Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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4 de julio de 2012

Y tu verano ¿cómo suena?

La época de las faldas sin medias, las camisetas de colores y los colgantes alegres; los pies bailan descalzos, contentos de liberarse de calcetines y botas de invierno, a excepción de esa extraña moda que combina calzado pesado con 40 grados de temperatura; la piel blanquita y suave se broncea; los cabellos se aclaran; los pechos lucen sabrosos y los ojos han de protegerse con gafas especiales que concuerdan con la ligereza de ropa que incita a excitación y ganas de pasarlo bien.  

 ¡El verano! Sabe tan a dulce...
Huele tan a saludable...
La brisa marea las flores, 
aviva las ganas de acudir a las orillas acuáticas 
y acentúa el terraceo.
¡Es el verano! y se palpa tan bien...
 los nervios se apaciguan, 
las ojeras desaparecen y las alegrías aumentan. 

Pero ¿cuál es su sonido? 
¿Qué conjunto de melodías lo caracterizan? 
¿Lo identificamos con los ojos cerrados y las narices entaponadas?

La oscuridad de los edificios impacta con la claridad del cielo/ Allariz. J.M

Sonidos veraniegos 

Suspiros debidos al calor fulminante o al calor que no llega. Sandalias que teclean sobre los asfaltos calientes. Pieles calurosas que intentan aliviarse con gotas de sudor desde todos los rincones del cuerpo. La onometapeya que se produce cuando se bebe con pasión de una botella de agua fresca.

El silencio, cuando te tumbas en una toalla sobre la arena. A lo lejos se escuchan las olas, su constante es invariable; un sonido hermoso y vibrante, natural, de la tierra, refresca en su propia esencia y peligra si no se hace un uso adecuado de él. Te tumbas en la toalla boca abajo, después de haber escuchado el sonido de la crema solar, otra onomatopeya que contiene un olor usual; a líquido protector y esencia. 

Los rayos del sol bañan tu piel, las personas hablan a tu alrededor, algunos niños gritan y juegan... 
El sonido más desagradable es el que producen los miles de granitos de arena que se incrustran en tu cuerpo, 
     después,
        el sonido del agua dulce de la ducha,
          fluido y corporal,
          barre aquel y concluye en el sonido más bonito del mundo;
el de la relajación,
la tranquilidad
y las ganas de dormir.

El sonido blanco envuelve/ Asturias. J.M


El sol calienta cada rincón/ Asturias. J.M

Algunas personas no pueden escuchar el sonido de la playa porque necesitan aquel que se produce cuando la cuenta corriente contiene un (buen) cúmulo de euros. También representa el sonido de la tranquilidad, generalmente precedido del de la preocupación por ser contratados. Los euros son invisibles en ella, ella misma es inodora, pero extrañamente producen en nosotros un sonido feliz, cierto que también necesario (he cedido en este asunto).

Me encanta el sonido de las que son mis compañeras de aventuras. Nos perdemos por el mundo, conocemos a otras personas, nuevas culturas, hablamos en otros idiomas, aunque a veces es necesario producir sonidos con las manos para hacernos entender. 

¡Qué bien suena la inspiración y la libertad! 
El de la desconexión y no mirar atrás, 
sino hacerlo hacia delante con optimismo y pasión. 

El no-sonido que más me gusta es darnos un tiempo, descansar, juntarnos en una terraza, en la playa, en el río, en la piscina, en el porche de una casa y hablar, hablar, contar chistes, historias... reírse mucho, prepararse para salir, bailar, disfrutar, no recordar las preocupaciones diarias, participar en las fiestas de los pueblos, escuchar la risa de aquella amiga que no vemos en todo el año, contagiarnos por ella, producir un estallido de carcajadas que acongoje al pueblo, la playa, el río... entero, los dejaremos a todos mudos ante nuestra alegría desbordante de estar todos juntos en verano.

