Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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14 de junio de 2012

Oficios

Existen oficios caros y baratos, otros de ricos y para pobres. Aquí van algunos humildes. Son los mejores. Los más honrados, los que conocen de verdad la vida. O esa, es al menos mi impresión / Túnez. Ana Sntamaría


Conozco a una persona que regenta un garaje de coche. Se trata de un empresario que trabaja tanto como su empleado: introduce las manos entre los cacharros internos del auto, cambia el aceite, repara las bujías, lija y pinta los aceros. Pacientemente, soporta la melancolía de los clientes ante presupuestos, según ellos, inalcanzables y ¡las luchas interminables con seguros y peritos! Se ríe mucho con anécdotas graciosas, cuando le cuentan que su hijo cogió el coche sin permiso y lo estrelló… Le gusta trabajar con libertad; tomar sus propias decisiones, invertir en nueva maquinaria y asumir riesgos. 

Conozco a otra persona que desde hace 30 años trabaja entre máquinas. Una vida laboral automatizada y rutinaria, aunque segura; mismo tornillo en el mismo sitio, mismo ejercicio durante las mismas ocho horas diarias. Días después de que le cambiaran de puesto, le pregunté para qué servía introducir esos hilillos metálicos en agujeros pequeñitos (reproduce el movimiento arqueando los brazos, anexa los labios y suena fiss fiss fiss como si gesticulara movimiento). 

No supo contestarme porque bastante tenía con cumplir los índices de productividad. Lo bueno del nuevo puesto, aunque no sepa muy bien para qué funciona,  es que ya no sufre dolores en todo el cuerpo. La imagino sentada en una butaca, una sala relativamente pequeña y de techos bajos.

Conozco a otra persona que trabajó como cajera en un gran supermercado. En uno de esos puestos que conectan con un gran tubo que usurpa con extremada rapidez la cantida x de dinero contenida en un bote de plástico (me fascina ese gran tubo). No se llevaba muy bien con las compañeras, la empresa no le dejaba comer la comida que presentaba algún desperfecto en el envase y presenciaba muchas anécdotas. Por ejemplo: un chico a punto de pegarse con otro porque decía que aquel le estaba mirando las tetas a su novia, y ella intentando concentrarse en seguir cobrando los productos. 
 
Conozco a otra persona que embellece cabellos ajenos. Habla con sus clientes, recuerda cada uno de sus nombres e intercambia sucesos personales. Por ejemplo: en un viaje con sus amigas, le roban el DNI antes de coger el vuelo, después vuelven a robarle en la ciudad de destino, a la vuelta el avión apenas puede aterrizar y, en sus palabras, cuando las azafatas dicen aquello de "rozamos los límites de la peligrosidad", comienza a asustarse. Una de sus amigas, histérica, se agarra a la calva de un pobre hombre, también histérico, sentado enfrente de ella. Y ella, la de los cabellos ajenos, insistiéndole en que dejara al pobre hombre. Le gusta su trabajo,pero se le cansan las piernas porque apenas tiene tiempo para sentarse. 




Conozco a otra persona que sueña con vivir de margaritas, también le gustaría poder reproducir el olor de las flores de la entrada de su casa, para regalártelo a ti. Es un olor especial, dulce y sabroso, me imagino que como tú. Ha nacido para encontrar el mejor helado de limón del mundo. Por eso quiere conocer tantos lugares, probar cada uno de ellos y apuntarlos. 

Los de los oficios humildes creen que existen otros oficios que solo sirven para llevarse el dinero de los demás, engañándolos y decepcionándolos

También están:

Árbitro de mares
Constructores de continentes
Peluquero de gambas
Conductor de hormigas
Tapicero de rascacielos 
Soldador de almas (un oficio muy duro)
Servidor de ilusión a domicilio 
Por último, el encargado de la depuradora de las palabras hirientes. 


¿Y tú? ¿a qué te dedicas? 
Es lo primero que se pregunta ¿no?

30 de abril de 2012

Kolesnikov, la Seguridad Social y el Trabajador

Posiciona su violín debajo de la barbilla para comenzar a tocar. Relajadamente erguido, sutil firmeza. Sentado junto al resto de los componentes del cuarteto Ekimende, intuyo que es un maestro del violín. Aire refinado, sin resultar ostentoso, toca sin almohadilla y despierta humildad elegante. Su instrucción en violín debió ser muy dura. Parece del este de Europa: cabello rubio y ojos azules, piel blanquita y delgado. 

Desliza el arco sobre las cuerdas del violín; de dos en dos, movimientos varios, impulsándolo con fuerza y pasión cuando la partitura lo requiere. La posición de su brazo derecho es perfecta: codo bajo, muñeca un tanto desplegada hacia arriba, de forma que el brazo se mueva en su totalidad y con flexibilidad desde los dedos hasta el hombro, y la mano completamente posicionada sobre el arco, sin que el meñique baile a su antojo (error muy frecuente en violinistas). Por su parte, la mano izquierda se mueve con una agilidad increíble, dedos que bailan, al son de un oído construido para la afinación.

Dmitry Kolesnikov, primer violinista, comenzó a estudiar a los siete años, dice el panfleto, pasó por conservatorios de Simferopol (Ucrania), Moscú y Würzburg (Alemania). Alcanzados determinados instantes en las partituras de Beethoven o Piazzola, en especial, en la composición de D.Shostakovich, inspirada en el bombardeo de Leningrado para rendir homenaje a las víctimas, se percibe cómo Kolesnikov se funde con su violín.

No me sorprendió viéndole agachar la cabeza
Atravesaba el pasillo en dirección al camerino entre aplausos del público.

Pensamientos. A qué grado de locura le someterá su mente. Cuántas horas computables habrá dedicado en su vida (sin nombrar el instrumento complementario, generalmente, en el caso del violín, el piano). Qué precio habrá pagado por rozar la perfección, cuántos altibajos por no rozarla. Cuántas veces habrá sentido satisfacción tras una actuación. Cuántas lágrimas habrá derramado porque una y otra vez se le presiona, no sirves, no llegas, no estudias lo suficiente o no eres digno de tocar el instrumento. 
Sobre todo, el momento clave de su vida: el violín o él. 

Merkel pregunta por qu'e no se canta y se compone. Alemania. J.M


Opciones de vida alejadas de la Seguridad Social

Una vez el instrumento definitivo llega a las manos del artista, un momento determinado de la carrera profesional se impone. Se ha de elegir entre el violín o todo lo demás. La primera opción implica presión constante, horas de ensayo diarias, aparte del sistema común (ikastola, bachiller, universidad...), se vive en un estado de cuasi perfección, siempre detrás de ella, a una velocidad vertiginosa que provoca un cansancio brutal. Existen momentos memorables, actuaciones que salen bien y determinadas sonrisas de profesores que felicitan por un trabajo duro. Por supuesto, la pasi'on.

La segunda opción ya se conoce. De hecho, la crisis económica salpica a la primera opción, no solo por recortes que afectan a subvenciones, financiación y necesidad de ganarse la vida, sino que la reforma afecta ya a la (im)posibilidad de muchos j'ovenes de acudir al médico, entre ellos artistas, no ya al psicólogo, que forma parte de la salud privada para desgracia de este país, sino que se plantea la posibilidad de restringir la Seguridad Social a mayores de 26 años que no hayan cotizado, omitiendo el trato indignante a personas en situación administrativa irregular, para muchos ilegales. 

Sitúese el lector en la vida de un violinista, por poner un ejemplo, comienza a estudiar a los siete años, también acude a la escuela junto a los demás niños, prepara los mismos deberes, mismos exámenes...  alcanzada determinada edad accede al grado medio del conservatorio, generalmente, de forma paralela a estudios de escuela, bachiller o universidad, después el grado superior, preparar exámenes para máster en el extranjero o alguna plaza en orquestras, bandas o lo que corresponda. 

Lo mismo sucede con los escritores, filósofos, psicoanalistas... sin citar a jóvenes parados, por ejemplo  empresariales, que no encuentran trabajo, sino pr'acticas, voluntariados... en un país miserablemente sostenido por batallas políticas y reproches mutuos, en vez de reflexión de una crisis que ya no es crisis, sino una forma de existencia y vida, de gestión de la propia derrota del sistema, la época del miedo a perder todos los elementos a los que ese ente invisible obliga a suscribir: hipotecas, trabajos que no satisfacen, coches, matrimonios en búsqueda de emociones en la pareja, jubilaciones que no llegan... 

