla
   se posa en las cristaleras de la ventana de madera
     qué extraña, pienso
       esconde objetos
         y desvela emociones

El sol batalla en silencio
   la realidad luce ante ojos oscuros 
      y la niebla se atonta,
             la más ardua resistencia, fallará

Suspiro de enemistad...

Testigo de encrucijadas
      la niebla lucha por anclarse en los senderos 
        y el sol sonríe por calentar caminos

Y la iluminación de la habitación...
   muestra la perfección 
     estado de ser/estar inalcanzable
      tan exquisita
      tan inaccesible
      brillante
      oscura
      dulce
      pasional y monstruosa
      mengua y crece a cada nuevo instante

El rocío desaparece
La niebla se disipa
Los contornos de los pinos
Los contornos de volcanes montañosos
Los contornos de un sol extinguido
    en los tiempos comunes de Euskadi...

     Besos gélidos...
         Inspiración infinita
            Bolígrafos mágicos 
 
Amarillo movidizo / lugares bonitos de la tierra. J.M

26 de enero de 2012

El sentir de los besos

Y cómo escribir sobre los besos...
    si los besos hay que sentirlos
        olerlos, acariciarlos, escucharlos...

 
Preguntará una prostituta de besos 
la reina de todas las reinas de los besos 
la mendiga de los besos 
o  la aduanera de los besos 


¿Cuál es el beso más largo de la historia de mis besos?


Tal vez, aquel primero que olía a torpeza y nervios.
Una montaña rusa interna, el corazón se hinchaba y deshinchaba sin delicadeza.
Mirarle a los ojos y arrebatarle durante un único segundo el sentido de su existencia.

Quizás, el sello pasional que produjo una melodía jamás escuchada,
tan preciosa, armoniosa y dulce...
los tímpanos a punto de derretirse de alegría,
parecía imposible que los contornos de los labios pudieran soportar tanta chispa...
cegando al mundo para provocar su inminente desaparición.
¡Los labios bailaban al ras de esa canción!
¡Los corazones la escuchaban maravillados!
y ¡los ojos, aun cerrados, se tornaban brillantes!
Las palabras tan innecesarias...
porque a veces molestan y solo hubiesen entorpecido este trueque emocional.

También están los besos cortos en lo sentimental, aunque se prolonguen en el tiempo
pues habría que añadirles sostenidos o bemoles, incluso un doble sostenido,
porque desafinan sutilmente, aun cuando se ejercitan en una escala de sol amorosa,
a veces el noble astro escapa de las almas de alguno de los partícipes
y el otro necesita tiempo para ser consciente...

Puede que el beso más largo de la historia sea el que hayamos guardado en una cajita de cristal,
deseosos de abrirla para regalársela a quien queremos; cómo olerá su piel.. a qué sabrá...
¿se interpondrá su nariz? ¿escuchará su caja torácica esa melodía única?

Besos dulzones,
resacosos o con sabor a whisky,
incluso picantes,
preceden despedidas dolorosas
o resignifican encuentros fugaces/fatales



Desde mi ventana, el sol se posa para iluminarlos / Garagartza. J.M



Y cómo leer sobre los besos... 
    si los besos hay que darlos desde la infinidad del alma, 
        regalarlos desde la timidez de los corazones
          o robarlos, cuando los temores callan... 

Besos, muxus, kisses
Esos sueños... 
         Ese sentir... 
                 El (des) Amor

12 de enero de 2012

Todo cuanto tiene nombre, existe

Una mesa. Una silla. Una lámpara ilumina. 
Un bolígrafo ayuda a plasmar ideas. 
Una estantería sujeta una galería de libros que, con tiempo y algo de dinero, se adquiere. 

La vela alumbra y su llama puede ser interpretada como el fruto de elementos que confluyen: 
cera , tela y fuego, o bien, en un sentido místico, lengua luminosa que incita a escribir sobre sustantivos y existencia, asociaciones mentales y realidades desvirtuadas. 

Un nombre y una asimilación. Un decir y un pensamiento. 
Citar pensamiento obliga a imaginar un paquete de ideas, 
experiencias y deducciones que se agolpan en un núcleo palpablemente indeterminado. 

