Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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25 de septiembre de 2012

¿Y tú te sientes vasco o español?

Texto: Javier López Cid *

La pregunta del millón. Suele surgir en conversaciones habituales cuando sales en algún sitio nuevo del Estado, conoces gente, entablas conversación y le dices tu lugar de origen; Euskadi. A veces hasta resulta incómodo porque dependiendo de qué respondas la conversación puede continuar por unos derroteros o por otros. Mi respuesta más habitual suele ser: "yo no entiendo de naciones, si no de clases sociales".
Nunca he entendido el fervor nacionalista, tenga el origen que tenga, no tengo por qué seguir el color de la bandera de nadie si no quiero, el sentimiento nunca puede estar impuesto, el sentimiento surge de uno mismo. Por eso respeto el sentimiento patrio de los demás, pero no soporto que me lo intenten imponer. Amarás la patria bien, nos exigieron, si ellos son la patria yo soy extranjero, decía Charly García en la canción "Botas locas".


25 de junio de 2012

"Tienes que acostumbrarte"

En la víspera de San Juan, el pasado sábado, me encontraba en las txoznas de Mondragón (Gipuzkoa) tomando algo con mis amigas. Nada más salir a la calle, en el centro del pueblo, me di cuenta de cómo afloraron pancartas y carteles a favor de la independencia, en contra de la "conquista" de Navarra...

Pintada en el aparcamiento sobre la "conquista" de Navarra/ Mondragón. J.M
Me apasionan las paredes. En ocasiones, son más sinceras que las personas, sobre todo, cuando existe un silencio generalizado. Por eso, tengo gran fijación en cómo evolucionan. Generalmente, según he podido observar, cambian en paralelo a los pasos que se van dando en el nuevo escenario político que se ha dibujado en Euskadi desde que hace ocho meses ETA anunciase el cese definitivo

En las txoznas, especie de barras metálicas con consignas sobre una reivindicación concreta donde se sirven bebidas y bocatas, me fijé en algunas pancartas que decían lo de siempre: "independentzia eta sozialismoa" " jo ta ke"... pero no tenía la cámara y no podía fotografiar. Una de mis amigas me ofreció la suya, menudita y discreta, de las que me gustan a mí (ir con esos cacharros es un horror, pesan mucho y llama demasiado la atención).

Así que me separé de ellas y empecé a fotografiar. En cierto momento un chico se acercó, no era de Mondragón (aquí nos conocemos todos) para preguntarme en qué sentido estaba fotografiando. Le respondí que qué le importaba a él y él volvió a insistir en qué sentido estaba fotografiando; si en el bueno o en el malo. Le miré fijamente a los ojos, empecé a reirme y le dije que se apartara porque iba a hacer la foto. Me tapó el objetivo con sus manos, hasta que se despistó por un momento y pude sacar la foto centrada, en el ángulo en el que yo quería posicionarme. Se enfadó muchísimo, lo cierto es que parecía que había bebido, me miró y señalándome con el dedo me dijo: "Si veo esta fotografía publicada en El Diario Vasco tú y yo nos veremos las caras". 

Me quedé callada. Pensé qué responderle: el nuevo escenario político, la invisibilidad, una sociedad que charla y charla sobre libertad mientras coacciona sutilmente... pero sentí miedo, también orgullo y dignidad, por eso me permití ser vulgar, le miré fijamente, pensé que era un gilipollas, alcé el dedo corazón (el central se llama así ¿no?) y flexioné los demás hacia la palma de la mano. 

Debe ser que tengo cara de El Diario Vasco. En ningún momento le dije que era periodista. Después, pensé en muchas cosas: qué significa el buen y el mal sentido, en especial, pensé que si se cuelga una pancarta es para que se vea, si se fotografía es para exponerla, por lo que la secuencia lógica es: espacio público, pancarta pública y fotografía pública.  

