Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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5 de septiembre de 2012

Pasión turca


Las nubes en dirección a Plovdiv/London. J.M

Me apasiona el instante en el que miro a través de la ventanilla y observo la ala del avión. El mismo instante en el que el vehículo está posicionado en la pista de aterrizaje, tras largas esperas en salas impersonales y controles aleatorios de azafatas antipáticas. Apoyas la espalda sobre el respaldo del asiento, tu compañera de aventuras cierra sus ojos y te aprieta la mano, siente algo de miedo, pero tú estás tranquila, vuelves a mirar por la ventanilla y te sientes parte de este preciso instante en el que el avión propulsa toda su fuerza y se impulsa hacia el cielo. Se trata del riesgo de abandonar tierra firme y perderte entre las nubes, verlas pasar y dejarte... simplemente dejarte. 

Viajamos para sentirnos con nosotros mismos, pienso yo, en vez de conectarnos con los demás. Viajamos para dejar de pensar y pasar a sentir. 
Olvidar lo que somos en nuestros lugares de residencia. 
Viajamos para alejarnos de nosotros mismos en nuestras identidades laborales
como si no fuéramos algo más que oficios enclaustrados en reglas sociales absurdas. 
Viajamos para ver, ver la vida pasar, sentarte a tomar un té en la calle, preocuparte únicamente de cuál será el siguiente punto que visites, hablar con las personas, aunque sea en modo mono por la imposibilidad parcial de comunicación estándar.

He conseguido el objetivo número uno de mis vacaciones: desconexión laboral absoluta. No he echado de menos escribir, ni siquiera te he echado de menos a ti. Me he dedicado a pasear por las calles de Plovdiv (Bulgaria) con sus resquicios comunistas, plagadas de máquinas de café, como si no hubieran establecimientos donde tomar una taza de café, a través de su casco antiguo, turísticamente masificado y algo descuidado.

Me encanta la escritura/ J.M

Casco antiguo de Plovdiv/ Paseos. J.M


Tras ocho horas de bus nocturno desde Plovdiv, paseé junto a mi compañera de aventuras por las calles de Istanbul. La ciudad de la efervescencia, decía ella. Y yo simplemente me reía. Porque me he reído muchísimo con un egipcio al que conocí, con un canadiense happy flower que debería limitar su confianza en la humanidad y que no hacía más que repetir aquello de "i am so sorry". Cuando se viaja con siete kilos a la espalda y hostales internacionales, se conocen muchas personas.

Me impactó de la ciudad esa mezcla de gentes y cultura, su movimiento comercial, su vicio por los mercadillos y los bazares, la gastronomía...  Admiro de los turcos su capacidad para ver la vida pasar. Se apoyan en sus asientos diminutos a las puertas de sus comercios, se toman un té, después otro y otro, mientras charlan unos con otros. En España y en Europa a veces se tiene la sensación de que se vive demasiado rápido, "tengo 26 años y no sé qué hacer con mi vida", "tengo 26 años y aun no la he vivido", "tengo 26 años y estoy obsesionada por todo lo que no he conseguido". Nuestra vida es tan estrepitosa que sentados en un banco a observarla, apenas tendríamos tiempo para desarticular sus escenas, sus protagonistas y sus colores. 

Me gusta la pintada junto a la mezquita/ Istanbul. J.M

Una ciudad preciosa / J.M
La costumbre de los mercadillos / J.M
Se percibe en Estambul una especie de movimiento en explosión, cuyo epicentro parece ser el barrio de Taksim, situado en lo alto de la ciudad y donde las pintadas en sus paredes, las cervezas en las terrazas, las modas textiles y sus ciudadanos para arriba y para abajo, te inducen a olvidar a momentos, que más bajo, en la otra parte de la ciudad, al(l)á donde se sitúan la Mezquita Azul, Santa Sofía y el gran palacio con vistas al Bósforo, las personas que caminan, se sientan y ven la vida pasar son más tradicionales, no beben cerveza, las mujeres visten velos y abrigos, algunas incluso el nihab. 

El abrigo de ellas es uno de los aspectos que más nos llamaron la atención. Independientemente de la cuestión del velo, al que estamos parcialmente acostumbradas en España, el abrigo no lo comprendemos muy bien. Muchas de ellas, lo visten encima de más ropa, por lo que acumulan muchas capas a una temperatura de 40 grados. Recuerdo estar en un baño público (gran parte de la vida se desarrolla en la calle y existen muchos baños) y entró una mujer completamente tapada. Se desvistió, sudaba muchísimo y pareció aliviarse con unos minutos de desquite textil. Estuve a punto de preguntarle qué se siente cuando se porta tanta ropa, cuál su sentido, si ella lo eligió, pero no me atreví. A veces creo que los occidentales nos paseamos por el mundo con nuestra óptica de modelo democrático a seguir, y después, resulta que vivimos a expensas de mercados invisibles. 

 Respecto de los turcos dedujimos el concepto de "mantenimiento de la mirada". En un principio hace gracia que te miren constantemente, al tercer día molesta. En general son chicos muy guapos, morenos, altos y  mirada muy intensa.

Encontré una galería de libros preciosa/ J.M

Ciudadanos para arriba y para abajo/ J.M
Tras Estambul, 12 horas de autobús nocturno, nos dirigimos a Marmaris, situado al sur oeste de Turquía. Allí vive un amigo mío turco al que tuve la suerte de conocer en Alemania y al que le tengo muchísimo cariño. Marmaris es una urbe turca al estilo de Salou, situada a las orillas de un mar sereno y precioso, pero con un casco antiguo que reluce más por las luces de neón de sus discotecas, bares y restaurantes dirigidos a ingleses, rusos, ucranianos... que por su muralla y la esencia de su historia. Sí se percibe un cambio de mentalidad respecto de Estambul, las personas visten ropas más ligeras, se bebe cerveza y la figura de Atatürk es un icono que se cuida mucho.

Allí tuvimos la suerte de ser acogidas por músicos turcos que nos han tratado como sultanas. Personas muy amables, simpáticas y divertidas. Les hacía mucha gracia nuestro impacto por su incensante actividad de beber té y comer dürüms. En una de las primeras conversaciones que mantuvimos, uno de ellos nos contaba el conflicto político que mantiene el país con los curdos, describiéndolo como una minoría que comete "actos terroristas". He leído poco sobre este conflicto, así que no puedo emitir opinión. Le comenté el problema que teníamos en España, el proceso de paz que se (des)vive ahora en Euskadi, mi implicación en él a través de mi novela y mi trabajo... Me quedé sorprendida cuando me preguntó cómo podían existir conflictos así en la Unión Europea, qué más podíamos pedir.

En ese instante se es consciente de la suerte que tenemos de pertenecer a la Unión Europea. Músicos que han sido presionados por la familia y la sociedad para que estudiaran economía en la Universidad. Ansían viajar, salir, venir a España para escuchar flamenco, conocer a otras personas, ver otros modelos de mujer... pero tienen muchísimos problemas para solicitar un visado. Mi amigo ha vivido dos años en Alemania, habla alemán y su sueño es crear una bar de música allí, pero el Estado le deniega el visado y él se queja, pero es optimista y dice que algún día se lo darán. 

