Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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4 de julio de 2012

Y tu verano ¿cómo suena?

La época de las faldas sin medias, las camisetas de colores y los colgantes alegres; los pies bailan descalzos, contentos de liberarse de calcetines y botas de invierno, a excepción de esa extraña moda que combina calzado pesado con 40 grados de temperatura; la piel blanquita y suave se broncea; los cabellos se aclaran; los pechos lucen sabrosos y los ojos han de protegerse con gafas especiales que concuerdan con la ligereza de ropa que incita a excitación y ganas de pasarlo bien.  

 ¡El verano! Sabe tan a dulce...
Huele tan a saludable...
La brisa marea las flores, 
aviva las ganas de acudir a las orillas acuáticas 
y acentúa el terraceo.
¡Es el verano! y se palpa tan bien...
 los nervios se apaciguan, 
las ojeras desaparecen y las alegrías aumentan. 

Pero ¿cuál es su sonido? 
¿Qué conjunto de melodías lo caracterizan? 
¿Lo identificamos con los ojos cerrados y las narices entaponadas?

La oscuridad de los edificios impacta con la claridad del cielo/ Allariz. J.M

Sonidos veraniegos 

Suspiros debidos al calor fulminante o al calor que no llega. Sandalias que teclean sobre los asfaltos calientes. Pieles calurosas que intentan aliviarse con gotas de sudor desde todos los rincones del cuerpo. La onometapeya que se produce cuando se bebe con pasión de una botella de agua fresca.

El silencio, cuando te tumbas en una toalla sobre la arena. A lo lejos se escuchan las olas, su constante es invariable; un sonido hermoso y vibrante, natural, de la tierra, refresca en su propia esencia y peligra si no se hace un uso adecuado de él. Te tumbas en la toalla boca abajo, después de haber escuchado el sonido de la crema solar, otra onomatopeya que contiene un olor usual; a líquido protector y esencia. 

Los rayos del sol bañan tu piel, las personas hablan a tu alrededor, algunos niños gritan y juegan... 
El sonido más desagradable es el que producen los miles de granitos de arena que se incrustran en tu cuerpo, 
     después,
        el sonido del agua dulce de la ducha,
          fluido y corporal,
          barre aquel y concluye en el sonido más bonito del mundo;
el de la relajación,
la tranquilidad
y las ganas de dormir.

El sonido blanco envuelve/ Asturias. J.M


El sol calienta cada rincón/ Asturias. J.M

Algunas personas no pueden escuchar el sonido de la playa porque necesitan aquel que se produce cuando la cuenta corriente contiene un (buen) cúmulo de euros. También representa el sonido de la tranquilidad, generalmente precedido del de la preocupación por ser contratados. Los euros son invisibles en ella, ella misma es inodora, pero extrañamente producen en nosotros un sonido feliz, cierto que también necesario (he cedido en este asunto).

Me encanta el sonido de las que son mis compañeras de aventuras. Nos perdemos por el mundo, conocemos a otras personas, nuevas culturas, hablamos en otros idiomas, aunque a veces es necesario producir sonidos con las manos para hacernos entender. 

¡Qué bien suena la inspiración y la libertad! 
El de la desconexión y no mirar atrás, 
sino hacerlo hacia delante con optimismo y pasión. 

El no-sonido que más me gusta es darnos un tiempo, descansar, juntarnos en una terraza, en la playa, en el río, en la piscina, en el porche de una casa y hablar, hablar, contar chistes, historias... reírse mucho, prepararse para salir, bailar, disfrutar, no recordar las preocupaciones diarias, participar en las fiestas de los pueblos, escuchar la risa de aquella amiga que no vemos en todo el año, contagiarnos por ella, producir un estallido de carcajadas que acongoje al pueblo, la playa, el río... entero, los dejaremos a todos mudos ante nuestra alegría desbordante de estar todos juntos en verano.

Explosiones de sonidos vibrantes que nos permitan identificarnos como lo que somos: personas. Explosiones de brindis, de sonrisas, de lágrimas de risas...
Explosiones emocionales en alza.
Explosiones sexuales.
Explosiones del sentir...


14 de junio de 2012

Oficios

Existen oficios caros y baratos, otros de ricos y para pobres. Aquí van algunos humildes. Son los mejores. Los más honrados, los que conocen de verdad la vida. O esa, es al menos mi impresión / Túnez. Ana Sntamaría


Conozco a una persona que regenta un garaje de coche. Se trata de un empresario que trabaja tanto como su empleado: introduce las manos entre los cacharros internos del auto, cambia el aceite, repara las bujías, lija y pinta los aceros. Pacientemente, soporta la melancolía de los clientes ante presupuestos, según ellos, inalcanzables y ¡las luchas interminables con seguros y peritos! Se ríe mucho con anécdotas graciosas, cuando le cuentan que su hijo cogió el coche sin permiso y lo estrelló… Le gusta trabajar con libertad; tomar sus propias decisiones, invertir en nueva maquinaria y asumir riesgos. 

Conozco a otra persona que desde hace 30 años trabaja entre máquinas. Una vida laboral automatizada y rutinaria, aunque segura; mismo tornillo en el mismo sitio, mismo ejercicio durante las mismas ocho horas diarias. Días después de que le cambiaran de puesto, le pregunté para qué servía introducir esos hilillos metálicos en agujeros pequeñitos (reproduce el movimiento arqueando los brazos, anexa los labios y suena fiss fiss fiss como si gesticulara movimiento). 

No supo contestarme porque bastante tenía con cumplir los índices de productividad. Lo bueno del nuevo puesto, aunque no sepa muy bien para qué funciona,  es que ya no sufre dolores en todo el cuerpo. La imagino sentada en una butaca, una sala relativamente pequeña y de techos bajos.

Conozco a otra persona que trabajó como cajera en un gran supermercado. En uno de esos puestos que conectan con un gran tubo que usurpa con extremada rapidez la cantida x de dinero contenida en un bote de plástico (me fascina ese gran tubo). No se llevaba muy bien con las compañeras, la empresa no le dejaba comer la comida que presentaba algún desperfecto en el envase y presenciaba muchas anécdotas. Por ejemplo: un chico a punto de pegarse con otro porque decía que aquel le estaba mirando las tetas a su novia, y ella intentando concentrarse en seguir cobrando los productos. 
 
Conozco a otra persona que embellece cabellos ajenos. Habla con sus clientes, recuerda cada uno de sus nombres e intercambia sucesos personales. Por ejemplo: en un viaje con sus amigas, le roban el DNI antes de coger el vuelo, después vuelven a robarle en la ciudad de destino, a la vuelta el avión apenas puede aterrizar y, en sus palabras, cuando las azafatas dicen aquello de "rozamos los límites de la peligrosidad", comienza a asustarse. Una de sus amigas, histérica, se agarra a la calva de un pobre hombre, también histérico, sentado enfrente de ella. Y ella, la de los cabellos ajenos, insistiéndole en que dejara al pobre hombre. Le gusta su trabajo,pero se le cansan las piernas porque apenas tiene tiempo para sentarse. 




Conozco a otra persona que sueña con vivir de margaritas, también le gustaría poder reproducir el olor de las flores de la entrada de su casa, para regalártelo a ti. Es un olor especial, dulce y sabroso, me imagino que como tú. Ha nacido para encontrar el mejor helado de limón del mundo. Por eso quiere conocer tantos lugares, probar cada uno de ellos y apuntarlos. 

Los de los oficios humildes creen que existen otros oficios que solo sirven para llevarse el dinero de los demás, engañándolos y decepcionándolos

También están:

Árbitro de mares
Constructores de continentes
Peluquero de gambas
Conductor de hormigas
Tapicero de rascacielos 
Soldador de almas (un oficio muy duro)
Servidor de ilusión a domicilio 
Por último, el encargado de la depuradora de las palabras hirientes. 