Palabras en calles de Barcelona. J.M

Librerías anarquistas 

En Sant Jordi acabé en una librería anarquista. No me pregunte el lector cómo, suele ocurrirme. Una chica me habló de la "Insurrección que viene", una obra escrita por el Comité Invisible, un aglutine de autores que optaron por el anonimato para no sufrir represalias, explican. No comparto algunos de los apartados de la obra, aunque me gusta que no tenga decoro, y sin estar de acuerdo con muchos de los aspectos que enuncian, sí quiero nombrar algunas ideas en honor al día del Trabajo

"Pertenecemos a una generación que nunca ha contado con la jubilación ni con el derecho del trabajo (...) ni siquiera es precaria (...) porque ser precario sigue significando definirse en relación con la esfera del trabajo, en este caso, con su descomposición. Admitimos la necesidad de conseguir dinero , porque actualmente es imposible pasar sin él, pero no la necesidad de trabajar (...) la empresa no es un lugar en el que existimos, es un lugar que atravesamos (...) La vemos como es y nunca ha dejado de ser, una estafa de confort variable".

"No habrá solución social a la situación presente (...) el vago agregado de entornos, instituciones y burbujas individuales que se denominan por antífrasis sociedad no tiene consistencia y no hay lenguaje para la experiencia común". 

"YO controlo. La búsqueda de mí mismo, mi blog, mi piso, las últimas tonterías de moda, las historias de pareja, de ligues... ¡cuántas prótesis se necesitan para ostentar un YO! Si la sociedad no se hubiera convertido en esta abstracción definitiva, designaría el conjunto de muletas existenciales que se me tienden para poder arrastrarme aún; el conjunto de dependencias que he contraído en pago por mi identidad". 

" El YO débil, deprimido, autocrítico, virtual, es por esencia ese sujeto infinitamente adaptable que requiere una producción fundada en la innovación, la obsolescencia acelerada de las tecnologías, la alteración constante de las normas sociales y la flexibilidad generalizada. Es al mismo tiempo el consumidor más voraz y, paradójicamente, el YO más productivo, aquel que se lanzará con más energía y avidez sobre el menor proyecto, para volver más tarde a su estado larvario original". 





24 de febrero de 2012

Carta de amor a Orwell

A George Orwell 

Sentado en lo que parece es una sala de estar, sujetas, con una mano, una taza de café y, con la otra, un cigarrillo. Tu mirada está algo perdida, tu pelo corto luce hacia arriba y tu bigote es algo vulgar, muy fino, al estilo de un generalísimo que tanta desgracia trajo a España. No podrías negarlo; conociste en persona sus estragos. 

Introducirme en la fotografía que observo y sentarme en la silla que se posiciona al otro lado de la mesa en la que apoyas tu brazo izquierdo. Mirarte a los ojos. Deleitarme en sus profundidades. Volverme sepia.

Me fijaría en cada uno de los detalles de tu cuerpo; tu boca estrecha, tus labios extrafinos, tu nariz un tanto puntiaguda, la forma ladeada en la que descansan tus hombros y tus piernas cruzadas. Apreciando más allá. Hacia dentro, desde dentro... 

Te hablaría... 

Escucharía tus palabras, serenas y pausadas  
Escucharía tus silencios, calmados y confiados 

Encendiéndome un cigarrillo, te preguntaría si superaste, en algún momento de tu vida, el sentirte al margen, aislado y menospreciado. Si ese sentir es la razón fundamental y el motivo común de quienes aspiramos a pasearnos por el mundo como escritores. 

Te preguntaría también si renunciaste, en algún momento de tu vida, a la condición de panfletista, a los principios y convicciones, principales sustentadores de la escritura, en favor de un ganarse la vida económicamente masificado. 

Observarías mis ojos grandes y redondos. Tal vez, te perdieras en su intensidad, y, seguramente, verbalizarías, mirándome fijamente, aquello de "si quisieras vivir de la escritura, más te valdría casarte con el hijo de un editor". Reiríamos, comprendiendo sin necesidad de decir en viva voz, la ironía de dicha afirmación; jamás nos asustó la pobreza. 

Te preguntaría si han variado, a lo largo de tu vida, los motivos por los que escribes. Qué hacer cuando consideras eres una persona cobarde, pero como escritor te sientes en la obligación de ser valiente. 

Acabado ya el cigarrillo, memorizando cada uno de tus gestos, volvería a sonreír, lúcida por tenerte enfrente de mí y callada por las ansias de escuchar una voz que hilvanaría experiencia y aprendizaje. 

Me sentiría tan... yo... esa sensación cunado te percibes en el interior de tu pecho, como si del estallido de una burbuja de luz se tratara. 

Te preguntaría cómo afrontaste los momentos de soledad absoluta; el estado de sentir más horroroso que cualquier alma pueda experimentar, a veces, insoportable, otras veces, majestuosa. Cuál fue el grado de desnudez textual que alcanzaste en cada una de tus obras y qué ocurrió en ti después de 1984. 
  
Quizás aquel impulso demoníaco de alzar la voz pudo contigo... 
      Quizás cediste a las presiones de la locura... 
             Quizás te abandonaste sin ser consciente de que dejaste de pertenecer a la realidad...

Te imagino escribiendo Días de Birmania, Homenaje a Cataluña, Rebelión en la granja, La hija del Reverendo, 1984... mirando más allá del paisaje que muestra tu ventana, desdibujando en tu mente el color  real de la pared en la que se apoya tu escritorio, corroídas tus manos largas y delicadas por una necesidad imperativa de aplacar el autoritarismo y la injusticia

Te preguntaría si un beso en la mejilla sería excesivo... 
   Un acompañar cariñoso en la ficción políticamente reivindicativa que yo te asigno... 
       por egoísmo agudo 
        entusiasmo estético 
        impulso histórico 
        propósito político 

        por ti 
        por mí 
        por un cigarrillo a medias 
      , y una sala de estar a medias

Te regalaría el sol, Orwell / Garagartza. J.M

14 de noviembre de 2011

Carta de despedida a Zapatero

Estimado presidente del Gobierno:

Le escribe una ciudadana vasca para despedirse de usted. En una semana se extinguirá su cargo en pos, previsiblemente, de Mariano Rajoy. Le preguntaría qué tal está, pero he omitido cualquier referencia porque imagino se sentirá aliviado y alegre de dejar un cargo que parece le ha saturado, debe ser triste que el fin sea el que es. Hace poco escribí un reportaje sobre Adolfo Suárez, y aunque pueda resultar polémico o absurdo, sentí pena; me recordó a usted. Dudo que vaya a leer esta carta,  pero me he decidido por dos razones. 

En primer lugar, decirle que creo que la gestión de su legislatura ha sido muy complicada y que, según la mirada de sus ojos cuando le retratan en las noticias, ansía dejar la política para descansar de críticas constantes y problemas continuos. No le escribo para recliminarle las reformas laborales que ha llevado a cabo, ni el número de parados, ni siquiera la triste situación en la que nos encontramos los jóvenes, puesto que eso ya lo hago en la calle.

En segundo lugar, me gustaría formularle una pregunta. He intentando buscar por mí misma una respuesta sensata. Supongo que se basa en ahorrarse conflictos diplomáticos con terceros países o agilizar convenios económicos.
¿Por qué reformó usted el principio de justicia universal?


España se mostró al mundo como modelo idílico en la aplicación del principio de jurisdicción universal: aquella norma jurídica que habilita(ba) a los Tribunales de un estado para juzgar una causa desconectada con ese estado, pero que por la especial gravedad de la conducta de un tercer estado, atentando los hechos a juzgar contra los valores comunes de la humanidad, se requería una intervención estatal. Entiendo que existe la Corte Penal Internacional, jurisdicción complementaria que solo interviene cuando los Tribunales internos no puedan hacerlo, pero dicho principio amparaba la humanidad, los derechos humanos y la dignidad de la persona. 