A veces ocurre que imprevisiblemente las cosas cambian. Tras mucho tiempo de constancia laboral, cuando tu vida se reduce a trabajar y las circunstancias no favorecen, vives entumecida en el miedo a fracasar, tecleas en dirección adecuada pero sin un sentido claro y además ocurren cosas desagradables con personas varias. Pero de repente aparece alguien. Es muy diferente a ti, y algo te une a él, no hablas de trabajo, apenas podéis hablar, pero consigues susurrarle quién eres, qué haces con tu vida y os reís de las diferencias entre ambas. Resulta extraño, dada la importancia de las palabras en tu vida, porque con esa persona no son necesarias, sino que miras sus ojos verdes, sonríes y día tras días se constituye una única razón, que ciertamente roza la sinrazón, pero que acalla las razones ajenas que te dicen que no existe y que se desvanecerá. Te aferras a ella, como cuando decidiste escribir una novela y todos creían que estabas loca.

Después pasas por Grecia y Alemania, pero continúas en aquel mar, en aquellos ojos verdes, en su pelo moreno, vuelves y escribes este post que trata sobre la libertad de las personas, sobre la visibilidad de vivir la vida, de verla pasar y disfrutarla, de la injusticia que a veces comporta ver a personas que no pueden salir de su Estado, sobre la necesidad de viajar con compañeras de aventuras que te incitan a seguir creyendo en la humanidad, sobre lo precioso de otras culturas, aun cuando no compartas la mezcla con religiones, el respeto por ellos, la curiosidad por hablar con ellas. Escribes. Y vuelves hacerlo, después de mucho tiempo de tecleo rutinario, con pasión. Y no sé si aquellos ojos verdes o estas palabras son la verdadera pasión turca.

27 de julio de 2012

Cuando escribo pensando en ti

A veces me ocurre que escribo pensando en ti.
Otras veces, no te hago caso y escribo pensando en mí.
Pero hoy, he vuelto a pensar en ti.
Y pensando en ti, pienso en mí.  

El otro día me ocurrió.

Quedé con una persona experta en marketing para definir las líneas de la web que lanzo en septiembre. Reflexiones Digitales abandona su formato actual, éste que ves ahora, y se amplía en formato web para ti; quiero crear un sitio en el que puedas participar; un lugar digital al que puedas acudir para leer con tranquilidad, sentir el significado de las letras y decidir si te dejas (o no) atrapar por ellas.

En Re(a)D todos los cajones están abiertos para ti/ Bolivia. J.M

La persona experta en marketing me preguntó cuál era mi público objetivo. Me quedé callada, no supe qué responder; pensé en ti. A veces, eres indeterminado, en realidad, bastante invisible en lo que a nombre, apellido, datos personales... se refiere. Le respondí qué era eso de público objetivo y me contestó que es el término que engloba a las personas que me leen. Supe decir: "las personas de mi entorno y algún que otro que accedería por puro azar". Las estadísticas del blog muestran que me leen en muchas partes del mundo, sobre todo, Estados Unidos, pero no sé hasta qué punto son fiables.

He tardado en aceptar que el mundo funciona a base de economía, producción animada y datos financieros. Me cuesta pensar en términos económicos; ingresos en cuentas corrientes y dependencia respecto de números absurdos. No creo en ellos ni en el ambiente en el que se mueven. A mí me gustaría vivir de las letras, los viajes y las margaritas, pero estoy lejos de eso. He tardado en aceptar que no vivo de la literatura ni del periodismo, sino del alemán. Y tal vez, jamás lo haga. Recuerdo una conversación con un pintor, me decía que seguiría intentándolo, pero que habría que cubrirse las espaldas con otras opciones por si no era posible aunar pasión y oficio.

Me molestó que la persona experta en markéting me preguntara por ti como si de la cifra de un euro fueras; un número computable en una estadística absurda, como si no tuvieras gustos, deseos y sueños. Lo único que pude responder era "el ciudadano a pie de calle", con el que a mí me gusta mezclarme, estar a su lado, que me cuente sus historias para después poder transmitirlas. No me interesan ni las personas que se relacionan con el poder, ni las mitificadas; tiendo a alejarme.

Aunque no sepa tu nombre, tu apellido, ni dónde has nacido, ni qué idiomas hablas, ni qué has estudiado o a qué te dedicas, te tengo mucho respeto porque creo en tu inteligencia, en tu capacidad para mirar más allá y no conformarte. Creo en ti, al igual que creo en mí y en mi trabajo. Por eso mismo, lanzo la web, aunque existan miles de razones para no hacerlo: el miedo a fracasar, la crisis, la competencia de otros, el estrés, demasiado trabajo, una mente que vira y vira sin cumplir las planificaciones laborales, falta de financiación....

Una sola razón para hacerlo: ambos (tú y yo).

Desgranando el concepto de público objetivo


Pienso en dónde ejerceras la fuerza que a ti te corresponde; si leerás en la cocina, en la sala, en tu habitación, en un bar cuando esperas la llegada de algún amig@.

Pienso en tu sexo, me refiero a si eres chica o chico. También leí, en el ámbito del markéting, que no es lo mismo escribir para un chico que para una chica. Y yo pensé qué diferencia podría establecerse si se escribe de corazón a corazón; consiguiendo llegar hasta ti.

Te imagino en una edad comprendida entre los 23-33 años, el pelo despeinado, un pijama que no es pijama sino ropa vieja usada en modo nocturno por pena a tirarla a la basura y zapatillas de casa. El vestuario cambia sustancialmente si te encuentras en el bar.

Pienso en qué sentirás, si te provocaré (es una manía), alguna sensación; una mísera sonrisa o tal vez lágrimas que surcan tus mejillas, si te he incitado a pensar, a desarrollar tu imaginación o si te he arrastrado a las oscuridades que muchas veces envuelven mis artículos.

Me gustaría saber por qué acudes aquí. Seguramente, existan mejores blogs que éste, allí se hablará mejor y de más cosas, más actualizados, menos idealistas; primas de riesgo, crisis financieras...

A veces se producen paradojas inexplicables/ Galicia. J.M

Tengo que admitir que en ocasiones me he enfadado contigo. Muchas veces me he sentido abandonada; esperaba un algo de ti, una respuesta, una lucecita que me indicara que sigues existiendo. Te pido perdón; tardé en aceptar que tú también eres libre. La libertad es un concepto complicado, me gustaría que formara parte de mi vida, siempre ha marcado mis pasos en un intento desesperado de atraparla. Es una lucha que desarrollaré a lo largo de toda mi obra. También he tardado en aceptarlo.

Paradójicamente, me costó aceptar que puedes venir cuando quieras, irte cuando te plazca, no me debes nada, puedes participar o no hacerlo, puedes criticarme, evaluarme, hacerme ver, hacerme pensar con tu silencio o tu participación. Eres libre. Más libre que yo. En eso te envidio.

También me gustaría que me dijeras cómo crees que podría mejorarse este lugar, qué esperas leer en Reflexiones Digitales ampliado, cómo lo visualizas, qué temas te gustaría que se trataran, cómo querrías llegar a mí, si es que quieres. 

Te imagino sonriendo. Eso siempre. No sé por qué. La misma sonrisa que las flores dibujan cuando la primavera luce en el cielo; ellas se abren al mundo y despiden ese olor brillante, inusualmente bello y fácilmente reconocible.

Creo que así hueles tú; a ganas de...
a humildad
a alegría
a tristeza también
a los sabores de la vida
a la aventura de vivirla

o por lo menos,
yo te imagino así,
si no
no estarías aquí.