¿Y tú? ¿a qué te dedicas? 
Es lo primero que se pregunta ¿no?

7 de junio de 2012

Estancias

Con la colaboración de Laura Seoane* 
Textos y fotos J.M/ L.S

¡Fragmentar tu pensamiento, atraer tu atención y obligarte a participar en él! 
¡Anímate! ¡La vida son cuatro días y hay que divertirse! 

Instrucciones: El objetivo de este juego consiste en marear al lector. Un primer texto expone determinados hechos (bastante insensatos). En él y a partir de él, el lector debe descubrir los dos textos restantes, cada uno de ellos le mostrará un desenlace diferente de los hechos, así como imágenes que aportan datos a la narración. Las autoras de este ejercicio le regalamos el final.

¡Juguemos! 

26 de enero de 2012

El sentir de los besos

Y cómo escribir sobre los besos...
    si los besos hay que sentirlos
        olerlos, acariciarlos, escucharlos...

 
Preguntará una prostituta de besos 
la reina de todas las reinas de los besos 
la mendiga de los besos 
o  la aduanera de los besos 


¿Cuál es el beso más largo de la historia de mis besos?


Tal vez, aquel primero que olía a torpeza y nervios.
Una montaña rusa interna, el corazón se hinchaba y deshinchaba sin delicadeza.
Mirarle a los ojos y arrebatarle durante un único segundo el sentido de su existencia.

Quizás, el sello pasional que produjo una melodía jamás escuchada,
tan preciosa, armoniosa y dulce...
los tímpanos a punto de derretirse de alegría,
parecía imposible que los contornos de los labios pudieran soportar tanta chispa...
cegando al mundo para provocar su inminente desaparición.
¡Los labios bailaban al ras de esa canción!
¡Los corazones la escuchaban maravillados!
y ¡los ojos, aun cerrados, se tornaban brillantes!
Las palabras tan innecesarias...
porque a veces molestan y solo hubiesen entorpecido este trueque emocional.

También están los besos cortos en lo sentimental, aunque se prolonguen en el tiempo
pues habría que añadirles sostenidos o bemoles, incluso un doble sostenido,
porque desafinan sutilmente, aun cuando se ejercitan en una escala de sol amorosa,
a veces el noble astro escapa de las almas de alguno de los partícipes
y el otro necesita tiempo para ser consciente...

Puede que el beso más largo de la historia sea el que hayamos guardado en una cajita de cristal,
deseosos de abrirla para regalársela a quien queremos; cómo olerá su piel.. a qué sabrá...
¿se interpondrá su nariz? ¿escuchará su caja torácica esa melodía única?

Besos dulzones,
resacosos o con sabor a whisky,
incluso picantes,
preceden despedidas dolorosas
o resignifican encuentros fugaces/fatales



Desde mi ventana, el sol se posa para iluminarlos / Garagartza. J.M



Y cómo leer sobre los besos... 
    si los besos hay que darlos desde la infinidad del alma, 
        regalarlos desde la timidez de los corazones
          o robarlos, cuando los temores callan... 

Besos, muxus, kisses
Esos sueños... 
         Ese sentir... 
                 El (des) Amor

30 de diciembre de 2011

Los deseos del anti yo 2012

El domingo trae consigo un cambio de aires, una nueva actitud ante la vida y elementos disochos que se materializarán a partir de ese uno de enero por la gracia de un ser habitado en los recónditos de la vida cósmica (¿quién?). Anti yo opina que ha sido muy labiorioso realizar el correspondiente balance anual, cuyo esfuerzo debería recompensarse, como quien presenta las cuentas al contable, opina J.M.

Las deducciones del informe 2011 pueden englosarse en los siguientes rasgos: ha sido muy buenecita y la mayor parte del año se ha sentido muy alegre y feliz. Tuvo una etapa en la que estaba un tanto triste porque el banco subió los intereses de su hipoteca, el jefe la explotaba (comentarios un poco subiditos de tono sobre el moreno de sus pechos promidentes) y  dudas sobre si xman (novio con denominación de origen) habría sido capaz de ponerle los cuernos (prima en el pueblo). Uno de los propositos 2011 era convertirse en una persona con una amplia sonrisa, independientemente de vaivenes internos. 

J.M, impresentable por naturaleza, tiene el descaro de presentar ante sus lectores la lista de deseos elaborada por el anti yo durante las vacaciones aleccionadoras de navidad:

En 2012 quiero acentuar aún más la sensación de felicidad, dulcificando esos episodios en los que lloro a escondidas en el baño del curro o cuando xman me deja sola porque se va con sus amigos. He decidido adelgazar cinco kilos y parecerme a esas chicas espectaculares que aparecen en noticias y revistas; me deseará por puro instinto. Me apuntaré en aerobick y dejaré de fumar para que mi piel se revitalice; tragar humo no es bueno para la salud.

En 2012 quiero que mi jefe mejore mis condiciones laborales. En especial, los horarios;  preferiblemente mañana. Si no, me posaré frente a la pantalla y esperaré a que el teletipo reproduzca por sí solo la noticia que publicaré. A la tarde me echaré la siesta en el sofá que compré a medida, apenas puedo usarlo, descansaré viendo Sálvame, hasta que xman salga del trabajo y vayamos a tomar unos tragos, sintiéndonos medio borrachos y hablando sin sentido sobre oscuridades que no debería mencionar, una gran pareja no debe hablar sobre cosas que entristecen (propósito 2011: pulir). 

En 2012 xman y yo debemos amueblar la casa. No me gusta ver las cosas a medio colocar, ni sentir esa frialdad en las paredes. ¡Con el color tan bonito que elegimos! Si es necesario pediremos un préstamo, ya se lo dije el otro día, tal vez mamá quiera avalarnos. Xman debe saber que debemos practicar sexo, sé que siempre está muy cansado, pero es muy bueno para salud y me ayudará a adelgazar esos cinco kilos. 

En 2012 me iré de vacaciones con mis amigas a un hotel cinco estrellas de Cuba, me ocupo de la casa y cocino a diario, así que me invite xman, caipirinha y tíos buenos a tope, esas pieles gruesas que me enloquecen. Después, a la vuelta, disimularé diciéndole que le he echado muchísimo de menos.  

En 2012 quiero que todas las circunstancias del mundo me favorezcan, ya, lo quiero ahora, porque sí, no debo explicaciones a nadie y hago lo que me sale en gana, porque soy yo, anti yo, y tú no puedes replicarme, no te lo permito, ni a ti ni a nadie. Quiero y exijo que se cumplan todos mis deseos, los merezco, y si no también, porque lo quiero y punto, he luchado por los objetivos 2011 y he culminado el año siendo muy solidaria, me he comprado el kit de postales Unicef.

Anti yo echa en un buzón muy bonito sus postales navideñas (propósito 2011) /Arantzazu. J.M

A estas alturas ya le habrá llegado a la guarra de mi prima, apunté en mayúsculas la dirección de nuestra casa (xman y anti yo), que le quede claro que he conseguido atarlo y que vivo con él. Sus intentos de seducción no sirvieron absolutamente para nada.


18 de noviembre de 2011

'La chica que NO toma café' y Daniela Attanasio

Mara vive en la Ciudad de Ensueño; un lugar amurallado donde los habitantes esperan que el mundo exterior reconozca la Declaración de Independencia que aprobaron en consulta popular hace ya tiempo. Ante la profunda crisis económica que asola el planeta, los  "ensoñados" cierran las puertas de su muralla e impiden la entrada de inmigrantes; desesperados por trabajar en la Fábrica de las Ovejas, un centro tecnológico donde se clonan animales y se mima laboralmente a los trabajadores, ofreciéndoles también buena alimentación y algunos placeres vitales. 

Mara, adolescente creativa y descendiente de inmigrantes que sí lograron acceder a Ensueño, se enamorará de un chico y comprobará cómo su actividad artística se ve truncada, dudando de lo que jamás se cuestionó cuando descubre un secreto muy bien custodiado por una sociedad que hasta ese momento, parecía idílica. 

