Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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7 de mayo de 2012

Ich will/muss zu dir

Ich muss hinaus, ich muss zu dir, 
Ich muss es selbst dir sagen: 
Du bist mein Frühling, du nur mir 
In diesen lichten Tagen. 

Ich will hinaus, ich will zu dir, 
Ich will es selbst dir sagen: 
Du bist mein Frühling, du nur mir 
In diesen lichten Tagen. 

August Heinrich Hoffmann 
von Fallersleben
(1798-1874)

Liebe und Freiheit in Deustchland /Die Mauer in Berlin. J.M

9 de abril de 2012

Invisibles en el conflicto vasco

Artículo mental (impulso demoníaco de opinar) transcrito a Reflexiones Digitales: 

Un día después de celebrarse en Euskadi el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca), leo en El País: "la exhibición de fuerza" de la izquierda abertzale, junto a Eusko Alkartasuna, Alternatiba y Aralar consigue reunir a (una cifra indeterminada de) miles de ciudadanos en Pamplona. Un "hito" histórico tras el cese definitivo de ETA  en el que se reivindica el derecho a decidir "desde las diferencias", pero "todos juntos a favor de la independencia", informa el periódico. Por su parte, el PNV celebra su particular Aberri Eguna en Bilbao. 

Pienso en los términos que se repiten a lo largo del artículo. Por una parte, independencia, ansiada independencia que no sabría calcular desde cuándo se reivindica o algunos reivindican, retrocedo a Sabino Arana, que es cuando se constituye el nacionalismo vasco como tal. Por otra parte, la reconciliación; problemática central tras el cese definitivo de la organización terrorista, denominada por algunos sectores "las consecuencias del conflicto vasco" y campo de batalla política entre partidos y ciudadanos. 

"No hay que prestar tanta atención a los hechos, sino al por qué de los hechos", me aconsejó hace algunos días un gallego, antiguo militante comunista en la época franquista, cuando discutíamos en su tierra sobre la necesaria reforma de un sistema que parece inviable, el peso y la reconversión del sindicalismo en España y cómo los artistas deberíamos cobrar para poder desarrollar nuestro arte mientras otros trabajan. 

Desarticulemos conceptos: independencia y reconciliación

Independencia. Cualquier paseante que visite Mondragón (Gipuzkoa), podrá leer la palabra independencia mínimamente veinte veces y en todo tipo de formato: pintadas, carteles, graffitis, cantos, música, libros...  Nací en Mondragón y cuando me paseo por sus calles, me pregunto si existe alguien que aporte una nueva idea respecto a esta pretensión, legítima en mi opinión, aunque con cauce inadecuado. 

Rebusco en Internet, leo en periódicos y escucho las conversaciones de los ciudadanos, pero en ninguna se indica cuál sería su impacto económico, social y político en Euskadi, bajo qué sistema estatal se articularía, si también sería un estado social y democrático de derecho al estilo resquebrajado de España, y a mí me interesa, cuál sería la posición de Euskadi independiente en la Unión Europea y cómo se sopesaría en sus relaciones internacionales acorde con una política exterior definida desde esa independencia. 


Una de las paradas en el recorrido /Mondragón. J.M


La reconciliación. En este supuesto el recorrido no es válido; no pueden leerse carteles ni pintadas. Percibo un tratamiento centrado en la hostilidad entre víctimas de ETA y etarras. Por supuesto, un vacío humano prioritario que debe llenarse y solucionarse, aunque desconozco cómo: educación en valores, terapias grupales, labores de sociólogos...

Tengo la sensación de que el resto de la ciudadanía queda relegada a un segundo plano, es decir, aquellos que, afortunadamente, no son ni víctimas ni familiares ni etarras ni familiares, se vuelven invisibles en todas las esferas que tratan el conflicto vasco. Mi vecina, parte de mi familia, parte de mis amigas y la mitad de la población en Mondragón no perciben un ápice de atención en el tema de la reconciliación. 

Personas generalmente procedentes de fuera de Euskadi o descendientes de los que llegaron a trabajar a las fábricas, a las que se les ha recordado, independientemente de que nacieran, se criaran y vivieran aquí, que no forman parte de la ciudadanía vasca porque no hablan euskera, no nacieron en Euskadi o no cuentan con descendientes vascos. Personas que se han sentido humilladas, marginadas y excluidas, reduciéndolas a la condición de apátridas; no se sienten parte de la tierra en la que viven ni de la que proceden ellos o sus familiares.   

Pequeños detalles tejen una red de dominio social que sustenta la historia de Euskadi: un determinado día se te llama maqueta porque te niegas a responder en euskera al que sabes no defiende su idioma,  no lo inculca, sino que te coacciona para que lo vomites. De la misma manera que se organiza un taller de costura en compañía de un cartel que clama por los derechos de los presos. No se trata de un problema de defensa de los derechos de los presos, es una cuestión de organizar una mínima actividad, ver el cine al aire libre, y que siempre se incluya ese cartel, creándose una asociación y mezcla de conceptos que silencia a esas personas que no son consideradas vascas, inculcándoles el miedo a hablar porque de hacerlo se les humillará, se les marginará y se les excluirá aún más.

Y yo, harta de ese recorrido, pero enganchada a él, atendiendo a las informaciones, declaraciones de líderes y el ambiente actual en Euskadi, me pregunto si algún día se abordará la modificación completa de la base social en Euskadi para que la independencia se convierta en un derecho legítimamente moral. 

Seas considerado vasco nuevo o viejo, incluso hayas caído en la desgracia de no ser considerado vasco, ninguno de los ciudadanos en Euskadi es capaz de desplegar las alas. No se vuela en la misma dirección y la que se trasluce no convence del todo. Se continúan abordando los mismos temas, desde los mismos puntos de vista, los mismos tabús ejercen las funciones de siempre, sin identificar las mismas voces que acallan las mismas miradas marginadas. Es importante abordar los estragos de la guerra civil, el derecho a decidir y la reconciliación, pero debería prestarse atención a determinar y analizar cuál es el cúmulo real de todos esos factores, en qué consiste el verdadero conflicto vasco, cuál es su dimensión real y cómo afecta a la ciudadanía en su conjunto, a toda ciudadanía me refiero, sin entumecerse en parámetros de identidad clasistas o lingüísticos.