Paquete, obligaciones, núcleo...
Ideas, sueños, emociones...
Amar, desear, aspirar...
Odiar, temer, aborrecer... 

Libro. Objeto que aglutina las vidas de determinadas personas
Leen o escriben, ambas cosas, sienten o hacen sentir.

Ordenador. Sustantivo que evoca orden; 
connotación alejada del caos universal y cibernético de Internet. 
Cibernético; el mundo, nosotros, nuestras vidas y caminos. 
Camino; sendero con infinidad de direcciones, película atroz sobre la beatificación 
de una pobre niña o verbo que indica movimiento corporal o espiritual. 

He aquí nuestros nombres y nuestras existencias
Relativos. Restar importancia. 
Importancia. Nuevamente, relativa.

Y las ramas se mezclan con el dorado del campanario a raíz de un atardecer precioso /Gasteiz. J.M







8 de enero de 2012

Represión lagrimal x

El ritmo del reloj sigue su curso {tic-tac tic-tac} y la música resuena en los tímpanos de compradores {ganas de pedir whisky-cola}. Los brazos soportan cúmulos de ropa y una tarjeta de [des]crédito, tan cansados... que no pueden emitir agujetas, y el calor del establecimiento, dispuesto a hostigarlas; a esa hilera de lágrimas que yace en los interiores de los habitáculos humanos frente al acreedor de artículos {económicamente} aventajados.

9: 00 de la mañana de un día muy especial, sin que el habitáculo humano en cuestión lo haya elegido, una larga cola de ojos rese{a}cosos soporta en el exterior temperaturas muy bajas.Y ellas allí, delgaditas y regordetas en sus extremidas, físicamente invisibles y húmedas en lo sentimental, aguardando su cola en los lagrimales, con ganas de gritarle al mundo que sus cuerpos no merecen pasearse casi desnudos {vestimenta=ropa interior, día de no multas, pero sí rebajas} para llevarse una montaña de prendas {cuasi} regaladas. Los acreedores han advertido: las x primeras lágrimas reprimidas en desnudez exterior accederán al paraíso emocional para ser compensandas con un cúmulo x textil por x euros.
 
X y x que se amontonan sobre cabezas que humean para desatascarse y llegar a los lagrimales. Idílicamente, el momento de acción de un equipo de rescate que ejerciera de ayuda para progresar hacia el final del túnel, sin que pudiéramos hablar de lágrimas que todo lo soportan, sino alardear con voz clara de sonrisas renacidas y vitaleza en el alma. 

X es el descuento que se ofrece, de la misma manera que x es la suma que suele tenerse en la cuenta corriente, al igual que x horas de trabajo, miedo x a ... pánico x a... el novio x, la amiga x que no pregunta qué tal estás, personas -x que sí lo hacen, x atención cuando se escucha. Ese sonido x, ensordecedor y desafinado, que creemos, proviene de la lejanía de nuestros corazones, como el clima, el lugar y el artículo{s] x. 

X son lágrimas que derramaríamos si la consciencia dejara de ser x, pues x es una cifra muy ambigua e indeterminada, aunque válida, o eso piensa la autora, que también es x, como la Navidad x del año 20xx, cuando compartes plato con familiares que no soportas por x razones {no suelen citarse}, una suma global de obligaciones x cuya procedencia también es x. Misma situación que se produce frente a los ojos de una persona que te encanta y los pensamientos x anidan en tu núcleo humeante, o tal vez, x sea tu pensamiento y seas más afortunad@, incapaz de decir en viva voz lo que en realidad queremos decir, si sufriéramos x rechazo, x frustración, x decepeción y xxxx soledad, miles de lágrimas escaparían de sus aposentos y sería tan espantoso...

¿Pero qué es x? Y que sé yo. 
X sea ,seguramente, la autora. Tú. Él. El descuento, un ente invisible o la propia sociedad. 
X son las lágrimas que esa hilera ansiosa de deudores desearía derramar, procreando un río 
tan desbordante de resignificación sentimental que inundaría el establecimiento y 
se iría a su casa a comer manzanas. 
X es el final.  