Decepeción, desencanto, búsqueda y lucha por los propios sueños tapizan un camino que la autora siembra de poesía y humor a partes iguales.

Esta sería la hipótetica contraportada de mi novela, cuyo hipotético título es 'La chica que NO toma café'. He de agradecer las correcciones de mi profesora de escritura creativa, cuyo nombre he preferido no citar porque no tengo claro si le gusta los mundos de Internet. 

¿Qué os parece? ¿Compraríais el libro si leyeráis tal contraportada? ¿Qué os evoca?
 ¡Anímense y comenten! 

Quería hablaros también de una reflexión que he realizado sobre la segunda jornada del XXIV Encuentro de Escritoras que tuvo lugar ayer en Donostia, a la que acudí muy ilusionada y  no me decepcionó. 

Tuve la suerte de escuchar, en palabras de la poeta italiana Daniela Attanasio, cómo podría presentarse la (in)definida poesía al público, cómo es el oficio de un poeta y después, una magnífica lectura de sus últimos trabajos que me produjeron un escalofrío por la espalda. A través de la elección de fragmentos literarios de otros autores, Attanasio afirmó que "los físicos dicen que solo conocemos el cuatro por ciento del universo, denominado técnicamente como materia normal y el resto, el 96% es desconocido" para después precisar que "el artista trabaja con ese 96% que es oscuridad" como si intentase "arañarla". A lo largo de su exposición citó a una poeta norteamericana, Sylvia Plath, que se suicidó a la edad de 30 años, suceso que motivó a su marido a publicar unos diarios escritos por ella y que mostraban perfectablemente  "los estados de ansia que le provocaba la escritura",  aduciendo que "el poeta ve la realidad en una doble dimensión, rasgando esa oscuridad, la interioriza y después la expulsa".

Hace poco que he comenzado a escribir mi novela, pero cuando alguien me pregunta por curiosidad cómo se hace, yo le respondo que es como si se montara en el Dragon Can (¿se escribe así?). Jamás he acudido a esta atracción, ni falta que me hace, yo ya tengo a 'La chica que no toma café'. Attanasio explicó que "la escritura es como una montaña rusa", también "su frecuencia". Afirmación con la que también estoy de acuerdo, puesto que no solo sirve la disciplina y el esfuerzo, sino que el estado de ánimo influye de tal manera que muchas veces no se puede controlar lo que se produce, en el sentido del arte, y no el concepto de producción masiva que vivimos en nuestros tiempos.

También me gustó aquello de "depende de la persona y su capacidad para conectar el exterior con el interior", lo que se relaciona íntimamente con el estado de ánimo al que me refiero. La miré con mucha curiosidad cuando afirmó que "la poesía desestabiliza tanto al poeta como al lector porque hay que hacer un trabajo de desposeer al yo de capas sociales, culturales, de la vida cotidiana, que lo separa de los materiales de construcción que el tiempo se ha encargado de cubrir". 

Una conferencia abrumadoramente cierta. Yo estoy de buena racha, sin saber por qué, hace dos semanas que escribo sin descanso y desde que comencé la novela hace ya cuatro meses, es la primera vez que la veo avanzar. Así que aprovechemos. Escribamos y quítemonos capas sociales, desarticulemos emociones, impregnémolas en papel y mostrémoles al mundo cómo funcionan en verdad las cosas, las costumbres, si es libertad o no, si tan solo es seguridad, si nos hemos acomodado o tenemos miedo.  Pero escribamos en la esencia de los objetos, los estados y los seres, en esa oscuridad que muchos, aunque no seamos poetas, sino simples personas, intentamos rasgar.

¡Incluso un jardín despeinado puede resultar bello!/Garagartza. J.M

"Triste es la vida que solo ve, oye y siente los objetos simples"
Leopardi. "Infinito"

6 de noviembre de 2011

La sonoridad de la lluvia y del viento


Imagínese el lector que Gipuzkoa se convierte en la Venecia de Euskadi. ¡Calles rebosantes de agua! ¡Personas que podrían disfrutar de una vida doméstica por la imposibilidad de ir a sus trabajos! ¡Pérdidas millonarias! ¡La txalupa como medio de transporte principal! ¡El pescado, plato fuerte de un menú en el que se degustarían algas y cosas por el estilo! ¡Y ella, nadando por laberintos acuático-guipuzcoanos; introducir la cabeza en el líquido y permanecer inmóvil durante al menos cincuenta segundos!

"Escucho a mojado", piensa mientras teclea en busca de conceptos que describan la tonalidad sonora de la lluvia. Un ritmo acústico rápido, constante y cíclico, como si se tratara de la batería de un grupo. Muy intenso al principio para después relajarse. El proceso se produce sin apenas advertirlo y debe ser escuchado con mucha atención. Las cañerías trabajan durante todo el fin de semana. Trasladan el agua de un lado a otro con sonoridad hueca. Un sonido hueco, aunque más agresivo, que también se escucha cuando la lluvia golpea la tela del paraguas mediocre que sujetaba ayer, en un intento de apuntar en el cuadernillo de turno una frase escrita en una pared cualquiera de una calle cualquiera. Extrañamente, es consciente, al continuar tecleando, de que el choque fortuito de los cubitos de hielo con la mezcla de líquidos del cubata anula completamente la sonoridad acústica de los sábados nocturnos y los transeúntes ni siquiera son conscientes de que se mojan. 

El agua ladea desde arriba. Las farolas de la calle permiten vislumbrar ese conjunto de rayitas fugaces, casi invisibles, que se deslizan en masa y humedecen el asfalto. Hoy no acompaña el viento. "Menos mal", piensa. En los últimos días ha soplado muy fuerte. Siempre que ocurre, desmiente con sentido común lo que el profesor de osquestra relataba: músicos a los que, supuestamente, el viento arrebata su alma porque siente celos de que alguien produzca un sonido más bonito que el propio. Por eso, cuando se toca un instrumento y el viento emite su señal, es conveniente parar. Ese sonido del viento que se introduce por los oídos y somete a las ramas de los árboles, que se apodera de macetas mal colocadas en balcones insensatos, se vuelve amo de paraguas mediocres que intentan resguardar y de melenas que no pueden acomodarse sobre los hombros de sus dueños.


¡En la Venecia de Euskadi veríamos muchas ranas! / Urkulu. J.M

14 de junio de 2011

Encuentros literarios

La azotea de una biblioteca. Paredes blancas y techos cubiertos por tabiques de madera. Decoración a lo euskaldun. Acogedor. Las sillas vacías se reúnen en torno a una mesa donde varios libros de un mismo autor aguardan los comentarios de sus lectores. Enero de 2011. Entro por primera vez en aquella sala. Abro los ojos, más aún si puedo, así enormes, de manera que reflejen mi sorpresa por seguir ese pequeño impulso que me ha conducido a esa sala llena de encanto. Dentro de un par de horas volveré a cruzar la puerta, ocuparé una de esas sillas azul plastificadas y comentaré junto a mis compañeros el libro que el escritor nos ha mandado leer, o aconsejado, recomendado o lo que sea. Esta vez, 'Intercambios' de David Lodge, una obra genial, la verdad, que me ha sorprendido, sobre todo, por un final muy bueno y por la variación de las técnicas narrativas que el autor emplea.