Tal vez, a eso se atienda cuando se alcance la ansiada libertad. Dentro de x años. Si es que ocurre.

Una realiza ese recorrido en absoluto silencio, una y otra vez, piensa y piensa durante años, muchos años, hasta que un día el miedo ya no paraliza y dedica todos sus esfuerzos a escribir este tipo de artículos que son opiniones humildes, sin intención de herir ni insultar, 
pero sí provocar conciencias en los dos o tres lectores que lo leerán.

13 de marzo de 2012

Prólogo al XIII Congreso de Periodismo Digital


Un espacio donde debatir, compartir ideas e intercambiar experiencias. Reflexiones Digitales viaja a Huesca el próximo 15 y 16 de marzo para participar en la XIII Edicición del Congreso de Periodismo Digital. Sobre el eje del emprendimiento y las alternativas para hacer frente a una crisis (económica, social y emocional) que asola el ánimo del país entero, un total de 250 periodistas nos reunimos para analizar la situación actual del periodismo. 

Un espacio que, precedido por un éxito generalizado en sus anteriores ediciones, se presenta como un cortocircuito para reflexionar sobre las cifras de desempleo de un oficio cuyo mercado laboral parece restringirse cada vez más, sin citar la precariedad laboral y la incertidumbre de sus empleados.

Al fin y al cabo, un espacio en el que aprender, en el que cada uno de los periodistas podamos escuchar a profesionales experimentados, absorbamos conocimientos, sensaciones y deducciones, pero también aportemos nuestra ilusión, nuestras ganas de seguir en el oficio y reanimemos entre todos y con humildad la confianza de los ciudadanos españoles en los medios de comunicación. 

 La creatividad en el periodismo

Una de las ponencias que más interesa a Reflexiones Digitales es la de "periodismo Sub-30, creatividad sin culpa". "La creatividad será una de las características significativas del s. XXI" leí una vez en Twitter. Muy de acuerdo con esta idea, puesto que en época de crisis económica y readaptación del periodismo a los nuevos soportes, la creatividad en el enfoque, la elaboración y la presentación de las información, sobre una base de veracidad, credibilidad y contraste de información/ fuentes, es imprescindible. Misma idea que recoge el texto Perspectivas de comunicación 2012 , elaborado por Wellcome, en colaboración con consultoras como Laura Seoane de la agencia de comunicación Silvia Albert in company, que recoge las opiniones de 45 expertos, directivos, bloggers y periodistas, entre otros, en el que se destacan las redes sociales, la reconversión definitiva del periodismo en soportes digitales, la creatividad y la transparencia en las informaciones. 

Desde el emprendimiento a la abundancia informativa

Maurizzio Carlotti será el encargado de inaugurar esta cita. "El valor de la marca" será la primera ponencia que inicie el Congreso, en el que intervendrán Ignacio Escolar y Manuel Jabois, entre otros. A continuación, Carlos Porta, autor de Fago, será entrevistado por José Martí. Después del almuerzo, las ponencias "periodismo: pasión y empleo", donde intervendrá Ander Izagirre o Jordi Pérez Colomé; "guía de supervivencia para periodistas emprendedores"; "periodistas: de asalariados a mini empresarios", deduzco que en la misma línea de emprendimiento que la anterior ponencia. Las dos últimos encuentros analizarán el periodismo en relación a las nuevas tecnologías (sobreabundancia informativa) y Soledad Gallego-Díaz será la encargada de clausurar el Congreso.


Bienvenido sea al XIII Congreso de Periodismo Digital

18 de noviembre de 2011

'La chica que NO toma café' y Daniela Attanasio

Mara vive en la Ciudad de Ensueño; un lugar amurallado donde los habitantes esperan que el mundo exterior reconozca la Declaración de Independencia que aprobaron en consulta popular hace ya tiempo. Ante la profunda crisis económica que asola el planeta, los  "ensoñados" cierran las puertas de su muralla e impiden la entrada de inmigrantes; desesperados por trabajar en la Fábrica de las Ovejas, un centro tecnológico donde se clonan animales y se mima laboralmente a los trabajadores, ofreciéndoles también buena alimentación y algunos placeres vitales. 

Mara, adolescente creativa y descendiente de inmigrantes que sí lograron acceder a Ensueño, se enamorará de un chico y comprobará cómo su actividad artística se ve truncada, dudando de lo que jamás se cuestionó cuando descubre un secreto muy bien custodiado por una sociedad que hasta ese momento, parecía idílica. 

Decepeción, desencanto, búsqueda y lucha por los propios sueños tapizan un camino que la autora siembra de poesía y humor a partes iguales.

Esta sería la hipótetica contraportada de mi novela, cuyo hipotético título es 'La chica que NO toma café'. He de agradecer las correcciones de mi profesora de escritura creativa, cuyo nombre he preferido no citar porque no tengo claro si le gusta los mundos de Internet. 

¿Qué os parece? ¿Compraríais el libro si leyeráis tal contraportada? ¿Qué os evoca?
 ¡Anímense y comenten! 

Quería hablaros también de una reflexión que he realizado sobre la segunda jornada del XXIV Encuentro de Escritoras que tuvo lugar ayer en Donostia, a la que acudí muy ilusionada y  no me decepcionó. 

Tuve la suerte de escuchar, en palabras de la poeta italiana Daniela Attanasio, cómo podría presentarse la (in)definida poesía al público, cómo es el oficio de un poeta y después, una magnífica lectura de sus últimos trabajos que me produjeron un escalofrío por la espalda. A través de la elección de fragmentos literarios de otros autores, Attanasio afirmó que "los físicos dicen que solo conocemos el cuatro por ciento del universo, denominado técnicamente como materia normal y el resto, el 96% es desconocido" para después precisar que "el artista trabaja con ese 96% que es oscuridad" como si intentase "arañarla". A lo largo de su exposición citó a una poeta norteamericana, Sylvia Plath, que se suicidó a la edad de 30 años, suceso que motivó a su marido a publicar unos diarios escritos por ella y que mostraban perfectablemente  "los estados de ansia que le provocaba la escritura",  aduciendo que "el poeta ve la realidad en una doble dimensión, rasgando esa oscuridad, la interioriza y después la expulsa".