23 de julio de 2012

Mochilas mochileras

Escrito bajo el mandato de hacerlo lo peor posible
Modo de producción: 
Fase 1: primera versión corregida. 
He eliminado los dos primeros párrafos y los he congestionado en una frase. 
Digital; no resultar pesada.  
Fase 2: segunda versión corregida. 
Corrijo incluso el modo de producción del nuevo mandato instaurado en RD. 
Abrevio al máximo las frases. Evito repeticiones. 
Final reconstruido tres veces.
Fase 3: tercera versión corregida. 
Me fumo un cigarro y me olvido de lo que puedas pensar.
 
Amaneceres en el mundo / Túnez. Ana Santamaría

He encontrado mi mochila mochilera definitiva. Su viaje de inauguración es inminente: Bulgaria, Turquía, Grecia y Alemania. En ella irá mi libro de viajes definitivo, hasta que las páginas lleguen a su fin, como ha ocurrido con mi nuevo pasaporte, sin los sellos de viajes pasados, me apena los de Túnez y Bolivia, y mi cuaderno de reflexiones en papel.

Mi mochila mochilera definitiva es pequeña: 40 L. Algunas personas me han preguntado qué voy a meter en ella para sobrevivir a los 16 días de mochileo. Pienso: cinco bragas, un biquini, ambos cuadernos, la cámara, un par de pantalones, tres camisetas y un vestido para salir de fiesta, aparte de enseres para baño y un mini botiquín. Ah y una guía de viajes. Una guía por país, aunque después no le haga caso.

Mi (inminente) compañera de aventuras y yo la vimos. Es idónea, de color negra y roja, como la primera plantilla de photo stencil que he creado. Tiene cremalleras por aquí y por allá (serán necesarios dos candados) y un buen agarre en la espalda (evitar lumbagos innecesarios).

Recuerdo la mochila de la escuela. Aquel cúmulo horroroso de libros a la memorieta, hasta que aparecieron las mochilas con ruedas, y entonces te convertías en una pringada por funcionar a lo antiguo: llevar a cuestas todo el material. Tal y como ocurre ahora con las gafas de pasta.

Las mochilas guays son las que sirven para viajar. Sin comprender por qué se cuantifican en litros: 40 L, 70L... Su uso es variado: 

1. Algunos quieren conocer costas soleadas y se equipan con mochilas mochileras definitivas compradas para tal efecto; tres bragas y dos pares de calcetines, y una guía de viajes que pesa más que el resto de los elementos, y pensando que no tienen que facturar, se relajan y pierden el vuelo. 

2. Otros viajan con una mochila de portátil; cuatro calzoncillos colocados en un lateral y muchas ganas de llegar al lugar de destino. 

3. A veces se viaja con tan poco dinero que no puede destinarse mucha cantidad a la mochila mochilera definitiva, y por eso existen las pasajeras, cuya descomposición avanza a medida que lo hacen los días de viaje. Un día se cae un bolsillo, al día siguiente se estropea la cremallera general. 

Cada persona una mochila invisible /Barcelona. J.M

Las mejores o las peores mochilas son las que no se ven, tampoco se huelen ni se palpan. Aunque algunas personas sí pueden verlas, olerlas y sentirlas, en especial, cuando se abraza a una persona muy querida y se percibe un bulto molesto en su espalda. El simple hecho de percibirla ayuda a disiminuir su peso. Puede verse a lo lejos cuando los portadores caminan encorvados como si llevaran consigo todo el peso del mundo o sentándose lo hacen en la extremidad por miedo a sentir el respaldo en su totalidad.

Son las mochilas invisibles. Pueden (o no) acompañar a las verdaderas mochilas mochileras definitivas. Pocos admiten llevarlas a sus espaldas, aunque todos, en mayor o menor medida, lo hagamos. Su labor es especialmente dificultosa; llenas de piedras, espinas, zarzas que pinchan y a veces, incluso de agua, también invisible, pero putrefacta, esa sí que huele, resultado de haber estado sumergido durante mucho tiempo en otra variante de agua (uno no se ahoga por sumergirse en el agua, sino por permanecer mucho tiempo sumergido en ella).

Las mochilas invisibles son peculiares. Pueden ser buenas y malas. Se adquieren sin uso de razón, cuando apenas sabemos nuestro nombre, pesan tanto y producen mucho dolor, las paletillas se cansan y las rodillas necesitan reposo. Aunque yo pienso que a veces son buenas, en especial, cuando se vuelven visibles y permiten comprobar su peso, se cuantifica entonces cuál es el cansancio de portarla y descubrimos que existen lugares mágicos donde palparlas, describirlas y abrirlas, mirar dentro, analizar cada detalle y sacar cada uno de los elementos con sumo cuidado, aunque el proceso pueda resultar doloroso, pues exige recortar aquí y reconstruir allá.

La (in)dignidad de la asociación de espaldas que gestiona mal el peso de mochilas invisibles /Barcelona. J.M
No solo las personas portan mochilas invisibles. También lo hacen los países. Algunos fabrican a escondidas sacos y sacos de mochilas invisibles, el denominado tráfico de mochilas invisibles, que después actúan como bombas entre los verdaderos fabricantes de las cosas bonitas del país al que pertenecen, porque los que las han llenado de piedras gigantescas, feas y pesadas, no han gestionado bien la asociación de espaldas que merece ser castigada y ésta sí es mala.



Conclusión: Paradójicamente, tengo que perfeccionar lo de hacerlo lo peor posible.

4 de julio de 2012

Y tu verano ¿cómo suena?

La época de las faldas sin medias, las camisetas de colores y los colgantes alegres; los pies bailan descalzos, contentos de liberarse de calcetines y botas de invierno, a excepción de esa extraña moda que combina calzado pesado con 40 grados de temperatura; la piel blanquita y suave se broncea; los cabellos se aclaran; los pechos lucen sabrosos y los ojos han de protegerse con gafas especiales que concuerdan con la ligereza de ropa que incita a excitación y ganas de pasarlo bien.  

 ¡El verano! Sabe tan a dulce...
Huele tan a saludable...
La brisa marea las flores, 
aviva las ganas de acudir a las orillas acuáticas 
y acentúa el terraceo.
¡Es el verano! y se palpa tan bien...
 los nervios se apaciguan, 
las ojeras desaparecen y las alegrías aumentan. 

Pero ¿cuál es su sonido? 
¿Qué conjunto de melodías lo caracterizan? 
¿Lo identificamos con los ojos cerrados y las narices entaponadas?

La oscuridad de los edificios impacta con la claridad del cielo/ Allariz. J.M

Sonidos veraniegos 

Suspiros debidos al calor fulminante o al calor que no llega. Sandalias que teclean sobre los asfaltos calientes. Pieles calurosas que intentan aliviarse con gotas de sudor desde todos los rincones del cuerpo. La onometapeya que se produce cuando se bebe con pasión de una botella de agua fresca.

El silencio, cuando te tumbas en una toalla sobre la arena. A lo lejos se escuchan las olas, su constante es invariable; un sonido hermoso y vibrante, natural, de la tierra, refresca en su propia esencia y peligra si no se hace un uso adecuado de él. Te tumbas en la toalla boca abajo, después de haber escuchado el sonido de la crema solar, otra onomatopeya que contiene un olor usual; a líquido protector y esencia. 