Finalmente, he optado por ignorar a este tipo de borrachos que carecen de educación y posibilidad de pensar libremente porque constituye el tipo de oveja que yo describo en mi novela. No me gusta que me amenacen, no me gusta que se le llame la atención a un periodista por hacer su trabajo; expongo la realidad. También es cierto que fotografiando me expongo, que parte de la realidad es esa, y puedo aceptar críticas dentro de los límites de la libertad de expresión. Mis amigas: "tu primer artículo en el periódico creó mucha polémica en el pueblo", "¿no tienes miedo?", "ten cuidado", "tienes que acostumbrarte, aquí es así". 

Me fastidia tener que acostumbrarme y tener que sentirme obligada a escribir este post. Creo en el cambio, en el nuevo escenario y todas estas cosas, pero estas actitudes no llevan a nada, menos a paralizarme, sino que me impulsan en sentido contrario. Tal vez, debiera salir con la cámara en hora punta, un jueves a la tarde, cuando todos acuden a beber zuritos y comer pintxos por el precio módico de un euro, entonces todos me verían y podría comprobar en qué grado del nuevo escenario político estamos. 

No publico este artículo para hacerme la interesante. No soy interesante. Lo hago para denunciar este tipo de actitudes, que aclaro, no son generalizadas, pero existen y espero se erradiquen.


11 de junio de 2012

Mi reportaje sobre violencia de género

“No estoy condenado y en la vida pondré la mano encima a una mujer”, aclara rápidamente Manuel. Ojos saltones y tez morena, sin pelo en el cabeza, alto y de complexión fuerte, mueve nerviosamente las manos y mira directamente a los ojos. “Cuando me tocan las narices recurro al insulto, me doy cuenta de que no hago bien, pero ya es tarde”, admite.

“Mi mujer se asustó cuando le dije que iba a ir a un centro penitenciario de tercer grado”, afirma. “Me preguntó si iba a estar con gente que pega a su mujer y le expliqué que son personas, tienen sus problemas y tenemos en común que cometemos actos violentos”, explica. Recibir tratamiento en Cupid forma parte de una de las medidas que el Juez impone una vez determina la suspensión de la condena por violencia de género. En caso de que el condenado no cumpla las medidas dictadas por el Juez, entre ellas, la realización del programa terapéutico, entrará en prisión. “Deben acudir obligatoriamente durante un periodo de nueve meses”, explica María Socorro Gómez, psicóloga coordinadora desde hace tres años, “es ahí donde el programa cobra sentido desde Instituciones Penitenciarias”.  

Ambos fragmentos pertenecen al reportaje sobre violencia de género que he concluido. El artículo muestra el punto de vista de un programa terapéutico denominado Cupid, dirigido a la rehabilitación y reinserción de penados por violencia de género, cuya condena ha sido suspendida por el Juez bajo determinados requisitos establecidos por la Ley. Uno de los pacientes accedió a ser entrevistado con la condición de que no apareciera su verdadera identidad; María Socorro Gómez, psicológa coordinadora del programa; Susana Díaz Huamán, la presidenta de la Asociación donde se enmarca el programa y Ofelia Lema, criminóloga especializada en este delito, también aportan al texto. 

Se trata de conectar el tratamiento de la conducta violenta del agresor con la prevención de este fenómeno que cada año se salda la vida de muchas mujeres. Los efectos de la crisis y el mito del amor romántico también están presentes en el artículo. 
 Fuente: Imagen cedida por Asociación Cupif


Mi opinión personal y motivación profesional

¡Atención! No creo en la objetividad pura, pero sí en ser subjetivamente honesta, por eso las líneas que siguen no pertenecen al reportaje que he elaborado. La segunda parte de este post tiene como único objetivo mostrarle al lector por qué he decidido escribir este artículo. Soy consciente de que la violencia de género es un tema muy delicado que genera mucha polémica, pero creo que mostrar el punto de vista del agresor, sin justificar ni aliviar el alcance de sus acciones, es importante.