Hace poco que he comenzado a escribir mi novela, pero cuando alguien me pregunta por curiosidad cómo se hace, yo le respondo que es como si se montara en el Dragon Can (¿se escribe así?). Jamás he acudido a esta atracción, ni falta que me hace, yo ya tengo a 'La chica que no toma café'. Attanasio explicó que "la escritura es como una montaña rusa", también "su frecuencia". Afirmación con la que también estoy de acuerdo, puesto que no solo sirve la disciplina y el esfuerzo, sino que el estado de ánimo influye de tal manera que muchas veces no se puede controlar lo que se produce, en el sentido del arte, y no el concepto de producción masiva que vivimos en nuestros tiempos.

También me gustó aquello de "depende de la persona y su capacidad para conectar el exterior con el interior", lo que se relaciona íntimamente con el estado de ánimo al que me refiero. La miré con mucha curiosidad cuando afirmó que "la poesía desestabiliza tanto al poeta como al lector porque hay que hacer un trabajo de desposeer al yo de capas sociales, culturales, de la vida cotidiana, que lo separa de los materiales de construcción que el tiempo se ha encargado de cubrir". 

Una conferencia abrumadoramente cierta. Yo estoy de buena racha, sin saber por qué, hace dos semanas que escribo sin descanso y desde que comencé la novela hace ya cuatro meses, es la primera vez que la veo avanzar. Así que aprovechemos. Escribamos y quítemonos capas sociales, desarticulemos emociones, impregnémolas en papel y mostrémoles al mundo cómo funcionan en verdad las cosas, las costumbres, si es libertad o no, si tan solo es seguridad, si nos hemos acomodado o tenemos miedo.  Pero escribamos en la esencia de los objetos, los estados y los seres, en esa oscuridad que muchos, aunque no seamos poetas, sino simples personas, intentamos rasgar.

¡Incluso un jardín despeinado puede resultar bello!/Garagartza. J.M

"Triste es la vida que solo ve, oye y siente los objetos simples"
Leopardi. "Infinito"

6 de noviembre de 2011

La sonoridad de la lluvia y del viento


Imagínese el lector que Gipuzkoa se convierte en la Venecia de Euskadi. ¡Calles rebosantes de agua! ¡Personas que podrían disfrutar de una vida doméstica por la imposibilidad de ir a sus trabajos! ¡Pérdidas millonarias! ¡La txalupa como medio de transporte principal! ¡El pescado, plato fuerte de un menú en el que se degustarían algas y cosas por el estilo! ¡Y ella, nadando por laberintos acuático-guipuzcoanos; introducir la cabeza en el líquido y permanecer inmóvil durante al menos cincuenta segundos!

"Escucho a mojado", piensa mientras teclea en busca de conceptos que describan la tonalidad sonora de la lluvia. Un ritmo acústico rápido, constante y cíclico, como si se tratara de la batería de un grupo. Muy intenso al principio para después relajarse. El proceso se produce sin apenas advertirlo y debe ser escuchado con mucha atención. Las cañerías trabajan durante todo el fin de semana. Trasladan el agua de un lado a otro con sonoridad hueca. Un sonido hueco, aunque más agresivo, que también se escucha cuando la lluvia golpea la tela del paraguas mediocre que sujetaba ayer, en un intento de apuntar en el cuadernillo de turno una frase escrita en una pared cualquiera de una calle cualquiera. Extrañamente, es consciente, al continuar tecleando, de que el choque fortuito de los cubitos de hielo con la mezcla de líquidos del cubata anula completamente la sonoridad acústica de los sábados nocturnos y los transeúntes ni siquiera son conscientes de que se mojan. 

El agua ladea desde arriba. Las farolas de la calle permiten vislumbrar ese conjunto de rayitas fugaces, casi invisibles, que se deslizan en masa y humedecen el asfalto. Hoy no acompaña el viento. "Menos mal", piensa. En los últimos días ha soplado muy fuerte. Siempre que ocurre, desmiente con sentido común lo que el profesor de osquestra relataba: músicos a los que, supuestamente, el viento arrebata su alma porque siente celos de que alguien produzca un sonido más bonito que el propio. Por eso, cuando se toca un instrumento y el viento emite su señal, es conveniente parar. Ese sonido del viento que se introduce por los oídos y somete a las ramas de los árboles, que se apodera de macetas mal colocadas en balcones insensatos, se vuelve amo de paraguas mediocres que intentan resguardar y de melenas que no pueden acomodarse sobre los hombros de sus dueños.


¡En la Venecia de Euskadi veríamos muchas ranas! / Urkulu. J.M

16 de octubre de 2011

Memoria sensorial

Cementerio de trenes. Salar de Uyuni/ Bolivia. J.M

¿Qué os evoca esta fotografía? ¿En qué pensáis cuando os centráis en los carriles y seguís hasta el infinito? ¿Y la basura a cada extremo? ¿Esa sombra con forma de figura? 
¿El cielo protector y las montañas traseras?

Me recuerdo frente a estos dos raíles, en un cementerio de trenes en las cercanías del salar de Uyuni (Bolivia), el sitio más espectacular que he visto en mi vida. Mis dos 'compañeras de aventuras' se quedaron cerca del Jeep junto con el conductor. Hacía un poco de frío y a punto de atardecer, decidí caminar entre los trenes abandonados para escuchar lo que aquel sitio me decía.  

Vestía una mayas rojas que me costaron dos euros en el rastro de Madrid, una camiseta cuyo color he olvidado, el North Face que compré con mi sueldo del Diario Vasco, zapatillas Salomon que no hacían más que atentar contra mi feminidad y un bolso que me colgaba del hombro. Bastante feo, por cierto, pero muy práctico; disimulaba mi cámara. Por aquel entonces mi flequillo era cortito,cortito y estaba muy despeinada.