Al principio todo marchaba bien, se aplicaba para delitos de tráfico de drogas, después los casos de  Chile, Argentina, Guatemala y más tarde, incluso fue ampliado a prostitución y corrupción de menores, mutilación genital femenina y tráfico de personas. Hasta que en el 2009 modificaron el artículo, sospechosamente coinciendo con el asunto Couso (implicación militares EEUU), Tíbet (procesamiento autoridades chinas) o el Sáhara Occidental. 

Me dolió que no fueron lo suficientemente valientes para explicarles a la ciudadanía la reforma de este principio, escondiéndolo bajo la modificación de la Ley Procesal para la Implantacon de la Oficina Judicial e incluyendo tres puntos de conexión que antes no existían, con el único propósito de dificultar su aplicación. Es decir, la actual regulación contempla que para que la Audiencia Nacional pueda declararse competente para conocer de crímenes internacionales, contra la humanidad o genocidio sean precisos tres puntos de conexión alternativos (requisitos podría decirse para que el lector comprenda mejor):

1) las víctimas de dichos actos sean españolas (crítica del Tribunal Constitucional porque se desfigura el principio en pos del de personalidad pasiva)
2) el supuesto autor se halle en territorio (crítica del Tribunal Constitucional de que no puede exigirse la presencia porque existe el recurso de la extradicción, puesto que no se permite la rebeldía en juicio oral) 3) o que tenga algún punto de conexión, lo que deja una pequeña puerta. 

Y obligatoriamente, es preciso que en el ejercicio de la jurisdicción española no actúen otros Tribunales internos o internacionales. 

En su legislatura, hemos pasado de poder juzgar unos hechos contemplados como crimenes internacionales, contra la humanidad o genocidio, aunque paradójicamente no pudiéramos juzgar el franquismo porque ningún tribunal podía declararse competente, a no juzgar absolutamente nada.
Debe doler ser el responsable de esta catástrofe. Es humanidad. Es derecho. Sé perfectamente cuál es la relación entre ética-derecho-política, pero ustedes dicen ser de izquierdas, socialistas, y atentan contra su propia esencia. 

A pesar de todo ello, le deseo una feliz vida, por supuesto con la pensión vitalicia que le corresponda, incluso cuando se convierta en consejero de alguna multinacional. 
  
Desde Euskadi, 
un cordial saludo.
Josune Murgoitio

16 de octubre de 2011

Memoria sensorial

Cementerio de trenes. Salar de Uyuni/ Bolivia. J.M

¿Qué os evoca esta fotografía? ¿En qué pensáis cuando os centráis en los carriles y seguís hasta el infinito? ¿Y la basura a cada extremo? ¿Esa sombra con forma de figura? 
¿El cielo protector y las montañas traseras?

Me recuerdo frente a estos dos raíles, en un cementerio de trenes en las cercanías del salar de Uyuni (Bolivia), el sitio más espectacular que he visto en mi vida. Mis dos 'compañeras de aventuras' se quedaron cerca del Jeep junto con el conductor. Hacía un poco de frío y a punto de atardecer, decidí caminar entre los trenes abandonados para escuchar lo que aquel sitio me decía.  

Vestía una mayas rojas que me costaron dos euros en el rastro de Madrid, una camiseta cuyo color he olvidado, el North Face que compré con mi sueldo del Diario Vasco, zapatillas Salomon que no hacían más que atentar contra mi feminidad y un bolso que me colgaba del hombro. Bastante feo, por cierto, pero muy práctico; disimulaba mi cámara. Por aquel entonces mi flequillo era cortito,cortito y estaba muy despeinada.

Paseé por los alrededor durante un buen rato, no sé exactamente cuánto, tal vez, veinte minutos. Se escuchaba la conversación que mantenían a los lejos mis 'compañeras de aventuras' y el conductor, lo demás, silencio en estado puro. Me acerqué a los vagones. Sentía el polvo en la cara y el tacto del acero. Miré al cielo, pensé en su inmensidad, las montañas a los lejos resguardándolo, y esos pobres trenes, abandonados, allí, ignorados por todos, privados de su única utilidad, así que fotografíe, apoyada en una especie de esquemas de hierro, subida en uno de los vagones... 

En medio de la nada, sin ningún tipo de preocupaciones, sin que nadie supiese dónde estaba, junto a mis compañeras, cámara en mano, escasos conocimientos de fotografía y ansías por descubrir...

El 16 de octubre de 2010 Josune Murgoitio se embarca en un vuelo rumbo a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).  Inspirado en un ejercicio de memoria sensorial, el texto ha sido recreado como uno de los grandes momentos de su estancia en el país. Por su puesto, también recuerda con una gran sonrisa otros lugares, sensaciones y personas, incluso la ropa que llevaba en otras escenas. 

En especial, recuerda muy frecuentemente la sonrisa de un gran niño, entre otros muchos que también conoció, pero, sobre todo, la de él, Franco, al que se refiere en muchos de sus relatos. Porque aquel niño le enseñó una de las grandes lecciones de la humanidad: la humildad. Además de instruirle en el juego de las bolillas (canicas), demostrarle lo inteligente que era por realizar tan rápido su tarea y compartir con ella su necesidad de afecto. Aún, cuando piensa en él y telefonea a Bolivia para preguntar si continúa viviendo en su 'domicilio', los ojos se humedecen, pero sonríe con mucha fuerza para probar si él siente desde el otro lado del charco la confianza que la muchacha le envía para que sea la persona más feliz del mundo.  

Franco en la guardería /Bolivia. J.M
P.D: A pesar de no ser partidaria de publicar fotografías de menores en Internet por respeto a su intimidad, he querido presentar ésta para mostrar al público lo riquiño que es. Juro que ésta es la única excepción.

14 de abril de 2011

Las letras, aniquiladoras de la desesperanza


Víspera del Día Internacional del Libro. Uno de los mejores días que puedan existir. Emocionada ante la oleada de actividades culturales que se avecinan en Vitoria, me he centrado en la creación de una gran frase: la liberación de los libros, las frases y las letras. Escribir. Leer. Grandes actividades en papel y en digital al servicio de la humanidad. 

Absorta en mi mundo interior, he estado pensando qué han significado para mí los libros. Libertad. El lector no puede hacerse una idea del tiempo que empleo en extraer su significado real. Creo que ya lo he encontrado. Después, sucesivos artículos mentales. Escribo más pensando que en el acto real de escribir; fumando un cigarrillo en el porche de mi casa; paso ligero por la calle rebelándome contra mi acostumbrada impuntualidad (la rebeldía también es bastante común);  mientras tomo la cerveza que pone fin a una noche demasiado larga; cenando con alguna amiga o en el instante posterior al que cierro la tapa del libro que siempre deposito en la mesilla. Si tuviese una grabadora interna, hace tiempo hubiese publicado ya mi novela. Aunque se trataría de un ensayo, porque mis artículos mentales tratan sobre crítica periodística, despecho a la política española, resistencia a  la presión social o sobre el absurdo alcance del dinero en nuestra sociedad. 

Absurdo también intentar recostruir uno de esos artículos mentales. Nunca lo consigo. Se disuelven en cuanto me acerco a mi cuadernillo. Una pena, creo que son bastante interesantes. Los libros son geniales. Conllevan a la libertad. Un concepto en desuso y recluido a una pequeña minoría, que somos nosotros, los que vivimos en el denominado "Primer Mundo", aunque pocos se atreven a utilizarlo. Joseph, amigo mío italiano, me recordaría en este momento que yo también formo parte de la masa y no podría hacer otra cosa que asentir.

Aun no había cumplido tres años cuando fimé con una X mi primer carnet de la biblioteca. Recuerdo aún aquellas letras extrañas dibujadas en una pizarra. Después, la lectura de los que mi madre compraba en el Círculo de Lectores y las veces que yo escondía, no muy disimuladamente, los libros en la biblioteca para que no se los llevaran otros.