X razones para incluir esta foto. Dos cámaras. Dos altavoces /Barcelona. J.M

3 de enero de 2012

Euskadi la preciosa

Paseas por un bosque pintado; el nombre de lugar te colma ya de inspiración. Observas las procesarias, los pinos enfermos por esa atracción que sienten estos animalillos traviesos. Percibes la frialdad del viento y el sudor en tu cuerpo, allá los eucaliptos, huelen también, como los caramelos Ristola, tan invasivos, a pesar de que desarañen sus cortezas como si se desprendieran de capas que se desligan a medida que el tiempo camina entre sus arbustos.

Los árboles a través de tu paso /Bosque pintado. J.M
Mientras caminas, sientes la tierra húmeda bajo tus zapatillas Salomón y las gotas de lluvia cuyos restos permanecen en el ambiente. Respiras, fuertemente, continúas caminando, sin prestar atención, pero atenta a todo. Te sientes feliz. Es el  momento simultáneo de conexión/desconexión, aquel en el que nadie conoce tu ubicación, ni tus compañías, ni lo que piensas o sientes, si cumples o no. Te olvidas de números de teléfonos, llamadas por realizar y obligaciones diarias. Cámara en mano te esfuerzas por retratar en imágenes reales lo que tu mente interpreta. Sabes que no lo conseguirás; aprendiste que el éxito reside en el verbo intentar, lo demás son puros resultados. 

Llegas al punto de encuentro. Nadie a tu alrededor. ¡Qué pesada! Fotografías. La pintura en sus diversas tonalidades y formas sobre la corteza de los árboles, diferentes dimensiones en función de la posición del visitante, marcada por guías enumeradas: número uno, dos, tres... no es obligatorio seguirlo, pero haces caso. 

Gran visualización de Ibarrola (opinión autora) /Bosque pintado. J.M
Es tal el encanto del lugar, la magia que desprende, esas figuras que Ibarrola plasma, que te quedas abobada por la fusión naturaleza-civilización, por esa fuerza, sin comprenderla del todo, recuerdas que cuando se dejan de lado los interrogativos proviene el disfrute...

Irás a las playas de Laga y Laida. Sitios preciosos que soportan tormentas pasajeras, cuyas arenas remueve el viento y las olas se sumergen en tu cabeza, altas; un metro, dos metros, tres metros... 

Una nueva integración humana- natural, a los ojos de las costas vascas; mar, montaña, arte y libertad. 
Euskadi la preciosa. Ojalá te viera cada día ¡!

El círculo que puede contemplarse en función de la posición /Bosque pintado. J.M


30 de diciembre de 2011

Los deseos del anti yo 2012

El domingo trae consigo un cambio de aires, una nueva actitud ante la vida y elementos disochos que se materializarán a partir de ese uno de enero por la gracia de un ser habitado en los recónditos de la vida cósmica (¿quién?). Anti yo opina que ha sido muy labiorioso realizar el correspondiente balance anual, cuyo esfuerzo debería recompensarse, como quien presenta las cuentas al contable, opina J.M.

Las deducciones del informe 2011 pueden englosarse en los siguientes rasgos: ha sido muy buenecita y la mayor parte del año se ha sentido muy alegre y feliz. Tuvo una etapa en la que estaba un tanto triste porque el banco subió los intereses de su hipoteca, el jefe la explotaba (comentarios un poco subiditos de tono sobre el moreno de sus pechos promidentes) y  dudas sobre si xman (novio con denominación de origen) habría sido capaz de ponerle los cuernos (prima en el pueblo). Uno de los propositos 2011 era convertirse en una persona con una amplia sonrisa, independientemente de vaivenes internos. 

J.M, impresentable por naturaleza, tiene el descaro de presentar ante sus lectores la lista de deseos elaborada por el anti yo durante las vacaciones aleccionadoras de navidad:

En 2012 quiero acentuar aún más la sensación de felicidad, dulcificando esos episodios en los que lloro a escondidas en el baño del curro o cuando xman me deja sola porque se va con sus amigos. He decidido adelgazar cinco kilos y parecerme a esas chicas espectaculares que aparecen en noticias y revistas; me deseará por puro instinto. Me apuntaré en aerobick y dejaré de fumar para que mi piel se revitalice; tragar humo no es bueno para la salud.