Vuelo a la misma fecha; enero de 2011. En un autobús desde Madrid a Euskadi conozco, suceso fortuito por haberse estropeado el autobús y esperar un par de horas al siguiente, con aquel gorro de paja en la cabeza y un jersey azul boliviano que me había comprado, a un chico que realiza su doctorado en Alemania, no me acuerdo del nombre, ni siquiera de su cara, sé que era pequeñito, un poco bajito, gafas y muy simpático. Para mí la mayoría de la población es muy simpática. Lo que sí recuerdo es cuando me preguntó dónde vivía, le miré, creo que a las gafas, me quedé callada y le respondí que no lo sabía. Una vez en Mondragón, sin recordar apenas mi nombre por los trotes que acostumbro a dar por aquí y por allá, agotada física y mentalmente, sin saber qué hacer ni cómo hacer, me apunté a las tertulias literarias de Kulturate, que es la biblioteca de Mondragón. Me agarré a lo único que he hecho toda mi vida; escribir. Así que acudí porque me parecía muy interesante leer y comentar, pero también observar cómo piensan los lectores, qué quieren, qué les gusta y cómo comentan, aunque luego a la hora de escribir me de igual, pero por lo menos tener nociones mínimas.

Cuando entré en aquella sala y vi la población lectora, pensé, bueno, pues aquí estoy, en representación de la población de Mondragón que lee y aspira a vivir como escritora. Me senté en una de las sillas y observé al escritor. Un tipo extraño, pensé. Alto, muy alto. Delgado, un poco calvo, unas gafas a lo ratoncito, piernas enormes, vestido a lo punk, a su edad, pensé. Y muy simpático. Como la mayoría de la población mundial.

Notas: Vargas Llosa,'La tía Julia y el escribidor'. Escribidor diferente a escritor, Pedro Camacho rellena las hojas pero escribe muy rápido y no contesta a las preguntas de literatura, truculento, todas las personas son susceptibles de un cuento o una historia, todo se puede escribir pero ¿cómo?, captar a personajes en un sitio, la "sociocrítica" consiste en criticar un libro desde el social marxismo, cambia el narrador (al principio, está fuera del lugar y perdido, luego se estabiliza y ve su patria cambiada). Vaya, vaya, pensé, qué de cosas en común.

Julio Barners, "Nada que temer'. El argumento es en espiral, cierra al final el círculo que comenzó. El arte ha sustituido psicológicamente a la religión. Roberspierre: ser ateo es de aristrócatas. La religión tiende al autoritarismo como el capitalismo al monopolio. ¿Queremos ser conscientes o insconscientes?. La memoria es identidad. La ciencia dirá qué somos y la literatura cómo somos. Chéjov: en sus obras siempre hay un personaje idealista que se da cuenta de que ha desperdiciado su vida y que espera que los siguientes la aprovechen mejor. Interesante, pensé.

Andrés Tropiello, 'Los amigos del crimen perfecto'. Ha publicado diarios polémicos. Jamás haré eso, pensé, me matarían. ¿Quién? La mayoría de la población mundial, me respondo. El lector tiene que ir con el escritor a lo largo de la novela. No puede ir delante. Muestra la frustración de la vida. La novela negra como una prolongación de la vida en la que teóricamente todo cuadra. "Justicia poética". Escritora arruinada.

¿Nos gusta un libro porque estamos de acuerdo con lo que dice?

29 de abril de 2011

La tristeza de Estefanía

Desde pequeñito quise ser pescador. Recuerdo las despedidas, junto a mi madre, en el puerto de A Coruña. Imaginaba cómo la brújula del olor y el ritmo del viento guiaban a mi padre entre las aguas, las conversaciones con la tripulación y la emoción de enfrentarse a la bipolaridad del océano. El mar. Qué sería de mí sin agua salada, veranos a la orilla y anchoas fritas. 

Asturias. Cerca de LLanes. J.M
Heredé el barco de mi padre. Sentí tristeza por su ausencia y alegría por convertirme en un nuevo líder del constante balanceo de la mar, siempre con su permiso, aventurándome a enredar toneladas de pescado durante los seis meses que me anclaría al 'Estefanía'. Lo convertí en mujer para atraer sudores renovados y valentía actualizada. Simplemente con cambiarle de nombre hubiese sido suficiente para librarlo de los resquicios espirituales de mi padre, pero me acordé de aquellas verbenas con la dulce Estefanía: melena rubia, vestido en gracia que su madre le colocaba cautelosamente y aquella forma de mirarnos cuando bailábamos tan próximos. 


18 de julio de 2003. Destino Senegal. 5:00 de la mañana. Puesto que corresponde a todo capitán; el timón, cauteloso con la llanura oceánica como si fuese un vigilante de seguridad. A primera hora de la mañana, el infinito del horizonte es perfecto: calma, niebla densa y oleaje variable. Tufo. Nauseabundo y exclusivamente químico. Me extrañé. Miré a través de la ventana, pero no observé nada anómalo. Qué raro, pensé. Ordené a Bartolomé encargarse del timón y salí a cubierta. Me acerqué a la barandilla y mi corazón se heló como el preciso instante en el que un golpe de frío estremece el agua hasta convertirla en un cubito de hielo. 

'Estefanía', pringosa de un gran lunar negro. ¿Qué ha ocurrido?, fue lo único que pensé, mientras mi interior se acurrucaba hacia el punto donde contenía todo el dolor por la muerte de mi padre. Las gaviotas, escandalizadas, volaban en círculos para llegar victoriosas a una fórmula 1 aérea. Acto seguido, la acupuntura penetró en la rabia, la frustración de generaciones doloridas, la repugnancia hacia la sociedad empresarial y la pena por 'Estefanía', manchada en su primer día de gloria. Una capa de fuel cubría el mar como si todos los calamares del mundo hubiesen fabricado toneladas de tinta negra para boicotear su patria.

13 de marzo de 2011

La acción de escribir

Un domingo de resaca y ganas de teclear. Acabo de fumarme un cigarrillo en el porche de mi casa y he vuelto a pensar sobre qué podría escribir. Escribo y borro. Hacer y deshacer. En eso consiste escribir. Sobre todo en lo segundo. Mi mente se dispersa. Hará tiempo, comencé un nuevo punto de partida en Reflexiones Digitales. No lo he olvidado, pero de tanto pensar sobre qué puedo escribir, al final no lo he hecho. El ser humano, sin horarios y vacilante, puede llegar a ser indisciplinado.

Paseo por las calles de mi pueblo y pienso en relatar cómo es volver a casa. Un hecho sumamente interesante. La perspectiva cambia sustancialmente si se tiene en cuenta que me fui de aquí a los 17 años.

En el día internacional de la mujer, me imaginé un post que consistiese en narrar nuestra situación, pero pensé que no sería lo suficientemente interesante.

Cuando sucedieron las revueltas del mundo árabe, visualicé lo útil que resultaría aportar mi granito de arena y escribir un artículo de apoyo a todos esos pueblos que se han movilizado en pro de la democracia y de la reivindicación de sus derechos, puesto que la dignidad nace con la persona.

Me inscribí en la Escuela de Escritores y cada semana elaboro un relato, que tinto con experiencias personales lo suficientemente amenas como para divertir a cualquier persona. O eso espero. Amores frustados, viajes soñados, anécdotas de la infancia o historietas que surgen cuando dejamos que la imaginación vuele. No siempre ocurre. Alguna vez se me ha ocurrido adaptar a lo digital uno de mis relatos.

Otro día, tras elaborar la dedicatoria de uno de mis relatos, que será incluido en la publicación de un libro, pensé en escribir un post a modo de dedicatoria. Pero tampoco lo materialicé.

En el día de los enamorados, pensé elaborar un artículo para comunicar que nuevamente creo en el amor. Es importante. También sobre determinada persona que fue muy importante para mí, aunque él no lo sepa, pero me dio vergüenza.

En el instante en el que estaba fumando ese cigarrillo, mirando desde mi balcón, el pelo mojado sinónimo de una ducha que me ha devuelto la vida y sin notar un ápice del viento que meneaba ayer el País Vasco, he decidido dejar de pensar y escribir. De malgastar energía a la acción.


Paseos inspiradores

Comenzaré sobre un recorrido inspirador en el que me suelo embarcar casi a diario. A estas alturas ya se ha convertido en un ritual. Me desprendo de la imaginación, me convierto en irresponsable de la realidad y la creatividad busca su propio hueco entre edificios, soledad y naturaleza.