George Orwell me mostró el fascismo de los gobiernos, sin necesidad de que fueran dictatoriales, y me obligó a no creer en cifras que gobiernos y medios de comunicación arrojan: hará 20 años que un 4 de agosto no hace tanto calor. Extraño que estadísticas así se registren.  Dutschke me mostró el poder intelectual de la Universidad. Ortega y Gasset justificó la existencia de la denominada "fauna". John Pilger me abrió la puerta a un periodismo dinámico y no muy publicable. Jane Austen me trasladó a aquella elegancia de las letras. Así podría poner muchos ejemplos. 
 
Siempre he escrito. Es mi esencia. En los buenos y malos momentos. Como vía de escape, entretenimiento y  manera de plasmar recuerdos. En mis primeros días en Alemania, sin saber muy bien qué hacía en aquella ciudad, salí a la calle a buscar mi cuaderno de reflexiones. Lo compré, pero era tan bonito, que me dio pena utilizarlo y otro ocupó su lugar, en especial, en la orilla del río Mosel junto a un muchacho que solía ir a pintar. Allí estábamos los dos, mirando al vacío, pero plasmando en aquellos cuadernos lo que más allá veíamos.

Escribo en muchas partes: la cafetería del Artium, el Templo de Deboth, la cafetería bonita de Mondragón, un tren rumbo a Venecia, en el autobús hacia Madrid e incluso, en una clase teórica del carnet de conducir, harta de las explicaciones de un profesor que atiende más al bótox de sus labios y a las faldas de una de las alumnas que a la velocidad genérica máxima en una autopista. 

Leer y escribir fueron mi esencia en Bolivia. Allí nació Teclas sin pulsar, un blog inolvidable para mí, los reportajes y la firme convicción de que el Capitán Trueno nunca abandonaría las paredes de la guardería. Hace poco, Ana y yo llamamos a Bolivia. Charo, cocinera de la guardería y alumna mía en el taller de escritura, me dijo que había aprobado el curso. Me alegró mucho. Después hablé con su hermana Verónica, otra de mis alumnas. Mujer que escribía textos apasionados, impregnados por la tinta del odio, la rabia y la desesperación. Yo corregía sus redacciones, me acercaba a ella, hablábamos sobre el contenido y se deshacía en abrazos. 

Cuando hablé con Mileisa, otra de las educadoras, me comunicó que su hermano seguía en la cárcel. Aquel hombre que tuve la suerte de conocer, que me contó toda su historia, cuya mirada me mostró el significado real del dolor, la agonía y la injusticia. Tras aquella conversación, abrí mi cajón de periodismo y saqué el reportaje. Hará unos meses se lo presenté a José Gabriel Mújica, director del DV y un gran tipo, pero no me lo publicó porque no tenía fotos. No pude introducir mi cámara. Tampoco me atreví. Me he decidido a contactar con determinados medios para que vea la luz, no por dinero, ni siquiera por el  éxito, sino porque su historia merece ser conocida. Es la única aportación útil que puedo realizar. Inolvidables también las cartas que mi hermana y yo solíamos intercambiarnos cuando yo regresaba a Madrid. Ella las escondía en mi maleta y yo se las dejaba encima de la mesa.

Constantemente me paseo por las librerías. Aquella de segunda mano en Trier, donde mensulamente compraba dos o tres libros en alemán, nunca pasaba de la décima página. En Santa Cruz de la Sierra aquella librería extraña, sombría, con un hombrencillo muy gracioso, grandes gafas y concentrado en la lectura apoyado en una gran mesa de madera. Allí compré un libro que creo está prohibido en Europa. Me emocionó la idea. En Vitoria he encontrado a la librera más simpática del mundo. Es rubia, alta, joven y delgada. Siempre me pregunta si soy escritora y yo le contesto que en ello estoy.

Siempre he girado en torno a las letras. Sería un error no intentar vivir acosta de ellas. Nos abren caminos. Privan a la vida del significado que la mayor parte de la sociedad le atribuye: el éxito, la estética, lo estereotipado, la frustración. Con ellas soñamos. Soñar es importante, porque solo así se ejercita la acción. Aniquilan la incomprensión y la desesperanza. Muestran otras vidas; diferentes o iguales. Asimilan la pobreza con la felicidad. La fealdad se vuelve destello. Lo imaginario puede hasta convertirse en real.

22 de enero de 2011

Mosquitos y San Salvador

¡Qué importante es la salud! Eso mismo pensé cuando salí por cuarta vez consecutiva de San Salvador, una pequeña consulta médica situada a diez minutos de mi casa. Generalmente, no apreciamos lo bien que nos sentimos, hasta que ocurre lo contrario. Podría haber llamado a mi seguro, que me comunicaran a qué hospital acudir, una hora de desplazamiento en micro y haber ido allí. Deduzco que mi seguro no tiene convenio con ninguno de los centros médicos del octavo anillo y, con tantas cosas que hacer, se siente pereza. Así que San Salvador alcanza.

Durante mi mochileo por Bolivia fui la persona más feliz del mundo. En el altiplano hay mal de alturas, pero no mosquitos. Si me diesen a elegir, optaría por el primero, porque el segundo consigue enervarme seriamente. En Santa Cruz no tengo opción entre ellos y el calor asfixiante. Solo queda tomar las precauciones correspondientes: dormir con mosquitera, untarse de repelente cada dos horas (no lo cumplo estrictamente), evitar ropa negra (inevitable para mí) y usar manga larga (imposible por el bochornoso calor).

En mi cuarta consulta, el doctor me conocía de sobra. De hecho, los cinco minutos en su despacho se desarrollaron entre quejas por mi parte, risas por las suyas y lamentos por parte de mis amigas. Y es que nada más entrar por la puerta, me dijo, "señorita siempre viene por la misma razón". Efectivamente así es.

Así que me dispongo a relataros cronológicamente esta sucesión de acontecimientos médicos, nada afortunados para quien los sufre, pero bueno, me consuelo pensando que, mientras que se trate de eso, no hay que quejarse excesivamente. Peores cosas pueden suceder. El dicho de 'a la tercera va la vencida', pura tontería. Lo del 'rh negativo de los vascos', completamente absurdo. Soy la única vasca entre las voluntarias y la única que ha tenido que acudir tantas veces al médico.

En una primera impresión, la consulta me produjo un sentimiento de desconfianza. Una se acostumbra a acudir a Osakidetza: grandes hospitales, limpieza en los suelos, las recepticionistas que dan la vez, las salas de esperas y las consiguientes esperas innecesarias...

Aquí no sirve. Lo primero, es necesario acudir a la farmacia de la que es dueño el centro médico y pagar 20 bolivianos por una ficha para la consulta (más o menos dos euros, aunque no sé con exactitud cuánto habrá bajado el euro ). Una vez posees la ficha, accedes al centro médico, que podría describirse como un bajo de unos 60 metros cuadrados, dato probablemente incorrecto, porque no se encuentra entre mis habilidades el medir los metros cuadrados de un sitio.

Una vez dentro, lo primero, un pequeño hall bastante limpio, en el que has de rellenar una ficha cuando acudes por primera vez. En mi caso, soy más que conocida. Inmediatamente después, te ofrecen un termómetro para medir la fiebre, sin haberte consultado previamente. Yo siempre rechazo esta opción, lo mío son los mosquitos, no los catarros, ni las gastrontiritis... Una vez saltado este paso, te pesan y después a esperar.

La espera se prolonga hasta que a lo lejos se escucha un grito, que descifro, con grandes esfuerzos, como mi nombre. Entro en la consulta, doy la mano al doctor y comenzamos a hablar.

Todo este proceso se repite cada vez que se acude al lugar. En la consulta tampoco varía excesivamente. En la última lo novedoso ha sido el dengue, que se contagia a través de los mosquitos, se encuentra activo y provoca fuertes dolores de cabeza, fiebre alta, dolor muscular y un cansancio que te apotrona en la cama. Sería todo un reto matemático no contraerlo con la cantidad de mosquitos que se apoderan de mi sangre. Después, siempre pinchazo antiestamínico y tableta antiestamínica. Con la receta en la mano, vuelta a la farmacia, te comunican el precio que has de pagar, respondes afirmativamente y vuelta otra vez a la enfermería.