Los rayos del sol bañan tu piel, las personas hablan a tu alrededor, algunos niños gritan y juegan... 
El sonido más desagradable es el que producen los miles de granitos de arena que se incrustran en tu cuerpo, 
     después,
        el sonido del agua dulce de la ducha,
          fluido y corporal,
          barre aquel y concluye en el sonido más bonito del mundo;
el de la relajación,
la tranquilidad
y las ganas de dormir.

El sonido blanco envuelve/ Asturias. J.M


El sol calienta cada rincón/ Asturias. J.M

Algunas personas no pueden escuchar el sonido de la playa porque necesitan aquel que se produce cuando la cuenta corriente contiene un (buen) cúmulo de euros. También representa el sonido de la tranquilidad, generalmente precedido del de la preocupación por ser contratados. Los euros son invisibles en ella, ella misma es inodora, pero extrañamente producen en nosotros un sonido feliz, cierto que también necesario (he cedido en este asunto).

Me encanta el sonido de las que son mis compañeras de aventuras. Nos perdemos por el mundo, conocemos a otras personas, nuevas culturas, hablamos en otros idiomas, aunque a veces es necesario producir sonidos con las manos para hacernos entender. 

¡Qué bien suena la inspiración y la libertad! 
El de la desconexión y no mirar atrás, 
sino hacerlo hacia delante con optimismo y pasión. 

El no-sonido que más me gusta es darnos un tiempo, descansar, juntarnos en una terraza, en la playa, en el río, en la piscina, en el porche de una casa y hablar, hablar, contar chistes, historias... reírse mucho, prepararse para salir, bailar, disfrutar, no recordar las preocupaciones diarias, participar en las fiestas de los pueblos, escuchar la risa de aquella amiga que no vemos en todo el año, contagiarnos por ella, producir un estallido de carcajadas que acongoje al pueblo, la playa, el río... entero, los dejaremos a todos mudos ante nuestra alegría desbordante de estar todos juntos en verano.

Explosiones de sonidos vibrantes que nos permitan identificarnos como lo que somos: personas. Explosiones de brindis, de sonrisas, de lágrimas de risas...
Explosiones emocionales en alza.
Explosiones sexuales.
Explosiones del sentir...


14 de junio de 2012

Oficios

Existen oficios caros y baratos, otros de ricos y para pobres. Aquí van algunos humildes. Son los mejores. Los más honrados, los que conocen de verdad la vida. O esa, es al menos mi impresión / Túnez. Ana Sntamaría


Conozco a una persona que regenta un garaje de coche. Se trata de un empresario que trabaja tanto como su empleado: introduce las manos entre los cacharros internos del auto, cambia el aceite, repara las bujías, lija y pinta los aceros. Pacientemente, soporta la melancolía de los clientes ante presupuestos, según ellos, inalcanzables y ¡las luchas interminables con seguros y peritos! Se ríe mucho con anécdotas graciosas, cuando le cuentan que su hijo cogió el coche sin permiso y lo estrelló… Le gusta trabajar con libertad; tomar sus propias decisiones, invertir en nueva maquinaria y asumir riesgos. 

Conozco a otra persona que desde hace 30 años trabaja entre máquinas. Una vida laboral automatizada y rutinaria, aunque segura; mismo tornillo en el mismo sitio, mismo ejercicio durante las mismas ocho horas diarias. Días después de que le cambiaran de puesto, le pregunté para qué servía introducir esos hilillos metálicos en agujeros pequeñitos (reproduce el movimiento arqueando los brazos, anexa los labios y suena fiss fiss fiss como si gesticulara movimiento). 

No supo contestarme porque bastante tenía con cumplir los índices de productividad. Lo bueno del nuevo puesto, aunque no sepa muy bien para qué funciona,  es que ya no sufre dolores en todo el cuerpo. La imagino sentada en una butaca, una sala relativamente pequeña y de techos bajos.

Conozco a otra persona que trabajó como cajera en un gran supermercado. En uno de esos puestos que conectan con un gran tubo que usurpa con extremada rapidez la cantida x de dinero contenida en un bote de plástico (me fascina ese gran tubo). No se llevaba muy bien con las compañeras, la empresa no le dejaba comer la comida que presentaba algún desperfecto en el envase y presenciaba muchas anécdotas. Por ejemplo: un chico a punto de pegarse con otro porque decía que aquel le estaba mirando las tetas a su novia, y ella intentando concentrarse en seguir cobrando los productos. 
 
Conozco a otra persona que embellece cabellos ajenos. Habla con sus clientes, recuerda cada uno de sus nombres e intercambia sucesos personales. Por ejemplo: en un viaje con sus amigas, le roban el DNI antes de coger el vuelo, después vuelven a robarle en la ciudad de destino, a la vuelta el avión apenas puede aterrizar y, en sus palabras, cuando las azafatas dicen aquello de "rozamos los límites de la peligrosidad", comienza a asustarse. Una de sus amigas, histérica, se agarra a la calva de un pobre hombre, también histérico, sentado enfrente de ella. Y ella, la de los cabellos ajenos, insistiéndole en que dejara al pobre hombre. Le gusta su trabajo,pero se le cansan las piernas porque apenas tiene tiempo para sentarse. 




Conozco a otra persona que sueña con vivir de margaritas, también le gustaría poder reproducir el olor de las flores de la entrada de su casa, para regalártelo a ti. Es un olor especial, dulce y sabroso, me imagino que como tú. Ha nacido para encontrar el mejor helado de limón del mundo. Por eso quiere conocer tantos lugares, probar cada uno de ellos y apuntarlos. 

Los de los oficios humildes creen que existen otros oficios que solo sirven para llevarse el dinero de los demás, engañándolos y decepcionándolos

También están:

Árbitro de mares
Constructores de continentes
Peluquero de gambas
Conductor de hormigas
Tapicero de rascacielos 
Soldador de almas (un oficio muy duro)
Servidor de ilusión a domicilio 
Por último, el encargado de la depuradora de las palabras hirientes. 


¿Y tú? ¿a qué te dedicas? 
Es lo primero que se pregunta ¿no?

7 de junio de 2012

Estancias

Con la colaboración de Laura Seoane* 
Textos y fotos J.M/ L.S

¡Fragmentar tu pensamiento, atraer tu atención y obligarte a participar en él! 
¡Anímate! ¡La vida son cuatro días y hay que divertirse! 

Instrucciones: El objetivo de este juego consiste en marear al lector. Un primer texto expone determinados hechos (bastante insensatos). En él y a partir de él, el lector debe descubrir los dos textos restantes, cada uno de ellos le mostrará un desenlace diferente de los hechos, así como imágenes que aportan datos a la narración. Las autoras de este ejercicio le regalamos el final.

¡Juguemos! 

9 de mayo de 2012

Inmersión

Te sumerges...
Hacia abajo,
     las oscuridades sobre las que escribes...

En el último mes viajaste, comenzaste otros artículos para distraer a la mente, te dedicaste a colaboraciones y recitales. Pretendías postergar. La vuelta es inevitable; perteneces a la franja de oscuridad que tu obra describe.

Diez minutos antes de sentarte frente a la pantalla, no te sientes inspirada. Mágicamente, el teclear resuena en ti, últimamente, es lo único que resuena, aunque también se desvanece, llegado cierto momento de la escritura, sin saber cómo, deshaces su escucha.