Salgo de mi casa. Una casa muy bonita, grande y de color roja. El jardín está algo descuidado, pero tiene encanto. Será por los árboles recién podados, que parecen haber sido asesinados por manos inexpertas.

Zapatillas Salomón (sí, gran daño para Euskadi y la feminidad), mallas de cualquier tipo, North Feace y cinta en pelo. Comienza el paseo. Recorro mi urbanización, un montón de casas y caseríos que desembocan en una plaza muy bonita.

Bordeo la plaza, cruzo por una de las calles, no sin mirar si el chucho de siempre está listo para atacarme y atravieso un puente de piedra. Un río abundante, cuyo contenido no suele ser del todo transparente. Continúo y camino al lado de un antiguo campo de fútbol. Llego hasta un camino con mucha gravilla, fruto de los camiones que salen de la cantera de al lado de mi barrio. Hasta que llego al complejo psiquiátrico del pueblo. Un cúmulo de edificios muy bonitos: amarillos, estilo colonial y repletos de jardines amplios.

A partir de este momento, comienza mi inspiración. El camino me lleva hasta una iglesia preciosa. Poderosa, alta, con un gran cristo y que parece haber sido trasladada desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Me detengo frente a ella, giro un poco la vista y observo cómo al otro de la carretera otra iglesia, oscura, románica y triste se levanta como si se tratara de su enemiga. Siento pena. Deberían de hacer las paces, pienso.

Continúo por el sendero y observo una parte del complejo psiquiátrico abandonado. Una fachada descuidada; gris roído, ventanas rotas y aire misterioso. Indago si alguien se asoma por una de las ventanas cerradas, espero durante un minuto, confirmo que efectivamente no hay nadie secuestrado o que necesite mi ayuda y continúo con lo mío.

Dejo atrás esta escena. El sendero se alarga un poco más al lado de un riachuelo que produco música acuática. Avisto una casa grande; gris, con ventanas cerradas y abandonada. El camino sigue un poco más, aun cuando haya llegado la hora de darme la vuelta. Decido tomarlo. Siento un poco de miedo, pero pienso en la palabra 'valentía'. Llego hasta una pequeña muralla que disimula un cementario. Doy un salto, me apoyo en la muralla y observo con admiración mi nuevo descubrimiento; un cementerio de curas y monjas que parece pertenecer al complejo psiquiátrico. No me atrevo a entrar. No me gustan esos sitios. Vuelto por donde he venido, bajo y me topo con la última sorpresa: flores amarillas en el jardín de esa casa abandonada. Son preciosas.

Otra vez frente a la carretera que contiene las ansías de matarse de las dos iglesias. El reloj de la que es fea y antigua marca siempre las 16.00 de la tarde. Cruzo la carretera y observo '8 de octubre de 1880' en un pequeño cártel de mármol. Parece que una de sus antiguas puertas ha sido tapada.

Busco aquel cura que me paró y me preguntó de dónde era. Maldita sea, tenía que haberle preguntado sobre estas iglesias, pienso. Desisto y continúo la vuelta a mi casa. Pero me doy cuenta que al otro lado de la carretera existe una especie de tumba. No vienen coches, cruzo y leo: Beatificado Juan el Grande. 8 de octubre de 1852. Por haber asistido a los apestados.

La peste. Aquí, hará tanto tiempo. Abro la puerta de mi casa. ¿Cómo sería? ¿cuántos morirían? ¿qué ocurriría? Me llaman. La inspiración se acaba.

22 de enero de 2011

Locura y un inminente tour mochilero

Mañanas de locura y viajes. Adrenalina y libertad. De eso trata este artículo.No me he podido resistir a relataros la experiencia de ayer. Como todos los días, intensa. Pero diferente. De las mías. De dejarte llevar por el puro azar.

A las 8.00 de la mañana de ayer, una de las voluntarias y yo tomamos un micro para cruzar toda la ciudad. Una hora después había quedado con una persona para entrevistarla (uno de mis futuros reportajes). Así que cámara, grabadora, libreta y boli en el bolso, nos montamos en el autobús para poder llegar a tiempo. Lo de llegar a tiempo es prácticamente imposible, el ritmo de vida es diferente y siempre surge alguna complicación. Una de ellas, los barrizales que se crean en los caminos sin asfaltar. La intensa lluvia de hacía unos días hizo del camino un trayecto, también, intenso. Debería consultar sinónimos en la Rae.

Así que bueno, allí estábamos, apenas veinte minutos después de agarrar el autobús (suerte que era directo y no teníamos que hacer trasbordo) atravesando caminos llenos de agua y barro. A través de la ventanilla la esencia de la humanidad volvió a aparecerse. Es sorprendente comprobar los uniformes que determinadas trabajadoras portan en determinadas gasolineras. Short, camisetas muy ajustadas y vertiginosos tacones. Qué molida de cuerpo, pensé. La explotación de la mujer en vivo y directo.

Una vez llegamos a nuestro destino, puro azar haberlo visto, tuvimos que esperar una hora a que la entrevistada me atendiera. Una mujer muy simpática y, absolutamente, aventurera. Resulta que era su cumpleaños y su móvil no debaja de sonar. La entrevista fue genial. Se siente adrenalina cuando una se encuentra frente a una mujer que se adentró en el año x, sin cita previa, en en el palacio presidencial para solicitarle en persona al presidente x financiación para un proyecto x, de suma importancia para la sociedad. Eso son agallas y lo demás son tonterías. Lo conseguió y pudo ejecutar el proyecto. Qué misterio ¿no?. La realidad boliviana empieza a adueñarse y una termina también, inevitablemente, siendo un poco mistoriosa.

Dos horas después, nos encontrábamos otra vez en la calle. Esta vez, sin saber qué autobús tomar para poder llegar a Aerosur y arreglar problemas propios de multinacionales. La indefensión del consumidor frente a grandes empresas. También en vivo y directo.

La nube de locura ya había comenzado a formarse a nuestro alrededor. Ni hora ni móvil. Menos mal, que una lleva en la libreta los números importantes. Así que en un barrio de clase medio-alta, buscando un locutorio para avisar de que no llegábamos al almuerzo, los intentos fueron frustrándose poco a poco, hasta ver un cártel que decía internet. Qué gran palabra. La democracia digital.

¿El problema? Aún estaban en obras, lo bueno, que el encargado era muy simpático y tras solicitarle llamar para avisar, nos comunicó dónde almorzar. Barato, bueno y bonito. A cambio de 25 bolivianos (unos 3 euros, si el euro no deja de bajar y los países europeos de solicitar rescate financiero), acabamos en un buffet, comiendo, como es habitual, pollo y arroz. Eso sí, con ensalada. Y las abejas a nuestro alrededor. Desde el momento en que un médico boliviano, sin haberte hecho las pruebas correspondientes, te alerta de que eres alérgica, las miras con otros ojos. Más bien, con pánico. Pero no hablamos sobre salud, sino sobre locura, que necesariamente no tienen por qué estar excluidas, pero es tema del próximo artículo, así que no me adelanto.

A estas alturas nos situamos a la 13.00 del mediodía. Por lo tanto, a tres horas de retraso de la hora prevista para solucionar otro problemilla de vuelos en el Aeropuerto Trompillo. Esta vez, no se trata de multinacionales. Sino del TAM, del que una puede hacer uso para viajar de forma económica por el país. Días antes habíamos estado allí para comprar los vuelos para un tour mochilero, que comenzará mañana. ¡¡¡Oh yeah!!. Me voy de viaje.