Una vez acabado todo y tras preguntar a la enfermera cómo se puede dedicar a pinchar a la gente (me parece básico, pero muy desagradable), una sale contenta y feliz. El pinchazo es el punto de partida que elimina una serie de factores que podrían desencadenar en una nueva consulta. Allá va, el pinchazo elimina el picor, por lo tanto baja el hinchazón y el picotazo empieza a adquirir un color rosa-rojo que a lo largo de los días va desapareciendo. Por lo tanto, no se siente la continua necesidad de arrascarse y, consiguientemente, no se infecta, de forma de que no es neceario acudir nuevamente a San Salvador para que te curen las heridas.

Lo malo, ¿es posible ser adicta a la cortisona?. Y peor aún, veo alejarse el Congo de mis futuros viajes, cada nueva consulta en San Salvador frustra mis expectativas de conocer África. Malditos mosquitos y maldito dinero, porque si no lo tuviese, hubiese sido incapaz de pagarme los pinchazos y los medicamentos. Claro que yo tengo un seguro médico. A pesar de ser abasallada por ellos, por lo menos, tengo con qué remediarlo. Lo que sí hay que tener en cuenta es que no siempre ocurre en la población del octavo anillo.

Niños que roban corazones

Es difícil escribir un artículo sobre un final. Aunque esta vez se trate de un final feliz. La verdad, es que agotada de tanta despedida y de últimos preparativos, no he podido resistirme a escribir un último post desde Santa Cruz de la Sierra

Vista aérea Santa Cruz de la Sierra. J.M
Han pasado dos meses desde aquella madrugada que aterricé en este país. Parece que ha pasado una eternidad. Aquí todo se vive de otra manera. Sí, hablo de intensidad. El lector podrá pensar que soy una pesada, no le quito razón, pero es que es verdad. 

Entre pena y alegría, intento hacer balance de todo lo que he visto aquí. Es difícil. Creo que ni siquiera he asimilado el 25% de lo que Bolivia me ha enseñado. En concreto, esos niños de la guardería que han adueñado de mi ternura, que me han enseñado muchísimas cosas. También sus familiares, que con buenas o malas costumbres hacia los más pequeños, me han enseñado otro tanto. 

¿Qué significa ser pobre? A primera vista, no tener para comer, para beber agua potable, para tener un techo donde cobijarse. Sin embargo, la pobreza es también afectiva, destruye a las familias, transforma las relaciones sociales, anula al ser humano. Es extraño cómo el mundo se rige por un sistema monetario ficticio. ¿Qué son 20 euros? un papel que representa un valor. ¿Dónde se deposita ese valor? ¿dónde nace? Un valor que ni siquiera es real, porque varía según las condiciones del mercado y según los agentes que en él intervengan. ¡Qué absurdo que algo tan insignificante tenga tanta repercusión en tanta gente!

Es increíble comprobar cómo demasiada gente vive en condiciones excesivamente infrahumanas. Cuando una visita por primera vez una de estas casas, se da cuenta del alcance del término 'pobreza'. Al principio es destructivo, después normalizas la situación y aprendes a comprobar cómo las familias luchan por salir adelante, comparten lo que pueden e intentan crear un espacio de felicidad. 

Las casas. Paredes, en el mejor de los casos, construidos por ladrillos que se unen en 16 metros cuadrados. Allí pueden vivir desde cinco hasta catorce personas. No miento en las cifras, lo he visto con mis propios ojos. 'Baños' que consisten en cuatro palos unidos por telas. Jardines llenos de basura. Alambradas en los extremos del 'lote' (la parcela). Es muy difícil describir estas condiciones, roza la ficción. 

En muchas ocasiones, se confunde pobreza con miseria. No tiene nada ver, he conocido a miserables que no son pobres. Afortunadamente, la dignidad no entiende de economía. El ser humano tiene dignidad por su condición de persona. Eso no es ficticio, es real

Días antes de llegar a Bolivia vi un documental sobre el que escribí un pequeño artículo. 'Calles sin nombre', documental que narra la situación de familias y niños en el Plan 3.000 de Santa Cruz de la Sierra, consigue remover al espectador de su butaca. Felicito a Jorge Peña por un excelente trabajo que consigue plasmar perfectamente la realidad del barrio. Felicitaciones aparte, la cuestión es que me impactó seriamente. Es normal, al fin y al cabo, me venía para esta ciudad. Hace dos días, después de haber conocido a Nicolás Castellano y haber estado viendo el proyecto, volví a ver el documental. La verdad es que no me extrañó. Una se acostumbra a las calles sin asfaltar, a la suciedad, a los mercados en todas las esquinas de la ciudad, a la desestructuración familiar y a los dramas sociales. ¡Vaya!, pensé, ni siquiera me he inmutado. Éste es el cambio. 

Los niños. Pequeñajos de cuatro y cinco años que pagan en carnes la incapacidad monetaria de los padres para pasar de mes, sufren ausencias de 'jornadas laborales' demasiado largas. Niños desprovistos de sus padres por 2 euros al día, que es la cantidad, que muchos de ellos consiguen. ¿Y qué son dos euros? Un valor, el de la vida. 

Esos niños que sufren abusos, el alcoholismo de sus familiares, que son golpeados, que no son cuidados cuando están enfermos, que no reciben afecto. Todos ellos son las víctimas del término 'pobreza', de los estados que viven más preocupados sobre qué desvelará Wikileaks a cómo vivirán sus ciudadanos. También víctimas de nuestra irresponsabilidad, que cerramos los ojos ante una situación notable desde hace tiempo. 

Esos seres inocentes que no tienen la culpa de nada, muchos de ellos, obligados a trabajar desde los seis años, obligados a ser adultos y cuidar de sus hermanos pequeños. Ellos son los que me han robado el corazón. A pesar de todos sus problemas, llegan sonrientes a la guardería, corren a darte un gran abrazo y te declaran la guerra de las cosquillas. Esa es la mayor satisfacción que un voluntario puede sentir

Este blog ha supuesto para mí una ventana a mi realidad. Vuelvo a ella. Creo que de otra forma, aunque aun no la haya descubierto. Espero que el lector haya podido hacerse una pequeña idea de todo lo que he querido transmitir. Pido perdón por los fallos cometidos. 

Y toca la hora de los agradecimientos; Agradezco a los Misioneros de la Sagrada Familia, en especial, a Luis y Loacir por haberme acogido en la casa, mostrado esta parte del mundo y haber hablado conmigo cuando así lo he necesitado; Agradezco a mi familia y a mis amigos haberme apoyado en todos los momentos, buenos y malos, siempre están ahí; Agradezco a Marisol, coordinadora del centro, haber tenido tanta paciencia con nosotras, habernos llevado de aquí para allá y haberse prestado a todo lo que necesitábamos; Agradezco a Anabel mostrarme otra forma de vida. Sobre todo, agradezco haber vivido esta experiencia con Ana, sin ella, no hubiese sido igual. Y también, a ti, querido lector, por atreverte a leer verdades. Porque ésta duele. Y en el alma. 

Artículo publicado en Teclas Sin Pulsar

Cansancio cruceño

En Santa Cruz de la Sierra se vive cansado. El clima, absolutamente variable, fatiga. Existen diferentes posibilidades de sobrellevar la cálidez subtropical de la primavera de aquí. Teóricamente el verano comienza el 21 de diciembre. Inimaginable cómo será sobrevivir al calor de la navidad. Para que el lector se aclare, las estaciones no están tan diferenciadas, y lo que se conoce aquí como primavera podría considerarse como una ola de calor propia de verano de allí. Puede suceder:

1. Pasar mucho calor durante todo el día. Ejemplo de hoy: 30 grados, parcialmente nublado, viento N a 19 km/h y 50% de humedad. La sensación térmica no corresponde a 30 grados. El placer de salir de la ducha dura aproximadamente diez minutos. A partir de entonces, vuelta a empezar con la misma sensación. No es sudor. Se trata de un transpirar constante. En esta alternativa cabe la posibilidad de que se una el viento del sur, que suele ser cálido y remueve todos los caminos sin asfaltar, de forma que uno se cubre, en contra de su voluntad, de polvo. En esta primera alternativa las noches son horribles.