Paseé por los alrededor durante un buen rato, no sé exactamente cuánto, tal vez, veinte minutos. Se escuchaba la conversación que mantenían a los lejos mis 'compañeras de aventuras' y el conductor, lo demás, silencio en estado puro. Me acerqué a los vagones. Sentía el polvo en la cara y el tacto del acero. Miré al cielo, pensé en su inmensidad, las montañas a los lejos resguardándolo, y esos pobres trenes, abandonados, allí, ignorados por todos, privados de su única utilidad, así que fotografíe, apoyada en una especie de esquemas de hierro, subida en uno de los vagones... 

En medio de la nada, sin ningún tipo de preocupaciones, sin que nadie supiese dónde estaba, junto a mis compañeras, cámara en mano, escasos conocimientos de fotografía y ansías por descubrir...

El 16 de octubre de 2010 Josune Murgoitio se embarca en un vuelo rumbo a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).  Inspirado en un ejercicio de memoria sensorial, el texto ha sido recreado como uno de los grandes momentos de su estancia en el país. Por su puesto, también recuerda con una gran sonrisa otros lugares, sensaciones y personas, incluso la ropa que llevaba en otras escenas. 

En especial, recuerda muy frecuentemente la sonrisa de un gran niño, entre otros muchos que también conoció, pero, sobre todo, la de él, Franco, al que se refiere en muchos de sus relatos. Porque aquel niño le enseñó una de las grandes lecciones de la humanidad: la humildad. Además de instruirle en el juego de las bolillas (canicas), demostrarle lo inteligente que era por realizar tan rápido su tarea y compartir con ella su necesidad de afecto. Aún, cuando piensa en él y telefonea a Bolivia para preguntar si continúa viviendo en su 'domicilio', los ojos se humedecen, pero sonríe con mucha fuerza para probar si él siente desde el otro lado del charco la confianza que la muchacha le envía para que sea la persona más feliz del mundo.  

Franco en la guardería /Bolivia. J.M
P.D: A pesar de no ser partidaria de publicar fotografías de menores en Internet por respeto a su intimidad, he querido presentar ésta para mostrar al público lo riquiño que es. Juro que ésta es la única excepción.

9 de octubre de 2011

¡NO pensar!

'La libertad primera y última' de Jiddu Krishnamurti... es el último libro que he apuntado en mi Cuaderno de Lecturas. Éste es el párrafo que más me ha gustado:

¿Cuándo sois creativos? Cuando no os forzáis, cuando estáis completamente receptivos (...)  Entonces surge el júbilo. El instante creador no surge de la lucha. ¿No es la creatividad una sensación de total olvido de uno mismo, esa sensación que se experimenta cuando NO hay confusión, cuando uno es enteramente inconsciente del proceso de pensar, cuando solo existe el ser completo, pleno, exuberante?

El miércoles a la tarde me senté en uno de los bancos de madera en un parque muy bonito de Vitoria, donde el silencio pisoteaba las hojas otoñales de los árboles, dos horas antes de que comenzara mi clase de escritura creativa. Me detuve en lo espantoso de tener que pensar a cada momento, en la resistencia a todo, lo que realmente significa NO pensar en nada. Las ideas surgen cuando no se piensa. Y sonreí.  

Mi Cuaderno de Lecturas fue un poco caro, apenas tenía dinero en la cuenta corriente, pero lo compré porque me pareció muy especial. Tapa gorda, dibujos graciosos, frases mezcladas entre páginas de líneas por rellenar... Y ahora sonrío cada vez que recuerdo esa decisión tan minúscula porque el registro de lectura es muy importante. 

He vuelto a escuchar música clásica. Hacía tantos años... Beethoven, Accolay...  Tal vez se deba a NO pensar. Ocurrió en un viaje en autobús a la misma ciudad, Vitoria, cuando activé "exploración automática" de canales de radio en el móvil y comenzó a sonar una emisora de música clásica. Otra vez el mundo del jazz, de Mozart, reiki...Tal vez, el sacudir el polvo de la funda de mi violín se debiera también a NO pensar porque cuando recordé aquellas horas de partituras me alejé (sin acercarme otra vez).  

¿No os ocurre? ¿Sentaros frente al escritorio, encender una vela que supuestamente es aromática y escoger frases en uno u otro libro para transcribirlas en posits que se asomarán por los bordes de vuestras estanterías?

"Hay que decir la verdad, aunque el mundo entero estalle en mil pedazos", Fichte
"Un amante nunca busca sin ser buscado por su amado", Josune
"El verdadero tesoro del hombre es el tesoro de sus errores", anónimo
...

Desconexión a la hora de fotografiar. Berlín. J.M

La verdad. El amor. Los errores.
Triángulo conceptual. Bohemiada de artículo. 
Me apetecía escribir. NO pensar.

18 de septiembre de 2011

Dificultades de una escritora periférica

 (Reproducción parcial de una conversación mantenida entre 
una escritora principiante y un escritor veterano)

- ¿Te sientes escritora? 
- Sí, aunque la mente me juega malas pasadas- responde en busca de alivio.
- Te entiendo. En el momento en el que te sientas a escribir eres escritora. Aprende a controlar a tu aliado y a tu peor enemigo: la mente. 
- Lo sé. Me atormenta con que solo escribo tres horas diarias. Es que me canso mucho.
- Tres horas al día está super bien. Todos los novelistas hemos pasado por lo mismo durante la primera obra. No solo que escribes durante tres horas, sino que eres una mantenida. 
- Exacto
- No dejes que te paralice. Siéntate y escribe. Establece una rutina, tres horas escribir y dos leer, todos los días, no hables con nadie mientras trabajes: escribe, escribe...
- Ya tengo una rutina, pero avanzo muy lentamente
- Sí, todos pasamos por esa misma sensación, pero los resultados llegan, aunque sean en un futuro...

La lluvia es inspiradora y septiembre un mes odioso que exige readaptación y flexibilidad ante cambios anuales. Aunque sienta algo de vergüenza por expresar en público las dificultades a las que me enfrento, siento necesidad de desligarme mentalmente de este artículo.

