Opinión / Pensamiento Divergente / Mundo Bohemio y la Libertad de los Mapas
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5 de septiembre de 2012

Pasión turca


Las nubes en dirección a Plovdiv/London. J.M

Me apasiona el instante en el que miro a través de la ventanilla y observo la ala del avión. El mismo instante en el que el vehículo está posicionado en la pista de aterrizaje, tras largas esperas en salas impersonales y controles aleatorios de azafatas antipáticas. Apoyas la espalda sobre el respaldo del asiento, tu compañera de aventuras cierra sus ojos y te aprieta la mano, siente algo de miedo, pero tú estás tranquila, vuelves a mirar por la ventanilla y te sientes parte de este preciso instante en el que el avión propulsa toda su fuerza y se impulsa hacia el cielo. Se trata del riesgo de abandonar tierra firme y perderte entre las nubes, verlas pasar y dejarte... simplemente dejarte. 

Viajamos para sentirnos con nosotros mismos, pienso yo, en vez de conectarnos con los demás. Viajamos para dejar de pensar y pasar a sentir. 
Olvidar lo que somos en nuestros lugares de residencia. 
Viajamos para alejarnos de nosotros mismos en nuestras identidades laborales
como si no fuéramos algo más que oficios enclaustrados en reglas sociales absurdas. 
Viajamos para ver, ver la vida pasar, sentarte a tomar un té en la calle, preocuparte únicamente de cuál será el siguiente punto que visites, hablar con las personas, aunque sea en modo mono por la imposibilidad parcial de comunicación estándar.

He conseguido el objetivo número uno de mis vacaciones: desconexión laboral absoluta. No he echado de menos escribir, ni siquiera te he echado de menos a ti. Me he dedicado a pasear por las calles de Plovdiv (Bulgaria) con sus resquicios comunistas, plagadas de máquinas de café, como si no hubieran establecimientos donde tomar una taza de café, a través de su casco antiguo, turísticamente masificado y algo descuidado.

Me encanta la escritura/ J.M

Casco antiguo de Plovdiv/ Paseos. J.M


Tras ocho horas de bus nocturno desde Plovdiv, paseé junto a mi compañera de aventuras por las calles de Istanbul. La ciudad de la efervescencia, decía ella. Y yo simplemente me reía. Porque me he reído muchísimo con un egipcio al que conocí, con un canadiense happy flower que debería limitar su confianza en la humanidad y que no hacía más que repetir aquello de "i am so sorry". Cuando se viaja con siete kilos a la espalda y hostales internacionales, se conocen muchas personas.

Me impactó de la ciudad esa mezcla de gentes y cultura, su movimiento comercial, su vicio por los mercadillos y los bazares, la gastronomía...  Admiro de los turcos su capacidad para ver la vida pasar. Se apoyan en sus asientos diminutos a las puertas de sus comercios, se toman un té, después otro y otro, mientras charlan unos con otros. En España y en Europa a veces se tiene la sensación de que se vive demasiado rápido, "tengo 26 años y no sé qué hacer con mi vida", "tengo 26 años y aun no la he vivido", "tengo 26 años y estoy obsesionada por todo lo que no he conseguido". Nuestra vida es tan estrepitosa que sentados en un banco a observarla, apenas tendríamos tiempo para desarticular sus escenas, sus protagonistas y sus colores. 

Me gusta la pintada junto a la mezquita/ Istanbul. J.M

Una ciudad preciosa / J.M
La costumbre de los mercadillos / J.M
Se percibe en Estambul una especie de movimiento en explosión, cuyo epicentro parece ser el barrio de Taksim, situado en lo alto de la ciudad y donde las pintadas en sus paredes, las cervezas en las terrazas, las modas textiles y sus ciudadanos para arriba y para abajo, te inducen a olvidar a momentos, que más bajo, en la otra parte de la ciudad, al(l)á donde se sitúan la Mezquita Azul, Santa Sofía y el gran palacio con vistas al Bósforo, las personas que caminan, se sientan y ven la vida pasar son más tradicionales, no beben cerveza, las mujeres visten velos y abrigos, algunas incluso el nihab. 