2. Dormir plácidamente con relativo frescor, hasta que uno se despierta a las cinco de la mañana sobresaltado por los destellos y el sonido de una tormenta eléctrica, mezclada con viento y lluvia. En este supuesto, parecería que los relámpagos te vayan a alcanzar en cualquier momento, aunque la tormenta se encuentre relativamente lejos de tu alcoba.

3. Lluvia. Igual a frescor. También a mosquitos. Las calles se llenan de charcos y es toda una aventura recorrerlas a pie. Lo bueno es que uno se alegra porque sabe que podrá dormir bien, protegido por la mosquitera, claro. En esta posibilidad, lo corriente es mañana fresca y, a medida que llega el mediodía, el sol adquiere progresivamente protagonismo hasta llegar a su típico esplendor, por lo que la chaquetilla que llevas a cuestas deja de ser útil.

El clima es un gran factor. Véase si no las consecuencias de la falta de sol en Noruega y Finlandia (=depresión). En Bolivia el sol es protagonista. La vida gira en torno a él. Se vive desde que sale hasta que se pone. Y el calor, que es el eje de la alegría y la simpatía de estas gentes, amodorra de tal manera, que es necesario hacerse rápidamente con una Coca-cola para subir forzosamente la tensión.

El clima también influye en los animales. Ésta es la teoría de una de las voluntarias. Yo le aconsejo que la patente. Según ella, el calor lo aumenta todo. Los lagartos de aquí alcanzan el metro y pico. Sí, lo he escrito bien, un metro y pico. Existen todo tipo de bichos, escarabajos enormes que uno solo ve en esta parte del mundo, petos (especies de abejas), toda clase de mosquitos. Chicharras que emiten sonidos muy extraños. Son pequeños animales, una especie de mezcla entre escarabajo y pajarillo, para ser exactos, un insecto medio escarabajo del tamaño de la palma de una mano, que se posa en los árboles y que no deja de cantar escandalosamente. Es muy extraño y sorprendente cómo un bicho de tal características puede emitir tales sonidos. A mí me hace gracia, porque mi amiga visualiza perfectamente la época de los dinosaurios.

Y de la misma manera que influye en los animales, también lo hace en las personas. Porque dar un paso fatiga. Por lo menos, para nosotros, los extranjeros. Los autóctonos viven acostumbrados. Me sorprende cómo se desenvuelven durante todo el día. La capacidad que tienen para no descansar. Continuamente están ocupados, en el trabajo, en obras caritativas, en visitas a familiares, en lavar la ropa a mano, en cocinar... No existe el concepto de vacaciones. De hecho, la época de las vacaciones se aprovecha para hacer trabajos comunitarios o trabajar en otra cosa. Decir que necesitas dormir más de seis horas diarias parece una locura. Ellos son incapaces de permanecer más de siete horas en la cama. Será para huir del calor, de las condiciones en las que viven o de ser conscientes de dónde y cómo están. Tal vez, sea simplemente del calor y lo demás, me lo imagine yo.

La Bolivia positiva

Reeleídos los artículos que he escrito desde que llegué, da la impresión de que todo lo que he encontrado en Bolivia es negativo. Pido perdón, tiendo a la escritura melodramática, y engañaría al lector si no relatase todo lo que hasta ahora he visto, sentido y aprendido. Así que una buena enumeración servirá para rectificar y mostrar el otro lado de una cara, que es la pobreza o para quien me siga, el otro lado de aquel mapa conceptual aún sin dibujar. A toda situación es necesario darle la vuelta, y si estoy aquí, es por esa otra cara. Vine a Santa Cruz fue para hacer balance, y no dejarme arrastrar por la pena y el asistencialismo.

- "Es la ley del cruceño la hospitalidad". Ésta afirmación puede leerse en la entrada de la ciudad. Ciertamente así es. Santa Cruz de la Sierra puede presumir de la amabilidad y la hospitalidad de su gente. Ofrecen al visitante todo lo que tienen y rápidamente le hace sentirse como en su propia casa.

- Aprendizaje. Es emocionante estar aquí. Cada día se aprende algo nuevo. Es, simplemente, encantador no tener una vida aburrida, caracterizada por la rutina y la cotidianidad. Poco a poco, se profundiza en historias personales y aumenta la perspectiva de una realidad compleja y muy diferente a la de España.

- El idioma. Una de las razones por las que opté por América Latina fue el castellano. A priori, no planteaba ninguna dificultad. África me exigía el esfuerzo añadido de hablar en inglés, o francés, idioma que desconozco absolutamente. Aunque en Bolivia se hable español, lo cierto, es que muchas de las palabras tienen significados completamente diferentes, lo que exige replantearse hábitos lingüísticos. He tardado tres semanas en acostumbrarme a cómo hablan (adaptación que aún continúa) y en dirigirme a usted (me cuesta). Muchas veces, tengo la impresión de que no me entienden.

Por ejemplo, al cerdo le llaman chancho, a las sandalias chinelas, a la camiseta polera. No puedes decir 'qué monada de niño' porque lo entienden literalemente. El verbo coger hace alusión a la consumación del acto sexual (dicho de una manera elegante), al autobús se le llama micro o flota y cuando alguien se refiere a una gran cantidad de algo, dice harto. Por ejemplo, tengo hartas lechugas en mi huerto.

- Trabajar con niños. Nunca he tenido un contacto muy especial con ellos. Hablo con mucha propiedad (sin que suene a soberbia), excesiva seriedad y dirigiéndome a los adultos. Me siento muy poco payasa y he decidido modificarlo.

- La comida. Antes de llegar pensé que perdería kilos, ahora lo dudo. A diario se come arroz, acompañado de carne, maiz cocido, ensalada, lentejas... Los platos típicos son el cuñapé (pan al horno relleno de queso), la sopa de maní (no sé qué ingredientes contiene), entre otros. Además, existe una gran variedad de frutas como la papaya, chirimoya, maracuya y aguacate. Sin mencionar los jugos y los helados, que están buenísimos.

- La vegetación. A pesar de que llueva poco, se observa una paisaje verde, repleto de palmeras y de miles de árboles y arbustos, cuyos nombres soy incapaz de recordar.

- Los atardeceres. Es impresionante ver cómo se alza un sol rojizo resplandeciente, que consigue formar una combinación de rosas y claros sobre el horizonte. Desaparecen en un abrir y cerrar de ojos. Anochece en cuestión de dos minutos.

- Las estrellas y el cielo. Desde esta parte del hemisferio no se ve la osa mayor. La luna cuando tiene forma de C es que es creciente, no como en España que es alrevés.

- Horario solar. La vida transcurre según las horas de sol. Amanece a las 5. 15 y anochece a las 19.00 de la tarde. No es necesario cambiar la hora.

- El día a día. Cualquier planificación es espontánea. Lo que exige flexibilizar. Tenemos un pensamento excesivamente estructurado. Ayer me hice un planing de todas las cosas y sitios que quiero visitar. Imposible de cumplir a raja tabla, porque siempre surge algo imprevisto. Si no tienen dinero no se preocupan. La gente vive endeudada. Es de admirar que no se estresen, independientemente de la historia de cada uno.

- Mis herramientas. Si algo soy consciente en este sitio, es que mis únicas herramientas válidas son la escritura y la lectura. Hábitos inusuales en la mayoría de esta población. Mi objetivo consiste en impulsarlas y mostrar su importancia. Solo ellas pueden combatir la estupidez y la ignorancia. Si antes de venir, tenía claro que la única forma de ser feliz era dedicándome a la escritura, aquí lo reafirmo.

- La religión. Vivo rodeada de católicos. Aún no he conocido ningún ateo. Aunque en ocaciones me harte, he desarrollado una gran capacidad para pensar sobre todo lo que dicen. Me gusta verme en la tolerancia, me hace sentirme más humana y soy más atea de lo que nunca pensé. También soy consciente de que tengo un pensamiento muy científico.

- La lucha por la supervivencia. Las víctimas de todos esos dramas que he presenciado se levantan cada día para proseguir, independientemente de las condiciones. Es de admirar cómo, entre sonrisas forzadas, siguen adelante.