Te sumerges...
Re-ocurre.
Te levantas a la mañana: escritura automática, lectura, documentación y fase revisión. Suspiras: en un par de semanas no sentiré el abismo consustancial de no saber hacia dónde continuar. Empiezas a corregir, dejas de corregir, y te extiendes... más allá, pero anclada aquí. La escena demanda, el personaje habla por sí solo y el ritmo adquiere cierta destreza. 

Una hora después, la nicotina llama. A ella acudes. Dos minutos después, vuelta a la pantalla.

Transcurrido x tiempo, ya no percibes, ni siquiera la nicotina, te sumerges en el mundo que has creado, varía sin que tú puedas controlarlo, te gusta y te disguta, es incontrolable, te gusta y te disgusta, te arrimas al personaje, siempre sin que te vea, como si testificaras lo que sucede, observando cada uno de sus movimientos; qué hace, cómo se comporta, de qué habla, qué piensa y qué siente.

Repentinamente, alguien te llama.
Alzas la vista; han transcurrido dos horas y media.
Ni siquiera veías la pantalla del portátil, escribías a través de ella, como si en ella te integrases.
Te fuiste... allá,
      más allá del fin del mundo,
       allá está escrita tu novela,
       allá te espera,
       a la espera de que descifres y comprendas. 

Miras la pared de tu estudio ¡Bendita costumbre de empapelarla! Un mapa malamente dibujado, una fotografía antigua, la escena argumental y una veintena de post-is: "una persona no habla con plena sinceridad consigo misma", "no es un libro de historia, es una ficción" (en mayúsculas), "temas centrales de la novela"...

Una mañana de trabajo y vuelves. En realidad  vuelves a ella, a sentirla, siempre ronda a tu alrededor, a veces la evitas, sales por ahí, conoces a no sé quién... Es gozosa y cruel. No es amable, aunque en cierta manera envuelve. A veces es pesadamente insoportable, pero la añoras si no la sientes.

Las líneas...
La autocensura emerge...
La valentía desiste a momentos...
Nadie guía...
Ella es quien guía ¡compréndelo! 
Pocos la escuchan...
Pocos le hablan...
Mejor callar,
en vez de hablar y después, deshacer
Unos la huelen
y otros no la ven.




Nicotina prohibida más allá/ Jaca. J.M 


Expresar emociones, no está de moda
Ser transparente, no está de moda

¿Acaso te refieres a ella? 



30 de abril de 2012

Kolesnikov, la Seguridad Social y el Trabajador

Posiciona su violín debajo de la barbilla para comenzar a tocar. Relajadamente erguido, sutil firmeza. Sentado junto al resto de los componentes del cuarteto Ekimende, intuyo que es un maestro del violín. Aire refinado, sin resultar ostentoso, toca sin almohadilla y despierta humildad elegante. Su instrucción en violín debió ser muy dura. Parece del este de Europa: cabello rubio y ojos azules, piel blanquita y delgado. 

Desliza el arco sobre las cuerdas del violín; de dos en dos, movimientos varios, impulsándolo con fuerza y pasión cuando la partitura lo requiere. La posición de su brazo derecho es perfecta: codo bajo, muñeca un tanto desplegada hacia arriba, de forma que el brazo se mueva en su totalidad y con flexibilidad desde los dedos hasta el hombro, y la mano completamente posicionada sobre el arco, sin que el meñique baile a su antojo (error muy frecuente en violinistas). Por su parte, la mano izquierda se mueve con una agilidad increíble, dedos que bailan, al son de un oído construido para la afinación.

Dmitry Kolesnikov, primer violinista, comenzó a estudiar a los siete años, dice el panfleto, pasó por conservatorios de Simferopol (Ucrania), Moscú y Würzburg (Alemania). Alcanzados determinados instantes en las partituras de Beethoven o Piazzola, en especial, en la composición de D.Shostakovich, inspirada en el bombardeo de Leningrado para rendir homenaje a las víctimas, se percibe cómo Kolesnikov se funde con su violín.

No me sorprendió viéndole agachar la cabeza
Atravesaba el pasillo en dirección al camerino entre aplausos del público.

Pensamientos. A qué grado de locura le someterá su mente. Cuántas horas computables habrá dedicado en su vida (sin nombrar el instrumento complementario, generalmente, en el caso del violín, el piano). Qué precio habrá pagado por rozar la perfección, cuántos altibajos por no rozarla. Cuántas veces habrá sentido satisfacción tras una actuación. Cuántas lágrimas habrá derramado porque una y otra vez se le presiona, no sirves, no llegas, no estudias lo suficiente o no eres digno de tocar el instrumento. 
Sobre todo, el momento clave de su vida: el violín o él. 

Merkel pregunta por qu'e no se canta y se compone. Alemania. J.M


Opciones de vida alejadas de la Seguridad Social

Una vez el instrumento definitivo llega a las manos del artista, un momento determinado de la carrera profesional se impone. Se ha de elegir entre el violín o todo lo demás. La primera opción implica presión constante, horas de ensayo diarias, aparte del sistema común (ikastola, bachiller, universidad...), se vive en un estado de cuasi perfección, siempre detrás de ella, a una velocidad vertiginosa que provoca un cansancio brutal. Existen momentos memorables, actuaciones que salen bien y determinadas sonrisas de profesores que felicitan por un trabajo duro. Por supuesto, la pasi'on.

La segunda opción ya se conoce. De hecho, la crisis económica salpica a la primera opción, no solo por recortes que afectan a subvenciones, financiación y necesidad de ganarse la vida, sino que la reforma afecta ya a la (im)posibilidad de muchos j'ovenes de acudir al médico, entre ellos artistas, no ya al psicólogo, que forma parte de la salud privada para desgracia de este país, sino que se plantea la posibilidad de restringir la Seguridad Social a mayores de 26 años que no hayan cotizado, omitiendo el trato indignante a personas en situación administrativa irregular, para muchos ilegales. 

Sitúese el lector en la vida de un violinista, por poner un ejemplo, comienza a estudiar a los siete años, también acude a la escuela junto a los demás niños, prepara los mismos deberes, mismos exámenes...  alcanzada determinada edad accede al grado medio del conservatorio, generalmente, de forma paralela a estudios de escuela, bachiller o universidad, después el grado superior, preparar exámenes para máster en el extranjero o alguna plaza en orquestras, bandas o lo que corresponda. 

Lo mismo sucede con los escritores, filósofos, psicoanalistas... sin citar a jóvenes parados, por ejemplo  empresariales, que no encuentran trabajo, sino pr'acticas, voluntariados... en un país miserablemente sostenido por batallas políticas y reproches mutuos, en vez de reflexión de una crisis que ya no es crisis, sino una forma de existencia y vida, de gestión de la propia derrota del sistema, la época del miedo a perder todos los elementos a los que ese ente invisible obliga a suscribir: hipotecas, trabajos que no satisfacen, coches, matrimonios en búsqueda de emociones en la pareja, jubilaciones que no llegan... 