El abrigo de ellas es uno de los aspectos que más nos llamaron la atención. Independientemente de la cuestión del velo, al que estamos parcialmente acostumbradas en España, el abrigo no lo comprendemos muy bien. Muchas de ellas, lo visten encima de más ropa, por lo que acumulan muchas capas a una temperatura de 40 grados. Recuerdo estar en un baño público (gran parte de la vida se desarrolla en la calle y existen muchos baños) y entró una mujer completamente tapada. Se desvistió, sudaba muchísimo y pareció aliviarse con unos minutos de desquite textil. Estuve a punto de preguntarle qué se siente cuando se porta tanta ropa, cuál su sentido, si ella lo eligió, pero no me atreví. A veces creo que los occidentales nos paseamos por el mundo con nuestra óptica de modelo democrático a seguir, y después, resulta que vivimos a expensas de mercados invisibles. 

 Respecto de los turcos dedujimos el concepto de "mantenimiento de la mirada". En un principio hace gracia que te miren constantemente, al tercer día molesta. En general son chicos muy guapos, morenos, altos y  mirada muy intensa.

Encontré una galería de libros preciosa/ J.M

Ciudadanos para arriba y para abajo/ J.M
Tras Estambul, 12 horas de autobús nocturno, nos dirigimos a Marmaris, situado al sur oeste de Turquía. Allí vive un amigo mío turco al que tuve la suerte de conocer en Alemania y al que le tengo muchísimo cariño. Marmaris es una urbe turca al estilo de Salou, situada a las orillas de un mar sereno y precioso, pero con un casco antiguo que reluce más por las luces de neón de sus discotecas, bares y restaurantes dirigidos a ingleses, rusos, ucranianos... que por su muralla y la esencia de su historia. Sí se percibe un cambio de mentalidad respecto de Estambul, las personas visten ropas más ligeras, se bebe cerveza y la figura de Atatürk es un icono que se cuida mucho.

Allí tuvimos la suerte de ser acogidas por músicos turcos que nos han tratado como sultanas. Personas muy amables, simpáticas y divertidas. Les hacía mucha gracia nuestro impacto por su incensante actividad de beber té y comer dürüms. En una de las primeras conversaciones que mantuvimos, uno de ellos nos contaba el conflicto político que mantiene el país con los curdos, describiéndolo como una minoría que comete "actos terroristas". He leído poco sobre este conflicto, así que no puedo emitir opinión. Le comenté el problema que teníamos en España, el proceso de paz que se (des)vive ahora en Euskadi, mi implicación en él a través de mi novela y mi trabajo... Me quedé sorprendida cuando me preguntó cómo podían existir conflictos así en la Unión Europea, qué más podíamos pedir.

En ese instante se es consciente de la suerte que tenemos de pertenecer a la Unión Europea. Músicos que han sido presionados por la familia y la sociedad para que estudiaran economía en la Universidad. Ansían viajar, salir, venir a España para escuchar flamenco, conocer a otras personas, ver otros modelos de mujer... pero tienen muchísimos problemas para solicitar un visado. Mi amigo ha vivido dos años en Alemania, habla alemán y su sueño es crear una bar de música allí, pero el Estado le deniega el visado y él se queja, pero es optimista y dice que algún día se lo darán. 

A veces ocurre que imprevisiblemente las cosas cambian. Tras mucho tiempo de constancia laboral, cuando tu vida se reduce a trabajar y las circunstancias no favorecen, vives entumecida en el miedo a fracasar, tecleas en dirección adecuada pero sin un sentido claro y además ocurren cosas desagradables con personas varias. Pero de repente aparece alguien. Es muy diferente a ti, y algo te une a él, no hablas de trabajo, apenas podéis hablar, pero consigues susurrarle quién eres, qué haces con tu vida y os reís de las diferencias entre ambas. Resulta extraño, dada la importancia de las palabras en tu vida, porque con esa persona no son necesarias, sino que miras sus ojos verdes, sonríes y día tras días se constituye una única razón, que ciertamente roza la sinrazón, pero que acalla las razones ajenas que te dicen que no existe y que se desvanecerá. Te aferras a ella, como cuando decidiste escribir una novela y todos creían que estabas loca.