Explosiones de sonidos vibrantes que nos permitan identificarnos como lo que somos: personas. Explosiones de brindis, de sonrisas, de lágrimas de risas...
Explosiones emocionales en alza.
Explosiones sexuales.
Explosiones del sentir...


24 de agosto de 2011

Testigo directo desde el Arnoia

Espesez acuática. Me sumerjo en el Arnoia, cierto esfuerzo por piedras colocadas contranatura, nado en forma de rana e introduzco la cabeza en el río. Pelo inmóvil en torno al agua, la cabeza hacia delante y el cuerpo por detrás. Ojos cerrados para que las lentillas no hagan de las suyas y la mente en blanco. No respiro. La nada y el todo en el fondo del Arnoia. Quiero alargar el instante de no hacer ni dejar hacer, pero necesito respirar y mis brazos se cansan de nadar absurdamente a lo rana, así que salgo al exterior y me coloco en vertical.

Arnoia contemplativo. Adriana Domínguez
 Comienza la secuencia de testigo directo. El cielo está despejado y el viento menea los árboles escasos colocados a la orilla del río, aunque son altos, muy altos, y la sombra que aportan es más que suficiente. A un lado de ellos; ellas. Las miro desde mi posición, sentadas con cariño sobre la hierba: la psicóloga soñadora que ha descubierto el mundo de los festivales; la ya, después de mucho esfuerzo, inspectora de Hacienda; la arquitecta, cuya verdadera vocación, intuyo, es la producción manual de broches preciosos; la intérprete no solo de signos sino de la vida misma; la que ha abandonado Galicia para trasladarse a Valencia y a la que echo mucho de menos;la que se acaba de enamorar de un chico que parece es muy simpático y por supuesto, allí está también la que masajea con mucha concreción y esfuerzo, siempre sin esperar nada, pues ésa es la esencia de esta última. 

Y desde el agua, allá, en la mitad de este precioso río, que bordea la parte sur de Allariz, las miro y esbozo una sonrisa de orgullo, por ser mis amigas y porque además de ser geniales, divertidas e inteligentes, son divinas. Giro un poco la vista y a su lado veo a un grupo de chicos; amigos de toda la vida. Y me río, pòrque son esencialmente alaricanos y porque les guardo mucho cariño. Y me gustaría escribir muchas cosas, de la misma manera que me gustaría gritar desde esa posición de testigo directo, pero callo, porque determinados asuntos han de ser callados. Mi hermana y sus amigos, que descansan de colchonetas usadas a modo de trampolín en el río. Y la furgoneta libertaria, aparcada detrás de ellas y ellos, cuya función es mostrar que somos personas y tenemos derecho a ser disociadas.

El puente de piedra, situado enfrente mío, rinde homenaje al río. Piedra mohosa de Galicia característica de esta zona. Los turistas pasean y fotografían. Son aquellos que abarrotan los outlets del pueblo, cuya esencia desconocen. Y al otro lado las piscinas y el resto de mis amigos, con los que compartimos espacio y tiempo en la Casa de la Alegría.

Piedra mohosa de Galicia. Cercanías de Santa Mariña. J.M

Decido salir. Me canso de mi posición vertical y de mirar para todos los lados. Por último, el castillo. Uno de mis sitios favoritos. Puedes observar sin ser visto. Un sitio donde las lluvias de estrellas pueden ser alcanzadas por el hombre o la mujer, aunque solo sea a través de los sueños, aunque, hoy en día, pocas personas crean en los deseos, ni siquiera en el amor.

Recorro las piedras de la entrada del río, ocupo mi lugar en la toalla y esta vez, me miro a mí. Una amplia sonrisa sombreada por un sobrero de paja que compré en Bolivia, que denota el privilegio de bañarme casi todos los veranos de mi vida en un río como el Arnoia.