Me siento optimista. Soy soñadora. También lo dije en uno de los post. Me siento repetitiva. Creo en la humanidad, en la posibilidad del cambio. Bolivia parece la España de hace 60 años, tal vez, más agravada. España consiguió salir adelante, con sus más y sus menos, con sus gobiernos de izquierda y derechas, aunque mirando hacia atrás y al presente mismo, la derecha haya sido primordial en España. Esperemos que esto también cambie en Bolivia.

Mapas conceptuales

Después de la tormenta siempre llega la calma. Hoy llueve, y lo agradezco en el alma. La lluvia es sinónimo de frescor y he podido dormir más de tres horas seguidas sin despertarme por el calor.

Este artículo trata sobre la intensidad, que se materializó ayer. El día de ayer fue intenso y asombroso. Fui un poco consciente en medio de qué situación me encuentro. Previo a la historia, he medio dibujado un mapa conceptual en mi mente, cuyo resultado aún está por determinar, pues soy incapaz de enlazar todos los conceptos.

En las dos semanas que llevo aquí, a través de la guardería, las visitas que las educadoras realizamos a las familias de cada uno de los alumnos, trasladándonos a sus casas y observando la situación en la que niños y padres viven, yendo por el centro, paseando por el barrio, viendo a la gente en la parroquia...

He extraído: pobreza escondida, miseria a la vista de los ojos, corrupción, analfabetismo, religión, lucha, suciedad, alcoholismo, violencia de género, carencia de afecto, fragilidad de las instituciones, inexistencia de un poder político, manipulación mediática, inexistencia de vínculos sociales, falta de intimidad. Podría continuar, pero creo que llegados a este punto, es suficientemente complejo. No sé cuál de ellos es la causa que determina el caos ante el que me encuentro.

Últimamente pienso en que el lector me ha abandonado a mi suerte. No sé quién me lee, ni a quién le interesa lo que escribo. Prometí verdad y aquí está. A veces gusta, y otras, asquea. Siento faltar a mi palabra, muchas veces, a pesar de mis esfuerzos, soy incapaz de mostrar un fondo positivo. Si pudieseis comprender vosotros mismos la importancia de estos miserables textos, os darías cuenta del alcance que tienen. Provocan en esta gente una sonrisa. . Una feliz sonrisa.

Vuelvo al tema que nos ocupa, que siempre me voy por las ramas. El día de ayer, viernes, comenzó como de costumbre. A las 7.30 horas estaba ya en la guardería. Mi sala es la de Kinder, que acoge a unos 28 chavales de cinco años con la tía Jenny (profesora). El lunes conocí a Franco, un niño de cinco años, morenito, que me llega por encima de las rodillas, con grandes y negros ojos, carita sucia, sus chinelas de spiderman (chancletas) y una gran sonrisa cada vez que me ve. Si tuviese que elegir a quién salvar, sería a él. No sé por qué. Siento en el alma ser tan selectiva. Es de los primeros de la clase, concluye su tarea con una rapidez extrema y su gran pasión son las bolillas (canicas).

Siempre he odiado los favoritismos. Hago grandes esfuerzos por no caer en ellos, pero con él es inevitable. Siempre le doy besos, le abrazo, juego con él a las bolillas... Poco a poco me he ganado su confianza, e incluso me dejó sus bolillas para que se las guardara.

Las educadoras ya se han dado cuenta de mi preferencia y siempre me dicen a ver si me lo llevo a España. Yo me río y bromeo respondiendo que sí. En una de estas, Mileisa me dijo "estaría mejor con vos, está medio abandonado, su madre solo está un día a la semana en casa y queda a cargo de su hermanita de 12 años". El padre no existe, fue un simple proveedor (metáfora).

Miré aquel niño y pregunté qué había hecho para merecer esa situación. Me pregunté por qué él sí y yo no. Por qué él aquí y yo no. Por qué el tiene una madre que lo desatiende y yo no. La única respuesta que encontré fue la de salir y llorar. Lágrimas por la humanidad, por impotencia, por dramas que me quedan demasiado grandes y,sobre todo, por la situación de estas personas, que existen de verdad, que tienen nombre y apellidos, que sufren como nosotros, que se alegran como nosotros y que viven en condiciones que les desarraigan de la dignidad de todo ser humano.

Mientras lloraba, yo sola en el jardín de la guardería, pensé en secuestrarlo y llevarlo a España para cuidar de él. Absurdo e irreal. Pensé en apadrinarlo. Absurdo también, porque aquí no existen los buzones y dar dinero no es una solución. Pensé en trasladarme a su casa y cuidarlo. Absurdo también, me implicaría demasiado con el riesgo de caer en una depresión. El único pensamiento acertado fue darle mi máximo cariño e inculcarle la lectura.

A veces le miro y me preguntó que será de mayor, él dice que ya lo es. Me pregunto si será como muchos de los hombres, que se dirigen con malas costumbres a sus esposas. Si abandonara también a sus hijos, como a él le ha pasado. Si será comerciante de lo que se pueda como el 60% de la población de esta ciudad. Si vivirá en condiciones infrahumanas o si por el contrario, será universitario, tendrá un gran oficio y vivirá feliz. Esta alternativa me entusiasmó.

Después fuimos a realizar más visitas. Más miseria, más pobreza. Este tema será objeto de un próximo post. Al final, sin quererlo, acabé en la celebración de una boda en un hotel de cinco estrellas, rodeada de lujo y riqueza. Allí también había niños, pero ellos, afortunadamente, no entran dentro de mi mapa conceptual aún por dibujar. Una pena que Franco haya sido seleccionado por el puro azar para formar parte de él, aunque pensándolo mejor, no es un concepto, en una persona, esencialmente, inocente. Y a él, le dedico mi artículo.

Verdades a la carta

La mesa en la que las educadoras de la guardería almuerzan. El tema de hoy no trata de un simple mueble de madera, sino que va más allá. Es el símbolo del descanso, de la supervivencia y de la lucha de siete mujeres. Cada una de las historias de Marisol, Jenny, Filomena, Adela, Carmela, Paola y Mileisa lijan la madera. El desahogo y el compañerismo la abrillantan. El resultado, además de soporte para alimentarse, es la constitución continua de verdades parciales en Bolivia.

Después de cinco horas de trabajo, alrededor de la 13.30, nos reunimos en torno a esta mesa para comer todas juntas, mientras todos los niños duermen la siesta. Desde una de las sillas he podido avistar una parte ínfima de la situación cruceña.

En uno de los almuerzos, Marisol, coordinadora del centro, relataba la dificultad de adoptar a uno de los bebés del centro. Para preservar la intimidad del chavalín, no mencionaré su nombre, pero él estaba presente en ese momento. Contaba cómo la abuela biológica suele escaquearse para no dar su autorización en el Juzgado. Finalmente, parece haberlo conseguido, después de que hablase en persona con la madre biológica del pequeño. También pequeña ella, pues tuvo al crío a los 13 años y,seguramente, fruto de una violación por parte de un señor mayor.

Después de tenerlo, cogió sus pertenencias y dejó al chaval en la chabola donde vivía, hasta que más tarde su abuela lo abandonara en el centro, porque, según ella, daba mucho trabajo. Miré aquel niño y pensé en lo duro que debe de ser nacer con esa condición, fruto del odio y la rabia de una niña que ni siquiera es mujer y que no denuncia los hechos porque no tiene a quién acudir. Es impunidad. Impunidad en la sociedad y en el sistema judicial.

En otro de los almuerzos, llegó la inspectora de la Prefectura. El 30% de la financiación del centro corre a cargo del Gobierno autonómico. La navidad se acerca y muchos consiguen lucrarse a costa de los demás. La señora exigió la elaboración de 15 tarjetas navideñas para poder venderlas, pero, indicó claramente, que no debían de llevar el sello del centro. De lo que no habló fue del coste del material, ni a quién sería destinado el dinero que conseguirían. Eso es explotación infantil, también impunidad, impunidad de un gobierno que piensa excesivamente en sus intereses y no repara en las necesidades reales de esta gente.

En este mismo almuerzo, yo les pregunté sobre las condiciones laborales. 800 bolivianos mensuales, lo que equivalen a unos 80 euros. 10 horas diarias laborales, una hora de descanso (si se tiene la suerte de que los niños se duermen), dos días a la semana libres que dedican a obras caritativas y a sus quehaceres, y vacaciones de dos meses sin cobrar.