Después pasas por Grecia y Alemania, pero continúas en aquel mar, en aquellos ojos verdes, en su pelo moreno, vuelves y escribes este post que trata sobre la libertad de las personas, sobre la visibilidad de vivir la vida, de verla pasar y disfrutarla, de la injusticia que a veces comporta ver a personas que no pueden salir de su Estado, sobre la necesidad de viajar con compañeras de aventuras que te incitan a seguir creyendo en la humanidad, sobre lo precioso de otras culturas, aun cuando no compartas la mezcla con religiones, el respeto por ellos, la curiosidad por hablar con ellas. Escribes. Y vuelves hacerlo, después de mucho tiempo de tecleo rutinario, con pasión. Y no sé si aquellos ojos verdes o estas palabras son la verdadera pasión turca.

30 de abril de 2012

Kolesnikov, la Seguridad Social y el Trabajador

Posiciona su violín debajo de la barbilla para comenzar a tocar. Relajadamente erguido, sutil firmeza. Sentado junto al resto de los componentes del cuarteto Ekimende, intuyo que es un maestro del violín. Aire refinado, sin resultar ostentoso, toca sin almohadilla y despierta humildad elegante. Su instrucción en violín debió ser muy dura. Parece del este de Europa: cabello rubio y ojos azules, piel blanquita y delgado. 

Desliza el arco sobre las cuerdas del violín; de dos en dos, movimientos varios, impulsándolo con fuerza y pasión cuando la partitura lo requiere. La posición de su brazo derecho es perfecta: codo bajo, muñeca un tanto desplegada hacia arriba, de forma que el brazo se mueva en su totalidad y con flexibilidad desde los dedos hasta el hombro, y la mano completamente posicionada sobre el arco, sin que el meñique baile a su antojo (error muy frecuente en violinistas). Por su parte, la mano izquierda se mueve con una agilidad increíble, dedos que bailan, al son de un oído construido para la afinación.

Dmitry Kolesnikov, primer violinista, comenzó a estudiar a los siete años, dice el panfleto, pasó por conservatorios de Simferopol (Ucrania), Moscú y Würzburg (Alemania). Alcanzados determinados instantes en las partituras de Beethoven o Piazzola, en especial, en la composición de D.Shostakovich, inspirada en el bombardeo de Leningrado para rendir homenaje a las víctimas, se percibe cómo Kolesnikov se funde con su violín.

No me sorprendió viéndole agachar la cabeza
Atravesaba el pasillo en dirección al camerino entre aplausos del público.

Pensamientos. A qué grado de locura le someterá su mente. Cuántas horas computables habrá dedicado en su vida (sin nombrar el instrumento complementario, generalmente, en el caso del violín, el piano). Qué precio habrá pagado por rozar la perfección, cuántos altibajos por no rozarla. Cuántas veces habrá sentido satisfacción tras una actuación. Cuántas lágrimas habrá derramado porque una y otra vez se le presiona, no sirves, no llegas, no estudias lo suficiente o no eres digno de tocar el instrumento. 
Sobre todo, el momento clave de su vida: el violín o él. 

Merkel pregunta por qu'e no se canta y se compone. Alemania. J.M


Opciones de vida alejadas de la Seguridad Social

Una vez el instrumento definitivo llega a las manos del artista, un momento determinado de la carrera profesional se impone. Se ha de elegir entre el violín o todo lo demás. La primera opción implica presión constante, horas de ensayo diarias, aparte del sistema común (ikastola, bachiller, universidad...), se vive en un estado de cuasi perfección, siempre detrás de ella, a una velocidad vertiginosa que provoca un cansancio brutal. Existen momentos memorables, actuaciones que salen bien y determinadas sonrisas de profesores que felicitan por un trabajo duro. Por supuesto, la pasi'on.

La segunda opción ya se conoce. De hecho, la crisis económica salpica a la primera opción, no solo por recortes que afectan a subvenciones, financiación y necesidad de ganarse la vida, sino que la reforma afecta ya a la (im)posibilidad de muchos j'ovenes de acudir al médico, entre ellos artistas, no ya al psicólogo, que forma parte de la salud privada para desgracia de este país, sino que se plantea la posibilidad de restringir la Seguridad Social a mayores de 26 años que no hayan cotizado, omitiendo el trato indignante a personas en situación administrativa irregular, para muchos ilegales. 