En 2012 quiero que mi jefe mejore mis condiciones laborales. En especial, los horarios;  preferiblemente mañana. Si no, me posaré frente a la pantalla y esperaré a que el teletipo reproduzca por sí solo la noticia que publicaré. A la tarde me echaré la siesta en el sofá que compré a medida, apenas puedo usarlo, descansaré viendo Sálvame, hasta que xman salga del trabajo y vayamos a tomar unos tragos, sintiéndonos medio borrachos y hablando sin sentido sobre oscuridades que no debería mencionar, una gran pareja no debe hablar sobre cosas que entristecen (propósito 2011: pulir). 

En 2012 xman y yo debemos amueblar la casa. No me gusta ver las cosas a medio colocar, ni sentir esa frialdad en las paredes. ¡Con el color tan bonito que elegimos! Si es necesario pediremos un préstamo, ya se lo dije el otro día, tal vez mamá quiera avalarnos. Xman debe saber que debemos practicar sexo, sé que siempre está muy cansado, pero es muy bueno para salud y me ayudará a adelgazar esos cinco kilos. 

En 2012 me iré de vacaciones con mis amigas a un hotel cinco estrellas de Cuba, me ocupo de la casa y cocino a diario, así que me invite xman, caipirinha y tíos buenos a tope, esas pieles gruesas que me enloquecen. Después, a la vuelta, disimularé diciéndole que le he echado muchísimo de menos.  

En 2012 quiero que todas las circunstancias del mundo me favorezcan, ya, lo quiero ahora, porque sí, no debo explicaciones a nadie y hago lo que me sale en gana, porque soy yo, anti yo, y tú no puedes replicarme, no te lo permito, ni a ti ni a nadie. Quiero y exijo que se cumplan todos mis deseos, los merezco, y si no también, porque lo quiero y punto, he luchado por los objetivos 2011 y he culminado el año siendo muy solidaria, me he comprado el kit de postales Unicef.

Anti yo echa en un buzón muy bonito sus postales navideñas (propósito 2011) /Arantzazu. J.M

A estas alturas ya le habrá llegado a la guarra de mi prima, apunté en mayúsculas la dirección de nuestra casa (xman y anti yo), que le quede claro que he conseguido atarlo y que vivo con él. Sus intentos de seducción no sirvieron absolutamente para nada.


21 de diciembre de 2011

Frente al mar...

Vuelves a ti. Frente al mar. Vuelves en ti. Te alejas durante algunos días, sintiéndote desestabilizada por no encontrarte dentro. Volverás a salir y, nuevamente, te descoordinarás emocionalmente. Y otra vez, soledad, tan callada y profunda que te desgarra y te alivia, es tuya, exclusivamente tuya, y así ha de serlo, pues te inclinas entre el silencio personal y social para escribir, pensar, y las ansias de relacionarte con ellos, los habitantes de este mundo, sin encontrar un equilibrio, un absurdo equilibrio para socializarte de forma constante y normal. 

Frente al mar. Brazos extendidos hacia atrás, el cabello suelto girando por el azar del viento y las gafas mojándose. Eres un obstáculo entre el rugir acuático y el mundo, aquí, delante del Kursaal, cedida a los antojos de la naturaleza. Piensas en arrojarte, qué sentirías, cómo te trataría, pero ¡qué sería de la novela!

Frente al mar, observando el agua turbia que vira por los antojos de una luna que perjudica gravemente el carácter de sus ciudadanos, vuelves y la tristeza desaparece como el miedo a luchar, hasta saciarte, luchar en la eternidad, cada día, cuando comienzas a escribir, hasta fundirte, sin necesidad de luchar por ti, por tu vida, por tus sueños, por escribir...  