Me desligo un momentín del tema principal y explico que mañana me embarco, junto con mis amigas, rumbo a Sucre. Conocida también como la ciudad de los cuatro nombres y considerada como la capital de Bolivia. Sorprendente, la Constitución boliviana así lo dice (artículo 6). Después, Potosí, el salar de Uyuni, Oruro, La Paz, el Lago Titicaca, Cochabamba y vuelta para Santa Cruz. Diez días de mochileo, basados en las ganas de conocer y ver los impresionantes sitios de este país y conocer en persona a mis contactos para entrevistarlos. Entre ellos, Gregorio Iriarte, un gran tipo que conoce la realidad boliviana como la palma de su mano.

De vuelta al tema que nos ocupa. Perdón por la interrupción. La voluntaria había quedado con la sargento que nos había vendido los billetes, por una confusión y malentendido monetario. El pago en dólares acarrea consecuencias. También ha bajado. Así que decididas a ir a hablar en persona, a 30 grados y la sensación términa de 50, en un transpirar continúo, compré un helado por unos diez céntimos. Después nos dirigimos al lugar, que no estaba muy lejos. Para poder acceder a pie al Aeropuerto es necesario cruzar a todo correr una autovía. Uno se puede hacer a la idea de lo que esto significa. Pura adrenalina. Roza el suicidio. Pero siempre, con precaución. Así que una vez cruzada la autovía, en una de las curvas que unía con la carretera por la que se accedía al Aeropuerto, estaba la sargento. En ese preciso momento. Es impresionante comprobar cómo en Bolivia las cosas suceden por casualidad. Puesto que, aunque quedes con alguien y te de plantón, lo encuentras o te topas con otra persona.

Así que allí estábamos, en una de las curvas entre la autovía y la carretera. Cerca de uno de los canales que próximamente, debido a la época de la lluvia, se llenará de agua. Con lo cual, flora y fauna. Concretamente, hormigas. Los improvisados cálculos matématicos empezaron sobre esta y aquella cuenta sobre papel. Ni móviles con batería, ni calculadoras. Allí en medio de ese lugar, con las hormigas a punto de declararnos la guerra, a un paso de ser atropelladas por los vehículos que circulaban muy deprisa. Horrible comprobar cómo una pierde la capacidad de realizar una división.

Mientras tanto, entre cálculos por aquí y por allá, una aprovecha para preguntar cómo es eso de ser sargento mujer en Bolivia. Y de repente, a lo lejos, un pequeño grupo de menonitas paseaban por el parque de al lado,objeto de otro de mis reportajes. Así que cámara en mano, una aprovecha el momento. Pura casualidad porque es muy difícil captarlos.

Finalmente los cálculos matemáticos llegaron a su fin. Un mal fin, por la incapacidad intelectual de ejecutarlos. Así que aplazándose la reunión para el próximo día, volvimos a cruzar aquella autovía y nos dirigimos de vuelta al octavo anillo, también a la realidad. Bueno, aunque solo duró unas horas. A la noche, vuelta a empezar.

Micro-aventuras

En los autobuses puede encontrarse la esencia de la humanidad. O eso creo yo. El tema de hoy trata sobre la aventura que supone subirse a un micro (término usado en Bolivia para el bus), tanto para ir a la ciudad como para volver. 40 minutos de trayecto desde mi barrio. Éste es el tiempo que uno invierte para poder llegar al centro de la ciudad. Una gran experiencia porque suele ser muy divertido. Solo cuesta 1,5 bolivianos (=0,15 céntimos) y si uno tiene la suerte de encontrar un asiento, mejor que mejor. A mí me gusta del lado de la ventanilla para poder ver qué ocurre fuera. De vez en cuando pienso en mis cosas, otras me limito a mirar. 

Tenía ganas de escribir este artículo. Ya lo pensé cada vez que salía de la redacción del Diario Vasco. En el urbano, cuando me dirigía a casa, la situación siempre conseguía arrancarme una sonrisa, a veces, incluso una carcajada. Recuerdo aquellos turistas absolutamente desorientados, dejándose guiar por la amabilidad del conductor. Aquellas parejas besándose con pasión (en ocasiones, era un poco desagradable). Especialmente, me ha venido a la cabeza una pareja de ancianos que miraba atónita cómo una cuadrilla de punks entraban en el vehículo con sus pintas y se dejaba fuera el decoro. Los ancianitos miraban una y otra vez hacia atrás, incrédulos por verles con aquel pelo, la ropa... Me pareció muy gracioso. 

La situación de hoy también me ha producido risa. Después de un día muy caluroso, asfixiante, tras visitar un mercado de artesanía en el que he encargado un sombrero de paja (me encantan) y tomar una buena jarra de zumo de naranja y maracuyá, a las 19:30 de la tarde hemos parado un micro, nos hemos subido y dos de nosotras (somos tres) nos hemos colocado en la parte de atrás del conductor. A su lado, se encontraba el que seguramente era su hijo y encargado de cobrar el pasaje. La música sonaba y hemos empezado a medio cantar, así que vista nuestra actitud han subido el volumen. Parecía que nos encontrábamos en una discoteca andante

Antes de que el micro empezase a llenarse, me ha hecho gracia que el conductor se riera de un pobre chico, extranjero, que ha estado a punto de ser atropellado por el caos de los vehículos. Cuando digo llenarse, me refiero a una situación en la que no caben más persona. Anabel ha cedido su asiento a una mujer que llevaba a su bebé. La niña era preciosa y he empezado a hablar un poco con la madre y a hacerle algunas tonterías a la chavalina. 

Después, a la altura de la Ramada, se ha subido un hombre cargado de bolsas cuadradas. Una canción ha empezado a sonar. La Bella y la Bestia, del grupo Porta, una melodía medio rap que habla sobre la violencia de género y que denuncia la necesidad de las mujeres de no callar y no aguntar esta lacra social. Y aunque el rap no sea mi estilo, la canción está bien porque acierta con la letra. Lo que puede aplicarse tanto en España como aquí. Mirando por la ventanilla me he acordado de todos esos infiernos que determinadas personas me han contado y he deseado que el final de sus historias no sea la misma que la de la canción. 

Tras 40 minutos, con la música a tope (Lady Gaga, el Paparamericano que empieza a ser común escucharlo, entre otros) hemos llegado a nuestro destino, no antes sin recibir un cordial saludo por parte del chavalín, que a lo largo de todo el viaje mostraba una actitud un tanto... inquieta, podría decirse. 


Tampoco sin que el conductor nos advirtiera de que tuviésemos cuidado con los pelaos. Al salir del vehículo, lo primero que he preguntado ha sido ¿y qué es un pelao?

7 de septiembre de 2010

Por fin he encontrado una cafetería con un gran escaparate en San Sebastián. Después de ir a cubrir un acto, he decidido ir a tomar un café. Una vez avistado el sitio y tras pedir mis correspondientes consumiciones, he pensado. LLevaba dos meses sin pensar!!!!Es lo primero que me ha venido a la cabeza. Después, no sé por qué, he sentido satisfacción. Satisfacción por encontrarme en ese momento y en ese sitio, por detenerme en una vida excesivamente acelerada y, sobre todo, por pensar con tranquilidad. He jugado un rato a mirar a la gente y adivinar a qué se dedican, pero luego me he aburrido, y en medio de una conversación con una señora que se ha sentado a mi lado, me he puesto a pensar en mis cosas. Le pido perdón, se ha ido y la he ignorado.

Hoy he sido consciente de que este es mi tercer mes en San Sebastián, por tanto también en una redacción, que es para lo que estoy aquí. No sé qué he hecho durante estos dos meses anteriores, bueno sí, trabajar, fiestas, amigos, trabajar, pasar el rato y descansar muy poco.

Después me he dirigido a una pequeña feria de libros. Ni siquiera lo he pensado, simplemente me he dirigido hacia allí. Siempre he leído mucho, pero este verano no me he cultivado, no sé tampoco por qué, falta de motivación, falta de tiempo o tal vez, mi cabeza se encontraba en otros asuntos. Así que una vez allí me he dejado guiar en busca de un libro que reflejase el momento actual en el que me encuentro. Al final, he comprado uno que se titula "esperanzas juveniles". Esperanza debemos tener los jóvenes, se me ha ocurrido, viendo el panorama que se nos presenta. Y he empezado a obsesionarme.