22 de enero de 2011

Piscinas cruceñas

A veinte minutos de irme al centro para escuchar música cubana, tecleo con rapidez para contaros la experiencia de hoy, que brevemente, podría reducirse en la relación mujer-libertad-piscina. Una interacción conceptual un tanto extraña, pero curiosa. 

Hoy, junto a las educadoras, he ido de paseo a Madre Selva. Un gran balneario situado a unos treinta minutos de Santa Cruz de la Sierra. Cuando nombro balneario lo hago de conformidad a cómo se dice aquí, puesto que traducido al castellano significa piscina

A las 9.00 de la mañana estábamos allí. Qué locura, he pensado, nada más atravesar la entrada y ver el percal. Muy extraño. Me quedan diez minutos. Al enterarme de que íbamos a una piscina rápidamente visualicé: toalla, biquini (recién comprado), césped (hamaca también serviría), una cervecita y muchos baños en una gran piscina. La visualización se ha disuelto en cuanto he entrado en el complejo. 

Frente a la piscinahe visto: muchos niños y niñas en una piscina más o menos normal, ropa, bullicio (mucho), sol radiante, música, abejas (soy alérgica, según un médico boliviano) y nada de césped. Los bolivianos no necesitan tomar el sol, ya son morenos de por sí, por lo que lo de la toalla en el césped o la hamaca sobra. Si eliminamos esta pequeña parte, nos queda una especie de merendero dominguero donde la gente sitúa sus pertenencias y la comida alrededor de una mesa con sillas de coca-cola, sobre la base de idas y venidas a una piscina, que a medida que pasa el tiempo, empieza a ensuciarse gravemente, hasta el punto de que pasado el mediodía he decidido no bañarme por salubridad (es necesario cuidarse). 

Una pieza de museo. Así me he sentido, de hecho creo que tenían que haberme regalado la entrada porque he sido como una especie de atracción turística. En el agua la gente me miraba y me sonreía. Además de ser mujer, tener que aguntar las miradas intimidantes de todos los varones que se paseaban por allá (desde pequeños hasta adultos), soy blanca. De hecho, en uno de los zambullidos esporádicos, cuando intentaba ubicarme dentro de la piscina, debido al gran caos que en ella había, un niño se me ha acercado y me ha dicho: "choca, puedes pagarme el almuerzo". Con choca se refería a blanca y rubia, y lo del almuerzo deriva de que cree que tengo mucho dinero. Nada más lejos de la verdad. Yo me he limitado a responder un 'no' rotundo. 

En otras de las veces, he tenido que pegar dos gritos a un chaval que empezaba a desquiciarme seriamente. Se arrimaba demasiado, disimulando que medio buceaba. Me quedan cinco minutos. Estoy segura que el 95% de los que estaban bañándose no sabía nadar. De todas formas, lo de ir a la piscina, bañarse tranquilamente y relajarse queda fuera del concepto de balneario de aquí. A la piscina se va a escuchar música a gran volumen, a jugar a la pelota con tus amigos, independientemente de que le des a alguien en la cabeza, a empujarse, tirarse por aquí o por allá. Otro concepto. 

Lo que más me ha llamado la atención, además de que alguno que otro ha pensado que soy americana (me pasa muy a menudo), es la cuestión de las mujeres. A la mayoría de ellas no las he visto en biquini. Yo, junto a las dos voluntarias, hemos sido de las pocas que portábamos uno (con las consecuencias visuales que de ello se derivan). He preguntado a las educadoras por qué ellas mismas y el resto de las mujeres se bañan con ropa y me han respondido "por vergüenza". 

Vergüenza ante las miradas de los hombres que no se cortan un pelo, vergüenza de algunas cicatrices, pudor ante ellas mismas, que se critican mutuamente. Y me he preguntado por qué no responden, por qué cuando alguien las mira no limitan. Sin duda, lo que me he preguntado es por qué la mayoría de esos hombres no muestra respeto. Se acabó el tiempo. Me voy. ¡¡¡Disfrutad!!!