Frente al mar, dejas de ser un obstáculo. Te ocurrió cuando aceptaste que la obra de un autor es su máxima autoridad, sin importar la libertad, el amor, la amistad y la vida misma...  priorizando en lo que a día de hoy no vale nada; la pasión, la obra, publicar, dar voz, llegar al lector... 

Frente al mar, te enzarzas en un mundo ficticio creado por disciplina, raíces realistas e intuición, reclamándote que fueras partícipe y tú que no, no quiero, si entro no salgo, no podré ser normal, ni hacer cosas normales, ni trabajar en un horario normal, ni salir normal, pero cedes y entras porque comprendes que no existe otra opción, y ni siquiera un mísero papel testifical. Te condenas a convertirte en la sombra de una protagonista que tiene más libertad de movimiento, pensamiento y sentimiento que tú, que te posas frente a una pantalla que se difumina en la irrealidad y desaparece en tu mente, al igual que el clima que muda a través de tu ventana, sin darte cuenta, y los minutos transcurren en el reloj apoyado más allá de la mesilla; ignorados desde una lejanía que no sabrías cuantificar.

Frente al mar de Donostia, piensas en el amor. Mandas callar esa voz, sin poder evitarlo,  porque traspasas la línea y accedes a tu mundo interior, donde tiene tanta importancia... {Pasaje omitido} Después, dejarte llevar, en el mar, sin verlo como un cúmulo de escombros sociales, cuando caminas por la calle y observas depósito físicos andantes que te brindan silencio y soledad, odiándolo, pero sin evitar tomarlos a modo de limosna; única recompensa de un grito de dolor que lanzas y no obtiene más respuesta. 

Y esas olas que giran... y golpean tus temores, como ese ente que es la vida, que discurre en función de sucesos (anti)naturales...

4 de diciembre de 2011

Y se enamoró de...

¡Una página en blanco!

Es extraño, pero cierto.
NO  nos precipitemos. Empecemos por el principio.

Nació el día x del mes x del año también x, en un lugar de praderas boscosas y ríos magníficos. Un sitio verdaderamente bonito y con mucho encanto. Tuvo la típica infancia feliz. Lo pasaba bien pero también se aburría: escuela, amigos y violín. Algo de lectura.

Cierto día (x) le preguntó a su madre si podía comprarle una página en blanco. 

- ¿En blanco?- preguntó muy extrañada. 
- Sí- afirmó la hija- ¡quiero probar nuevas aventuras! 

Al día siguiente, la madre acudió a una tienda y encargó  un fajo de páginas en blanco. Una vez las tuvo, las colocó sobre la mesilla de la habitación de la niña, imaginando qué haría con ellas: garabatear, pintar o, tal vez, apuntar fragmentos de los libros que más le gustaban... 

Hacía mucho tiempo que la niña quería probar a construir frases, aunque no tuviesen un sentido aparente. Y así lo hizo, dando paso a muchas líneas que desembocarían en párrafos y,después, en muchas  páginas escritas. En aquel proceso de acumulación de palabras, verbos, prefijos y demás enseres gramaticales, sin apenas percibirlo, la escuchó. Pensó que podría tratarse del silencio de la página en blanco, nunca ansiosa porque alguien tuviese la bondad de completarla, puesto que desprendía aquella inusual serenidad, sinónimo de no necesitar a nadie para sentirse realizada. 

Comenzó con reseñas de libros para dar paso a diarios sobre las materias dadas en clase. Cada vez que lo hacía, escuchaba aquel susurro dulce y aterciopelado, tan exquisito y lleno de vida, que cuando ya no lo oía, se sentía triste y vacía, y volvía a aburrirse, por lo que decidió no desprenderse de él. Probó a traducir los pentagramas al mundo literario y la escuchó con tanta valentía que permaneció atónita durante (x) días.

Cuanto más escribía, más fuerte sonaba aquella voz. Pensó que podría provenir de la misma página en blanco; probó diferentes formatos para comprobar si, efectivamente, cambiaba la tonalidad de la voz. No funcionó. Y sentía tal necesidad de resolver ese misterio, que ensayó todo tipo de temáticas escritas, sin importarle el sitio que se tratara; la escuela, la universidad, los viajes, paseando por la calle viendo un chicle pegado en el suelo, alzando la vista y riéndose nerviosamente cuando los árboles a punto estaban de despegar por el agitado viento... Incluso cuando conoció un nuevo mundo, repleto de amigos y enemigos; nuevas formas de pensar y perspectivas dispares de vivir. 