Sitúese el lector en la vida de un violinista, por poner un ejemplo, comienza a estudiar a los siete años, también acude a la escuela junto a los demás niños, prepara los mismos deberes, mismos exámenes...  alcanzada determinada edad accede al grado medio del conservatorio, generalmente, de forma paralela a estudios de escuela, bachiller o universidad, después el grado superior, preparar exámenes para máster en el extranjero o alguna plaza en orquestras, bandas o lo que corresponda. 

Lo mismo sucede con los escritores, filósofos, psicoanalistas... sin citar a jóvenes parados, por ejemplo  empresariales, que no encuentran trabajo, sino pr'acticas, voluntariados... en un país miserablemente sostenido por batallas políticas y reproches mutuos, en vez de reflexión de una crisis que ya no es crisis, sino una forma de existencia y vida, de gestión de la propia derrota del sistema, la época del miedo a perder todos los elementos a los que ese ente invisible obliga a suscribir: hipotecas, trabajos que no satisfacen, coches, matrimonios en búsqueda de emociones en la pareja, jubilaciones que no llegan... 

Palabras en calles de Barcelona. J.M

Librerías anarquistas 

En Sant Jordi acabé en una librería anarquista. No me pregunte el lector cómo, suele ocurrirme. Una chica me habló de la "Insurrección que viene", una obra escrita por el Comité Invisible, un aglutine de autores que optaron por el anonimato para no sufrir represalias, explican. No comparto algunos de los apartados de la obra, aunque me gusta que no tenga decoro, y sin estar de acuerdo con muchos de los aspectos que enuncian, sí quiero nombrar algunas ideas en honor al día del Trabajo

"Pertenecemos a una generación que nunca ha contado con la jubilación ni con el derecho del trabajo (...) ni siquiera es precaria (...) porque ser precario sigue significando definirse en relación con la esfera del trabajo, en este caso, con su descomposición. Admitimos la necesidad de conseguir dinero , porque actualmente es imposible pasar sin él, pero no la necesidad de trabajar (...) la empresa no es un lugar en el que existimos, es un lugar que atravesamos (...) La vemos como es y nunca ha dejado de ser, una estafa de confort variable".

"No habrá solución social a la situación presente (...) el vago agregado de entornos, instituciones y burbujas individuales que se denominan por antífrasis sociedad no tiene consistencia y no hay lenguaje para la experiencia común". 

"YO controlo. La búsqueda de mí mismo, mi blog, mi piso, las últimas tonterías de moda, las historias de pareja, de ligues... ¡cuántas prótesis se necesitan para ostentar un YO! Si la sociedad no se hubiera convertido en esta abstracción definitiva, designaría el conjunto de muletas existenciales que se me tienden para poder arrastrarme aún; el conjunto de dependencias que he contraído en pago por mi identidad". 

" El YO débil, deprimido, autocrítico, virtual, es por esencia ese sujeto infinitamente adaptable que requiere una producción fundada en la innovación, la obsolescencia acelerada de las tecnologías, la alteración constante de las normas sociales y la flexibilidad generalizada. Es al mismo tiempo el consumidor más voraz y, paradójicamente, el YO más productivo, aquel que se lanzará con más energía y avidez sobre el menor proyecto, para volver más tarde a su estado larvario original". 





23 de febrero de 2012

Reportaje que elaboré tras mi entrada en el penal de Palmasola (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia). Ésta es la realidad de lo que vi, oí y escuché hace ya un año. Las últimas noticias que recibí sobre el preso que entrevisté decían que efectivamente continuaba dentro, a pesar de que él alegaba ser inocente. En relación a las noticias de la cárcel de Nicaragüa o de México, he sacado del cajón este reportaje que no fue publicado; es el sustento de lo que después sería un relato con el que gané un premio de literatura a nivel nacional. No pude introducir la cámara en la prisión, así que no puedo publicar fotografías.