Palabras en calles de Barcelona. J.M

Librerías anarquistas 

En Sant Jordi acabé en una librería anarquista. No me pregunte el lector cómo, suele ocurrirme. Una chica me habló de la "Insurrección que viene", una obra escrita por el Comité Invisible, un aglutine de autores que optaron por el anonimato para no sufrir represalias, explican. No comparto algunos de los apartados de la obra, aunque me gusta que no tenga decoro, y sin estar de acuerdo con muchos de los aspectos que enuncian, sí quiero nombrar algunas ideas en honor al día del Trabajo

"Pertenecemos a una generación que nunca ha contado con la jubilación ni con el derecho del trabajo (...) ni siquiera es precaria (...) porque ser precario sigue significando definirse en relación con la esfera del trabajo, en este caso, con su descomposición. Admitimos la necesidad de conseguir dinero , porque actualmente es imposible pasar sin él, pero no la necesidad de trabajar (...) la empresa no es un lugar en el que existimos, es un lugar que atravesamos (...) La vemos como es y nunca ha dejado de ser, una estafa de confort variable".

"No habrá solución social a la situación presente (...) el vago agregado de entornos, instituciones y burbujas individuales que se denominan por antífrasis sociedad no tiene consistencia y no hay lenguaje para la experiencia común". 

"YO controlo. La búsqueda de mí mismo, mi blog, mi piso, las últimas tonterías de moda, las historias de pareja, de ligues... ¡cuántas prótesis se necesitan para ostentar un YO! Si la sociedad no se hubiera convertido en esta abstracción definitiva, designaría el conjunto de muletas existenciales que se me tienden para poder arrastrarme aún; el conjunto de dependencias que he contraído en pago por mi identidad". 

" El YO débil, deprimido, autocrítico, virtual, es por esencia ese sujeto infinitamente adaptable que requiere una producción fundada en la innovación, la obsolescencia acelerada de las tecnologías, la alteración constante de las normas sociales y la flexibilidad generalizada. Es al mismo tiempo el consumidor más voraz y, paradójicamente, el YO más productivo, aquel que se lanzará con más energía y avidez sobre el menor proyecto, para volver más tarde a su estado larvario original". 





25 de abril de 2012

Aeropuertos

Caminas a través de la cinta corredera del aeropuerto... Tu puerta de embarque debe ubicarse en el infinito... Observas el meollo de personas que dejas a un lado y al otro. Absurdamente te molestas en caminar ¡la cinta corredera te impulsa! pero continúas ejerciendo presión, aunque no tengas prisa. 

Adelantas a una familia; tres niños y una pareja, pelos rubios fosforitos y miradas azules que encarnan ternura. A mano derecha, en el exterior de la cinta corredera, desde tu posición avanzada, observas dos trabajadores de la terminal. Charlan. Visten un chaleco fosforito. Ella habla con amabilidad y le mira con sensualidad, está algo nerviosa, él responde con timidez y ella concluye con un "hasta luego, guapo". Cierto es: piel gruesa-oscura, pelo rapado y complexión fuerte.

Caminas a través de la cinta corredera. Decides retardar tus pasos. A cada lado, desconocidos x ocupan asientos amontonados frente a las puertas de embarque correspondientes. Piensas en sus nombres, sus vidas, sus recorridos, su caminar por cintas correderas, sus oficios, sus amores y pasiones.

Momentos antes,
      tomas un café y olvidas una rosa regalada por Sant Jordi en una cafetería impersonal.
Momentos antes,
      ves desfilar uniformes de guardias civiles,
      excesivamente jóvenes, piensas, siempre se es excesivamente joven para opositar a guardia civil.

Vuelves mental y físicamente a la cinta corredera. Caminas aún por ella, tu puerta de embarque debe situarse en el fin del mundo, a él te gustaría llegar, pues nada es imposible en esta vida, aunque de momento continúes aquí. Las pantallas, posicionadas en el extremo superior de las puertas de embarque, delatan los destinos donde los aviones empujan a sus pasajeros.

           Menorca, cielos azules y playas interesantes
           Sevilla, guitarra española y acento desmesurado
           Hamburg, die schönste Stadt in Deutschland,
              ich liebe ihn, ich liebte ihn, jetzt weisse ich nicht wer ich liebe {Traducción omitida}
           Roma, Daniela Attanasio y sus poemas, mirando más allá de la ventana de su salón...

Tal vez, debieras desvincularte de la cinta corredera, acercarte aleatoriamente a una puerta de embarque y sobornar al azafato. Quizás te dejara pasar. Se desconocería tu existencia, te irías lejos, allá donde el avión te impulsase, simplemente ir, sin dar explicaciones, ni tampoco recibir...
Ir.

Avanzarías a través de otra cinta corredera, hasta que decidieras parar, no por otro destino aleatoriamente determinado, sino mirando, alguien embriagó tus deseos.
Te detendrías, saldrías de la cinta y avanzarías hasta él.
     Sería vulgar preguntarle si tendría la amabilidad de acompañarte al baño de al lado.
     Sería vulgar quedarte con las ganas de hacerlo.

Ah...
   después, inexistencia de control de equipaje.
   Nadie pesa, nadie vigila.

Música relajante, asiento asignado, nubes por descubrir y vuelta al olor de la tierra gris.
Gris eres tú, tu mirada, tu olor, tu piel y tus caricias.
Gris soy yo, la forma en la que te miro, despierto tu olor, acaricio tu piel y te hago sentir. 

El avión se balancea, pero no te asustas, temes más la fuerza del (a)mar que los estragos del viento, tienes sueño, un sueño te (de)tiene a ti.

Momentos antes, el avión propulsa su fuerza y sale disparadísimo...
como determinados acontecimientos en la vida
como tú que huyes de mí
como yo que escapo de ti

El teclear amanece,
más allá de la cinta corredera,
más allá del fin del mundo,
perdiste la rosa...
       pero ganaste en libros.

El poeta E.J Malinowski en la rambla de Barcelona/Sant Jordi. J.M

18 de abril de 2012

Personas como objetos

0 
euros cobrarás 
0,1 gastarás 
10 dosis de energía invertirás
A la denominada generación perdida1 pertenecerás 

1
novi@ tendrás (120% no te convencerá) 
1 coche comprarás (100% te convencerá)
1 hipoteca suscribirás (120% no te convencerá) 
-supuesto último en caso de que cobres 0,1 euros-

2 
chic@s desearás 
por cada uno de ell@s (malo/bueno-malo) a tu novi@ dejarle querrás 
pero no te atreverás 

3 
veces por ell@s (emocionalmente) te asfixiarás 
sin espacio personal quedarás 
de ellos cuidarás 
a ti te descuidarás 

4 
(2 xcada 1)
respuestas (emocionalmente) sensatas reprimirás 
porque a la soledad amarrarte miedo tendrás

5 
ilusiones ópticas (de amor, cariño y afecto) visualizarás

6 
visitas nocturnas a pisos desconocidos realizarás 
(3 x cada 1 de los 2 desead@s // novi@ aparte) 

7 
pecados capitales cometer querrás 
con sonrisa maliciosa los cometerás 
(envidia-gula-pereza-lujuria-soberbia-avaricia-ira) 

8 
orgasmos en la barra de un bar para llevar a casa pedir podrás 
al de al lado te acercarás 
susurros sexualmente etílicos al oído le dirás 

9 
personas a la mañana siguiente desecharás 
entre sábanas nocturnas les abandonarás 
con sabor a whisky huirás 
y un cigarrillo para aliviarte encenderás 

10 
veces te silenciarás 
porque miedo a hablar tendrás 
(1 por cada uno de los nueve objetos y uno por tu novi@) 



6xxxxxxxx
número de tu móvil darás 
(forma contacto personal) 

IBAN BAN xxxxxxxxxx
tu estatus social-económico les mostrarás 

7xxxxxxxx-Z
Chip numérico les enseñarás

... hacía 20 años que las personas crisis existenciales tan profundas no experimentaban... 
... hacía 15 años que en Euskadi el conflicto vasco sexual no se superaba... 
... hacía 40 años que no existía tal sequía emocional... 
... hacía 35 años que los pantanos afectivos no estaban tan vacíos... 
... hacía 50 años que no se usaba una y otra vez a la misma persona... 
... hacía un año que el consumo sexual no alcanzaba índices tan vertiginosos... 