En contra de todo pronóstico social, cuanto más mayor se hacía, más menguaba ella para darle paso a esa voz, que con los años (x) se convirtió en su gran compañera. A veces, se enfadaba porque tenía el descaro de mostrarse tal y como era, sin tener en cuenta lo que los demás pudieran decir. Otras veces, intentaba reprimir aquel grito lúcido que pretendía expresarle al mundo sus más infinitas potencialidades, sin que, extrañamente, tuviera miedo de que la reconocieran. 

Y ella, horrorizada por si alguien descubría en qué consistía su intimidad, mientras su gran compañera le mentía y la despistaba, asegurándole que aquello que escribía solo pretendía ser cifras monetarias, que resultaría en fama y gloria ante ojos vecinos. Ilusa de ella que no fue consciente que la que nace de la página en blanco y muere en cada una de las líneas que el lector deja atrás, en vez de rendirse y sucumbir al terror de su aliada, alza su voz y grita con fuerza su nombre para que puedan identificarla como...

... la ¡poeta nostálgica! / Gasteiz. J.M



Sonrían por favor, 
la vida es bella


18 de noviembre de 2011

'La chica que NO toma café' y Daniela Attanasio

Mara vive en la Ciudad de Ensueño; un lugar amurallado donde los habitantes esperan que el mundo exterior reconozca la Declaración de Independencia que aprobaron en consulta popular hace ya tiempo. Ante la profunda crisis económica que asola el planeta, los  "ensoñados" cierran las puertas de su muralla e impiden la entrada de inmigrantes; desesperados por trabajar en la Fábrica de las Ovejas, un centro tecnológico donde se clonan animales y se mima laboralmente a los trabajadores, ofreciéndoles también buena alimentación y algunos placeres vitales. 

Mara, adolescente creativa y descendiente de inmigrantes que sí lograron acceder a Ensueño, se enamorará de un chico y comprobará cómo su actividad artística se ve truncada, dudando de lo que jamás se cuestionó cuando descubre un secreto muy bien custodiado por una sociedad que hasta ese momento, parecía idílica. 

Decepeción, desencanto, búsqueda y lucha por los propios sueños tapizan un camino que la autora siembra de poesía y humor a partes iguales.

Esta sería la hipótetica contraportada de mi novela, cuyo hipotético título es 'La chica que NO toma café'. He de agradecer las correcciones de mi profesora de escritura creativa, cuyo nombre he preferido no citar porque no tengo claro si le gusta los mundos de Internet. 

¿Qué os parece? ¿Compraríais el libro si leyeráis tal contraportada? ¿Qué os evoca?
 ¡Anímense y comenten! 

Quería hablaros también de una reflexión que he realizado sobre la segunda jornada del XXIV Encuentro de Escritoras que tuvo lugar ayer en Donostia, a la que acudí muy ilusionada y  no me decepcionó. 

Tuve la suerte de escuchar, en palabras de la poeta italiana Daniela Attanasio, cómo podría presentarse la (in)definida poesía al público, cómo es el oficio de un poeta y después, una magnífica lectura de sus últimos trabajos que me produjeron un escalofrío por la espalda. A través de la elección de fragmentos literarios de otros autores, Attanasio afirmó que "los físicos dicen que solo conocemos el cuatro por ciento del universo, denominado técnicamente como materia normal y el resto, el 96% es desconocido" para después precisar que "el artista trabaja con ese 96% que es oscuridad" como si intentase "arañarla". A lo largo de su exposición citó a una poeta norteamericana, Sylvia Plath, que se suicidó a la edad de 30 años, suceso que motivó a su marido a publicar unos diarios escritos por ella y que mostraban perfectablemente  "los estados de ansia que le provocaba la escritura",  aduciendo que "el poeta ve la realidad en una doble dimensión, rasgando esa oscuridad, la interioriza y después la expulsa".