Palmasola, supervivencia detrás de los muros 

Un centenar de visitantes aguarda entre empujones y discusiones en tres largas filas frente a la entrada de Palmasola, prisión situada en el octavo anillo de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). 10: 00 horas de un domingo  cualquiera. “¿Quiere entrar a las nueve?, póngase en la cola y pague, si no colóquese en la otra, que tiene un kilómetro y espere hasta el mediodía”, explica una monja, que por motivos de seguridad prefiere mantenerse en el anonimato, “el policía les pide cinco bolivianos a los familiares para la coca y la soda. Si no es día de visita y te dejan pasar, hay que pagar el favor. Si es día de visita también, porque tu cola va más rápido que la otra”. Mientras, los familiares de los presos soportan los antojos del sol y una placa adorna inamovible el acceso al penal: “Toda persona para ingresar a este recinto solo debe presentar su cédula de identidad. No debe pagar por ningún concepto. No sea cómplice de la corrupción”.

Una vez el visitante atraviese la puerta principal, abonará los cinco bolivianos (50 céntimos aproximadamente)  al policía uniformado con la enseña del estado, le mostrará el documento de identidad, indicará a quién visita, extenderá el brazo para que le sellen y se someterá a una inspección corporal sencilla para comprobar que no introduce sustancias ilegales. Las marcas tintadas en la extremidad son determinantes; sin ellas, será imposible salir del penal, aun cuando sea un simple visitante.  

Edificada entre 1990 y 1991, la prisión de Palmasola es una explanada de tierra amurallada que contiene seis módulos para  “6.000 personas, niños incluidos”, según los cálculos de Marisol, ex trabajadora social a lo largo de un año en el penal, “una población sumamente densa e incontrolable”. Un total de 40 caballos pasean a sus anchas por el descampado; a la derecha, los presos ‘pobres’ cocinan la única comida diaria; después, Chonchocorito, módulo para los asesinos y homicidas considerados más peligrosos; al otro lado, la guardería junto al módulo de las mujeres, el ‘PS2’; y al fondo, el complejo de los varones, ‘PS4’ que da la espalda a los policías detenidos por corrupción o narcotráfico.

"Aquí todo es plata"

“Aquí todo es plata, la vida no importa”, afirma Bruno,  nombre falso por miedo a sufrir represalias, que desde hace siete meses se encuentra en prisión preventiva en el módulo de los hombres. Mirada triste y asustada, ojos vigilantes y arrugas emocionales, asegura que “la mayoría están aquí por la droga: españoles, alemanes, bolivianos, brasileños…”. Marisol admite que el delito más común es el narcotráfico, también “el robo agravado, las violaciones y los homicidios”. Sentado en una silla de una ventita (taberna improvisada), el preso susurra que el de la mesa de al lado “descuartizó a su esposa por haberle sido infiel y el que le acompaña, el español, echaba un líquido en los vasos de las chicas para violarlas después”.

Bruno abona 350 bolivianos mensuales, aproximadamente 36 euros, por un cuarto que comparte con otro recluso y que se ubica en uno de los 32 pabellones que conforman el ‘PS40’. En los primeros días de reclusión, su familia desembolsó 800 bolivianos, unos 80 euros, para detener las palizas que sujetos del penal le propinaban, además de 100 dólares para evitar que le destinaran a Chonchocorito, módulo que todos los presos del penal temen.

“¿Cómo van a convivir si cada uno hace lo que quiere?”, se pregunta una monja que desde 1991 colabora en el penal para mejorar la situación de los presos. Un modelo penitenciario basado en la autogestión y la libertad, que se sustenta “en veinte personas encargadas de la seguridad y la disciplina designadas por el regente M.R”. A las puertas del módulo de los hombres se posicionan los policías. Dentro, reos con mayor antigüedad visten un chaleco rojo de ‘seguridad interna’ y pasean con sus bates de béisbol por las calles penitenciarias para asegurar la efectividad de un código interno establecido por el regente M.R, elegido tres veces consecutivas por los presos, “como si votases a un alcalde. Se interrumpen todos los trabajos, se cierra todo y se vota hasta el mediodía”, explica la hermana. “Hubo una temporada que la ‘pesada’, un grupo de personas que tenían el mando, mataban a todos los que no obedecían, pero los demás se amotinaron, los sacaron y los castigaron en el bote”, añade. El ‘bote’ consiste en una celda de castigo donde el recluso es introducido para calmar “sus ánimos de pelea”.