Durante mi época universitaria, antes de licenciarme en derecho, solicité mis prácticas en un Juzgado de violencia de género de Madrid. Después, me di cuenta de la escasez de relaciones personales 'sanas'. Poco a poco fui consciente de que bajo la máscara del amor se escondían muchísimas cosas que no eran precisamente amor, sino miedos, traumas infantiles no resueltos, juegos, emociones fuertes... y empecé a cuestionar determinadas prácticas que, en mi opinión, podrían desembocar fácilmente en violencia de género: ¿Por qué una chica está con alguien así?¿Por qué soporta determinadas prácticas? ¿Por qué él se fija en ella? ¿por qué ella repite el mismo perfil de chico? Me alarmó ver a personas jóvenes, inteligentes y con una educación, a priori, basada en la igualdad, que acababan zambulliéndose, incluso se sentían atraídas por relaciones personales destructivas, en muchas de las ocasiones, salpicadas por la violencia, humillación y falta de respeto de ambos integrantes, convirtiéndose la mujer en una víctima potencial de malos tratos y el hombre en agresor, aunque existen excepciones.

En la fase de creación de los personajes de mi novela topé con un fenómeno denominado "la adicción a relaciones afectivas". La autora Robin Norwood muestra en 'Mujeres que aman demasiado' ideas muy interesantes respecto de la mujer: 

"La palabra amor se aplica habitualmente a varios estados de ánimo que, en realidad, simbolizan todo aquello que el amor no es. La lujuria, la pasión, los celos, el sufrimiento, el miedo, la excitación, la codicia, el sojuzgamiento, el alivio de aburrimiento o de la soledad, la venganza, la competitividad, el orgullo y la terquedad suelen disfrazarse de amor".  

"Todas las mujeres inmersas en esta cultura son activamente estimuladas desde revistas y otros medios de comunicación a conducirse de muchas de las maneras típicas de una relación adictiva y muy enfermiza". 

"Las mujeres provenientes de un hogar violento suelen elegir parejas violentas, las que crecieron junto al alcoholismo, parejas químicamente dependientes... Una de las dinámicas que se encuentran siempre presentes en una relación adictiva es la de recrear la lucha del pasado y, esta vez, ganar". 

"Si alguna vez has estado obsesionado con un hombre, es posible que hayas sospechado que el origen de esa obsesión no era el amor, sino el miedo. Las que amamos obsesivamente estamos llenas de miedo. miedo a estar solas, a no ser amadas, a no merecerlo, miedo a ser abandonadas, ignoradas o destruidas. Ofrecemos nuestro amor con la loca esperanza de que el hombre que nos obsesiona se ocupará de nuestros miedos".

Asimismo, Erich Fromm, en su magnífica obra 'El arte de amar', conecta las prácticas que se esconden bajo la palabra amor, el capitalismo, el consumo sexual y la incapacidad de separatividad respecto de los progenitores. Cito algunos extractos: 

"Al hablar del amor en la cultura occidental cotemporánea, entendemos preguntar si la estructura social de la civilización occidental y el espíritu que de ella resulta llevan al desarrollo del amor. La respuesta es negativa". 

"El amor solo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia".

16 de mayo de 2012

La visibilidad en el conflicto vasco

"El día que los vascos nos quitemos esta carga, levitaremos", ha reproducido el sociólogo Imanol Zubero las palabras de Bernardo Atxaga, en la conferencia "Pensamiento, sociedad y convivencia" que ha tenido lugar en el marco del Congreso de Memoria y Convivencia en Bilbao. 

Según el Lehendakari Patxi López, el evento pretende "asentar las bases de la convivencia", a través del debate y la experiencia de diferentes personalidades en torno a la reconciliación de la sociedad vasca y la memoria en el sufrimiento del conflicto vasco, como punto de partida clave el nuevo escenario político dibujado tras el cese definitivo de ETA el pasado 20 de octubre. "Propaganda" del Gobierno Vasco, ha criticado la Izquierda Abertzale por mostrar una "verdad parcial" de los hechos, en alusión a la inexistencia de una "voz que represente a las víctimas de las fuerzas policiales y parapoliciales del Estado español". 

Asimismo, Imanol Zuberoa, tras hacer referencia a la carga que los vascos llevan consigo como consecuencia del terrorismo, ha afirmado que "en Euskadi la construcción política sobre el otro, los prejuicios y la imagen descalificada, desencadena en violencia y no al revés" .