Hace poco que he comenzado a escribir mi novela, pero cuando alguien me pregunta por curiosidad cómo se hace, yo le respondo que es como si se montara en el Dragon Can (¿se escribe así?). Jamás he acudido a esta atracción, ni falta que me hace, yo ya tengo a 'La chica que no toma café'. Attanasio explicó que "la escritura es como una montaña rusa", también "su frecuencia". Afirmación con la que también estoy de acuerdo, puesto que no solo sirve la disciplina y el esfuerzo, sino que el estado de ánimo influye de tal manera que muchas veces no se puede controlar lo que se produce, en el sentido del arte, y no el concepto de producción masiva que vivimos en nuestros tiempos.

También me gustó aquello de "depende de la persona y su capacidad para conectar el exterior con el interior", lo que se relaciona íntimamente con el estado de ánimo al que me refiero. La miré con mucha curiosidad cuando afirmó que "la poesía desestabiliza tanto al poeta como al lector porque hay que hacer un trabajo de desposeer al yo de capas sociales, culturales, de la vida cotidiana, que lo separa de los materiales de construcción que el tiempo se ha encargado de cubrir". 

Una conferencia abrumadoramente cierta. Yo estoy de buena racha, sin saber por qué, hace dos semanas que escribo sin descanso y desde que comencé la novela hace ya cuatro meses, es la primera vez que la veo avanzar. Así que aprovechemos. Escribamos y quítemonos capas sociales, desarticulemos emociones, impregnémolas en papel y mostrémoles al mundo cómo funcionan en verdad las cosas, las costumbres, si es libertad o no, si tan solo es seguridad, si nos hemos acomodado o tenemos miedo.  Pero escribamos en la esencia de los objetos, los estados y los seres, en esa oscuridad que muchos, aunque no seamos poetas, sino simples personas, intentamos rasgar.

¡Incluso un jardín despeinado puede resultar bello!/Garagartza. J.M

"Triste es la vida que solo ve, oye y siente los objetos simples"
Leopardi. "Infinito"

6 de noviembre de 2011

La sonoridad de la lluvia y del viento


Imagínese el lector que Gipuzkoa se convierte en la Venecia de Euskadi. ¡Calles rebosantes de agua! ¡Personas que podrían disfrutar de una vida doméstica por la imposibilidad de ir a sus trabajos! ¡Pérdidas millonarias! ¡La txalupa como medio de transporte principal! ¡El pescado, plato fuerte de un menú en el que se degustarían algas y cosas por el estilo! ¡Y ella, nadando por laberintos acuático-guipuzcoanos; introducir la cabeza en el líquido y permanecer inmóvil durante al menos cincuenta segundos!

"Escucho a mojado", piensa mientras teclea en busca de conceptos que describan la tonalidad sonora de la lluvia. Un ritmo acústico rápido, constante y cíclico, como si se tratara de la batería de un grupo. Muy intenso al principio para después relajarse. El proceso se produce sin apenas advertirlo y debe ser escuchado con mucha atención. Las cañerías trabajan durante todo el fin de semana. Trasladan el agua de un lado a otro con sonoridad hueca. Un sonido hueco, aunque más agresivo, que también se escucha cuando la lluvia golpea la tela del paraguas mediocre que sujetaba ayer, en un intento de apuntar en el cuadernillo de turno una frase escrita en una pared cualquiera de una calle cualquiera. Extrañamente, es consciente, al continuar tecleando, de que el choque fortuito de los cubitos de hielo con la mezcla de líquidos del cubata anula completamente la sonoridad acústica de los sábados nocturnos y los transeúntes ni siquiera son conscientes de que se mojan. 