Últimamente pienso en que el ser humano es una masa de carne que vive de símbolos. El libro que con ese título tan específico es un símbolo: de frustración, de incertidumbre y de impotencia. El otro día vi una película, de estas de Antena 3, pura basura supongo para un crítico cineasta, pero a mi me gustan, y una mujer se postró ante un armario en el que tenía guardado una virgen para rezarle por su hija violada. Otro símbolo, y pensé, ¿qué haces mujer que rezas a una pared?. Hace un mes aproximadamente, cuando estaba en un autobús, frente a mí, se sentaron una pareja (un hombre negro y una chica blanca), se dieron la mano y sin que ellos lo supieran, produjeron una imagen preciosa, que se ha quedado grabada en mi memoria. Para mí fue otro símbolo: la alianza entre civilizaciones y la paz en la humanidad.
Símbolos, símbolos y símbolos.

Hoy he disfrutado, en parte me he sentido como en Alemania, me he echado a la calle y he pensado en mí. Llevo dos meses pensando en un maldito papel, en unas malditas prácticas que ocupan las tres cuartas partes de mi vida y no es que no me gusten, porque estoy encantada. Es el fondo lo que me molesta. Me puse enferma y dije, no puedo estar enferma, tengo que ir a trabajar. No puedo no faltar en septiembre, tengo que rellenar mi currículum. No puedo tomarme un año sabático, viajar e irme a comuna, desconecto demasiado y no es bueno para mí. Para mí, ¿para quién? pregunto yo, para la Josune profesional o la personal. Estilos de vida que quiero evitar y en el que inevitablemente me encuentro, por lo menos hasta el 30 de septiembre. A partir de ahí, todo se verá.

25 de agosto de 2010

Donostia, una ciudad de postal

 Fotos: J.M

Este es mi tercer mes en San Sebastián. Un viaje intenso se aproxima, y seguro que este blog adquirirá nuevos aires, así que allá va el nuevo punto de partida. Así, mato las horas muertas en la redacción.


Es una ciudad muy bonita. Yo siempre la he descrito como una ciudad de postal y creo que se ajusta a la perfección. Donostia tiene de todo: playa, monte, casco antiguo, puentes, periferia y sobre todo, mucha elegancia. La capital guipuzcoana tendrá aproximadamente 175.000 habitantes (estimación mía). Siempre pregunto cuántos habitantes tiene una ciudad o un pueblo, me gusta saberlo, dice mucho de él. Supongo, que el hecho de que lo pregunte también dice mucho de mí.

La vida de esta ciudad gira en torno a sus tres playas: Ondarreta, La Concha y la Zurriola. A mí la que más me gusta es la última. Playa artificial creada hace tiempo que se situa a las espaldas del Kursaal, y que siempre está llena de gente joven y, sobre todo, de surfistas. A mí eso me gusta. Es la playa surfera por excelencia. Aunque, lo cierto es que la más famosa es la Concha, que goza de una reputación ganada por su largo paseo, la elegancia de la alcantarilla que la rodea, y que con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los símbolos de San Sebastián. Además, en ella se ubica el balneario La Perla, un sitio digno de ser visitado. Yo creo que le falta intimidad.

Es una gozada poder realizar las prácticas en un lugar como San Sebastián. Aunque está muy alejada del resto de la península (ir a Madrid en autobús es una agonía), lo bueno es que Francia está a tan solo un paso. Un paso que equivale a media hora en coche. Allí todo es diferente, empezando por el idioma y, especialmente, por la gente. Para qué engañarnos, aunque adore a mis amigos franceses, son más sosos que nosotros.

Como pasa con todo, la elegancia y la belleza de esta ciudad presenta su cara opuesta. No es urbana. Aspecto que en cierta manera me sorprende. Estoy acostumbrada a Madrid. Además es una ciudad muy cara. Está plenamente acondicionada para las bicicletas, aunque yo nunca uso este tipo de transporte, no lo hice en Alemania, aspecto inherente a los habitantes de allí, no lo voy a hacer aquí. Por lo que siempre tengo que tirar del autobús, y el transporte, en general, está bien, aunque los malditos semáforos, situados cada diez metros, suelen acabar con mi paciencia. Lo de que sea candidata cultural, no lo comprendo muy bien. Aquí cultura hay, pero es cara, por lo tanto yo no accedo a ella. Y yo me considero una persona cultural.

La gente es muy simpática y se habla mucho euskera. Eso también me gusta. El Boulevard es el punto de encuentro de muchos ciudadanos. Tiene mucho encanto. Los turistas y los donostiarras se agolpan en verano para comer un helado, disfrutar de los pintxos o tomar unos zuritos. Hay músicos, artistas... se ve una ciudad dinámica.

En general, me gusta estar aquí, aunque este lugar no consigue exprimirme. No sé por qué. Lo bueno de todo es que he recibido muchas visitas, algunas de ellas aún por llegar, otras han sido canceladas en el último momento (va por ti, Ana).

Laura vino en Aste Nagusia, una gran fiesta, que abarca a un gran número de ciudadanos, la mayoría de ellos turistas. Esto también me gusta, aunque algunos donostiarras la aborrezcan. Rosa llegará este fin de semana y una gran fiesta en casa de Nagore la aguarda, además del Zinemaldia y la sonrisa de Julia Roberts (no es por desanimarte Rosa, pero dudo que la lleguemos a ver).

Manuel vendrá dentro de dos fines de semana, un galleguín por San Sebastián acalorado tras el concierto de U2 (me das miedo, no traigas licor café por favor, debo empezar a cuidarme). Y una de las grandes visitas que tendrá lugar en maritxu kajoi (fiesta por excelencia de Mondragón), ADRIANA. Estoy impaciente por escucharla chapurrear frases en euskera (me encanta), por verla vestida de los años 50 y por jugar un parchís a las 14.00 del mediodía en un bar de mala muerte, como aquella vez.

Me voy contenta. Un artículo positivo. Eso también me gusta.

9 de julio de 2010

La chica que encontró respuesta en historias ajenas

Sufre angustia, siente rechazo y no se acepta a sí misma. Hace tiempo que padece síntomas incomprensibles. No entiende la causa de su rareza, tan solo experimenta las consecuencias. Efectos creados por ella misma que se despliegan en la mirada de ojos ajenos. Se ahoga en sus propios pensamientos y no encuentra comprensión. Decide huir de sí misma, necesita desvincularse de la realidad para mirarla con otra perspectiva. Es la única víctima de una enfermedad extraña. Los médicos no han investigado jamás con síntomas parecidos. No saben cómo tratarla, han probado de mil maneras. Ningún antidoto, cura, medicamento, tratamiento ni remedio funciona. La "enferma" se ha sometido a demasiadas pruebas, experimentos y expectativas. Está aburrida. Decide marcharse y lanzarse a la búsqueda de nuevas alternativas. Solo busca entenderse a sí misma.

En verano siente un frío aterrador. Con lo cual, debe vestir ropa de abrigo. Es la excepción de los que le rodean. Eso le produce malestar. Cuando los demás viven estos días acalorados, en un intento de sobrevivir a un sol desgarrador que quiebra cualquier tipo de piel y sudan a mares, son incapaces de soportar el contacto de ropa, calzado y personas. Una sequedad constante en sus gargantas les obliga a ingerir cuantiosos litros de agua para no caer en deshidratación. La víctima se encuentra en la posición contraria: piel tersa por el frío, humedad en los huesos y congelamiento en las extremidades.

En la estación de invierno le sucede lo contrario. Debe vestirse con sandalias, shorts y camisetas. Prendas muy ligeras que se corresponden a tiempos cálidos y no concuerdan con las temperaturas que en realidad suceden.