"Las monstruosidades las cometen personas estándar"

"La historia de ETA es la versión vasca de que las monstruosidades no las cometen los monstruos, sino personas estándar, viviendo en otros sitios no hubiesen tenido la notoriedad de terroristas", ha expuesto el teólogo Francisco Javier Vitoria, quien también ha aludido a la "banalización del mal" o "el efecto Lucífer". 

Por su parte, Pello Salaburu, ex rector de la Universidad Pública del País Vasco, ha destacado que "el 75 por ciento de la población vasca ha soportado al 25 por ciento restante". Preguntado por un participante del público cuál ha sido el papel de las universidades vascas, Salaburu ha respondido que "han sido incapaces de ponerse al frente de la sociedad vasca" y ha relatado una anécdota suya: presenció cómo una chica realizaba unas pintadas en los cristales de la biblioteca, pero no sé acercó porque sintió miedo. 

El portavoz Baketik, Jonan Fernández, ha expuesto la necesidad de "promover una nueva cultura de paz" para "reconocer, aliviar y reparar a todas las víctimas" y "remendar los desgarros sociales" e "integrarse sin excepeción los sufrimientos de todos", así como identificar "todas las vulneraciones de todos derechos humanos", ha añadido.  

El progreso del nuevo escenario político /Jaca. J.M


Conclusiones propias

Dolor, desgarro y sufrimiento. Un silencio extraño envolvía la sala, quizás, debido a la necesidad de comprender qué es lo que ha ocurrido a lo largo de todos estos años, por qué ha ocurrido y cuál es la solución a alcanzar, si es que existe.

"En el razonamiento de los grupos se interpuso una causa o un proyecto al valor de la dignidad humana", ha afirmado Jonan Fernández. "Las fronteras políticas son fronteras morales", ha indicado el sociólogo Imanol Zubero. 

La afirmación que más comparto es que cada vasco "tiene un principio de condicionamiento, y la reconciliación debe enfrentar esas realidades porque el sujeto es la sociedad, no ETA ni las víctimas, sino la sociedad, y las víctimas serán las beneficiarias", ha indicado el portavoz de Baketik.

En "Invisibles del conflicto vasco", artículo publicado tras la celebración del Aberri Eguna, expuse que, en mi opinión, simple ciudadana que dedica sus esfuerzos a una novela en construcción, la reconciliación debía abarcar a la sociedad en su conjunto. 

El conflicto vasco salpica la vida cotidiana de cada uno de los ciudadanos que reside en esta tierra, no sé si calificarla como país o no, comporta también una crisis de identidad que te impide definirte como vasca, española, europea o ciudadana del mundo, o tal vez, simplemente englobe todas esas señas. Un "fenómeno" que crea miedos e inseguridades; a hablar, opinar, pensar. Ejerce una violencia muy sutil que coacciona a vivir en un estado constante de contrariedad, tal vez integrándote en contra de tu propio sentir puedas ser más feliz o tal vez, llegado determinado momento la felicidad resida en admitir lo que no eres, como si un concepto residual fueras. 

Las cadenas de la violencia/ Jaca. J.M

¿Estamos condenados los vascos a vivir marcados por la violencia, 
pasada, presente o, improbablemente, futura?

Iñigo Domínguez, corresponsal en Roma de El Correo, ha respondido que "obviamente lo sucedido ha sido muy grave pero en otros sitios se ha superado". Jon Sistiaga, no sé qué ha respondido, no le he escuchado, el tono de su discurso se aleja bastante del que a mí me gusta, no por el contenido de su ponencia porque todo contenido es refutable si cabe en los límites de la libertad de expresión, opino. 

Tristemente creo que sí; estamos marcados. Mi vida se ha visto absolutamente influenciada por el conflicto vasco; dónde he nacido, cómo he estudiado, mi estructura mental, mi estado emocional, las profesiones que he elegido... No conozco a ningún vasco que, en mayor o menor medida, no le haya ocurrido, aunque no lo admita, o no quiera asumirlo, o lo rechace.
 
La necesidad de la construcción de una memoria colectiva pasa por la necesaria construcción de una memoria individual y su asunción irrita, provoca lágrimas y envuelve a esta tierra.

Prometo un artículo sobre mi memoria individual. Hoy no. No tengo ganas.