- Shame-

Tome la dirección indicada para acceder a cariño/ Galicia. J.M

29 de marzo de 2012

¿Y tú qué te cuentas?


Una vista bonita para acudir a un recital/ Gasteiz. J.M

Este es el nombre del recital en el que participé ayer en la biblioteca pública del centro cívico de Judimendi (Vitoria/Gasteiz). Adictos a la escritura creativa leímos en alto textos que habíamos escrito con anterioridad. 

El asqueamiento de la negatividad social debido a la crisis económica, una mujer musulmana que llega a España y conoce el término derechos humanos, el nombre 'yo' en la vida de un hombre despreciado por sus padres, el robo de bebés en la época de la dictadura, una caperucita roja drogadicta... fueron algunos de los textos que mis compañeros eligieron para leer en alto. 

Yo opté por una carta de amor que escribí a George Orwell, publicada en RD hace ya algún tiempo y destino también para una posible colaboración en una revista en la que editores desconocidos decidirán si se publica. Al acabar el acto, una de mis compañeras me preguntó por qué me gustaba tanto Orwell. Respondí que no es uno de los mejores novelistas en literatura, pero admiraba en él no abandonar sus convicciones y principios, en especial, la humildad que se aprecia entre sus líneas y su respeto por un lector inteligente, de segundo grado. 

"Vivimos en una época en la que todo debe resplandecer, aunque por dentro esté podrido", pienso instantes después de que la autocensura intente hacer de las suyas. "Todo reluce y por dentro está podrido", reproduzco mentalmente, más aún en primavera; las personas no saben si vestir una chaquetilla o aliarse con el abrigo, muy en línea con un desquecie social general y una negatividad imperante que se esconde bajo sonrisas amargas (humilde opinión). 

Recluida bajo las órdenes de ser sincera, admito que estaba muy nerviosa en el acto. Me temblaban las manos, aunque la voz parecía serena y el ritmo acorde con las líneas. Me pregunté por qué me ocurría. Si no me cuesta hablar en público, ni charlas con unos o con otros, contar historias, soltar mi rollo a personas que quieren saber a qué rollo me dedico... 

Intimidad. He ahí. Mostrarte. Publicar en persona tu propia desnudez textual. Escribir implica un acto solitario e íntimo, solo así la voz interna encarna lucidez lineal y la tinta del bolígrafo consigue fluir sola, hasta convertirte en una herramienta entre esa voz interna y las palabras que se impregnan en un texto que reescribes cuarenta veces. 

Después te plantas frente a un público que no conoces, y les hablas de un sentimiento de menosprecio, incomprensión y soledad a lo largo de gran parte de tu vida. Tu voz no se quiebra cuando admites sentirte una persona cobarde, pero como escritora te sientes en la obligación moral de ser valiente. No tartamudeas cuando explicas en qué consiste la soledad más absoluta del alma. Continúas recitando sobre impulsos demoníacos que te obligan a permanecer en un sitio que no te gusta por deber moral de contar la verdad, la tuya por supuesto, aunque luzca ante los ojos de todos, pero nadie la dice y no puedes guardarla porque cuando estás en Madrid, Alemania o Bolivia te carcome y sabes que huyes, así que vuelves y escribes sobre tabús de tu tierra, de tu identidad y de tu encadenamiento a una sociedad que no te gusta en absoluto, porque coincide que no te gustan los tabús, después haces referencia a las presiones de la locura, a la irrealidad de una mente que se niega a volver al lugar donde habitan las personas y cuando lo hace es un desastre... 

La voz se serena, el mundo que recitas te absorbe, por unos minutos vuelves junto a George Orwell, pero las manos te tiemblan frente a esas personas. 

¿Y cuál es la imagen que quiero dar en Internet si admito 
ante mis lectores temblar cuando leo en alto un texto que he escrito? 
La de inseguridad, miedos y falta de valentía. 

"Hay que decir la verdad aunque el mundo estalle en mil pedazos" (Fichte). 
Fue la frase que elegí para describir qué opino sobre literatura, 
sobre mi vida y sobre Reflexiones Digitales.

19 de marzo de 2012

El Congreso del Emprendimiento periodístico

"¡Ese modernismo! ¡Mira qué construcciones, las casas están cerradas, qué barbaridad!", exclamaba una anciana desde el asiento trasero en el autobús, dirección Vitoria. Voz suave y amable; encandilada por el paisaje que se traslucía a través de la gran cristalera del vehículo.

Tal vez sufriese demencia, parecía tan lúcida... Quizás, hacía muchísimos años no salía de su casa. Preferí imaginarla en una aldea, rodeada de montañas, huertos y una vida tranquila. Saqué la libreta y apunté aquel conjunto de exclamaciones que le narraba a su marido, él asentía, "sí señora", después complementaba explicándole en qué consistían los edificios, las fábricas o qué punto del trayecto se trataba.  

Me giré, la miré y le sonreí. Me tocó el pelo con mucho cariño. Me preguntó de dónde venía y a dónde me dirigía. Le dije que el destino era Vitoria, más allá no lo tenía muy claro, aunque no me preocupase, venía de pasar unos días en Huesca y había disfrutado mucho.

"Que árboles tan bonitos y mira, ahí pone, visite piso piloto, qué graciosos, claro como construyen tanto, necesitan vender", le insistía a su marido cuando recorríamos Logroño, "es tan especial, cómo ha cambiado todo en los últimos años".

 Congreso acoge a mujer de manos arrugadas

La imaginé en el XIII Congreso de Periodismo Digital, "cómo ha cambiado todo, es tan especial", hubiese repetido ante los cientos de ordenadores que se posaban frente a los ponentes. Tal vez, se hubiese quedado muda ante tuiteros de palabras ajenas, y, seguramente, me hubiese preguntado cómo era posible aquello, Internet, si no nos cansábamos de conectarnos virtualmente, si no tenía efectos sobre las relaciones personales, y, en especial, si era posible tuitear y escuchar a la vez. Lo hubiese deducido de las ponencias; "es un error que el periodista no esté en las redes sociales", o la "búsqueda de nuevas vías en Internet para publicar", y yo hubiese matizado que, en determinadas ocasiones, una se harta de vivir en ficción, aunque pueda resultar polémico decirlo.  

Aquella ancianita de ojos grandes y arrugas en sus extremos, con un sombrero en la cabeza y manos acariciando la cristalera, se hubiese quedado alucinada escuchándonos hablar de emprendimiento, creatividad, necesidad de crearse un puesto de trabajo y optimismo en una oscuridad bastante generalizada del oficio. Dado su tono de voz, hubiese remarcado las excepciones de luz que muchos de los ponentes personificaron en sus intervenciones y hubiese compartido aquello de un emprendedor tiene "pasión, curiosidad, es impetuoso y tiene cierto amor al riesgo", aunque "no tenga para cenar y desayunar", pero trabajando 26 horas al día, ¿quién tiene hambre, sueño y ganas de relacionarse?