El agua ladea desde arriba. Las farolas de la calle permiten vislumbrar ese conjunto de rayitas fugaces, casi invisibles, que se deslizan en masa y humedecen el asfalto. Hoy no acompaña el viento. "Menos mal", piensa. En los últimos días ha soplado muy fuerte. Siempre que ocurre, desmiente con sentido común lo que el profesor de osquestra relataba: músicos a los que, supuestamente, el viento arrebata su alma porque siente celos de que alguien produzca un sonido más bonito que el propio. Por eso, cuando se toca un instrumento y el viento emite su señal, es conveniente parar. Ese sonido del viento que se introduce por los oídos y somete a las ramas de los árboles, que se apodera de macetas mal colocadas en balcones insensatos, se vuelve amo de paraguas mediocres que intentan resguardar y de melenas que no pueden acomodarse sobre los hombros de sus dueños.


¡En la Venecia de Euskadi veríamos muchas ranas! / Urkulu. J.M

21 de octubre de 2011

#AgurETA

Alrededores de Besaide/ J.M

"Solo un pueblo organizado puede conseguir los objetivos por los que lucha". Esta sería la traducción de la frase que puede leerse en la imagen que capté hace aproximadamente dos años durante una excursión a Besaide, un monte situado en los alrededores de Mondragón, cuando el escenario político vasco nada tenía que ver con el último acontecimiento relevante: ETA anuncia el cese definitivo de la lucha armada.  

En cuanto me enteré, sucesión de recuerdos: 

Me acordé de mis compañeros de la sección 'política' del Diario Vasco, grandes profesionales que, seguro, habrán trabajado muy duro a lo largo de estos día. En especial, del periodista que ha contribuido a la paz en la cobertura del terrorismo.

Me recordé discutiendo en un bar de mala muerte de Mondragón con una persona, de ideología dispare a la mía, aún cuando él decía ser de izquierdas, a la que le reproché pertenecer a una categoría de personas que yo considero son coaccionadores de este pueblo y responsables de la actual división social. Me preguntó que había hecho yo por mi patria y respondí qué clase de patria es aquella que exige a la ciudadanía defenderla y por qué debía de asumir tal responsabilidad. Debí de caerle bien, sin explicarme cómo. Desde entonces me pregunta qué tal marcha mi blog y mi activismo político, a lo que le respondo que ahora escribo una novela que estoy segura ansiará leer.

Recordé también el momento en el que decidí volver a Mondragón para aportar mi granito de arena a una reconciliación social, convenciéndome a diario de que mi estancia es provisional. Y es que mi novela no tiene otra finalidad que mostrar el sufrimiento de una parte de la población de este pueblo que ha sufrido discriminación y opresión por aquellos que, paradójicamente, reivindicaban el final de la opresión a los que se le sometía. 

Aquel acto de conmemoración que cubrí en honor a la memoria del empresario Korta, cuando escuché el recitar de un poema precioso en los labios de Harkaitz Cano. Sentí tristeza cuando vi aquellos familiares llenos de valentía y honor. Al igual que pensé que el mundo se había vuelto loco cuando vi a Zapatero y Rajoy pasear por las calles de Mondragón por el repugnante asesinato de Isaías Carrasco.

Y viajé mentalmente a aquellos años en los que aún tocaba el violín, cuando era pequeñita y vivía en Mondragón, ensayos de orquestra los viernes a la noche, a los que no podía acudir porque mis padres trabajaban y las alteraciones del orden público, a causa de las manifestaciones semanales, impedían que pudiese ir yo sola a la academia de música. 

También me vino a la cabeza el miedo que sentía por la posibilidad de que expulsaran a mi madre de Euskadi por ser gallega, cuando circulaban estúpidos rumores sobre la expulsión de los que no fueran vascos. Y al mismo tiempo, cantar una canción que, después, de adulta, comprobé era proetarra y decía: Itziarren semeak hori du mutila, inor salatu baino nahiago du hila... (El hijo de Itziar sí que es un hombre, antes de chivarse prefiere la muerte...)

Y ¿cómo borrar ese sufrimiento de las víctimas y de una sociedad seriamente golpeada por el terrorismo? No lo sé. He escuchado todo tipo de críticas al comunicado de ETA: la necesidad de una disolución, perdón a las víctimas, dejar todas las armas... y yo, como ciudadana, creo que todo vendrá porque el comunicado es una gran noticia. Es la paz, un estado que más allá de la ausencia de violencia y estoy convencida de que éste es el punto de partida para lograrla.