Por encima de cualquier oficio, siempre he querido ser escritora. Ahora lo soy. Me dedico a escribir. Después de medio año de relatos, colaboraciones y un proyecto de novela, ha llegado el momento de llevarlo a cabo de forma muy seria. Ha sido una elección dura, pero coherente con lo que quiero. Una elección que implica mucho esfuerzo, batallar en todos los sentidos, luchas en papel y en persona por vivencias interiorizadas y, sobre todo, establecerse, por lo menos, hasta primavera para intentar conseguir un primer borrador. No me gusta Mondragón, ni siquiera cómo funciona la sociedad vasca, tampoco Euskadi, aunque algunos sitios me desagraden menos que otros, pero mi novela se ambienta aquí y mi vocecita interior advierte que aquí es donde debe ser escrita, por lo menos ese primer borrador. Aunque parezca una locura, alejada de consejos sensatos y apuestas ciertas, le he prestado atención.

Jamás he escrito una novela. No sé cómo se hace. Es muy difícil asumir una labor sin saber cómo llevarla a cabo. Un proceso de aprendizaje total; escribir sobre la libertad, un tema que me obsesiona desde que era pequeña, aprender a hacerlo y aprender a ser persona queriendo hacerlo. El camino parece interminable, aunque alivia encontrarse en él y muy inseguro al no saber con exactitud a dónde me dirige, ni siquiera si el paso se cortará en algún momento. 

Represión en el sentido social de elección de estilos de vida. J.M
 Lo más complicado de todas estas semanas, hasta apuntarme en dos talleres de escritura y establecer contacto con otros escritores, ha sido la soledad. Horroroso. Jamás había experimentado ese vacío interior. Ese silencio que necesita ser compartido y que nadie a tu alrededor logra escucharlo, por mucho que vocalices, lo expreses en voz alta, incluso callada o gritando. Una soledad sin ningún tipo de guía, sin saber si la dirección es la acertada, si las características psicológicas del personaje son las adecuadas para el lugar ficticio que has creado, porque tal vez algún detalle se escape y no seas consciente, mientras a tu alrededor las personas se posicionan como pueden en puestos de trabajo en busca de estabilidad, seguridad y un sueldo con el que sustentarse. Hace tiempo dejé atrás esta opción... Me veía demasiado joven como para no intentarlo. 

Y aquí estoy, tras mantener conversaciones telefónicas con escritores y escribir para talleres de novela y escritura creativa, con mucha ilusión y muy emocionada ante todo el trabajo que me espera. Infinito desde esta posición, espero que dentro de dos meses se acorte un poco la vista.

¡Disfruten del día! J.M




 

14 de junio de 2011

Encuentros literarios

La azotea de una biblioteca. Paredes blancas y techos cubiertos por tabiques de madera. Decoración a lo euskaldun. Acogedor. Las sillas vacías se reúnen en torno a una mesa donde varios libros de un mismo autor aguardan los comentarios de sus lectores. Enero de 2011. Entro por primera vez en aquella sala. Abro los ojos, más aún si puedo, así enormes, de manera que reflejen mi sorpresa por seguir ese pequeño impulso que me ha conducido a esa sala llena de encanto. Dentro de un par de horas volveré a cruzar la puerta, ocuparé una de esas sillas azul plastificadas y comentaré junto a mis compañeros el libro que el escritor nos ha mandado leer, o aconsejado, recomendado o lo que sea. Esta vez, 'Intercambios' de David Lodge, una obra genial, la verdad, que me ha sorprendido, sobre todo, por un final muy bueno y por la variación de las técnicas narrativas que el autor emplea.

Vuelo a la misma fecha; enero de 2011. En un autobús desde Madrid a Euskadi conozco, suceso fortuito por haberse estropeado el autobús y esperar un par de horas al siguiente, con aquel gorro de paja en la cabeza y un jersey azul boliviano que me había comprado, a un chico que realiza su doctorado en Alemania, no me acuerdo del nombre, ni siquiera de su cara, sé que era pequeñito, un poco bajito, gafas y muy simpático. Para mí la mayoría de la población es muy simpática. Lo que sí recuerdo es cuando me preguntó dónde vivía, le miré, creo que a las gafas, me quedé callada y le respondí que no lo sabía. Una vez en Mondragón, sin recordar apenas mi nombre por los trotes que acostumbro a dar por aquí y por allá, agotada física y mentalmente, sin saber qué hacer ni cómo hacer, me apunté a las tertulias literarias de Kulturate, que es la biblioteca de Mondragón. Me agarré a lo único que he hecho toda mi vida; escribir. Así que acudí porque me parecía muy interesante leer y comentar, pero también observar cómo piensan los lectores, qué quieren, qué les gusta y cómo comentan, aunque luego a la hora de escribir me de igual, pero por lo menos tener nociones mínimas.

Cuando entré en aquella sala y vi la población lectora, pensé, bueno, pues aquí estoy, en representación de la población de Mondragón que lee y aspira a vivir como escritora. Me senté en una de las sillas y observé al escritor. Un tipo extraño, pensé. Alto, muy alto. Delgado, un poco calvo, unas gafas a lo ratoncito, piernas enormes, vestido a lo punk, a su edad, pensé. Y muy simpático. Como la mayoría de la población mundial.

Notas: Vargas Llosa,'La tía Julia y el escribidor'. Escribidor diferente a escritor, Pedro Camacho rellena las hojas pero escribe muy rápido y no contesta a las preguntas de literatura, truculento, todas las personas son susceptibles de un cuento o una historia, todo se puede escribir pero ¿cómo?, captar a personajes en un sitio, la "sociocrítica" consiste en criticar un libro desde el social marxismo, cambia el narrador (al principio, está fuera del lugar y perdido, luego se estabiliza y ve su patria cambiada). Vaya, vaya, pensé, qué de cosas en común.