No solo esto, sino que les pagan con dos meses de atraso y una llamada teléfonica alerta sobre la necesidad de acercarse al centro en un tiempo máximo de una hora para poder cobrar. Al día siguiente puede ser demasiado tarde para hacerlo. Entonces, se plantea el problema de cómo dejar a 100 chavales a cargo de nadie, porque cada cual debe cobrar su sueldo. Si el estatuto de los trabajadores en España suena a risa allí, aquí ni te cuento. Es impunidad, impunidad del abuso del poder y de explotación laboral.

En el último almuerzo, una de las cocineras ha llegado llorando. Le han avisado por teléfono diciéndole que le estaban robando en casa. Se han llevado todo, DVDs, televisión, teléfono, la plata (dinero, 150 bolivianos, 15 euros), la garrafa (bombona de gas), muebles... todo. Tres asaltantes a punta de pistola han entrado y lo han saqueado todo. También su poca intimidad, su poca seguridad y sobre todo, el gran esfuerzo que supone ahorrar un mínimo. Es impunidad de la comisión de delitos, impunidad de la violencia. No tiene a quién reclamar, una denuncia no sirve para nada.

Impunidad, impunidad e impunidad. Harta de ver tanta injusticia, intento tener perspectiva. Con sus ojos tristes, sus caras cansadas y sus manos excesivamente abiertas de parar tanto golpe, me demuestran cada día el poder desgarrador de las mujeres, que sobreviven y luchan. Por ellas, por sus hijos. Imposible contra la impunidad. El sistema está podrido.

La hora de los pobres

“Evo, es la hora de los pobres”. Esta reivindicación aparece en uno de los graffitis en el octavo anillo de Santa Cruz de la Sierra. En una sola frase se aglutina la oposición de la ciudadanía a Evo Morales y la pobreza generalizada de la población. 

Muro en el octavo anillo de Santa Cruz. J.M
 Advierto que aún me encuentro en estado de shock y que a escasos días de mi llegada, no tengo la capacidad de articular más de tres palabras seguidas, tengo los ojos y los oídos demasiado abiertos como para preocuparme por las palabras. Me resulta muy complicado escribir este artículo porque es muy difícil describir una realidad que me parece absolutamente "irreal". Pero hay que ser valientes y por lo menos, intentarlo. 

La hora de los pobres. No sé cuándo llegará, pero desde mi barrio, parece algo lejano. A medida que uno avanza desde el primer anillo de esta ciudad, que es el centro, retrocede en humanidad. El octavo anillo es un cúmulo de laberintos callejeros sin asfaltar que se entrecruzan a su antojo. Las personas viven entre polvo y basura. A todas horas hay gente que merodea por las calles y niños que juegan en los recientes canales (construidos para la época de lluvias). 

Aquí no hay nada, salvo chabolas, polvo, supervivientes, alguna que otra farmacia, dramas personales, consultas médicas privadas, ventitas (puestos que los vecinos colocan a su antojo) y poco más. Aquí no existen los cafés, ni los cinés, ni los centros comerciales. No es de extrañar que la Iglesia tenga tanto peso, sustituye al gobierno en estos barrios marginales. La gente se aferra a la religión como arma de supervivencia. Es muy impactante. Más aún si se tiene en cuenta que la única que no reza soy yo. Hecho que en determinados actos me incomoda, pero no puedo luchar contra mi falta de creencia. 

Una imagen que contrasta con las condiciones del octavo anillo. J.M
Para desplazarse hasta el centro de la ciudad es necesario tomar un micro, que es un autobús al estilo de los años 50 donde la gente se agolpa y solicita parada donde le conviene. Al día siguiente de mi llegada, tenía que cambiar algo de dinero y comprar agua (indispensable para evitar agonías intestinales) y tenía muchas ganas de conocer el centro, así que Luis y yo nos embarcamos en uno de esos micros. El recorrido de una hora me pareció muy divertido. La gente subía y bajaba, algunos con música (Enrique Iglesias, Oasis)... 

Plaza de Mayo. Centro cruceño. J.M
La esencia del centro es el caos. Impresionante cómo los taxis, los autobuses, los coches, las motos, los jeeps, los transeúntes luchan para cruzar o transitar por la calle. Impresionante cómo los ciudadanos venden fruta, productos comésticos, verdura, ropa... cualquier cosa, a cada paso. 

El calor es asfixiante y desde que he llegado huelo a polvo y relec. Soy incapaz de deshacerme de este olor, así que he renunciado y lo he reconocido como ya como inherente a mi experiencia. 

Lo que más me gusta es la gente, es muy simpática, abierta y hospitalaria. Apenas han transcurrido tres días y he conocido a muchísimas personas. Se acercan para darte la bienvenida, te besuquean todo lo que pueden (en el buen sentido) y te ofrecen las tarjetas con sus números personales a la primera. 

El sábado acudiré a un cursillo con una monja especializada en medicina natural para aprender a quitar la cera de los oídos con un canutillo. Luis me ha dicho que puede programarme una visita a la cárcel para que vea cómo está la situación, me entusiasma esta idea, poder observar con mis propios ojos cómo vive la sociedad penitenciaria. Siempre he pensado que la situación de las cárceles diagnostica la democracia de ese país. Me puedo hacer una idea de cómo será la visita. También visitaré el plan 3000, donde un obispo de Palencia está realizando grandes avances. También viajaré

De momento, mañana comienzo en la guardería. Una pena no poder asistir al concierto de Alejandro Sanz mañana por la noche. Curioso que las entradas valgan lo mismo que en España, si se tiene en cuenta que la vida aquí es diez veces más barata. Un euro = 9,75 bolivianos.

2 de noviembre de 2010

Comida y bebida para difuntos

Cementerio Santa Cruz de la Sierra. Rinden homenaje a los difuntos con comida y bebida. J.M
Una familia se reúne alrededor de un nicho. Niños que juegan con las velas. Fruta, golosinas y comida sobre una tumba. Destaca el hantaguaga, una palabra quechua que traducido al español significa 'muñeco de pan con rostro de virgen'. Este escenario pertenece al 2 de noviembre, día de los difuntos en Bolivia, donde la racionalidad y el pensamiento científico no tienen cabida. Solo existe el disfrute. Son las 19.00 de la tarde y la noche no impide que miles de familias se acerquen a este cementerio del barrio de Cambao, situado en el municipio La Guardia

Una tradición de origen andina y cultura disuelta en religión. Esta es la esencia de este lugar en esta fecha tan señalada. La gente, alegre y serena, festeja la memoria de sus allegados muertos y a cada paso, invitan a chicha, bebida típica, que se extrae del maiz y que, en principio, no contiene alcohol. 
 
Cementerio 'La Cuchilla'. Colocan velas alrededor de una tumba. J.M
Las diferencias en las clases sociales también se sienten en los enterrados. Basta con acercarse al cementerio La Cuchilla, situado en el cuarto anillo de Santa Cruz de la Sierra, uno de los más tradicionales de la ciudad y muy concurrido por visitantes y comerciantes. Predominan los mausoleos y por ella se pasean muchísimas personas. En una pequeña plaza, prenden muchísimas velas alrededor de una tumba, arden efusivamente, pero no parece preocuparle a nadie. Mientras tanto, el cardenal del país, Julio Terrazas, considerado como un elemento imprescindible para conocer la historia de Bolivia, ofrece una misa. 

La riqueza de uno y la carencia del otro no excluyen elementos comunes. En ambos, los familiares se reúnen para ofrecer comida y bebida a muertos y no muertos. Incluso, preparan el que era el plato favorito del que falta. En ambos, los rezadores visitan las tumbas. Personas que, a cambio de alimento, oran por los muertos. En ambos, existen personas que se hacen pasar por sacerdotes y estafan a la población. 

Cementerio pobre en el barrio de la Guardia. J.M
 La diferencia sustancial es que en el cementerio 'pobre' 37 efectivos policiales no controlan la introducción de bebidas alcohólicas. Tampoco la música ni las pintadas. Hasta él no llegan los médicos veterinarios que en el cementerio 'rico' controlan el estado de los alimentos. Se encuentra demasiado alejado, incluso de la nada.