La acumulación de cuartos construidos con ladrillo o chapa conforman los pabellones que dan lugar a las denominadas cuadras, entre ellos: ventitas, cabinas telefónicas, lavandería, baños y duchas, tiendas de carpinterías, placitas y una cancha para jugar al fútbol. “Aquí la llave del cuarto la tiene el propio preso. Caminan todo el día por las calles. Pero desde la medianoche hasta las seis de la mañana, cada uno tiene que estar en su cuarto, si no lo matan”, indica la religiosa. Si no fuese por la alta muralla y las vallas metálicas, parecería “un pueblecito a las afueras de Santa Cruz”. Una fórmula penitenciaria “pésima porque la infraestructura es inadecuada para el que tiene que rehabilitarse”, en palabras de Marisol, que vivió de cerca la situación penitenciaria; muy alejada de la rigidez de la cárcel europea, “hecha para que cada uno pague su culpa”, donde “el preso obedece, le dan trabajo, se cierra la celda y el responsable tiene la llave”.

Niños institucionalizados

La mujer de Bruno ha dejado a su hija a cargo de los abuelos y se ha trasladado a vivir a la prisión para evitar que determinados compañeros abusen de su esposo. Entró llorando, “tenía mucho miedo”, pero se ha acostumbrado. La familia puede trasladarse al penal mientras el preso cumple condena,  pero “la salud es frágil porque la situación de los presos es pésima, aunque ha mejorado mucho”, explica la monja. Entre 2002 y 2003 se contabilizaron “1.3000 niños residentes en Palmasola, ahora llegarán a 500 más o menos”, añade. María Angélica López, asesora jurídica en la prisión de San Roque de la ciudad boliviana de Sucre, expone que “es ilegal. Los niños solo pueden permanecer dentro de la prisión hasta los seis años. La Defensoría de la Niñez debería intervenir”.

Los niños “absorben la mala palabra y la violencia. Todo lo que pasa dentro. Después, en la adolescencia y la juventud no saben cómo reaccionar”, opina la monja. Niños que corretean por las calles del ‘PS2’, que juegan con sus compañeros penitenciarios y reclaman una golosina. Y es que los hijos al “tener los ánimos calmados” evitan “la pelea entre la familia y los internos”. Según Marisol, ex trabajadora social, “pagan una condena que no han cometido, dentro de un círculo que no les hace bien, siempre viendo vicios”. “La entrada de los niños también se consienten en otras prisiones del país. A veces visitan a su mamá el domingo y ya no salen. Aquí se hizo desde el principio y ahora no se puede frenar”, explica la voluntaria religiosa.

A la guardería del módulo de mujeres no acuden todos los niños porque “no pueden obligar a trabajar en la lavandería u otro sitio a las madres que tienen un hijito de dos o tres años, por floja y egoísta lo tiene con la excusa de que está enfermita y de que llora”, lamenta la monja. La pastoral penitenciaria construyó, en el exterior del penal,  la escuela de San Jorge a la que acuden “un grupo de cien niños por la mañana y otro por la tarde” y tres hogares en San Cruz acogen a los hijos abandonados por tener a sus padres presos.

Marisol recuerda sus días como trabajadora social, “es imposible evaluar todos los casos, entrevistar a los presos, visitar el domicilio. Se tiene horario de entrada, pero no de salida. Se cobra poco y se trabaja de lunes a sábado”. Una labor que describe como difícil y vocacional, “en un año conseguimos rehabilitar a tres presos”, afirma. La pastoral penitenciaria, en sus veinte años de lucha, ha conseguido que el gobierno autonómico se implique económicamente “desde hace cinco o seis años”, a pesar de que la prisión comenzara a funcionar en 1990-1991. En palabras de Marisol, el gobierno “no toma en cuenta esta situación. No hay proyecto ni presupuesto para remodelar este régimen”.