Julio Barners, "Nada que temer'. El argumento es en espiral, cierra al final el círculo que comenzó. El arte ha sustituido psicológicamente a la religión. Roberspierre: ser ateo es de aristrócatas. La religión tiende al autoritarismo como el capitalismo al monopolio. ¿Queremos ser conscientes o insconscientes?. La memoria es identidad. La ciencia dirá qué somos y la literatura cómo somos. Chéjov: en sus obras siempre hay un personaje idealista que se da cuenta de que ha desperdiciado su vida y que espera que los siguientes la aprovechen mejor. Interesante, pensé.

Andrés Tropiello, 'Los amigos del crimen perfecto'. Ha publicado diarios polémicos. Jamás haré eso, pensé, me matarían. ¿Quién? La mayoría de la población mundial, me respondo. El lector tiene que ir con el escritor a lo largo de la novela. No puede ir delante. Muestra la frustración de la vida. La novela negra como una prolongación de la vida en la que teóricamente todo cuadra. "Justicia poética". Escritora arruinada.

¿Nos gusta un libro porque estamos de acuerdo con lo que dice?

29 de abril de 2011

La tristeza de Estefanía

Desde pequeñito quise ser pescador. Recuerdo las despedidas, junto a mi madre, en el puerto de A Coruña. Imaginaba cómo la brújula del olor y el ritmo del viento guiaban a mi padre entre las aguas, las conversaciones con la tripulación y la emoción de enfrentarse a la bipolaridad del océano. El mar. Qué sería de mí sin agua salada, veranos a la orilla y anchoas fritas. 

Asturias. Cerca de LLanes. J.M
Heredé el barco de mi padre. Sentí tristeza por su ausencia y alegría por convertirme en un nuevo líder del constante balanceo de la mar, siempre con su permiso, aventurándome a enredar toneladas de pescado durante los seis meses que me anclaría al 'Estefanía'. Lo convertí en mujer para atraer sudores renovados y valentía actualizada. Simplemente con cambiarle de nombre hubiese sido suficiente para librarlo de los resquicios espirituales de mi padre, pero me acordé de aquellas verbenas con la dulce Estefanía: melena rubia, vestido en gracia que su madre le colocaba cautelosamente y aquella forma de mirarnos cuando bailábamos tan próximos. 


18 de julio de 2003. Destino Senegal. 5:00 de la mañana. Puesto que corresponde a todo capitán; el timón, cauteloso con la llanura oceánica como si fuese un vigilante de seguridad. A primera hora de la mañana, el infinito del horizonte es perfecto: calma, niebla densa y oleaje variable. Tufo. Nauseabundo y exclusivamente químico. Me extrañé. Miré a través de la ventana, pero no observé nada anómalo. Qué raro, pensé. Ordené a Bartolomé encargarse del timón y salí a cubierta. Me acerqué a la barandilla y mi corazón se heló como el preciso instante en el que un golpe de frío estremece el agua hasta convertirla en un cubito de hielo. 

'Estefanía', pringosa de un gran lunar negro. ¿Qué ha ocurrido?, fue lo único que pensé, mientras mi interior se acurrucaba hacia el punto donde contenía todo el dolor por la muerte de mi padre. Las gaviotas, escandalizadas, volaban en círculos para llegar victoriosas a una fórmula 1 aérea. Acto seguido, la acupuntura penetró en la rabia, la frustración de generaciones doloridas, la repugnancia hacia la sociedad empresarial y la pena por 'Estefanía', manchada en su primer día de gloria. Una capa de fuel cubría el mar como si todos los calamares del mundo hubiesen fabricado toneladas de tinta negra para boicotear su patria.

14 de abril de 2011

Las letras, aniquiladoras de la desesperanza


Víspera del Día Internacional del Libro. Uno de los mejores días que puedan existir. Emocionada ante la oleada de actividades culturales que se avecinan en Vitoria, me he centrado en la creación de una gran frase: la liberación de los libros, las frases y las letras. Escribir. Leer. Grandes actividades en papel y en digital al servicio de la humanidad. 

Absorta en mi mundo interior, he estado pensando qué han significado para mí los libros. Libertad. El lector no puede hacerse una idea del tiempo que empleo en extraer su significado real. Creo que ya lo he encontrado. Después, sucesivos artículos mentales. Escribo más pensando que en el acto real de escribir; fumando un cigarrillo en el porche de mi casa; paso ligero por la calle rebelándome contra mi acostumbrada impuntualidad (la rebeldía también es bastante común);  mientras tomo la cerveza que pone fin a una noche demasiado larga; cenando con alguna amiga o en el instante posterior al que cierro la tapa del libro que siempre deposito en la mesilla. Si tuviese una grabadora interna, hace tiempo hubiese publicado ya mi novela. Aunque se trataría de un ensayo, porque mis artículos mentales tratan sobre crítica periodística, despecho a la política española, resistencia a  la presión social o sobre el absurdo alcance del dinero en nuestra sociedad. 

Absurdo también intentar recostruir uno de esos artículos mentales. Nunca lo consigo. Se disuelven en cuanto me acerco a mi cuadernillo. Una pena, creo que son bastante interesantes. Los libros son geniales. Conllevan a la libertad. Un concepto en desuso y recluido a una pequeña minoría, que somos nosotros, los que vivimos en el denominado "Primer Mundo", aunque pocos se atreven a utilizarlo. Joseph, amigo mío italiano, me recordaría en este momento que yo también formo parte de la masa y no podría hacer otra cosa que asentir.

Aun no había cumplido tres años cuando fimé con una X mi primer carnet de la biblioteca. Recuerdo aún aquellas letras extrañas dibujadas en una pizarra. Después, la lectura de los que mi madre compraba en el Círculo de Lectores y las veces que yo escondía, no muy disimuladamente, los libros en la biblioteca para que no se los llevaran otros.

George Orwell me mostró el fascismo de los gobiernos, sin necesidad de que fueran dictatoriales, y me obligó a no creer en cifras que gobiernos y medios de comunicación arrojan: hará 20 años que un 4 de agosto no hace tanto calor. Extraño que estadísticas así se registren.  Dutschke me mostró el poder intelectual de la Universidad. Ortega y Gasset justificó la existencia de la denominada "fauna". John Pilger me abrió la puerta a un periodismo dinámico y no muy publicable. Jane Austen me trasladó a aquella elegancia de las letras. Así podría poner muchos ejemplos. 
 