Hubiese estado de acuerdo conmigo en que escribir un post por ponencia supondría atentar contra la  esencia de Reflexiones Digitales. Me recordaría, a modo materno, que recargar las pilas recién compradas es imprescindible para que la cámara de fotos ejerza su función. Y los paisajes bolivianos en mis tarjetas personales... le hubiesen encantado porque mis tarjetas, sintiendo ser presuntuosa, son las más bonitas del mundo.

Y zanjaría el asunto, cortando tanto feedback, google analytics, estadísticas desmesuradas y editoriales descaradas que no tienen miedo a nada, diciéndome que los jóvenes no "debemos tener complejos de serlo", aunque seamos inexpertos porque tenemos frescura mental, nuevas perspectivas, ilusión, motivación, buena formación y ganas de hacer un periodismo de pasión. 


En eso estamos; 
 creer, proyectar y luchar  



Si el camino se cierra, es necesario buscar otro / Jaca. J.M




24 de febrero de 2012

Carta de amor a Orwell

A George Orwell 

Sentado en lo que parece es una sala de estar, sujetas, con una mano, una taza de café y, con la otra, un cigarrillo. Tu mirada está algo perdida, tu pelo corto luce hacia arriba y tu bigote es algo vulgar, muy fino, al estilo de un generalísimo que tanta desgracia trajo a España. No podrías negarlo; conociste en persona sus estragos. 

Introducirme en la fotografía que observo y sentarme en la silla que se posiciona al otro lado de la mesa en la que apoyas tu brazo izquierdo. Mirarte a los ojos. Deleitarme en sus profundidades. Volverme sepia.

Me fijaría en cada uno de los detalles de tu cuerpo; tu boca estrecha, tus labios extrafinos, tu nariz un tanto puntiaguda, la forma ladeada en la que descansan tus hombros y tus piernas cruzadas. Apreciando más allá. Hacia dentro, desde dentro... 

Te hablaría... 

Escucharía tus palabras, serenas y pausadas  
Escucharía tus silencios, calmados y confiados 

Encendiéndome un cigarrillo, te preguntaría si superaste, en algún momento de tu vida, el sentirte al margen, aislado y menospreciado. Si ese sentir es la razón fundamental y el motivo común de quienes aspiramos a pasearnos por el mundo como escritores. 

Te preguntaría también si renunciaste, en algún momento de tu vida, a la condición de panfletista, a los principios y convicciones, principales sustentadores de la escritura, en favor de un ganarse la vida económicamente masificado. 

Observarías mis ojos grandes y redondos. Tal vez, te perdieras en su intensidad, y, seguramente, verbalizarías, mirándome fijamente, aquello de "si quisieras vivir de la escritura, más te valdría casarte con el hijo de un editor". Reiríamos, comprendiendo sin necesidad de decir en viva voz, la ironía de dicha afirmación; jamás nos asustó la pobreza. 

Te preguntaría si han variado, a lo largo de tu vida, los motivos por los que escribes. Qué hacer cuando consideras eres una persona cobarde, pero como escritor te sientes en la obligación de ser valiente. 

Acabado ya el cigarrillo, memorizando cada uno de tus gestos, volvería a sonreír, lúcida por tenerte enfrente de mí y callada por las ansias de escuchar una voz que hilvanaría experiencia y aprendizaje. 

Me sentiría tan... yo... esa sensación cunado te percibes en el interior de tu pecho, como si del estallido de una burbuja de luz se tratara. 

Te preguntaría cómo afrontaste los momentos de soledad absoluta; el estado de sentir más horroroso que cualquier alma pueda experimentar, a veces, insoportable, otras veces, majestuosa. Cuál fue el grado de desnudez textual que alcanzaste en cada una de tus obras y qué ocurrió en ti después de 1984. 
  
Quizás aquel impulso demoníaco de alzar la voz pudo contigo... 
      Quizás cediste a las presiones de la locura... 
             Quizás te abandonaste sin ser consciente de que dejaste de pertenecer a la realidad...

Te imagino escribiendo Días de Birmania, Homenaje a Cataluña, Rebelión en la granja, La hija del Reverendo, 1984... mirando más allá del paisaje que muestra tu ventana, desdibujando en tu mente el color  real de la pared en la que se apoya tu escritorio, corroídas tus manos largas y delicadas por una necesidad imperativa de aplacar el autoritarismo y la injusticia

Te preguntaría si un beso en la mejilla sería excesivo... 
   Un acompañar cariñoso en la ficción políticamente reivindicativa que yo te asigno... 
       por egoísmo agudo 
        entusiasmo estético 
        impulso histórico 
        propósito político 

        por ti 
        por mí 
        por un cigarrillo a medias 
      , y una sala de estar a medias

Te regalaría el sol, Orwell / Garagartza. J.M

2 de febrero de 2012

El verbo creer

Mi propio centro existencial y vital. 
Un cambio de actitud. Un cambio de circunstancias
Me creo en mí, yo, responsable de mis decisiones, 
coherente con mis deseos y luchadora de mis limitaciones. 

Creo en mi intimidad más absoluta, en la inviolabilidad de mi corazón
en una infinita esencia que me lleve a desarrollar mis potencialidades y aceptar mis defectos. 

Creo en el verbo luchar, en el éxito, que reside en el verbo intentar, cuyo ejercicio ha de ser diario. 
Creo en el resultado, aun cuando no me guste y luche con fuerza por eliminarlo 
de mis creencias más arraigadas.

Creo en el amor, y he de ser una ingenua, pues pocos lo hacen. 
Y yo... pensando en sentirlo, vibrar, sin dejar de ser yo, sin disimulos ni máscaras, 
sino extenderme allá, donde mi intuición me embarque
en sentido contrario a los estados (des)amorosos;
 los integrantes se destartalan mutuamente, 
ahogándose en penas absurdamente prolongadas. 

Creo en el calor emocional, cuando la piel arde y los ojos transmiten fuego, 
y viendo nevar, recuerdo temperaturas bajas en almas heridas,
y me contenta saber que acabaré en el infierno. 
Aunque no crea en Dios, ni en Buda, ni en Alá.

Creo en aquel que arriesga
cuyo rumbo de vida sus acciones y la (des)fortuna determinarán...

Creo en confiar, 
en amistades que te llenan el alma y te hacen sonreír a cada instante...

Y creer, a día de hoy, es una tarea casi imposible. 
Exige vivir contramarea, regirse por la incertidumbre, 
desechar la seguridad y ser timoneada por la pasión. 

Y la pasión... tan bella... qué ha ocurrido con ella... si apenas se percibe... si no produce dinero... 
y cuántos se vuelven efímeros sin cuentas corrientes rebosantes de ceros, 
cuyo valor es absolutamente ficticio, como a veces resulta la vida. 

Y la verdad... ¿cuál es la verdad de vivir? 
si no es aquella que nos permita autoafirmarnos en nuestros sueños
por lo que en realidad queremos luchar, no nuestro entorno, ni la sociedad, 
ni la cultura, ni la familia, ni el idioma, 
sino nosotros, 
él, 
ella, 
ello...


Y yo...
Creo en mí...
Creo en ti...
Confío...

Las flores renacen de la tierra y complementan al aloe vera /Garagartza. J.M