14 de noviembre de 2011

Carta de despedida a Zapatero

Estimado presidente del Gobierno:

Le escribe una ciudadana vasca para despedirse de usted. En una semana se extinguirá su cargo en pos, previsiblemente, de Mariano Rajoy. Le preguntaría qué tal está, pero he omitido cualquier referencia porque imagino se sentirá aliviado y alegre de dejar un cargo que parece le ha saturado, debe ser triste que el fin sea el que es. Hace poco escribí un reportaje sobre Adolfo Suárez, y aunque pueda resultar polémico o absurdo, sentí pena; me recordó a usted. Dudo que vaya a leer esta carta,  pero me he decidido por dos razones. 

En primer lugar, decirle que creo que la gestión de su legislatura ha sido muy complicada y que, según la mirada de sus ojos cuando le retratan en las noticias, ansía dejar la política para descansar de críticas constantes y problemas continuos. No le escribo para recliminarle las reformas laborales que ha llevado a cabo, ni el número de parados, ni siquiera la triste situación en la que nos encontramos los jóvenes, puesto que eso ya lo hago en la calle.

En segundo lugar, me gustaría formularle una pregunta. He intentando buscar por mí misma una respuesta sensata. Supongo que se basa en ahorrarse conflictos diplomáticos con terceros países o agilizar convenios económicos.
¿Por qué reformó usted el principio de justicia universal?


España se mostró al mundo como modelo idílico en la aplicación del principio de jurisdicción universal: aquella norma jurídica que habilita(ba) a los Tribunales de un estado para juzgar una causa desconectada con ese estado, pero que por la especial gravedad de la conducta de un tercer estado, atentando los hechos a juzgar contra los valores comunes de la humanidad, se requería una intervención estatal. Entiendo que existe la Corte Penal Internacional, jurisdicción complementaria que solo interviene cuando los Tribunales internos no puedan hacerlo, pero dicho principio amparaba la humanidad, los derechos humanos y la dignidad de la persona. 

Al principio todo marchaba bien, se aplicaba para delitos de tráfico de drogas, después los casos de  Chile, Argentina, Guatemala y más tarde, incluso fue ampliado a prostitución y corrupción de menores, mutilación genital femenina y tráfico de personas. Hasta que en el 2009 modificaron el artículo, sospechosamente coinciendo con el asunto Couso (implicación militares EEUU), Tíbet (procesamiento autoridades chinas) o el Sáhara Occidental. 

Me dolió que no fueron lo suficientemente valientes para explicarles a la ciudadanía la reforma de este principio, escondiéndolo bajo la modificación de la Ley Procesal para la Implantacon de la Oficina Judicial e incluyendo tres puntos de conexión que antes no existían, con el único propósito de dificultar su aplicación. Es decir, la actual regulación contempla que para que la Audiencia Nacional pueda declararse competente para conocer de crímenes internacionales, contra la humanidad o genocidio sean precisos tres puntos de conexión alternativos (requisitos podría decirse para que el lector comprenda mejor):

1) las víctimas de dichos actos sean españolas (crítica del Tribunal Constitucional porque se desfigura el principio en pos del de personalidad pasiva)
2) el supuesto autor se halle en territorio (crítica del Tribunal Constitucional de que no puede exigirse la presencia porque existe el recurso de la extradicción, puesto que no se permite la rebeldía en juicio oral) 3) o que tenga algún punto de conexión, lo que deja una pequeña puerta. 

Y obligatoriamente, es preciso que en el ejercicio de la jurisdicción española no actúen otros Tribunales internos o internacionales. 

En su legislatura, hemos pasado de poder juzgar unos hechos contemplados como crimenes internacionales, contra la humanidad o genocidio, aunque paradójicamente no pudiéramos juzgar el franquismo porque ningún tribunal podía declararse competente, a no juzgar absolutamente nada.
Debe doler ser el responsable de esta catástrofe. Es humanidad. Es derecho. Sé perfectamente cuál es la relación entre ética-derecho-política, pero ustedes dicen ser de izquierdas, socialistas, y atentan contra su propia esencia. 

A pesar de todo ello, le deseo una feliz vida, por supuesto con la pensión vitalicia que le corresponda, incluso cuando se convierta en consejero de alguna multinacional. 
  
Desde Euskadi, 
un cordial saludo.
Josune Murgoitio