Siempre he escrito. Es mi esencia. En los buenos y malos momentos. Como vía de escape, entretenimiento y  manera de plasmar recuerdos. En mis primeros días en Alemania, sin saber muy bien qué hacía en aquella ciudad, salí a la calle a buscar mi cuaderno de reflexiones. Lo compré, pero era tan bonito, que me dio pena utilizarlo y otro ocupó su lugar, en especial, en la orilla del río Mosel junto a un muchacho que solía ir a pintar. Allí estábamos los dos, mirando al vacío, pero plasmando en aquellos cuadernos lo que más allá veíamos.

Escribo en muchas partes: la cafetería del Artium, el Templo de Deboth, la cafetería bonita de Mondragón, un tren rumbo a Venecia, en el autobús hacia Madrid e incluso, en una clase teórica del carnet de conducir, harta de las explicaciones de un profesor que atiende más al bótox de sus labios y a las faldas de una de las alumnas que a la velocidad genérica máxima en una autopista. 

Leer y escribir fueron mi esencia en Bolivia. Allí nació Teclas sin pulsar, un blog inolvidable para mí, los reportajes y la firme convicción de que el Capitán Trueno nunca abandonaría las paredes de la guardería. Hace poco, Ana y yo llamamos a Bolivia. Charo, cocinera de la guardería y alumna mía en el taller de escritura, me dijo que había aprobado el curso. Me alegró mucho. Después hablé con su hermana Verónica, otra de mis alumnas. Mujer que escribía textos apasionados, impregnados por la tinta del odio, la rabia y la desesperación. Yo corregía sus redacciones, me acercaba a ella, hablábamos sobre el contenido y se deshacía en abrazos. 

Cuando hablé con Mileisa, otra de las educadoras, me comunicó que su hermano seguía en la cárcel. Aquel hombre que tuve la suerte de conocer, que me contó toda su historia, cuya mirada me mostró el significado real del dolor, la agonía y la injusticia. Tras aquella conversación, abrí mi cajón de periodismo y saqué el reportaje. Hará unos meses se lo presenté a José Gabriel Mújica, director del DV y un gran tipo, pero no me lo publicó porque no tenía fotos. No pude introducir mi cámara. Tampoco me atreví. Me he decidido a contactar con determinados medios para que vea la luz, no por dinero, ni siquiera por el  éxito, sino porque su historia merece ser conocida. Es la única aportación útil que puedo realizar. Inolvidables también las cartas que mi hermana y yo solíamos intercambiarnos cuando yo regresaba a Madrid. Ella las escondía en mi maleta y yo se las dejaba encima de la mesa.

Constantemente me paseo por las librerías. Aquella de segunda mano en Trier, donde mensulamente compraba dos o tres libros en alemán, nunca pasaba de la décima página. En Santa Cruz de la Sierra aquella librería extraña, sombría, con un hombrencillo muy gracioso, grandes gafas y concentrado en la lectura apoyado en una gran mesa de madera. Allí compré un libro que creo está prohibido en Europa. Me emocionó la idea. En Vitoria he encontrado a la librera más simpática del mundo. Es rubia, alta, joven y delgada. Siempre me pregunta si soy escritora y yo le contesto que en ello estoy.

Siempre he girado en torno a las letras. Sería un error no intentar vivir acosta de ellas. Nos abren caminos. Privan a la vida del significado que la mayor parte de la sociedad le atribuye: el éxito, la estética, lo estereotipado, la frustración. Con ellas soñamos. Soñar es importante, porque solo así se ejercita la acción. Aniquilan la incomprensión y la desesperanza. Muestran otras vidas; diferentes o iguales. Asimilan la pobreza con la felicidad. La fealdad se vuelve destello. Lo imaginario puede hasta convertirse en real.

19 de marzo de 2011

Minutos musicales

Estreno mi portátil de la mejor manera posible: un post en Reflexiones Digitales. Esta vez me ahorro algo de tiempo y vuelco uno de los relatos que he escrito recientemente. Veo mi viejo portátil desde aquí, un Toshiba gris, resignándose a ser protagonista de funerales tecnológicos. Hoy en día, muy de moda.

Ahora pasará a las manos de uno de mis familiares: aprenderá a tener paciencia  (la lentitud es la lentitud) y usar internet. Viejo portátil que soportaste los trabajos de derechos (densos como ellos solos), las horas delante de facebook en Alemania (un año da para mucho) y las prácticas de periodismo en la Uni. También me acompañó a Bolivia, desde donde narré en Teclas sin pulsar todo lo que veía en el tercer mundo, soportando toda clase de críticas, algunas aceptables y otras fuera de contexto, pero cuando se escribe en público se expone una a eso. Finalmente, el soporte tecnológico de mis reportajes, escritos y bohemiadas.

Este artículo trata sobre mi ex vida como violinista. Hace ya tanto tiempo de eso. Era una chavalilla. Coleta, gafas y violín. Ahora he cambiado un poco. Así que frente a una página en blanco,  decidí rescatar uno de los mejores momentos de mi vida. Intenso, precioso y emocionante. Pero no quiero adelantar al lector lo que por su propia inteligencia pueda deducir, así que ahí va.

Me acuerdo del día que crucé aquella puerta; valiente, nerviosa y resbaladiza. Mi madre y mi profesora se quedaron fuera. Ensayaba aquella escena en mi cabeza, pero en tiempos reales sientes que el entrenamiento es ineficaz. Coloqué el violín bajo mi barbilla, el arco sobre las cuatro cuerdas afinadas en extremo, me posé sobre mis dos piernas y artificialmente erguida vencí el primer momento. Frente a mí, tres personas ajenas a todo suspiro musical. Un minuto. A eso se reduce el cómputo anual de cuatro horas diarias de ensayo. Mi profesora me habló muchas veces de ese minuto. Ni siquiera la partitura más compleja del mundo produce tal miedo. Solía imaginármelo. Temblaba. Yo misma fui un temblor.