Una situación muy comprometida, que exige fuerza vital, capacidad y ánimo para soportar la curiosidad ajena. Una situación insólita y desconcertante. Se siente mal, todos la miran y la excluyen.

Entonces, decide desechar opciones médicas y sale a la búsqueda de un algo que le alivie. Viaja, recorre infinidad de parajes, se encuentra con unos y con otros, "víctimas" de otras enfermedades intratables. Algunos muestran síntomas de un agotamiento excesivo y se quedan sordos en cualquier momento del día (no se escuchan a sí mismos), otros sufren parálisis de las extremidades a primeras horas del día (viven demasiado deprisa), están aquellos incapaces de hablar cuando un grito de agresividad se alza por sus gargantas (tratan excesivamente mal a sus empleados, abuso de poder), así sucesivamente. Encuentra un pequeño consuelo, ya no se siente tan sola.

Con el tiempo, la reflexión, el cambio de mirada respecto de su situación y el análisis de situaciones ajenas, es consciente de que en realidad no está enferma, sino que ciertamente existe una pandemia. La pandemia de la ignorancia, la falta de educación, la carencia de crítica y el sometimiento a las autoridades. Se siente afortunada por haber nacido inmune. Siente libertad y ganas de vivir.

La respuesta radica en volver a su hogar y vivir con el conjunto de conclusiones que ha extraído a lo largo de todo su trayecto. De hecho, lo hace y en realidad, ahora es más feliz que nunca.

5 de julio de 2010

Mutaciones adaptativas

La semana pasada, concretamente el jueves, llegué a Euskadi. Las condiciones no fueron las mejores. Me encontraba sumamene estresada; mudanzas, un curso de formación de horas interminables en la Universidad, estancia de fin de semana con los padres (las visitas agotan, independientemente de quiénes sean), una inesperada bronquitis y la tristeza de las despedidas. Aunque alguna amiga que otra se ha hecho la despistada y ha huido de la necesidad de decir adiós (sí, a ti, que lees este artículo). Así que llegué lógicamente absolutamente estresada.

Mis inicios en Euskadi son siempre complicados. Generalmente, no suelo compartirlo con los demás, pero sentada ante un ordenador con intención de que los minutos transcurran según les corresponde, me he dispuesto a ofreceros mis experiencias adaptativas.

La adaptación exige paciencia y tiempo. Hoy no dispongo de lo primero y me sobra lo segundo. Permenecer pequeñas estancias en esta tierra enseñan a desacelerar (utilizo permanecer y no el verbo vivir, porque a partir de este momento mi vida es un misterio aún sin resolver). Eso lo primero. La naturaleza lo invade todo. La vida cotidiana gira entorno al trabajo, el txikiteo, pintxos, cuadrillas y fiestas. El ocio es diferente. La gente lo es también, la forma de comunicarse... No es ni mejor ni peor, siemplemente diferente.

Sufro mutaciones, en Madrid soy urbana y aquí rural. Cuando no me encuentro en ninguno de estos dos sitios no sé ni lo que soy, medio de aquí, medio de allí, europea ante todo.

Días horribles, en los que me encuentro absolutamente desorientada, más aún si ahora mismo estoy sentada frente a un ordenador en medio de una gran redacción en San Sebastián. Todavía más desubicada si pienso en que en octubre volaré a Bolivia y permaneceré allí dos meses (vuelta con este mismo verbo, en principio la aventura se presenta como una pequeña estancia).

Normalmente la costumbre de las mutaciones y su readaptación me exigen que transcurra una semana. Es algo cíclico. Me ocurre siempre. Siete días en los que me adapto, me relajo, dejo de ir a contracorriente, me uno a lo que veo y disfruto. De momento, solo contambilizo cinco. Mañana serán seis y pasado siete.

Conjunto de días horribles que espero me lleven al alivio. Lo necesito.


14 de junio de 2010

Nostalgia en la antesala de las posibilidades

Los exámenes llegan a su fin. Mañana haré el último. Es hora de reflexiones, despedidas y celebraciones. Siento algo de nostalgia, en realidad, un mix de sentimientos: alegría por acabar la carrera, inquietud por qué me deparará el futuro, incertidumbre sobre qué haré a partir del año que viene y pena de dejar la Universidad.

A pesar de todas las veces que he podido criticar esta Institución, si alguna conclusión he sacado en claro es el gran respeto que siento hacia lo que representa. Un lugar en el que volverse persona (con el paso de tiempo se borra esas carillas de palurdos con la que llegamos), en el que se debate constantemente sobre la ética, la moral, los principios que deben regirnos y los impulsos que el mundo requiere de nosotros, los jóvenes, futuras generaciones del sistema. O por lo menos, esa es mi idea sobre la figura del universitario, aunque en toda regla general caben excepciones.

Los universitarios somos aislacionistas. Difíciles de aguantar, criticamos todo, relacionamos cualquier tontería con este o aquel concepto filósofico, lloramos por todas las esquinas de la casa por el estrés de los exámenes o las dudas que en ocasiones nos invaden sobre si seremos capaces o no, si realmente valemos para aquello que hace años comenzamos con ilusión. Planteamos excesivos interrogantes, sin lograr respuestas claras, eso nos enloquece. Nos planteamos otras formas de vida, escapamos a lo cotidiano.

Miro con perspectiva mi permanencia en Madrid. Una gran ciudad, que ofrece grandes oportunidades. Un cúmulo de edificios, calles, gentes y formas de vivir muy diferentes al lugar al que pertenezco. "Ilusiones perdidas" de Balzac es completamente aplicable a mi trayectoria desde que acabé el bachillerato. Una chica de provincias que se traslada a la capital y aprende a vivir acorde a ella y a sus costumbres. Euskadi y Madrid. Dos mundos por los que mi vida se ha regido. En determinados momentos me he inclinado por el de provincias, en otros, he optado por Madrid, y en muchos otros, arrastrada por un sentimiento revolucionario, no me he decidido por ninguno. Ahora a dos semanas de abandonar (definitiva o provisionalmente esta ciudad), atravieso un recorrido inevitable de recuerdos.

Euskadi ha sido el punto de partida, Madrid la mirilla por la que he avistado las posibilidades que el mundo me ofrece y Alemania, la gran puerta que me ha conducido a la antesala de oportunidades en la que me encuentro desde que volví en julio. Casi un año en este habitáculo metafórico, difícil e incómodo de soportar, una estancia en la que en determinados momentos llorar representa el único alivio y reir la única escapatoria.

Los recuerdos me conllevan inevitablemente a todas las personas con las que en algún momento he compartido un mínimo. A los que desde el primer momento estuvistéis allí y seguís estando, gracias, sabéis que os adoro. A los que se fueron, también os lo agradezco, aprendí mucho de mí. A aquellos que se incorporaron a mitad de camino y aún permanecen, gracias también. A los del último momento, os echaré mucho de menos. A los esporádicos de clase y actividades extrauniversitarias, me alegro mucho de haberos conocido.

Le dedico este artículo a mi hermana, Miren. Personaje alegre y cuasi psicóloga. Es un placer poder estudiar una carrera en una ciudad como Madrid acompañada de una persona tan especial. Sin duda, será la que más eche de menos a partir de septiembre. Nuestros caminos, de momento, se separan. Por todas las veces que nos hemos reído, hemos disfrutado de noches locas, cafés agradables, resacas horribles...

No quiero acabar sin saludar a Ana, con la que viviré el mejor viaje de mi vida en octubre. A Laura, Israel y Antonio con los que compartí una gran experiencia. Irrepetible, sin duda. A Adriana, con la que he vivido mil historias en Madrid. A Rosa y María por ser compañeras de clase y fuera de las aulas. A Fabi, por esa multiculturalidad que hemos construido en el piso. A Pablete, que se ha convertido en un gran amigo.

A todos en general, gracias. Volveremos a encontrarnos.