Mientras tocaba las primeras notas de Vivaldi, pensé en lo mucho que temblaba el arco. Cuando ensayaba la partitura intentaba robarle el talento a Vivaldi, experimentar lo que a él le sucedió para sentir ese placer fruto de conexiones melódicas que acallan cualquier lágito en el mundo. Pero frente a los tres jueces, el discurrir natural sobre las cuerdas del violín se volvió accidental. Me abrumaba. Sabía que existía un margen de error. Pero nunca pensé que sería tan explosivo. Un minuto: intervalo al que todo violinista debe enfrentarse, a primera vista fugaz, pero en realidad extremadamente largo.

El acto llegó a su fin y volví a cruzar esa puerta. Me reuní con mi madre y mi profesora. Empecé a llorar. Poco después, los tres desconocidos abandonaron el estrado. Me volví desempleada de toda herramienta humana para hacer frente a una situación que temía desde hacía mucho tiempo. No me han seleccionado, pensé. El portavoz simplemente me dijo sí.

En ese lugar quedaron los ensayos de fines de semana mientras mis amigas ligaban con los chicos en el bar del pueblo. Yo allí. La baba mental iniciaba un nuevo minuto. Giré la vista hacia mi madre, después hacia mi profesora y por último, hacia mí misma. Lo conseguí. La calma previa a convertirme en solita de un público exigente, los dedos en perfecto pose sobre la cuerda, el impulso del arco y la creación de miles de colores musicales que escapan de la realidad. Desde entonces, los minutos miden mi vida.

Sí, efectivamente. Se trata del instante en el que me enfrenté a un año de duro trabajo para poder acceder al conservatorio de San Sebastián. Ese instante ha sido determinante. Desde entonces, supe que conseguiría todo aquello que me propusiese. En el buen sentido, por supuesto, jamás aplastaría a nadie para llegar a aquello que quiero. No me gustan las comparaciones, las envidias y  los malos deseos para los demás. A mí me gusta ver a la gente contenta y feliz, sin frustraciones, luchadora por lo que quiere. Así recuerdo yo ese instante.

Un año después decidí abandonar la música. 10 años de música llegan a su fin. Desde mi escritorio, veo la funda de mi violín. Verde, llena de polvo y con mucho encanto. Ahora aguardo al minuto previo de colgar el link en mi face, coloco cuidadosamente los dedos sobre el nuevo teclado (existe un Supr.!!) y espero a que el público comente. Así que, ahora, me toca a mí aguardar.


22 de enero de 2011

Al pie de la letra

A escasos días de que la ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, hiciese acto de presencia en La Paz para hablar sobre cooperación, se me ha ocurrido escribir sobre educación.

El lunes comenzamos a impartir un taller de escritura y lectura para los padres de los niños de la guardería. A lo largo de las visitas que hemos realizado a las familias de los chavales (reitero que próximamente será objeto de un post), observé la necesidad que existe de impulsar en ellas la presencia de la palabra escrita y leída. Puesto que, aunque caben excepciones, el nivel de alfabetización es muy bajo.

Así que nos pusimos manos a la obra y decidimos encajar el taller los lunes y jueves. Las tres voluntarias (en la última semana se ha unido Ana) nos pusimos a disposición de todo aquel que quisiese adentrarse en el mundo de la palabra. De las diez mujeres inscritas en un principio, acudieron tres. Las demás se acercaron de forma esporádica, alertadas por sus hijos, al comprobar que en la guardería habíamos creado este taller.

El primer día fue evaluativo. Evaluación respecto del nivel de estas madres y del mío propio. Yo siempre he escrito y leído como una autómata pero nunca he impartido clases.

El segundo fue genial. Finalmente acudieron seis mujeres. Decidí dividirlas en grupos, en función de su nivel de alfabetización. Yo me encargo de Charo, Lola y Verónica, que pertenecen al grupo de intermedio-avanzado. Saben redactar, pero cometen faltas ortográficas, se equivocan en la estructuración de textos, en las mayúsculas y minúsculas... Las tres restantes se encuentran en iniciación, aprendiendo o perfeccionando el alfabeto y las sílabas.

Me sentí feliz de poder transmitir lo poco que yo sé. Y después de una hora de explicaciones de objetos directos, oraciones en pasiva y activa, dimos paso a doña Benita. Una abuelilla muy simpática, de unos 60-70 años (no me atreví a preguntarle la edad), que acudió al taller para transmitirles a las participantes lo satisfactorio que es aprender y estudiar.

Doña Benita es maestra voluntaria en IRFA. Un programa que ofrece la posibilidad de estudiar desde casa. A los participantes se les da el material correspondiente al curso en el que se encuentren y se les invita a estudiar una lección diaria, que pueden seguirla diariamente a través de la radio, en programas que se emiten a las seis de la mañana, una del mediodía o a la noche. La tarea del maestro consiste en guiar y verificar que los ejercicios se realizan adecuadamente para someter a los alumnos a un examen que certifique cada uno de los cursos académicos. Me entusiasmó la idea de comprobar cómo la radio servía a un gran objetivo.

Doña Benita salió bachiller hace cinco años. En palabras de esta mujer, "para la educación no existe edad". Ella se puso "al pie de la letra", lo que le ha brindado la satisfacción de tener la capacidad de escribir ella misma una carta, sin necesidad de seguir las instrucciones de otra persona. Este es solo uno de los ejemplos he extraído.

Las participantes y las voluntarias le mirábamos con ilusión, alegría y satisfacción. Por ver a una persona plenamente feliz, por haberse superado a sí misma.

Un día en el centro de la ciudad, en uno de mis ratos libres, me encontré por casualidad una gran librería. Empecé a perderme por sus escasos pasillos, observando este y aquel libro. Me perdí en mi propia magia, y encontré una gran revista, que se llama "Hematíes del alma". Una simple revista compuesta por 20 páginas, llenas de poesía y crítica literaria. En la última de ellas, me llamó la atención un anuncio publicatario que decía: "Usted que se preocupa por la felicidad de los suyos... ¡Regale un libro! Leer, el único antídoto contra la estupidez y la intolerancia. No presenta contraindicaciones. No soluciona problemas económicos ni mal de amores, pero ayuda a vivir".